RMOMNER SANS
Aatoogía Escoar
Hispano Argentina
ñnael Estrada y ^ia.
Editora5
PRESENTED TO
THE LIBRARY
BY
PROFESSOR MILTON A. BUCHANAN
OF THE
DEPARTMENT OF ITALIAN AND SPANISH
1906-1946
'%\/(L/f^AytAl^Ü^1X.^^ .
antología E5C0LAR
HI5PAN0-ARQENTINA
>^
R. MONNER SANS
Catedrático de Idioma y de Literatura
Antología Escolar
Hispano-Argentina
PARA ENSEÑANZA SECUNDARIA Y NORMAL
BUENOS-AIRES
ÁNGEL ESTRADA Y C'*— EDITORES
466 - CALLE BOLÍVAR - 466
1920
Prefación
Al reunir en esle volumen unos cnunlos ejemplos de la lengua
castellana, manifestaciones á la vez de la literatura española ij
argentina, no creemos llenar con él ningún vacío, frase íioy en
uso, vulgarísimo clisé que se emplea no pocas veces para legi-
timar at¡-evimienlos literarios. No ; nos hemos propuesto ofrecer
un libro de modestas proporciones, agrupando en él nuiestras
de cómo nuestro idioma fué creciendo en vigor g lozanía desde
el siglo XII üasta la época actual, aumentando la extensión de
los ejemplos a medida que nos fuimos acercando al siglo en
que nos hallamos.
Faltan en esta Antología nuichos escritores cuales páginas
dechado son de pureza ¡j elegancia ; nuts se omitieron porque
de incluirlos todos, no respondería el libro ú la única finalidad
que aconsejara su impresión, o sea, la de que en él figuren tan
.sí>/o los autores, asi en prosa como en verso, citados en los
programas oficiales de literatura. De esta suerte el alumno,
después de haber trabado en clase relación con un escritor
sobres(diente, podrá, al leer una de sus ¡)á(iinas, apreciai- su esti-
lo, su manera de escribir, sin necesidad de recurrir á obras ó
antologías de difícil adquisición ó compulsa para él.
Sin vanas pretensiones, pues, ofrecemos esta compilación
á nuestros alumnos, ;/ á cuantos deseen obtener reunidos en
breves páginas, modelos de bien decir, confesando paladina-
TI ADVKIÍTENCIA.
mente que, para la selección, hemos sacrificado en aU/unas
ocasiones nnestro personal criterio ante el de reconocidas anto-
ridades criticas.
Aun sabiendo, con Cervantes, que es difícil componer un libro
ú ynsto de todos, lanzamos éste al mercado escolar confiados
en que, si no se aplaude el acierto, se disculpará la buena inten-
ción con que fueron agrujxidas estas páginas por
El compilador.
illllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllilllllllllllllllllllllllllllllllliillllllllllllllllllllllllll
POEMA DE Mío CID(') (1245-0
(FALTA LA PRIVIERA HOJA Di=L CUADERNO PRIMERO)
Délos sos oíos laii fuerte mieiitre loiando,
Tornaua la cabeca é estaua los catando. (")
Vio puertas aliiertas é veos sin cañados, {»)
Alcándaras (*) uazias siu pielies é sin mantos
E sin falcones é sin adtores C") mudados
Sospiro niyo Cid, ca nuiclio auic gra?ídes ruydados
F/ablo Miyo (^'-id bien é tan mesurado: (")
«Grado ali, señor padre, (|í<e estas en alto!
Ksto me an biielto (') myos onemi,í(os malos»
(^) Para facilitar á los alumnos la comprensión de
estos fragmentos, se utilizan las Notas que el sabio
Menéndez Pidal puso á la edición del Poema.
C) calaiKio, iniruiido.
(') oí^os sin cañudos, puertas siii caiichuios.
(*) alcándaras, perdías para colgar vestidos ó posar sobre ellas las
avez de caza — ; pielies ó pelli^oues, túnica de piel generalmente de arnii-
ño, de conejo <) de cordero.
<*) autores, forma muy arcaicíi, i)or azores.
(*) tan mesurado, tan comedidamente.
C) liaelto urdido (se decía « l)olver traición» por urilir traición. VA Cid
alude n los qtie le acusaron falsamente ante el rey^.
2 AXTOLOdlA ESCOhAU
Autel Campeador doña Ximeiia lineo los yiioios amos,
Loraua de los oíos, quisol besar las manos :
« Mer^jed, Campeador, en ora buena fuestos nado !
Por malos mestureros (') de tierra sodes crhado.
Merced, ya Cid, barba tan coHiplida! (=)
Fem (") ante nos yo é n?íestras ffijas, yffantes soné dedias cliicas.
Con aquestas mys dueñas, de (\uien so yo sernida.
Yo lo veo qíte estades uos en yda
K nos denos partir nos hemos en vida.
Dand nos {*) cowseio por amor de Sania María ! »
En cuno las manos en la su barba velida, (^)
Alas sus lijas en bra^o las prendía,
Lególas al coraco», ca mucho las qweria.
Lora de los oios, tan fuerte mientre sospira :
«Ya doña Ximena, la mi mugier tan co/nplida,
Connno ala mi alma yo tanto uos quería.
Ya lo vedes que partir nos emos en vida.
Yo yre é uos lincaredes remanida (")
Plega a Dios é a Síínta iMaria, qne aun con mis mauos case estas
I mis lijas.
O que de ventura c aligónos dias viiia,
K uos mugier ondrada, d¡í my siades s(m iii(l;i 1 »
(1) mestureros' cizañeros malsines' ó' iiiezclíulores».
(*) Verso (le eiicadenaniiento.
(") Fe;», heme.
(*) El imperativo dad unido al pronombre nos tiene tres formas: (kvi'
nos, dandos y dandnos.
(*) barba velida, ó sea hermosa barl>a.
(•; fincar y remanir signilicahan igualmente <{uedar.
HISPA NO-ARGENTINA
TEXTOS RIMADOS
DE ANTIGUOS CANTARES DE GESTA
CANTAR DE GESTA DE DON SANCHO II DE CASTILLA (i)
KIIAGMKKTO
Ksle rey don Femando el Magno, pues (lue el .sanctoconfessor
ji fizo cierto dend en a(|uel aparecinuento (pie se le nioslro,
pora enuiarla limpia al su criador
el guisar por(|ue los regnos el la tierra <jue Dios (le diera (")
que... aurle contienda... entre sus lijos, partió (les el regno)
dio a don Sancho que era el mayor,
dio a don Alffonso, que era el mediano, León (el Asturuts)
el una partida del (^arnpo de los god (o) s.. ;
dio a donna Vrraca, (|ue era la mayor (hermana)...,
la cibdad de Camora con tod (oís (sus términos)...,
dio a donna Kluira, la hermana menor...,
dio á don Garcia, que era ell hermano menor,
tod (o) (el regno de Gallizia)
ell inffant don Sancho, que era el mayor....
(») El Cantar de Gesta de Don Sancho II, supone el erudito .Sr. Puyol
y Alonso, que es anterior al Poema del Cid: lo cree escrito :i fines del
siglo XI ó comienzos del .\1I.
El trozo (|ue se transcribe es fragmento de una feliz reconstrucción
sal)iamente intentada por el mentado Sr. Por este motivo figura después
del Cid, al que se da la primacía para ser respetuosos con la tradición
literaria.
(*) Dice por nota el Sr. Puyol: « Las palabras colocadas entre parénte-
sis y en letra bastardilla, al final de la línea indican que cambiando su
orden gramatical, es muy posible que se obtuviese el que guardaban en
el Cantar. (2as¡ puede asegurarse que el texto decía :
« ...los regnos el la tierra que le diera Dios.
También hemos colocado al final de la linea y en la misma forma que
las anteriores, las letras ó silabas con cuya supresión, por apócope,
resulta la asonancia de la palabra á (pie pertenecen como, por ejemplo,
huest fej, fuess (e', pucd (ej.v
ANTOLOGÍA KSCOLAR
non lo louo por bien, antes le peso.
que lo non podía fazer, ca los god (o) s (anH(/unmente)
mas que siempre fuesse todo de un sennor,
et que... non lo deuie partir, nin podie, pues que Dios
vos ía/.et lo que quisieredes. mas yo (non lo otorgo).
POEMA DE ALEXANDRE {')
DESCRIPCIÓN DEL MES DE MAYO
ííl mes era de mayo, un tiempo glorioso,
Quando fa/.en las aves un solaz deleytoso,
Son vestidos los prados de vestido fremoso
Da sospiros la duenna, la (jue non lia esposo
Tiempo dolce e sabroso |)or bastir casamientos
Ca lo lempran las llores e los sabrosos vientos ;
Cantan las donzel lelas, son muchas ha con vientos,
Fa/.en unas a otras buenos pronun<,"iamientos
Caen en el serano (O las bonas rociadas,
Kntran en flor las miesses, ca son ya espigadas,
Fnton casan algunos, que pues messan las varvas,
Fazen las duennas triscas en camisas delgadas
Andan moc-as e vicias cobicrtas en amores
Van coger por la siesta á los prados las flores,
Dizen unas a otras : bonos son los amores,
Y aquellos plus tiernos tienense por meiores
(•) «No es gallej^o el romance del Poema de Alexantire; pero está escri-
to en lengua que podría llamarse maragata, rama vigorosa del tronco
leones, como opina el P. Fita, y que con el bable asturiano, algo tomó
de la savia del portugués y del gallego» Man<iki. Mautínuz SuEino :
Juan Lorenzo Segura (de .\slorga) y El Poema de Alexaiidre-IMZ
(*) Asi se lee en el (Código de Madrid; en el de Piiris dice: sereno.
lllSI'AXO-.MUiKNTINA
Los dias sou grandes, los campos reverdidos,
Son los passariollos del mal palo exidos,
Los lávanos (pío muerden non son aun venidos,
Luchan los inonasíones en brabas sen vestidos.
Cop. 1788 a 1792.
LOS REYES MAGOS
BIBLIOTECA TOLETANA — CAP. 6. N" 8)
■¡- ÍJcus criador, qual maráñela, non se í|ual es achesta sfrela.
Agora primas la é veida, poco tiempo á ques nacida,
Nacido es el (Criador (pies de las gentes Sénior.
Non es vertat nin se (pie digo. Todo esto non val un ligo (')
Por mi lei nos somos errados, por(|ue non somos acordados.
Por que non deximos vertat, jo non la sé por caridal,
l'or (|ue non la auemos usada, nin en nuestras bocas es íalada (-)
Anónimo.
VIDA DE SANTA MARÍA EGIPCIACA [')
(REPRODUCCIÓN PALEOQRÁFICA DEL CÓDICE DEL ESCORIAL)
Ovl varones liuiia la/.oii
Kn (pie non lia ssi venia t iioii
(•) Asi coinieii/.a lo poco (¡iie conocemos tle este poema.
(') Con estos vcr.sos acaba este cantar, qne liene por asunto el naci-
miento ele .lesiis y la adoración de los Ueyes Magos.
{^) El (^ulice manuscrito es del siglo XIII, suponiéndose tjue fue com-
puesto á principios de dicho si^Io ó últimos del anterior.
ANTOUXilA KSC()I>AU
Escucha t (le coracon
Si avades de Dios perdón,
Toda es ffecfia de uerdal.
Non ay ren de falssedat.
Todos aquellos que á Dios amarán
Kstas palabras escucliarán ;
Es lo <{ue de Dios non an cura
Esta palabra nuiclio los es dura.
De liuna duenya (jue auedes oyda
Quiero uos coniptar toda ssii uida ;
De Santa Maria Egipcia(|ua
Que ffue liuna duenya muy locana,
Et de su cuerpo muy locana, etc.
Anónimo.
LIBRO DE LOS REYES DE ORIENTE (/;
Pues muchas vezes oyestes contar
De los tres Keyes que vinieron buscar
A Ihiesuchrislo, que era nado,
Vna estrella los guiando;
Et de la gran uiarauilla
Que les auiíio en la villa
Do Erodes era el traydoi'
Enemiyo del Criador,
(») Como el fragnieiito iinlL'rior, (•sle es copia del mismo Códice del
líscorial.
Se ignora la fecha de su composición, ((ue se .siii)oiie de últimos del
siglo XII ó principios tiel Xlll.
IIISI'ANO-AHGKNTINA
entraron los Royes i>or Botloii) la ^ibdat
Por saber Herodes si sabia verdal,
Ku (|nal logar podrian (fallar
Aquell Senyor (|uo hiiian buscar ;
Que ellos nada non sabieii,
Krodes si lo querie ma lio bien.
K quando coiiell estudieron
E el estrella nunqua la vieron.
<Juando Erodes oyó el mandado
Mucho fue alegre e pagado,
E ffi/.o sonblanfc qiiel plazia,
Mas nunífiía vio huí negro día, etc.
Anónimo.
GONZALO DE BERCEO (1198-1268)
Se le considera como el primer
poeta español de nombre conocido,
-('araclerizase por su sencillez é in-
genuidad, siendo el creador de la
poesía histór ico-religiosa.
DESCRIPCIÓN DE LOS TORMENTOS DEU INFIERNO (')
Oomerios an serpientes ct los escorpiones
Qiio an amargos dientes, agudos aguijones :
.Melerlis an los rostros fasta los corazones.
Nunca abran remedio en ningunas sazones.
Darlis an malas cenas el peores yantares,
(iraní fumo á los oios, granl fedor á las nares.
Vinagre á los labros, íiel á los paladares,
Fuego á las gargantas, torzón á los yjares
(•) Pe la obra litulada : l.os sif/no.i que aparecerán uiitex del Juicio cuUfí-
cada por Navarro Lt'desma tie « profecía ó visión apocalíptica ".
antología i;.s(:olai\
Colgarán de las lenguas los escatimadores.
Los que testiguan falsso, et los cscarnidores ;
Non perdonarán á Reyes nin á Emperadores,
Avran tales servientes quales fueron señores
Los ornes cudiciosos del aver moniulado,
Hue por ganar riqueza non dubdan fer peccado,
Metranlis por las bocas el oro regalado:
Dirán que non oviessen a tal aver ganado.
Los falsos menestrales et falsos labradores
Allí darán emienda de las falsas labores ;
Allí prcndrán emienda de los falsos pastores
Que son de fer cubiertas maestros sabidores.
Cop. 39 á -13
DON ALFONSO EL SABIO (1220-1284)
Poeta y prosista, más grande como
prosista que como poeta. Lo fué todo
este gran rey, menos monarca feliz.
1.a amplitud de sus conocimientos,
y el crecido número de obras que
escribió ó inspiró, legitiman el titulo
de Sabio con el cual ha pasado á la
posteridad .
Del libro LAS PARTIDAS
LA palabra tiene muy grand pro cjuando se dize
como deve: cá por ella se entienden los ornes
los vnos a los otros, de manera que fazen sus,
fechos en viio mas desembargadameiite. E por ende
todo ome, é mayormente el Rey, se deve mucho guar-
dar en su palabra, de manera que sea catada e pensada
ante que la diga: cá después que sale de la boca, non
HlSPANO-AHílKNTINA
puede oiiie facer que non sea dicha... Deve el Rey
guardar que sus palabras sean eguales é en buen
son : cá las palabras que se dizen sobre razones feas
e sin pro, e que non son fermosas nin apuestas al
que las fabla nin otro sí al que las o^e, nin puede
tomar buen castigo nin buen consejo ; son ademas,
e llamanlas ca9urras, porque son viles, é desapues-
tas, é non deven ser dichas ante ornes buenos, quanto
mas dezirlas ellos mismos, e mayormente el Rey. R
otro sí palabras enátias é necias que non conviene
al Rey que las diga : cá estas tienen muy grand
daño á los que las oyen, é muy mayor á los que
las dizen... Menguadas non deven ser las "palabras
del Rey. E serian átales en dos maneras: la prime-
ra quando se partiese de la verdad c dixese mentira
á sabiendas, en daño de sí mismo ó de otri : cá la
verdad es cosa derecha é eg«al. E segund dixo vSalo-
mon, non quiere la verdad desuiamiento nin tor-
turas...
- PiiH ¡¡-til ¡v-
INFANTE DON JUAN MANUEL (1282-13491
Sigue las Iniellas literarias de sti
tio n. Alfonso X. á i|tiiefi se propu-
so iinilar, (iistitiguióiuiose ]>or la
originalidad de la forma y la ele-
gancia del lenguaje.
LA VERGÜENZA
PREGUNTADO Patrouio por el Conde Lucanor, ¿cuál
era la mejor prenda que el hombre podía tener
en sí? respondióle con el siguiente advertiniento.
« La mejor cosa que el hombre puede aver en sí,
y que es madre e cabeza de todas las bondades,
10 ANTOLOGÍA KSCOLAll
dígovos que esta es la vergüenza ; ca por vergüen-
za sufre liombre la muerte, que es la mas grave cosa
que puede ser, e por vergüenza dexa hombre de facer
todas las cosas que no parecen bien por gran volun-
tad que haya de las facer; y ansí en la vergüenza
hay comienzo e cabo de todas las bondades; e la
desvergüenza es comienzo de todos los malos fechos-
La vergüenza face al hombre esforzado e franco, e
leal, e de buenas costumbres, e de buenas maneras,
y facer todos los bienes que face; pero creed bien
que todas estas cosas face hombre mas con vergüen-
za que con talante de lo facer. Y otro sí por la
vergüenza dexa hombre de facer todas las cosas
desaguisadas que la voluntad al hombre viene de
facer. Y por ende quan buena cosa es aver el hom-
bre vergüenza de facer lo que non deve e dexar de
facer lo que deve; tan mala e tan dañosa e tan fea
cosa es el que pierde la vergüenza. Y deves saber
que yerra mucho fieramente el que face algún fecho
vergonzoso cuidando que, pues lo face encubierta-
mente, que non deve ende aver vergüenza. E cierto
creed que non ha cosa por encubierta que sea, que
tarde o aína no sea sabida : e aunque luego que la
cosa vergonzosa se faga no ha ya ende vergüenza ;
devia el hombre cuidar ¡qué vergüenza sería quando
fuese sabido! Y quando en todo esto non cuidase, deve
entender que sin ventura es, pues sabe que si un
mozo viere lo que él face que lo dexará, e non por
aver vergüenza ni miedo de Dios que lo ve e lo
sabe, y es cierto que le dará la pena que él merece... »
De V.L Co.NDK LUCANOK.
HISPANO- AUÍiENTINA
11
JUAN RUIZ- ARCIPRESTE DE HITA (12...-1350¡
Poeta épico, lírico y dramático •
se le considera como el primero de
los satíricos castellanos. Fustiga los
vicios de su época con singular maes-
tría, pudiendo admirarse en él la
facilidad con que pasa de los asun-
tos religiosos á los profanos y la
valentía y desenfado con que escribe.
Del AVE MARÍA DE SANTA MARÍA
Ave María gloriosa.
Virgen Santa preciosa
Como eres piadosa
Todavía.
Gra<,"ia plena sin mansillit
Abogada
Por la til merced, Seniiora,
Fas esta maravilla
Sennalada,
Por la lii bondad agora
(joárdaine toda hora
De muerte vergonnosa,
Por(|ue loe á li, fermosa,
Noche e día
Dominns tecum:
Kstrella resplande(,MentP,
Melesina de oovdados.
("atadura muy bella.
Kelusiente,
Sin mansiila de i)ecados,
Por los tus gosos preciados
Te pido, virtuosa.
Que me guardes, lim|)ia rosa,
De íoylía.
IJenedicta tu.
Honrada sin egualanza,
Siendo Virgen concebiste,
De los angeles loada
En altesa ;
l'or el lijo (|ue pariste.
í*or la gracia ((uc hobiste.
O bendiclia íror e rosa !
Tu me guarda, jiiadosa.
Kt me guia, etc.
(;.\NTICA DE SKIIHANA
Siempre se me verna miente
Desta serrana valiente
(¡adea de Río (río.
12 ANTOI.OdÍA KSCOI.Al?
A la fuera desta aldea la que aquí he iiombliHlo,
Encontréme con (íadea, vacas guarda en el |)rado,
Yol dixe : en buena hora sea de vos cuerpo tan guisado.
Ella me re[)uso: ca la carrera has errado ►
Et andas como radio.
Badío ando, serrana, en esla grand espesura.
A las veses ornen gana, ó pierde por aventura;
Mas quanto esta mannana del camino non he cura,
Pues vos yo tengo hermana a(|ui en esla verdura.
Hibera de aqueste río.
Rióme como repuso la serrana tan sannuda,
l)es(;endió la cuesta a yuso como era atrebuda;
Uixo: non sabes el uso, comos' doma la res muda.
Quizá el pecado puso esa lengua tan aguda,
Si la cayada te envío.
Envióme la cayada aquí tras el pestorejo,
Fisome ir la cuestalada, derribóme en el vallejo,
Dixo la endiablada: asi apilan el conejo:
Sobarte, dis, el albarda. si non partes del trebejo:
Eiévate, vate, sandio.
Ospedóme et dióme vianda, mas escotar me la liso.
Porque non lis quando manda, dis: roin, gaho, envérniso,
Como lis loca demanda en dexar por ti el vaqueriso:
Yot mostraré, si non ablandas, como se pella el eriso,
Sin agua et sin rosio.
Ensikmim.o i)k r,\ i'iioitkoat qlk kl dinkho ha.
Mucho fas el dinero, el mucho es de amar
Al torpe fase bueno, et omen de prestar,
Fasse correr al cojo, et al mudo labrar.
El (|ue non tiene manos, dineros quiere tomai-.
Sea un ome nescio, et rudo labrador,
I^s dineros le lasen tidalgo e sabidor,
Quanto mas algo tiene, tanto es de mas valor.
El que non ha dineros, non es de si sennor.
HISPA NO-MiC.KNTINA 13
Fl diueio (|iiolnaiita las cadeiiits dannosas.
Tira (;epos c grillos, el cadenas plagosas,
VA que non tiene dineros, éehanle las posas,
('or todo el mundo fase cosas maravillosas
Yo vi fer maravillado él irtuclia usaba,
Mnclios nieresQiau muerte que la vida les dal>a,
Otros eran sin culpa, et luego los mataba.
Muchas almas perdía, et muchas salvaba.
Fasia perder al pobre su casa e su vinna,
Sus nniebles e raices todo los desalinna;
Por todo el mundo anda su sarna e su linna,
Üo el dinero juega, allí el ojo gninna.
Fl fase caballeros de necios aldeanos.
Condes, e ricos omes de algunos villanos,
Con el dinero andan todos los onies lozanos,
Quantos son en el mundo, le besan hoy las manos, etc.
EL RABBÍ DON SEM TOBO ÜS •• Á 14-
Ks el primer judio <|iie escribe en
castellniío. Su tendencia es niarcn-
danicntc didñcüca-inoral. piidiendo
mostrarse como modelo de este géne-
ro poético.
PROVERBIOS MORALES
Si mi razón es buena.
Non sea despreciada
Porque de hombre suena
Rahez; que mucha espada
De lino acero sano
Sale de rota vaina.
(') Conocido también con el nombre <le D. Santos de Cairión Kn algu-
nos manuscritos se lee Saiilob
14 ANTOLOGÍA ESCOLAR
Por iiascer en espino
La rosa, yo non siento
Que pierde, ni el buen vino
Por salir del sarmiento.
Nin vale el azor menos
Porque en vil nido syga,
Nin los enxemplos buenos
Por(}ue judio los diga.
PERO LÓPEZ DE AYALA (1332-1407)
Poeta y ])rosista á la par: como-
poeta se escaiuiuliza ante los vicios.
<le su época; como prosi.sta— y éste
es superior al poeta— es, principal-
mente, un historiador sincero, casi
siempre imparcial y de forma ga-
lana.
DE LOS FECHOS DEL PALACIO
Fase el rey sus cortes, vienen sus caballeros,
K vienen de cibdades é villas mensajeros,
Todos dan grandes voses, que quieren ser justicieros,.
iJisen: «Sennor, merinos nos dad luego primeros.
Mandat guardar justicia, vuestras leyes nos dat,
K que biuamos todos en buena egualdat;
Firmemos en el regno todos la hermandat,
F desto nuevas leyes aqui nos otorgat».
Las corti's son ya feclias, las leyes ordenadas,
Los ministros son puestos, hermandades firmadas;
F fasta los tres meses serán muy bien guardadas,
F dende adelante robe quien mas pudier aosadas, etc.
IJe Fl Ri.mado de Palacio.
IIISI'AXO-AUCKXTIXA 15
MUERTE DiL MAESTRE DON FADRIQUE
Eel Maestre llegó á Sevilla el dicho día martes
por la mañana a hora de tercia: e luego como
llegó el Maestre fué á facer reverencia al Rey,
e fallóle que jugaba á las tablas en el su Alcázar.
E luego que llegó besóle la mano él, e muchos ca-
balleros que venían eon él : e el Rey le rescivió con
buena voluntad que le mostró, e preguntóle donde
partie ra aquel día e si tenía buenas posadas.
E el Rey estaba en un palacio que dicen del
fierro la puerta cerrada. *...E dijo el Rey á Pero López
de Padilla su ballestero mayor: Pero López, prended
al Maestre... E luego Pero López de Padilla travo
del Maestre D. P'adrique, e díxole: < Sed preso v Eel
Maestre estovo quedo nmy espantado: e luego dixa
el Rey a unos ballesteros de maza, que ay estaban:
«Ballesteros, matad al Maestre de Santiago.» ...E los
ballesteros llegaron a él por le ferir con las mazas
e non se les guisaba, ca el Maestre andaba muy
recio de una parte a otra, e non le' podían ferir.
E Ñuño Fernandez de Roa, que le seguía mas que
otro ninguno, llegó al Maestre, dióle un golpe de
la maza en la cabeza, en guisa que cayó en tierra;
e estonce llegaron los otros ballesteros, e firiéronle
todos. E el Rey desque vio que el Maestre yacía
en tierra, salió por el Alcázar cuidando fallar algu-
nos de los del Maestre para los matar... tornóse el
Rey dó yacía el IVIaestre, e fallóle que aun no era
muerto é sacó el Rey una broncha que tenía en la
cinta, e dióla a un mozo de su cámara, e fizóle matar.
E desque esto fue fecho, asentó.se el Rey a comer
donde el Maestre yacía nmerto en una quadra que
dicen de los azulejos que es en el Alcázar...
De las Chómcas.
16 AM(JiX)(iÍA i;s(;()LAii
EL CABALLERO' CIFAR (13.. -14.
Primer esl>ozo de novela de caba-
llerías. Su autor es desconocido.
E^ IJ.OS aududieroii ese día atanto fasta que llega-
ron a ima vellita pequeña que estaba a media
-^ legua del real de la puente; e el caballero, ante
que entrasen en aquella villeta, vido una huerta en
un valle muy hermo.sa; e ,avía allí un nabar muy
grande, e dixo á Ribaldo: — Ay, amigo, que de buen
grado comería de aquellos nabos, si o viese quien me
los adobar bien! — Sseñor, dixo el Rribaldo, yo vos los
adobaré, ca lo se faser muy bien. K llegó con el a una
alverguería, e dexolo allí, e fuese para aquella huerta
con un saco a cuestas, e fallo la puerta cerrada, e
subió sobre las paredes, e saltó dentro, e coniencó
<le arrancar de aquellos, e los mejores metiólos en
el saco. E el estando arrancando los nabos, entró el
señor de aquella huerta, e quando lo vido, fuese
para él e dixole. Don ladrón, malo, falso, vos yre-
des agora conmigo preso delante de la justicia, e
darvos han la pena que merescedes, porque entraste
por las paredes a furtar los nabos.
— Ay, Sseñor, dixo Rribaldo, sy Dios vos de bue-
na ventura que non lo fagades, ca for9adamente
entre aquí. — ¿E como for9adamente? dixo el señor de
la huerta, ca non veo en ti cosa porque ninguno te
Reviese faser fuerya, si vuestra maldad non vos la
fisiese faser. Sseñor, dixo el Rribaldo, yo- pa.sando
por aquel camino, fizo un viento á tan fuerte que
me fizo levantar por fuer9a de tierra, e lan9ome en
esta huerta. — E pues, ¿quien arrancó estos nabos?
<Hxo el señor de la huerta.
lilSPANO-ARGENTlNA 17
— Sseñor, dixo el Rribaldo, el viento era tan rresio
e a tan fuerte que me levantaba de tierra, e con
miedo del viento que me non lan9ase en algund mal
logar, traveme a las fojas de los nabos e arancabanse.
— ¿Pues quien metió eátos nabos en este saco?
dixo el hortelano.
— Sseñor, dixo el Rribaldo, deso me fago yo muy
maravillado. — Pues que tu te maravillas, dixo el
señor de la huerta, bien das a entender que non has
culpa en ello, e perdónetelo esa vegada. — Ay Sseñor,
dixo el Rribaldo ¿e que perdón ha menester el que
está sin culpa? Mejor fariedes de me dexar levar es-
tos navos por el laserio que llevé en los arrancar, pero
que lo fise contra mi voluntad, for9andome el grant
viento, — Píaseme, dixo el señor de la huerta, porque
también te defiendes con mentiras tan fermosas, e
toma los nabos, vete tu carrera, e guárdate de aquí
adelante, que non te contesca otra vegada si non tu
lo pagarás. E fuese el Rribaldo con sus nabos muy
alegre porque tan bien escapara; e adobólo muy
bien, con buena cecina que falló a comprar, e dio a
comer al cavallero, e comió él.
ALFONSO ALVARES DE VILLA SANDINO
(1350? -1428?)
Poeta de honda inspiración, de
innegable maestría métrica, pero des-
igual, quizr.s como rellejo de su
carácter.
Generosa, muy ícrinosa Tanta
Syn inansilla Virgen santa, Fue la tu grand omildat
Virtuosa, poderosa, Que toda la Trenidat
De quien Luciíer se espanta : Kn ty se encierra, se canta.
18
ANTOLOGÍA ESCOLAR
Plasenteio fué el primero
<ioso, Señora, queoviste;
Quando el vero mensajero
Te saluó, tú respondiste
Troxiste
Kn tu seno vyrginal
Al Padre celestial,
Al qual syn dolor pariste,
Quien sabrya nin dyria
Quanta fué tu omildan<;a,
O Marya, puerta e vya
De salud e de íolgan^a
Fyanfa
Tengo en ty, muy dulce flor^
Que por ser tu servidor
Avré de Dios perdonan^a.
Noble rrosa. lija e esposa
De Dios, e su Madre dyna,
Amorosa es la tu prosa,
Ave, estela matutyna.
Enclyna
Tus orejas de dulzor
Oyendo a mí, pecador
Ayudándome festyna, etc.
Del Cancionero üe Baena.
FRANCISCO INPERIAL (13.. -14..)
Imilador de Dante. Fué poeta de
modesta inspiración, pasando á la
posteridad, más que por el fondo de
sus composiciones, por la regulari-
dad de la forma.
Abrí los ojos e vime en un prado
De candidas rrossas e llores olientes.
De verdes laureles, todo circundado,
A guisa de cava, de dos bivas fuentes ;
.Nasgia un arroyo de aguas corrientes
Caliente la una, é la otra frya,
E UD' con otra non se bolvia:
Otro tal nunca vieron los ojos bivieutes-
La calda corría por partes de fuera;
Segunt mi abisso creo que s<'rÍM
Por guarda del prado a guis de lussera,^
HISPANO-ARGliNTINA 19
Tan fuertemente tanto fervia.
Por partes de dentro la fria corría,
De (|ue se vanaban las rosas e flores:
Cantavan lugaros á los rruyseñores,
Como acostumbran al'alva del día.
KI rromper del a,i<ua eran temores
Que con las dulces aves concorda van.
En bozes baxas e de las mayores
Du(;aynas é farpas otro sy sonnavan ;
K oy personas que nianso cantavan.
Mas por distan(,'ia non las entendía,
E tanto era su grant melodía
Que todas las aves mucho se alegravan, etc.
Del (Cancionero de Baena.
RUY PAES DE RRIBERA (13..-14..)
l'oeta (le rasgos felices cuando
pinta las miserias de la vida. Es
amargamente realista, y, como alec-
cionado por la desgracia, siente des-
pego por todíls las grandezas.
En un (íspantable, cruel temeroso
Valle oscuro, muy fondo, aborrido,
Acerca de un lago firviente espantoso,
Turbio, muy triste, mortal, dolondo,
Oy quatro dueñas fasiendo rroydo.
Estar departiendo á muy grant porfía
Por qual dcllas ante el omme podría
Seer en el mundo jamas deslroydo
Oyendo tal coyta é quexar doloroso
I'] que me seria cotitado a vilesa
Sy non viese fin del dicho amargoso,
PuniK! por saberlo con toda tristeza.
20 ANTOLOGÍA ESCOLAR
E llegué me al lago syn otra pereza
Por les preguntar en qué poríiavan;
Ellas me dixieron que asy les llamavan
Dolencia e Vejez, Destierro é Proveza.
Miré sus personas qué gestos avian
E vi las llorosas e tan doloridas
Que ningunt plazer consygo tenían
Vestidas de duelo, las caras rronpidas,
Coronas d' esparto ó sogas ceñidas,
Descalcas e rrotas e descabelladas,
E tristes, amargas é desconsoladas,
E huérfanas, solas, cuytadas, perdidas etc.
Del Cancionero de Baena.
FERRANT S ANCHES TALAYERA (13.. -14..)
Poeta de mayor vuelo que los
anteriores, siendo notable por su
sentimiento. El fragmento que repro-
ducimos traerá á la memoria del
estudiante aprovechido algunas de
las Coplas de Jorge Manrique.
¿Qué se lisieion los Emperadores
Papas e Reyes, grandes Perlados,
Duques e Condes, cavalleíos famados.
Los rricos, los fuertes é los Sabidores,
E quantos servieron lealmente amores
Fasiendo sus armas en todas las partes,
E los que fallaron (^iencias é artes.
Doctores, poetas é los trol)adores?
¿Padres é fijos, hermanos, parientes.
Amigos, amigas que mucho amamos.
Con quien comimos, bevimos, folgantos.
Muchas garridas e formosas gentes.
lIISPANO-AUGKNriXA 2t
Dueñas, don(,*ellas, mancebos valieules
Que logran so tierra las sus luan^ebias, .
E otros señores que lia pocos días
Que nosotros vimos aquí estar presentes?
Pues ¿ do los imperios, ó do los poderes,
Rreynos, rrentas é los señoríos,
A do los orgullos, las fainas e brios,
A do las enpressas, á do los traheres ?
¿ A do las ciencias, á do los saberes,
A do los maestros de la poetria ;
A do los rrymares de graiit maestría
A do los cantares, a do los tañeres, etc.
Del Cancionero dk Baena.
MARQUÉS DE SANTILLANA (1398-1458)
Poeta danlesco tic robusta iiiS|)iración y
además culto prosista. I.e inmortalizan, más-
<|ue sus obras serias, sus tlesires, serrani-
llas y vaqiteiras. Disnos son de mención y
loa sus Proverbios.
BIAS CONTRA FORTUNA
ESCRivió Bias estas cosas, que se siguen : —
« Estudiat con pla9er á los honestos é á los vie-
jos.— La osada manera muchas ve^es para em-
pes9Íble lesión. — Ser fuerte é fermoso, obra es de
natura — Abundar en rique9as, obra es de la for-
tuna.— Saber é poder fablar cosas convenibles é
congruas, esto es propio del ánima é de la sabi-
duría.— Enfermedat es del ánimo cobdÍ9Íar las cosas
impossibles. — Non es de repetir el ageno mal. — Mas
22
ANTOLOCUA KSCOLAU
triste cosa es judgar entre dos amigos, que entre dos
enemigos; ca judgando entre dos amigos, el uno
será fecho enemigo, é judgando entre dos enemigos,
el uno será fecho amigo.... Non fables arrebatado, ca
demuestra vanidat. — Ama la prudencia, e fabla de
los dioses como son. — Non alabes al ome indino, por
sus rique9as. — Lo que tomares, rescibelo demandán-
dolo, é non for9andolo. — Qualquier cosa buena que
fÍ9Íeres, Dios entiende que la ta9e. — La sabiduría
mas 9Íerta cosa es é mas segura que todas las otras
posessiones, etc.
l'rohemio del Marqués al Conde de Alva.
PROVERBIOS
Fijo mió mucho amado,
Para mientes,
E non contrastes las gentes
Mal su grado :
Ama é serás amado,
E podrás
Facer lo que non farás
Desamado
O íijo, sey amoroso,
E non esquivo ;
Ca Dios desama al altivo
Desdeñoso.
Del iniqüo é malicioso
Non aprehendas ;
Ca sus obras son contiendas
Sin reposo
R sea la tu respuesta
Muy gra(,'iosa :
Non terca nin soberbiosa,
Mas honesta
O lijo!... quán poco cuesta
P)ieu fablar !...
E sobrado amenazar
Poco presta, ete.
SERRANILLA lll"
Después que nasci,
Non vi tal serrana
Como esta mañana.
Allá á la vegüela,
A Mata el Espino,
En esse camino
Que vá á Lo{;oyuela,
De guissa la vi
Que me fifo gana
La fructa temprana.
Garnacha traía
De oro, pressada
HISI'ANO-AIUIKNTINA 23
Con broncha dorada. Si por mi lo avedcs
<¿ue bien reliicia, Decil ¿qué queredos?...
A ella volvi Fablat verdadero:»
Diciendo: — «Lofana, Vo ledixeasy:
K soys vos villana?)) « —Juro por Santana
« — Si soy, cavallero; Qiio non soys villana».
FERNÁN PÉREZ DE GÜZMÁN (1368 1460)
Poeta j' prosista, elegante é inspi-
rado, es más famoso como historia-
dor que como poeta. Se le considera
digno antecesor del V. Mariana.
DON JUAN ALONSO DE GUZMAN, CONDE DE NIEBLA
FUÉ muy cortés é mesurado, é tanto llano é igual
á todos, que amenguaba su estado en ello; pero en
esta condición de la gente común, que nunca miran
mucho adentro, era mucho amado. Kn Sevilla y en
su tierra, después del señorío real, no conoscian á
otro sino á él. Fué muy franco, é mucho acogedor
de los buenos, pero no entremetido en las cortes, ni
en los palacios de los reyes: ni fué hombre que por
regir é valer se trabaxase mucho, sino en darse vida
alegre é deleytable. Algunos le razonaron por de
poco esfuerzo. E ansi con estas tachas e virtudes, é
principalmente por la gran dulzura é benignidad de
su condición, é por la franqueza é liberalidad que
ovo, fué muy amado ; é no es maravilla, ca estas
dos virtudes, clemencia é franqueza, son muy ami-
gables á la natura, é suplen grandes defectos.
I)el libro: (lENEnAcio.NKS v Skmbla.nzas.
24 -' ANTOLOGÍA ESCOLAR
DON LORENZO SUAREZ DE FIQUEflOA
Fué muy callado, de pocas palabras, pero de buen
seso é buen entendimiento, é de gran regimiento é
regla en su casa é hacienda, é por eso de algunos
era ávido por escaso é cobdicioso; pero aquello que
él daba era en tal manera, que la forma suplía el
defecto de la materia, porque era luego dado en
dineros contados é muy secretamente, que son autos
que honran é afeytan mucho los dones é los hacen mas
graciosos: cá con tales maneras el que lo recibe no
toma trabaxo, y el que lo dá muestra no querer
vanagloria. De su esfuerzo nunca oí, salvo que en
las guerras era diligente é de buena ordenanza, lo
qual no podía ser esfuerzo.
Del ¡d id.
JUAN DE MENA (1411-1454)
Imitador de Dante, es, por su
obscuridad, el precursor de Oóngo-
ra, cordobés coh)o éL Enriquecióla
lengua castellana con gran número
de vocablos tomados del latin.
MUERTE DE LORENZO DE AVAL08
Aquel que alli ves el cerco trabado,
que quiere subir, y se halla en el ayre
mostrando en su rostro doblado donaire
por dos deshonestas íeridas llagado,
es el valiente no bien fortunado
muy virtuoso mancebo Lorenzo,
HISl'ANO-AHíiKNTIXA 25
que hizo 011 un dia su tin. y romion/.o,
aquel es que era de todos amado.
El mucho querido del señor infante
que siempre lo fuera señor como padre,
el mucho llorado de la triste madre,
(|uc muerto ver pudo tal hijo delante;
ó dura fortuna, cruel tribuíante!
por ti se le pierden al mundo dos cosas,
las vidas y lágrimas tan piadosas
que ponen dolores despada tajante.
Bien se mostraba ser madre en el duelo
(|ue hizo la triste después que ya vido
el cuerpo en las andas sangriento, tendido,
de aquel que criara con tanto recelo,
ofende con dichos crueles al cielo
con nuevos dolores su flaca salud,
y tantas angustias roban su virtud
que cae la triste muerta por el suelo
Rasga con uñas crueles su cara,
hiere sus pechos con mesura |)oca,
besando á su hijo la su fria boca,
maldice las manos de quien lo matara;
maldice la guerra do se comenzara,
busca con ira crueles querellas,
niega a si misma reparo de aquellas,
y tal como muerta viviendo se para
Decia llorando con lengua rabiosa.
ó matador de mi hijo cruel!
mataras á mi. dexaras á él,
que fuera enemiga no tan porfiosa;
fuera á la madre muy mas digna cosa,
para quien mata llevar menos cargo,
y no le mostraras á él tan amargo,
ni triste dexáras á mi querellosa.
Si antes la muerte me fuera ya dada
cerrara mi hijo con estas sus manos
mis ojos delante de los sus hermanos,
26
antología escolar
y yo no muriera mas de una vegada;
así moriré muchas, desventurada,
que solo padezco lavar sus heridas
con lágrimas tristes, y no agradecidas,
maguer que lloradas por madre cuitada.
El LABEHLNTo-Estr. CCl á CCVI.
JORGE MANRIQUE (1440-1473)
Este poeta, aun cuanilo escribió
un centenar de composiciones, sólo
es inmortal por sus Coplas, que son
ciertamente modelo de poesía elegia-
ca, tanto (¡lie han sido traducidas al
latin y á varios de los idiomas mo-
dernos.
COPLAS Á LA MUERTE DEL MAESTRE DE SANTIAGO, SU PADRE
Recuerde el alma dormida,
avive el seso y despierte
contemplando
cómo se pasa la vida,
cómo se viene la muerte
tan callando :
quán presto se va el plazer,
cómo después de acordado
da dolor,
cómo a nuestro parecer
cualquiera tiempo pasado
fué mejor.
Y pues vemos lo presente
cómo en un punto se es ido
y acabado,
si juzgamos sabiamente,
daremos lo no venido
por pasado.
No se engañe nadie, no
pensando que lia de durar
lo que espera
mas que duró lo que vio,
porque todo ha de pasar
por tal manera.
Nuestras vidas son los ríos
que van á dar en la mar
que es el morir;
allí van los seiiorios
derechos á se acabar
y consumir ;
allí los rios caudales,
alli los otros medianos
IIISPANO-ARGEN TINA
27
y más chicos ;
ít llegados, son iguales
los que viven por sus luanos...
V los ricos...
¿Qué se hizo el Hey Don Juan?
Los Infantes de Aragón
¿Qué se hicieron?
¿Qué fué de tanto galán,
qué fué de tanta invención
romo trujeron?
Las justas e los torneos,
paramentos, bordaduras
o cimeras
¿fueron sino devaneos?
¿Qué fueron sino verduras
de las eras?
¿Qué se hicieron las damas
sus tocados, sus vestidos,
sus olores?
' ¿Qué se hicieron las llamas
de los fuegos encendidos
de amadores?
¿Qué se hizo aquel trohar.
las nn'isicas acordadas
que tañían?
¿Qué se hizo aquel danzar
y aquellas ropas chapadas
que traían?... etc.
ROMANCES
DE ALORA LA BIEN CERCADA
Alora, la bien cercada,
tú que estás en par del río,
cercóte el Adelantado
una mañana endomingo,
de peones y hombres de armas
el campo bien guarnecido:
con a gran artillería
hecho se iiabia un portillo
Viérades moros y moras
todas huir al castillo :
las moras llevaban ropa,
los moros, harina y trigo
y las moras de (juiucc años
levaban el oro lino
y los moncos pequeños
llevaban la pasa y higo
Por ciuia do la muralla
su pendón llevan tendido.
Entre almena y almena,
quedado se había un morico
con una ballesta armada
y en ella puesto un cuadrillo.
En altas voces decía,
que la gente lo había oído:
—¡Treguas, treguas, Adelantado
por tuyo so dá el castillo!
Alza la visera arriba,
por ver el que tal lo dijo.
28
antología escolak
Aseslárale á la frente
salido le al colodrillo.
Sacólo Pablo de rienda
y de mano Jacobillo,
estos dos que habia criado
en su casa desde chicos.
Lleváronle á los maestros
por ver si será guarido,
A las primeras palabras
el testamento les dijo
Fronterizo
II
LA CONFIANZA
Mis arreos son las armas,
mi descanso es pelear
mi cama las duras peñas
mi dormir siempre velar.
Las manidas son escuras,
los caminos por usar
el cielo con sus mudanzas
ha por bien de me dañar,
andando de sierra en sierra
por orillas de la mar,
por probar si en mi ventura
hay lugar donde a vadar.
Pero por vos, mi señora
todo se ha de comportar.
Calxdlereseo.
11
DE MORIANA Y GALVÁN
— ¡Arriba, canes arriba!
¡ Que mala rabia os mate!
En jueves matáis el puerco
y en viernes coméis la carne
Ya hace hoy los siete años
que ando por aqueste valle,
pues traigo los pies descalzos
las uñas corriendo sangre,
pues como las carnes crudas,
y bebo la roja sangre
Musco triste á Moriana
la hija del Emperante,
pues me la han tomado moros
mañanica de Sant Juane,
cogiendo rosas y flores
en un vergel de su padre.
Oidolo ha Moriana,
que en brazos del nioro estae;
las lágrimas de sus ojos
al moro dan en la fase.
Morisco.
HISPANO-ARGENTINA
29
IV
DEL CONDE ARNALDOS
¡Quién luibicse tal ventura
sobre las aguas del mar,
como hubo el conde Arnaldos
la mañana de San Juan!
Con un falcón en la mano
la caza iba a cazar,
vio venir una galera
que a tierra (juiere llegar
Las velas traía de seda,
la jarcia de un cendal,
marinero que la manda
diciendo viene un cantar
que la mar facía en calma,
los vientos hace amainar,
Jos peces que andan nel hondo
arriba los hace andar,
las aves que andan volando,
nel mástel las faz posar.
Alli íabló el conde Arnaldos,
bien oiréis lo que dirá:
— Por Dios te ruego, marinero,
digasme ora ese cantar. —
llespondiólf el marinero,
tal respuesta le fué a dar :
— Yo no digo esta canción
sino a quien conmigo va.
Novelesco.
ANTONIO DE NEBRIJA Ó LEBRIJAiM (1442-1522)
Uno délos más insignes humanis-
tas de su época, á quien del)emos la
primera Gramática (Castellana, si bien
su talento enciclopédico le invitó á
escril)¡r sobre varias otras ramas
del saber humano.
GRAMÁTICA CASTELLANA
— De la división de sus partes. — La primera los
griegos llamaron orthographia: que nosotros pode-
mos nombrar en lengua romana sciencia de bien e
(•) Su Verdadero nombre fué: Antonio Marlinc/ de Cala y de .Jarava.
30 ANTOLOGÍA ESCOLAR
derechamente escrivir. A esta esso mesmo pertenece
conocer el número e fuerza de las letras e por que
figuras se an de representar las palabras e partes
de la oración. La segunda los griegos llaman proso-
dia, nosotros podemos interpretar acento, o mas
verdaderamente quasi canto. Esta es arte para alzar
e abaxar cada una de las silabas de las diciones ó
partes de la oración^ A esta se reduze esso mesmo
el arte de contar, pesar e medir los pies de los verbos
e coplas. La tercera los griegos llamaron etimología.
Tulio interpretóla anotación, nosotros podémosla
nombrar verdad de palabras. Esta considera la sig-
nificación e accidentes de cada una de las partes de
la oración: que como diremos en el castellano son
diez. La cuarta los griegos llamaron syntacsis; los
latinos construción : nosotros podémosla llamar orden;
a este pertenece ordenar entre si las palabras e partes
de la oración. Assi que sera el primero libro de nues-
tra obra de orthographia e letra. El segundo de
prosodia e sílaba. El tercero de etimología e dición.
El cuarto, de sintási aiuntamiento é orden de las par-
tes de la oración.
FERNANDO DEL PULGAR (1436-1493)
Prosista clásico, admirable autor
de retratos ; a pesar de los defectos
señalados por la critica sesuda, su
prosa será siempre leida con agrado
y provecho,
DON JUAN PACHECO, MARQUÉS DE VILLENA
FABLABA con bucna gracia é abundancia en razones,
sin prolixidad de palabras; temblábale un poco la
voz por enfermedad accidental é no por defecto
natural. En la edad de mozo tuvo seso é autoridad
HISPANO-ARGENTINA 31
de viejo. Era hombre esencial, é no curaba de apa-
riencias ni de cerimonias infladas... Tenía la agudeza
tan viva, que á pocas razones conocía las condicio-
nes e los fines de los hombres: e dando á cada una
esperanza de sus deseos alcanzaba muchas veces lo
que él deseaba. Tenía tan grand sufrimiento, que
ni palabra áspera que le dixesen le movía, ni nove-
dad de negocio que oyese le alteraba: y en el mayor
discrimen de las cosas tenía mejor arbitrio para las
entender é remediar. Era hombre que con madura
deliberación determinaba lo que avía de facer, é na
forzaba el tiempo, más forzaba á sí mismo esperando
tiempo para lo facer... Tuvo algunos amigos de los
que la próspera fortuna suele traer: tuvo asimisma
muchos contrarios de los que la envidia de los bie-^
nes suele criar... No era varón de venganzas, ni
perdía tiempo ni pensamiento en las seguir. Decía
el que todo hombre que piensa en vengarse, antes
atormenta á sí que daña al contrario. Perdonaba
ligeramente, y era piadoso en la execución de la
justicia criminal ; porque pensaba ser más aceptable
á Dios la grand misericordia que la extrema justicia ...
No quiero negar que como hombre humano este
caballero no toviese vicios como los otros hombres ;
pero puédese bien creer, que si la flaqueza de su
humanidad no los podía resistir, la fuerza de su pru-^
dencia los sabía disimular.
De su libro Claros Varones de Castilla.
32 ANTOLOGÍA KSCOI-All
ARCIPRESTE DE TALAYERA' (1398? 1470?)
Escritor udinirablc, realiza en pro-
sa viva y animada lo que el Arci-
preste de Hita en verso; si bien el
autor de Corvadlo es más malicioso,
abundando en esta obra los adagios
y proverbios.
MUJER VANAGLORIOSA Y LOZANA
DICE la fija a la madre, la mujer al marido, la
hermana á su hermano, la prima á su primo, la
amiga á su amigo : ¡ Ay, como esto enojada, duélme
la cabeza, siéntome de todo el cuerpo; el estómago
tengo destemprado estando entre estas paredes ; quie-
ro ir á misa á Santo Domingo; representación facen
de la Pasión al Carmen; vamos á ver el inonesterio
de Sant Agustín. ¡O qué fermoso monesterio! Pues
pasemos por la Trenidad á ver el casco de Sant
Blas ; vamos á Santa María ; veamos como se pasean
aquellos gordos, ricos e bien vestidos ; vamos á San-
ta María de la Merced, oiremos el sermón... E lo
peor que algunas non tienen arreos con que salgan,
nin mujeres nin mozas con que*vayan, e dizen: Mari-
ca, veme a casa de mi prima que me preste su saya
de grana. Juanilla, veme a casa de mi hermana que
me preste su aljaba, la verde, la de P'lorencia. Ine-
sica, veme a casa de mi comadre que me preste su
crespina e aun el almanaca. Catalinilla, ve á casa
de mi vecina que me preste su cinta e sus arraca-
das de oro. F'rancisquilla, ves a casa de mi señora
la de Fulano, que me preste sus paternostes de
* Se llamaba Alfonso Martínez de Toledo.
HISPANO-ARGIiMINA
33
oro. Teresuela, ve en un punto a mi sobrina que
me preste su pordemas el de martas forrado. Men-
cigüela, corre en un salto a los alatares ó á los
mercaderes, traeme solimán e dos oncillas cinamo-
nio, o clavo de girofres para levar en la boca...
Del Corvadlo o Regyrobaclon del Amor Mundano.
JUAN DEL ENZINA (1469-1529)
A este autor, llamado por algunos
«patriarca del teatro español», le cabe
la íí'oria de haber secularizado el
teatro religioso. Su musa drauíntica
incipiente se inspiró en el pueblo.
EQLOQA DE LOS PASTORES QUE SE TORNARON ESCUDEROS
F HA O MEMO
Mingo
Cala, Gil, qtie las luai'ianas
lín el campu hay gran frescor
Y tiene muy gran sabor
La sombra de las cabanas
Quien es dueciio de dormir
Con el ganado de noche.
No creas que do reproche
VA palaciego vivir,
i Oh qué gasajo es oir
VA sonido de los grillos
Y el tañer los caramillos !
No hay quien lo pueda decir.
Ya sabes qué gozo siente
VA pastor muy caluroso
En beber con gran reposo
Oe bruzas agua en la fuente,
O de la que va corriente
Por el cascajal corriendo,
Que se va toda riendo
¡ Oh qué pracer tan valiente !
Pues no te digo ¿ verás ?
Las holganzas de las bodas !
Mas pues tií las sabes todas,
No le quiero decir más
Gil
34 ANTOLOGÍA IvSCOLAK
Anda, que acá gozarás Si volvieie á mi lugar.
Otras mayores holganzas : Y el halo (|u¡cro mudar
Otros bailes y otras danzas Anles (|ue otra cosa venga ;
Del palacio aprenderás V tú, mia fé, también, Menga
Mingo l'jicomiénzale á dusnar.
Hora yo quiero probar Menga
Este |)alacio á (¡uó sabe, Cala que yo no sabré
Siquiera ponjue me alabe Ser para ser del palacio...
BARTOLOMÉ DE TORRES NAHARRO (7-1531)
Representa en el naciente teatro-
la iiifliieiicia italiana, y es más dra-
maturgo que Enzina, á quien en
ocasiones parece imitar. En el trozo-
que se transcribe formula preceptos
dignos de ser recordados.
...Y digo ansí: que Comedia no es otra cosa
sino un artificio ingenioso de notables y finalmente
alegres acontecimientos, por personas disputado.
La división della en cinco actos, no solamente me
parece buena, pero mucho necesaria; aunque yo les
llamo jornadas, porque más me parecen descansa-
deros que otra cosa. De donde la Comedia queda
mejor entendida y rescitada
Cuanto á los géneros de Comedias, á mí paresce
que bastarían dos para en nuestra lengua castella-
na: comedia a fioticia^ y comedia a fantasía. A noti-
cia, s'entiende de cosa nota y vista en realidad de
HISPANO-ARGENTINA 35
verdad, como son Soldadesca y Tínellaria. A fantasía,
de cosa fantástica ó fingida, que tenga color de
verdad aunque no lo sea, como son Serafina, Inie-
nea^ etc. Partes de comedia, ansí mesmo, bastarían
dos, scilicet: introito y argitniento. Si más os pares-
ciese que deban ser, ansí de lo uno como de lo otro
licencia se tienen para quitar y poner los discretos..'
Vropalladia.
FERNANDO DE ROJAS (14.. -15..)
Se le supone, suposición negada
por algunos críticos, autor de La Ce-
lestina, obra que puede calificarse
de joya de la literatura castellana.
Novela dramatizada, ella bastaría para
dar relieve á una época
LA CELESTINA
Calisto... Sempronio, Sempronio, Sempronio ¡ Donde
esta este maldito?
Se)npro)iio. Aqui estoy, señor, curando destos cauallos.
Calisto. Pues como sales de la sala?
Sempronio. Abatióse el girifalte, é vinele endere9ar
en el alcándara.
Calisto. Assi los diablos te ganen; assi por infor-
tunio arrebatado perezcas, o perpetuo intolerable
tormento consigas, el qual en grado incomparable
' Se publicó la primera edición en Burgos, en 1499, con el título de
Comedia de Calisto é Melibea.
36 ANTOLOGÍA ESCOLAR
a la penosa é desastrada muerte que espero tras-
passa. Anda, anda, maluado, abre la cámara é ende-
re9a la cama.
Senipronio. Señor, luego, hecho es.
Calis io. Cierra la ventana é dexa la teniebla acom-
pañar al triste, y al desdichado la ceguedad. Mis
pensamientos tristes no son dignos de luz. O bien-
aventurada muerte aquella que deseada a los afligidos
viene! O si viniessedes agora. Eras é Crato, médicos,
sentiriades mi mal ! O piedad de silencio, inspira en
el pleberico cora9on porque sin esperan9a de salud
no embie el espíritu perdido con el desastrado Píra-
mo é de la desdichada Tisbe !
Senipronio. Que cosa es?
Calisto. Vete de ay, no me fables ; sino quÍ9a ante
del tiempo de rabiosa muerte mis manos causaran
tu arrebatado fin.
Sempronio. Iré, pues solo quieres padecer tu mal.
Calisto. Ve con el diablo.
Se^npronio. No creo, según pienso, yr conmigo el
que contigo queda.
O desauentura ! O súbito mal ! Qual fue tan con-
trario acontescimiento, que assi tan presto robo el
alegría deste hombre, é lo que peor es, junto con
ella el seso? Dexarle he solo, o entrare alia? Si le
dexo, matarse ha; si entro alia, matarme ha. Qué-
dese, no me curo ; mas vale que nmera aquel a quien
es enojosa la vida, que no yo que huelgo con ella.
Avnque por al no deseasse vinir, sino por ver a mi
Elicia, me deuria guardar de peligros. Pero si se
mata sin otro testigo, yo quedo obligado a dar cuen-
ta de su vida. Quiero entrar; mas puesto que entre,
no quiere consolación ni consejo. Asaz es señal mor-
tal no querer sanar. Con todo, quiérele dexar vn
poco desbraue, madure; que oydo he dezir, que es
peligro abrir o apremiar las postemas duras, porque
mas se enconan. Este vn poco; dexemos llorar al
HISI'ANO-AHGENTINA 37
que dolor tiene; que las lagrimas é sospiros mucho
desenconan el coraron dolorido. E avn si delante me
tiene, mas conmigo se encenderá; que el sol mas
arde donde puede reuerberar; la vista a quien objeto
no se antepone, cansa; é quando aquel es cerca^
aguzase. Por esso quierome sofrir vn poco : si entre-
tanto se matare, muera. Ouiya con algo me quedare;
que otro no lo sabe cpn que mude el pelo malo :
avnque malo es esperar salud en muerte agena, é
qui(;a me engaña el diablo; é si muere matarme han,
é yran alia la soga é el calderón. Por otra parte
dizen los sabios, que es grande descanso a los afli-
gidos tener con quien puedan sus cuytas llorar, é
que la llaga interior mas empece. Pues en estos
estremos en que estoy perplexo, lo mas sano es en-
trar é sofrirle, é consolarle: porque si possible es
sanar sin arte ni aparejo, mas ligero es guarescer
por arte é por cura.
Fragmento del Primer acto.
38
ANTOLOOIA ESCOLAU
LOPE DE RUEDA (15107-1565
Se le tiene por el verdadero creador
del teatro nacional, distinguiéndose
por su espontánea gracia. Su veno
dramática siempre retozona, lo<>ra
avivar el diálogo y darle natura-
lidad.
COLOQUIO
Si el recontento que travo,
venido tan de rondón,
no me lo abraca el curron,
¿quales nesgas pondré al sayo
o que ensanchas el jubón?
Y si al contarlo estremei'io,
con vn donayre risueño
ayer nie miró Constanca.
¿que turba aura ya o mudanca
que no le passe por sueño?
Esparzios, las mis corderas,
por las dcliessas y prados,
inordey sabrosos bocados,
no teniays las venideras
noches de nubros ayrados;
antes os anday esseiitas.
brincando de recontentas.
No os allixa el ser mordidas
de las lobas dossaud)r¡das
tragantonas, mal contentas,
y, al dar de los bellocinos
venid siempres, no ronzeras
rumiando por las laderas
a jornaleros vezinos.
o al corte de sus tixeras;
que el sin medida contento,
qual no abarca el |)onsamionto
os librará de lesión,
si al dar del branco bellon,
barruntays el bien (|ue siento.
Mas ¿í|uion es este cuytado
que assoma acá entellerido
cabizbaxo, atordezido,
barba y cabello erizado
desayrado y mal erguido?
* [clamado (Ulu, segiin Schcvill y Honilla y San Martin, y Prendas de
autor por Mariano Ferrer. listas (iiiintillas suben en mérito si se recuer-
da que Cervantes las transcribió en la jornada 111 de su «comedia famosj
de Los Baños de Argel. »
HISPANO-AUGKNTINA 39
JUAN BOSCÁN a4..?-1542
No filé poeta tan modesto como
opinan algunos críticos, si bien su
gloria se cimenta en el hecho <le ser
el iniciador de aquella fecunda re-
volución literaria que contó como
jefe á (larcilaso.
SONETO
Dulce soi'iar y dulce congoxarine,
<^)uando estal)a soñando (|ue soñaba;
Dulce gozar con lo (|ne me eugañal);t,
Si un poco uiás durara el engañarme.
Didce no estar en mi. que ligurarme
Podia cuanto bien yo deseaba;
Dulce placer, aunque me importunaba,
Que alguna vez llegaba á despertarme
¡O sueño! ¡(|uánto mas leve y sabroso
Me fueras, si vinieras tan pesado
Que asentaras en mi con más reposo !
Durmiendo, en (in, fui bienaventurado ;
Y es justo en la mentira ser dichoso
Quien siempre en la verdad fué desdichado
FRAGMENTO
«Los rios (jue en SU graiidc/.a Asi el bien que natural
Alcanzan diversos grados, Ku todo tiene dulzura,
Quando á la mar son llegados bi a mí llega torna tal.
Mudan su naturaleza Que lo vuelve en amargura
Y empiezan á ser salados. La amargura de mi mal.
Copla XX VI.
40 ANTOLOGÍA ESCOLAR
GARCILASO DE LA VEGA (1503-1536)
Se le titula El Principe de los liri-
cos españoles ; sin embargo « nada
propio tiene Garcilaso más que el
sentimiento, y por esto solo, vive y
vivirá cuanto dure la lengua». Su
estilo es claro y castizo.
SONETO
¡ Oh dulces prendas, por mi mal halladas,
Dulces y alegres cuando Dios quería !
Juntas estáis en la memoria mia,
Y con ella en mi mente conjuradas
¿Quien me dijera cuando en las pasadas
Horas en tanto bien por vos me via
Que me hahiais de ser en algún dia
Con tan grave dolor representadas?
Pues en un hora junto me llevastes
Todo el bien que por términos me distes,
Llevadme junto el mal que me dejastes-
Si no, sospecharé que me pusiste
Kn tantos bienes porque descastes
Verme morir entre memorias tristes.
ÉGLOGA PRIMERA
Cual suele el ruiseñor con triste canto
Quejarse, entre las hojas escondido,
iJel duro labrador, (jue cautamente
Le despojó su caro y dulce nido
De los tiernos hijuelos entre tanto
Que del amado ramo estaba ausente,
Y aquel dolor que siente
IIISI'ANO-AHGENTINA 41
Con diferencia tanta
Por la dulce garyanta
Despide, y á su canto el aire suena,
V la callada noche no refrena
Su lamentable oficio y sus querellas,
Trayendo de su pena
Al cielo i)or testijío y las estrellas ;
Desta manera suelto yo la rienda
A mi dolor, y asi tne\|uejo en vano
De la dure/a de la muerte airada.
Klla en mi corazón metió la mano,
Y de allí me llevó mi dulce prenda ;
Que aquel era su nido y su morada.
¡ Ay, muerte arrebatada !
Por ti me estoy quejando
Al ciclo y enojando
Con importuno llanto al mundo todo;
Tan desigual dolor no sufre modo.
No me podrán quitar el dolorido
Sentir, si ya del todo
Primero no me quitan el sentido,..
CRISTÓBAL DE CASTILLEJO (14907-1556)
Aun alejado de España, este i)oeta
erudito y nioriiaz, fustiga sin piedad
la revolución literaria, iniciada por
Hoscún ; de ahi que algunos críticos
lo proclaman jefe de la escuela tra-
dicional.
VIDA BUENA Y DESCANSADA
Bienaventurada vida. Son, Seiior, por su medida
Si alguna lo puede ser, Las que la pueden hazer.
Estas cosas á mi ver Hazienda no mal ganada
42
antología escolau
Con sudor, mas lierodada :
Campo bien agradezido.
Lugar durable sabido
Y pleito jamás por nada :
Pocos cargos de que dar
Cuenta, ni tener cuidado,
Y el ánimo sosegado ;
Buenas fuerzas á la par
Y cuerpo sano templado ;
Prudente simplizidad
Y amigos con igualdad
Y fázil conversación :
La mesa sin presunción
Y sin pompa y vanidad ;
La noche no sepultada
En torpe borrachería ;
iMas de congojas vacia :
Cama no desconsolada
Pero casta todavía :
Sueño quieto y sabroso,
Que haga con su re|)oso
Breves dulces y seguras
Las tinieblas mas escuras,
Y el tiempo mas trabajoso.
Y ten : que mientras vivieres,
Para ciue vivas de veras,
Tan solamente ser (piieras
Aquello mismo (|ue fueres,
Y que á todo lo prefieras ;
Y f|iie la muerte que crees,
l'.n tanto que no la veas,
Porque no te dé postemas.
Con ningún tiempo la temas.
Ni tampoco la desees.
FRAY LUIS DE LEÓN (1527-1591
Si (le la prosa castellana se le pue-
de llamar maestro excelso, como
poeta es majestuosamente sereno y,
sin quizás, el más perfecto en los
géneros por él abordados.
DEL CANTAR DE LOS CANTARES
COSA cierta es y sabida que en estos cantares
como en persona del Rey Salomón, y su Espo-
sa la hija del Rey de Egipto debaxo de amo-
rosos requiebros explica el Señor la Encarnación de
Christo y el entrañable amor que siempre tuvo a
su Iglesia, con otros secretos de gran misterio y de
gran peso. En este sentido que es espiritual, no
HISPA NO -AlUiKNTIXA 43
teno^o que tocar; porque de él hay escritos grandes
libros por personas santísimas y muy doctas, que
ricos del mismo Espíritu que habló en este Libro,
entendieron gran parte de su secreto, y como lo
entendieron lo pusieron en sus escrituras, que esta-
ban llenas de espíritu y regalo. Así que en esta
parte no hay ([ue decir, ó porque ya esta dicho, ó
porque es negocio prolijo y de grande espacio; sola-
mente trabajaré en declarar la corteza de la letra
asi llanamente, como si en este libro no hubiera otro
mayor secreto del que nmestran aquellas palabras
desnudas, y al parecer dichas y respondidas entre
Salomón y su Esposa, que será solamente declarar
el sonido de ellas y aquello en que está la fuerza
de la comparación y del requiebro; que aunque es
trabajo de menos quilates que el primero, no por eso
carece de grandes dificultades como luego veremos.
Porque se ha de entender que este Libro en su pri-
mer origen se escrivió en metro, y es todo él una
Égloga Pastoril a donde con palabras y lenguage
de Pastores hablan Salomón y su Esposa, y algunas
veces sus compañeros, como si fuesen gentes de
aldea
VKa:mos, pues, agora si Cristo tiene esto, y las
ventajas con que lo tiene, y assi veremos cuan
merescidamente es llamado Pastor. Bive en los
campos Cristo, y goza del cielo libre, y ama la sole-
dad y el sossiego, y en el silencio de todo aquello
que pone en alboroto la vida, tiene puesto él su
deleyte. Porque, assí como lo que se comprehende
en el campo es lo más puro de lo visible, y es lo
senzillo y como el original de todo lo que dello se
compone y se mezcla; assí aquella región de vida
adonde bive aqueste nuestro glorioso bien, es la pura
44 ANTOLOGÍA ESCOLA»
verdad y la senzillez de la luz de Dios y el original
expresso de todo lo que tiene ser, y las rayzes firmes
de donde nascen y adonde estriban todas las cria-
turas, Y si lo avernos de dezir assí, aquellos son los
elementos puros, y los campos de flor eterna vestidos,
y los mineros de las aguas bivas, y los montes ver-
daderamente preñados de mil bienes altíssimos, y
los sombríos y repuestos valles, y los bosques de la
frescura, adonde, esentos de toda injuria, gloriosa-
mente florecen la haya y la oliva y el lináole, con
todos los demás árboles del encienso, en que reposan
exércitos de aves en gloria y en música dulcíssima
que jamás ensordece. Con la cual región si compara-
mos aqueste nuestro miserable destierro es comparar
el desassossiego con la paz, y el desconcierto y la
turbación y el bullicio y desgusto de la más inquieta
ciudad con la misma pureza y quietud y dul9ura.
Que aquí se afana y allí se descansa; aquí se ima-
gina y allí se ve; aquí las sombras de las cosas nos
atemorizan y assombran, allí la verdad assossiega y
deleyta, esto es tinieblas, bullicio, alboroto; aquéllo
es luz puríssima en sosiego eterno.
ÜP Los Xonihres de Cristo.
MADRUGAR
Yassi, con estas palabras dichas y entendidas
generalmente, avisa de dos cosas el Espíritu
sancto, y añade como dos nuevos colores de
perfección y virtud a esta muger casada, que vá
dibuxando. La una es, que sea madrugadora. Y la
otra, que madrugando provea ella luego y por sí
misma, lo que la orden de su casa pide. Que ambas
á dos son importantissimas cosas. Y digamos de lo
primero. Mucho se engañan los que piensan, que
IIISPAXO-AHC.ENTIXA 45
mientras ellas, cuya es la casa, y a quien propia-
mente toca el bien y el mal della, duermen y se
descuidan, cuidará y velará la criada, que no le toca,
y que al fin lo mira todo como ageno. Porque si el
amo duerme, por qué despertará el criado? Y si la
señora, que es y ha de ser el exemplo y la maestra
de su familia, y de quien ha de aprender cada una
de sus criadas lo que conviene á su oficio, se olvida
de todo; por la misma razón, y con mayor razón,
los demás serán olvidadizos y dados al sueño. Bien
dixo Aristóteles en este mismo proposito. Que el
que no tiene buen decJiado, no puede ser buen reme-
dador. No podrá el siervo mirar por la casa, si vee
que el dueño se descuida della. De manera, que ha
de madrugar la casada, para que madrugue su fami-
lia. Porque ha de entender, que su casa es un cuerpo,
y que ella es el alma del, y que como los miembros
no se mueven, si no son movidos del alma, assi sus
criadas, si no las menea ella y las levanta, y mueve
á sus obras, no se sabrán menear. Y quando las cria-
das madrugassen por sí, durmiendo su ama, y no la
teniendo por testigo, y por guarda suya, es peor que
madruguen: porque entonces la casa, por aquel espa-
cio de tiempo, es como pueblo sin Rey, y sin Ley,
y como comunidad sin cabeza : y no se levantan á
servir, sino á robar y destruyr: y es el propio tiem-
po, para quando ellas guardan sus hechos.
De ha Perfecta Casada.
A FELIPE RUIZ
¿ Cuándo será (|ue [)iieda
Libre desla prisión volar al cielo,
Felipe, y en la rueda
Que huye más del suelo
Contemplar la verdad pura, sin duelo?
46 _ ANTOLOGÍA ESCOLAR
Allí, á mi vida junto,
En luz resplandeciente convertido,
Veré distinto y junto
Lo que es y lo que ha sido,
Y su principio propio y ascondido.
Entonces veré cómo
La soberana mano echó el cimiento
Tan á nivel y plomo,
Do estable y lirme asiento
Posee el pesadísimo elemento ;
Veré las inmortales
Columnas do la tierra está fundada,
Las lindes y señales
Con que á la mar hinchada
La Providencia tiene aprisionada ;
Por qué tiembla la tierra,
Por qué las hondas mares se embravecen,
Dó sale á mover guerra
El cierzo, y por qué crecen
Las aguas del Océano y descrecen ;
De dó manan las fuentes.
Quién ceba y (juién bastece de los rios
Las perpetuas corrientes.
De los helados frios
Veré las causas y de los estíos ;
Las soberanas aguas,
Del aire en la región quién las sostiene.
De los rayos las fraguas ;
Dó los tesoros tiene
De nieve Dios, y el trueno dónde viene.
¿ No ves cuando acontece
Turbarse el aire todo en el verano.
El día se ennegrece.
Sopla el Gallego insano,
Y sube hasta el cíelo el polvo vano;
Y entre las nuves mueve
Su carro Dios ligero y reluciente?
Horrible son conmueve.
niSPAXO-AUGKNTIXA 47
Relumbra fucíío ardiente.
Treme la tierra, Iminiliase la gente;
La lluvia baña el techo,
Invian largos rios los collados.
Su trabajo deshecho.
Los campos anegados
Miran los labradores, espantados.
Y de alli levantado.
Veré los movimientos celestiales.
Ansí el arrebatado
Como los naturales,
Las causas de los hados, las señales.
Quién rige las estrellas
Veré, y quién las enciende con hermosas
Y eficaces centellas ;
Por qué están las dos osas
De bañarse en la mar siempre medrosas.
Veré este fuego eterno.
Fuente de vida y lu/, dó se mantiene,
Y por qué en el invierno
Tan |)ro,suroso viene ;
Quién en las noches largas le detiene.
Veré sin movimiento
Kn la más alta esfera las moradas
Del gozo y del contento.
De oro y luz labradas,
De espíritus dichosos habitadas.
-48 ANTOLOGÍA liSCOLAll
FERNANDO DE HERRERA (15347-1597
Poeta (ie robusta inspiración, más
aplaudido por sus odas patrióticas
que i)or sus eróticas poesías, que no
carecen ciertamente de emoción. Por
ellas es inmortal la Condesa de
Gelves.
SONETO
Destas doradas liebrasfue texida
la Hed en que fui preso, y enlazado,
fue blanda, y dulce en ini primer estado,
luego en dura y amarga conuertida.
Por la ocasión antigua fue Sufrida
la pena en que aborresco lastimado,
y en tal tormento adora mi Cuidado
la causa de mi muerte, y de mi Vida
Y destos ojos fue herido VA pecho
con hierro, y fuego, y cada dia Crece
con el golpe mortal el Amor mió.
•Cre^e itii ardor y crece Vuestro frió,
la Hed me aprieta, el ánimo fallece,
y esta dudoso Amor en mi prouecho.
A LA VICTORIA DE LEPANTO
Cantemos al Señor, que en la llanura
venció del ancho mar al Trace íiero ;
Tii, Dios de las batallas, tú eres diestra,
Salud y gloria nuestra.
Tu rompiste las fuerzas y la dura
IM.SPAXO-AKGENTIN.V 49
trente de Faraón, feroz guerrero;
sus escogidos priuci|)cs culirieron
los abismos del mar, y descendieron,
cual ira en el profundo; y tu ira luego
los tragó, como arista seca el fuego.
Levantó la cabeza el poderoso
(|ue lauto odio te tiene; en nuestro estrado
juntó el consejo, y contra nos pensaron
los que en él se hallaron.
<( Venid », dijeron. « y en el mar ondoso
bagamos de su sangre un grande lago ;
deshagamos á éstos de la gente,
y el nombre de su Cristo juntamente,
y dividiendo de ellos los despojos,
hártense en muerte suya nuestros ojos».
ALONSO DE ERCILLA Y ZÜÑIGA (1533-1594)
Poeta épico, ú quien hay que ceder
el primer lugar al tratar de la epo-
peya artística en España, á pesar de
algunos prosaísmos que alean La
Araucana. A ratos es poeta-historia-
dor; á veces liistoriador-poeta.
DE UN MEMORIAL AL REY D. FELIPE II
¡ Cuántas tierras corrí, cuántas naciones,
llácia el helado norte atravesando,
Y en las bajas antarticas regiones
£1 antipoda injusto conquistando 1
Climas pasé, mudé constelaciones,
-Golfos innavegables navegando,
50 ANTOLOGÍA KSCOLAK
Kxtendieudo, Señor, vuestra corona
Hasta la casi austral, frígida zona.
¿Qué jornadas también por mar y tierra
Habéis hecho que deje de seguiros ?
A Italia augusta, á Flándes, á Inglaterra,
Cuando el reino por rey vino á pediros,
De allí el furioso estruendo de la guerra
Al Perú me llevó por jnás serviros,
Do con suelto furor tantas espadas
Estaban contra vos desenvainadas.
Dejo por no cansaros y ser niios
Los inmensos trabajos padecidos...
Riesgos, peligros, trances y fortunas.
Que aún son para contados importunas.
Ni digo cómo al lin, por accidente
Del mozo capitán acelerado.
Fui sacado á la plaza injustamente
A ser públicamente degollado.
Ni la larga prisión impertinente
Do estuve tan sin culpa molestado,
Ni mil otras miserias de la suerte,
De comportar más graves que la muerte^
Y aunque la voluntad, nunca cansada,,
lístá para serviros hoy más viva,
Desmaya la esperanza quebrantada.
Viéndome proliejar siempre agua arriba ;.
Y al cabo de tan larga y gran jornada.
Hallo que mi cansado barco arriba.
De la adversa fortuna contrastado.
Lejos del lin y puerto deseado.
Mas, ya que de mi estrella la porfía
Me »tenga así arrojado y abatido,
Vieran al lin que por derecha via
La carrera difícil he corrido ;
Y aunque más inste la desdicha mía,
Ll premio está en haberlo merecido ;
IIISI'ANO-ARGKNTINA 51
Que las honras consisten, no en tenerlas,
Sino en solo arribar á merecerlas.
Y el disfavor cobarde que me tiene
Arrinconado en la miseria suma,
Me suspende la mano y la detiene,
Haciéndome que pare aquí la pluma.
DIEGO DE HOJIEDA (1570? -1615)
Poeta épico, de hondo sentimiento
religioso, conmovedor en ocasiones
y á ratos tlescuidado, no merece el
despego con que lo tratan algunos
críticos modernos.
LA ORACIÓN DE CRISTO
Fhagmknto
¿Quién es aquesta dama religiosa
Que de Getsemaní volando viene?
Es su cuerpo gentil, su faz hermosa,
Mas el rostro en sudor bañado tiene.
Que beldad tan suave y amorosa
Con tan grave pasión se aflija y pene,
Lástima causa. ¿Quién es la afligida
En igual grado bella y dolorida ?
Es de oro su cabeza refulgente,
Su rubia crin los rayos de la aurora,
De lavado cristal su limpia frente,
Su vista sol que alumbra y enamora,
Sus mejillas abril resplandeciente ;
En sus labios la misma gracia mora :
Callando viene, pero su garganta
Da muestras que suspende cuando canta.
52 ANTOLOGÍA ESCOLAR
En polvo, eiv sangre y en sudor teñida
Aparece su grave vestidura :
Como quien pies lavó, sube ceñida,
Y humildad debe ser quien la asegura.
Vedla, que en santo amor está encendida,
Y asi de amor el fuego la apresura.
¿Si es por dicha oración de algún profeta?
Si es oración, es oración perfeta.
Oración es ; que los atentos ojos,
Y las tendidas arqueadas cejas,
Y lo demás que lleva por despojos,
Son desta gran virtud señales viejas :
Sin duda puso en tierra los hinojos,
Y á sólo Dios pretende dar sus quejas :
El barro de la ropa lo declara,
Y la congoja de su pecho rara.
Cual humo de pebete es delicada.
De amarga mirra y de suave incienso,
Y de la especería más preciada
De que á Belén pagó la Arabia censo :
Mirra fué de su sangre derramada
La primer causa, y un dolor ¡nmenso,
Y de estos aromáticos olores
Ciencia, virtudes, gracias, resplandores.
Ella dirá quién es, que ya se llega ;
Mas la or^ición del Verbo soberano.
Que á dura muerte su persona entrega,
Debe ser ; que su talle es más que humano.
Si á mis ojos su ardiente luz no ciega,
He de besalle su divina mano :
Es la oración de Cristo, éslo sin duda ;
Abrásele la puerta, el cielo acuda.
De IjU Crisiiada.
IIISPANO-AKGEXTINA 53
BERNARDO DE BALBUENA (1568-1625?
Poeta épico, imitador de Ariosto,
de fastuosa inspiración, brillantez de
colorido y exagerada agilidad métri-
ca. Cultivó también el género bucó-
lico.
EL CASTILLO DE LA FAMA
Fragmento
Entre la tierra, el cielo, el mar y el viento
Un soberbio castillo está labrado,
Que aunque en los huecos aires su cimiento,
Y en frágiles palabras amasado.
Basa no tiene de mayor asiento
El mundo, ni los Cielos se la han dado,
Pues á solo él y su muralla fuerte
No ha podido escalar, ni entrar la muerte.
En las nubes esconde sus almenas.
La tierra y el cielo desde allí juzgando.
De anchos resquizios y atalayas llenas.
De ojos cubiertos, sin dormir velando
Y con más lenguas que la mar arenas,
Agenas vidas y obras pregonando,
Sin que palabra, aun(|ue pequeña, 'suene.
Que de rumor las bóbedas no llene.
Fama, monstruo feliz, vario en colores
Es quien las torres del alcázar vela,
Y en plumas de vistosos resplandores
For todo el orbe sin cansarse vuela,
Favores pregonando y disfavores
Que allí el parlero tiempo le revela.
De ojos vestida, de alas y de lenguas,
De unos contando loores, de otros menguas.
54 ANTOLOGÍA ESCOLAH
Vuelan sus claraboyas por la cuniljre
De la enarcada bobada del cielo
Sobre pilares de oro, cuya lumbre
El aire baña y da hermosura al suelo.
Vuelve en cuadrados ecos su techumbre
De huecas vozes un sonoro vuelo.
Que en confuso rumor los patíos llena,
Y un rico mundo de grandezas suena.
Los iirmes quizios de las altas puertas
Sin guardadoras llaves y candados,
A todo tiempo y toda gente abiertas
De cualquier calidad, suerte y estados ;
Las ocultas verdades descubiertas,
Los antiguos engaños disfrazados,
Los vulgares rumores, cuyo enjambre
Al deseo de saber creze la haml)re.
De El Bernardo.
AMADIS DE GAULA'
« No, señor, dijo el barbero, que
taml)ién he oido decir que es el mejor
de todos los libros que deste género
se han couipuesto, y asi como á
único en su arte se debe perdonar.»
Qn i/ote P. I. C. vi.
ASÍ como OÍS estaban en aquella ínsula de la
Torre Bermeja Amadis y Grasandor con gran
placer, y Amadis siempre preguntaba por su
señora Oriana, que en ella eran todos sus deseos y
cuidados, que aunque la tenía en su poder, no falle-
cía un solo punto del amor que siempre le tuvo;
' Aun está en litigio si el autor de esta obra famosa es Garci Ordoñe^
de Moltalvo.
HISPANO-ARGENTINA OO
antes agora mejor que nunca le fué sojuzgado su
corazón, y con mas acatamiento entendía seguir su
voluntad, de lo cual era causa que estos grandes
amores que entrambos tuvieron no fueron por acci-
dente, como muchos hacen, que mas presto que aman
y desean aborrecen, mas fueron tan entrañables y
sobre pensamiento tan honesto y conforme á buena
conciencia, que siempre crecieron, así como lo hacen
todas las cosas amadas y fundadas sobre la virtud,
pero es al contrario lo que todos generalmente segui-
mos, que nuestros deseos son mas al contentamiento
y satisfacción de nuestras malas voluntades y apeti-
tos, que á lo que la bondad y razón nos obliga; lo
cual en nuestras memorias y ante nuestros ojos
<.lebriamos tener, considerando que si todas las cosas
dulces y sabrosas fuesen en nuestras bocas puestas,
y en fin de la dulzura un sabor amargo quedase, no
tan solamente lo dulce se perdía mas la voluntad
sería tan alterada, que con lo postrimero grande enojo
de lo primero sentiría; así que bien podemos decir
que en la fin es lo más de la gloria y perfición...
Pues así hablaba Amadis con Grasandor en aquellas
cosas que más les agradaban ; y avínoles que estan-
do sentados ambos en unas peñas altas sobre la
mar, vieron venir una fusta pequeña derechamente
á aquel puerto, y no quisieron de allí partir sin que
primero supiesen quien en ella venía. Llegada al
puerto, mandaron á un escudero de los de Grasan-
dor que supiese que gente era la que allí arribara,
el cual fué luego á lo saber ; y cuando volvió dijo :
Señores, allí viene un mayordomo de Madasima,
mujer de don Galbanes, que pasa á la ínsula de
Mongaza. ¿Pues de dónde? dijo Amadis. Señor, dijo
el escudero, dicen que á donde está don Galbanes
y don Galaor, y no supe dellos mas...
Libro IV— Cap. xliv
56 ANTOLOGÍA ESCOLAR
ANTONIO DE GUEVARA (14807-1545
Oonisla oficial de Carlos V., liizo'
alarde de talento enciclopédico. Su
prosa, harto celebrada en su tiempo,
peca de afectada y artiíiciosa.
PLAVTO el filósofo fué en su mocedad muy humano
y aun mundano ; porque anduvo en la guerra,
navegó por mar, fué panadero, trató en merca-
dería, vendió azeite y aprendió un oficio de sastre.
Preguntado este filósofo en qué oficio avía estada
más contento y se avía hallado más assossegado,,
respondió: no ay estado en que no aya mudan9a, na
ay honrra en que no aya peligro, no hay riqueza en
que no aya trabajo, no ay prosperidad que no se
acabe, ni aun plazer que no amargue; y si en alga
yo tomé descanso, fué después que me di á los libros
y me aparté de los negocios. Como hombre cuerda
y bien experimentado habló este filósofo. En quanta
en este mundo bivimos todo lo desseamos, todo la
tentamos, todo lo procuramos y aun todo lo prova-
mos; y al fin, después de todo visto y gustado, con
todo nos cansamos y con todo nos ahitamos. Muy
gran parte de nuestro descontento está en que la
mucho nuestro nos paresce poco y lo poco agena
nos paresce mucho. A la riqueza nuestra llamamos
trabajo y en la pobreza agena dezimos que está el
reposo. Kl estado que los otros tienen aprovamos y
á nuestra manera de bivir condenamos. Velamos por
alcan9ar una cosa y desvel amónos por salir luego
della. Imaginamos que biven todos contentos y que
solos nosotros somos los desdichados, y lo peor de
todo es que creemos en lo que soñamos y no damos
HISPAXO-ARGKNTINA 57
fe á lo que vemos. Qué camino tomaremos ó qué
estado seguiremos ninguno lo puede saber y menos
á otro aconsejar; pues vemos que si el navegar es
peligroso, también el estar en calma es enojoso. En
caso de bivir muchas vezes vemos que se caen muer-
tos los sanos y escapan los oleados. En caso de
caminar vemos que muchas vezes llega más aína el
que no dexó el camino y se perdió el que fué por
el atajo. En caso del. tener y del valer vemos mu-
chas vezes que bive más contento uno con lo poco
que tiene que otro con lo mucho que vale. En caso
del favor ó disfavor vemos muchas vezes que la
fortuna favoresce más á los que están holgando, que
no á los que andan sudando. Puédese de todo sobre-
dicho coligir que no ay en este mundo cosa más
cierta que ser todas las cosas inciertas.
De Menosprecio de Corte ¡/ Alabanza de Aldea.
FRAY LUIS DE GRANADA' (15047-1588)
Orador elociieiitisiiiio y prosista de
al)iindante y opulento lenf;iiaje, sus
obras, á pesar de ciertas repeticiones,
son leídas aun hoy con agrado por
revelar en ellas profundo conoci-
miento del corazón humano.
DE LA INTRODUCCIÓN AL SÍMBOLO DE LA FE
PUKS, según esto ¿qué es todo este mundo visible
sino un grande y maravilloso libro, que vos,
Señor, escribistes y ofrecistes á los ojos de todas
las naciones del mundo, así de griegos como de
' Su verdadero noml)re era Luis de Sarria.
58 ANTOLOGÍA ESCOLAR
bárbaros, así de sabios como de ignorantes, para que
en él estudiasen todos, y conociesen quien vos éra-
des? ¿Qué serán luego todas las criaturas de este
mundo tan hermosas y tan acabadas, sino unas como
letras quebradas é iluminadas que declaran bien el
primor y sabiduría de su amor? ¿Qué serán todas
estas criaturas, sino predicadores de su hacedor, tes-
tigos de su nobleza, espejos de su hermosura, anun-
ciadores de su gloria, despertadores de nuestra pereza,
estímulos de nuestro amor, y condenadores de nuestra
ingratitud? Y porque vuestras perfecciones. Señor,
eran infinitas, y no podía haber una sola criatura
que las representase todas, fué necesario criarse
muchas, para que, así á pedazos, cada una por su
¡Darte nos declarase algo de ellas. De esta manera
las criaturas hermosas predican vuestra hermosura,
las fuertes vuestra fortaleza, las grandes vuestra
grandeza, las artificiosas vuestra sabiduría, las res-
plandecientes vuestra claridad, las dulces vuestra
suavidad, y las bien ordenadas y proveídas vuestra
maravillosa providencia, j O testificado con tantos y
tan fáciles testigos ! O abonado con tantos abonado-
res! ¡O aprobado por la universidad, no de París ni
de Athenas, sino de todas las criaturas! ¿Quién,
Señor, no se fiará de vos con tantos abonos? ¿quién
no creerá á tantos testigos ? ¿quién no se deleytará
de la música tan acordada de tantas y tan dulces
voces, que por tantas diferencias de tonos nos predi-
can la grandeza de vuestra gloria?
« Por cierto, Señor, el que tales voces no oye, sordo
es; y el que con tan maravillosos resplandores no
os ve, ciego es; y el que, vistas todas estas cosas,
no os alaba, mudo es; y el que con tantos argumen-
tos y testimonios de todas las criaturas no conoce
la nobleza de su Criador, loco es. Paréceme, Señor,
que todas estas faltas caben en nosotros; pues entre
tantos testimonios de vuestra grandeza no os cono-
cemos. ¿ Qué hoja de árbol, qué flor del campo, qué
HISPANO- AMERICANA 59
gusanico hay tan pequeño, que si bien consideráse-
mos la fábrica de su corpezuelo, no viésemos en él
grandes maravillas? ¿Qué criatura hay en este mun-
do, por muy baxa que sea, que no sea una grande
maravilla? Pues, ¿cómo, andando por todas partes
rodeados de tantas maravillas, no os conocemos?
como no os alabamos y predicamos? cómo no tene-
mos corazón entendido para conocer al maestro por
sus obras; ni ojos claros para ver su perfección en
sus hechuras; ni orejas abiertas para oir lo que nos
dice por ellas? Hiere nuestros ojos el resplandor de
vuestras criaturas; deleyta nuestros entendimientos
el artificio y hermosura de ellas; y es tan corto
nuestro entendimiento, que no sube un grado más
arriba para ver allí al hacedor de aquella hermosu-
ra, y al dador de aquel deleyte...
SANTA TERESA DE JESÚS' (1515-1582
Honra y gala de las letras castella-
nas, se distingue su prosa por la
sencillez y clariíiad. Su estilo, aun-
que vario según los asuntos, es siem-
pre revelador de su carácter férreo
y tena/, tle la alteza de sus miras y
del absoluto dominio del idioma.
LAS MORADAS
LA humildad siempre labra como la abeja en la
colmena la miel : que sin esto va todo perdido.
Mas consideremos que la abeja no dexa de salir
á vobr para traer flores: así el alma en el propio
conocimiento, créame, y vuele algunas veces á con-
' Llamóse en el si^lo Teresa Cepeda y Ahumada.
60 ANTOLOGÍA ESCOLAR
siderar la grandeza y magestad de Dios. Aquí verá
su baxeza mejor que en sí misma, y mas libre de
las sabandijas que entran en las primeras piezas, que
es el propio conocimiento; que es harta misericor-
dia de Dios que se exercite en esto : tanto es lo
de mas como lo de menos, suelen decir. Y créanme
que con la virtud de Dios, obraremos muy mayor
virtud, que muy bien atadas á nuestra tierra.
No sé si queda dado bien á entender : porque es
cosa tan importante este conocernos, que no querría
en esto hubiese jamás relaxacion por subidas que
estéis en los cielos ; pues mientras estamos en esta
tierra, no hay cosa que mas nos importe que la hu-
mildad. Y así torno á decir, que es muy bueno y
rebueno tratar de entrar primero en el aposento
adonde se trata desto, que volar á los demás, porque
este es el camino ; y si podemos ir por lo seguro y
llano ¿para qué hemos de querer alas para volar?
Mas busquemos como aprovechan mas en esto ; y á
mi parecer, jamás nos acabamos de conocer si no
procuramos conocer á Dios. Mirando su grandeza,
acudamos á nuestra baxeza ; y mirando su limpieza,
veremos nuestra suciedad ; considerando su humil-
dad, veremos quán lexos estamos de ser humildes...
Primeras moradas — Cap. n.
CARTA Á su HERMANO LORENZO DE CEPEDA '
YA he escrito á vm quan á buen tiempo hizo la
merced á mi hermana : que yo me he espantado
de los trabaxos de necesidad que la ha dado el
Señor; y halo llevado tan bien, que así la quería
dar ya alivio. Yo no le tengo de nada, sino que me
sobra todo : y así lo que v. m. me envía en limos-
* Uesidenle en el Perú.
HISPANO AKOHNTINA 61
na, de ello se gastará con mi hermana, y lo demás
en buenas obras, y será por vm... Y así me fué harto
alivio ( los dineros ) por no los tomar de nadie, que
no faltaría: mas gusto tener libertad con estos seño-
res, para decirles mi parecer. Y está el mundo tal
de intereses, que en forma tengo aborrecido este
tener. Y así no tendré yo nada, sino con dar á la
misma Orden algo, quedaré con libertad: que yo
daré con este intento...
Es tanta la ceguedad que tienen en tener crédito
de mí, que yo no sé como, y tanto el que yo tengo,
para fiarme mil y dos mil ducados. Así que, á tiempo
que tenía aborrecidos dineros y negocios, quiere el
Señor que no trate en otra cosa, que no es peque-
ña cruz...
En forma me parece he de tener alivio con tener
á vm. acá: que es tan poco el que me dan las cosas
de toda la tierra, que por ventura quiere nuestro
Señor tenga ese, y que nos juntemos entrambos para
procurar mas su honra y gloria, y algún provecho
de las almas: que esto es lo que mucho me lastima,
ver tantas pérdidas, y esos indios no me cuestan
poco. Dios les dé luz: que acá y allá hay harta
desventura. Como ando en tantas partes, y me hablan
muchas personas; no sé muchas veces que decir,
sino que somos peores que bestias, pues no enten-
demos la gran dignidad de nuestra alma, y como la
apocamos en cosas tan apocadas como son las de
la tierra...
Mucho me alegra decirme que tenía dada orden
para, si pudiese, venir de aquí á algunos años, y
querría, si pudiese, no dexase allá sus hijas; sino
que nos juntemos acá y nos ayudemos, para juntar-
nos para siempre...
62
ANTOLOGlA-ESCOLAR
SAN JUAN DE LA CRUZ' (1542-1591)
Ks uno de los más excelsos repre-
sentantes, asi en prosa como en verso,
del misticismo español. Si en oca-
siones se muestra claro, en otras su
obscuridad es manifiesta, tal vez por-
que las palabras son pobres para
expresar la riqueza de sus pensa-
mientos.
CANCIÓN
Tras un amoroso lance,
Y no de esperanza falto,
Subí tan alto, tan alto,
Que le (U á la caza alcance.
Para que yo alcance diese
A acjueste lance divino,
Tanto volar me convino,
Que de vista me perdiese;
Y con todo, en este trance
Kn el vuelo quedé falto;
Mas el amor fué tan alto,
Que le di á la caza alcance.
Cuando más alto subia,
Deslumbróseme la vista,
Y la más fuerte conquista
En obscuro se hacía ;
Mas, por ser de amor el lance,
Di un ciego y obscuro salto.
Y fui tan alto, tan alto,
Que le di á la caza alcance.
Por una extrai'ta manera
Mil vuelos pasé de un vuelo,
Porque esperanza del cielo
Tanto alcanza cuanto espera;
Esperé solo este lance,
Y en esperar no fui falto,
Pues fui tan alto, tan alto,
Que le di á la caza alcance.
Cuando más alto llegaba
De este lance tan subido,
Tanto más bajo y rendido
Y abatido me hallaba ;
Dije: «No habrá quien lo al-
[ canee » ;
Y abattme tanto, tanto,
Que fui tan alto, tan alto,
Que le di á la caza alcance.
* Su non^bre era Juan de Yepes y Alvarez.
HISPANO AUGENTIXA
63
SOR JUANA INÉS DE LA CRUZ (16bl-1697)
Poetisa profana y niistica, suave y
delicada, acierta siempre á expresar
con elegancia y galanura sus ideas,
especialmente cuando se olvida de
Góngora.
Á LA ASlDNCIÓN DE LA VIRGEN
A la (lue triunfante
bella Emperatriz,
huella de los ayres
la región feliz.
A la que ilumina
su vago confín,
de arreboles de oro,
nácar y carmir.
A cuyo pie hermoso
espera servir
el troim estrellado
en canipo turqui.
A la que conliessa
cien mil vezes mil,
por vSei'iora el Ángel,
Reyna el Serafín.
Cuyo pelo ayroso
desprende sutil,
en garzotas, de oro,
banderas de Oíir.
Proceloso y crespo
se atreve á invadir,
con golfos de Ti bar,
remos de tnaríil.
De (|uien aprendió
el sol á lucir,
la Estrella á brillar
la Aurora á reir.
Cantemos la gala,
diciendo al subir,
pues vivió sin mancha
((ue viva sin lin.
V pidamos á una voz,
que ampare al pobre redil;
pues aunque no hay más que ver,
siempre queda que pedir.
64 ANTOLOGÍA-ESGOLAH
DIEGO HURTADO DE MENDOZA (1503-1575)
Se distingue como historiador por
su vigor y energía, y además como
poeta. Úrico, sus mejores composi-
ciones son las burlescas, si bien
tiene algunas en ([ue lirilla el senti-
miento.
DE LA GUERRA DE GRANADA '
SOSEGÓ el Conde de Tendilla y concertó el motín
del Albaycin; y tomó á Guexar, parte por fuer-
za, parte rendida sin condición, pasando acuchillo
los moradores y defensores. En la qual empresa
dicen, que por no ir á Sierra- Vermeja debaxo de
D, Alonso de Aguilar su hermano, con quien tuvo
emulación, se halló á servir: y fué el primero que
por fuerza entró en el barrio de abaxo Gonzalo
Fernandez de Cordova, que vivía á la sazón en Loxa
desdeñado de los Reyes Católicos, abriendo ya el
camino para el título de Gran Capitán, que á solas
dos personas fué concedido en tantos siglos: una
entre los griegos, caído el Imperio en tiempo de los
Emperadores Cónnenos, como á restaurador y defen-
sor de él, á Andrónico Contestephano, llamándole
Megaduco, vocablo bárbaramente compuesto de grie-
go y latín, como acontece con los Estados perderse
la elegancia de las lenguas: otra á Gonzalo Fernandez
entre los españoles y latinos, por la gloria de tantas
victorias suyas como viven y vivirán en la memoria
1 La paternidad de esta olira le es negada por algunos críticos, si bien
se vé defendida por el ilustre hispanista francés Foulché-Delbosc.
mSFANO-AUGENTINA
65
del mundo. Halláronse allí entre otros Alarcón sin
exercicio de guerra, y Antonio de Leyva, mozo tenien-
te de la compañía de Juan de Leyva su padre, y
después sucesor en Lombardía de muchos capitanes
generales señalados, y á ninguno de ellos superior
en victorias..
Libro primero.
SERRANA'
Vn día dcsta semana,
partiendo de my os tal,
vy passar gentil serrana,
tjuen niy vida no vi tal.
Pregúntele do benja
o a que tierras passaua:
dixome que caminaua
ai prior de Rasca-fria,
a fazer donde solia
penitencia en la solana,
por dexar vida mundana
I'] todo pecado mortal.
De una carta á Boscán.
A M ARF I R A
Ruégate este cativo que no tengas
Alma tan dura en pecho tan lií^rmoso,
Ni tu inmortal frescura nos detenga.
Por ti me place este lugar saboso :
Por ti el olvido dulce con concierto,
Por tí quiero la vida y el reposo.
Por ti la ardiente arena en el desierto
Por tí la nieve helada en la montaña :
Por ti me place todo desconcierto...
» Dada á conocer por el eminente Bonilla y San Martin.
66 ANTOLOGÍA K^COLAH
JUAN DE MARIANA' (15357-1624)
Es, sin duda, el más castizo histo-
riador en lengua castellana, mostrán-
dose elegante en el decir y elevad»
en el pensar. Su obra respira sano
patriotismo, siendo severo é impar-
cial á la vez.
DE LOS REYES CATÓLICOS D. FERNANDO Y D*. ISABEL
/^^ í;ñai.ábanse entre todos, y entre si eran igua-
^^les: mirábanlos como si fueran mas que hombres
*^— ^ y como dados del cielo para la salud de España.
A la verdad ellos fueron los que pusieron en su
punto la justicia, antes de su tiempo estragada y
caída. Publicaron leyes muy buenas para el gobierno-
de los pueblos, y ])ara sentenciar los pleytos. Vol-
vieron por la religión y por la fe: fundaron la paz
pública, sosegadas di.scordias y alborotos así de dentro
como de fuera. Ensancharon su señorío no solamen-
te en España, sino también en el mismo tiempo se
estendieron hasta lo postrero del mundo...
En particular el Rey tenía el ingenio claro, el
juicio grave y acertado, la condición suave y cortés,.
y clemente con los que ivan á negociar. Fué diestro
para las cosas de la guerra, para el gobierno sin par:
tan amigo de los negocios, que parecía con los tra-
baxos descansaba. El cuerpo no con deleyte regalado,^
.sino con el vestido honesto y comida templada,
acostumbrado á proposito para sufrir trabaxos...
El avaricia de que le tachan se puede escusar con
la falta que tenía de dineros, y estar enagenadas las
rentas reales. Al rigor y severidad en castigar, de
HISPANO-ARGENTINA 67
que asimismo le cargan, dieron ocasión los tiempos
y las costumbres tan estragadas. Los escritores estra-
ños le achacan de hombre astuto, 5' que á veces
faltaba en la palabra si le venía más á cuenta. No
quiero tratar si esto fué verdad, si invención en odio
de nuestra nación: solo advierto que la malicia de
los hombres acostumbra á las virtudes verdaderas
poner nombre de los vicios que le son semejables;
como también al contrario, engañan y son alabados
los vicios que semejan á las virtudes. Además que
se acomodaba al tiehipo, al lenguaje, al trato, y
mañas que entonces se usaban.
El tiempo le cortó la vida: su nombre competirá
con lo que el mundo durare. Príncipe el mas seña-
lado en valor y justicia y prudencia que en muchos
siglos España tuvo. Tachas á nadie pueden faltar,
sea por la fragilidad propia, ó por la malicia y
invidia agena, que combate principalmente los altos
lugares. Espejo, sin duda, por sus grandes virtudes
en que todos los príncipes de España se deben mirar.
FRANCISCO DE RIOJA (15837-1659)
Dulce y exquisito poeta, puede
mostrarse como modelo de gracia é
inspiración elevada.
Á LA ROSA
Pura, encendida rosa
Kinula de la llama,
Que sale con el dia,
¿ Cómo naces tan llena de alegcia,
Si sabes que la edad que le da el cielo,
Es apenas un breve y veloz vuelo?
68 ANTOLOGÍA ESCOLAR
Y no valdrán las puntas de tu rama,
Ni tu púrpura hermosa,
A detener un punto
La ejecución del liado presurosa.
El mismo cerco alado,
Que estoy viendo riente,
Ya temo amortiguado,
Presto despojo de la llama ardiente.
Para las hojas de tu crespo seno
Te dio Amor de sus alas blandas plumas,
Y oro de su cabello dio á tu frente :
j O fiel imagen suya peregrina !
Bañóte en su color sangre divina
De la deidad que dieron las espumas.
¿ Y esto, purpúrea flor, esto no pudo
Hacer menos viólenlo el rayo agudo?
Róbate en una hora.
Róbate licencioso su ardimiento
El color y el aliento.
Tiendes aun no las alas abrasadas,
Y ya vuelan al suelo desmayadas.
Tan cerca, tan unida
Está al morir tu vida,
l)ue dudo si en sus lágrimas la Aurora
Mustia tu nacimiento ó muerte llora.
lIlSI'ANO-AlUiHNTINA 69
RODRIGO CARO (1573-1647)
De vaslo salier supo hermanar la
ciencia con la poesía; entendimiento
superior, se elevó sobre todos sus
contemporáneos por la profundidad
de los conceptos, y la elegancia de
la forma.
Á LAS RUINAS DE ITÁLICA
Khagmento
Estos, Fabio, ¡ ay dolor ! que ves ahora
Campos de soledad, mustio collado,
Fueron un tiempo llñlica famosa.
Aquí de (jpíon la vencedora,
('olonia fué; por lierra derribado
Yace el temido honor de la espantosa
Muralla, y lastimosa
Keliípiia es solamente
De su iineucibie j;ente.
Solo quedan memorias funerales
Donde erraron ya sombras de alto ejemplo.
Este llano fué plaza, allí fué templo;
De todo apenas (piedan las señales !
Del gimnasio y las termas regaladas
Leves vuelan cenizas desdichadas;
Las torres que desprecio al aire fueron
A su gran pesadumbre se rindieron.
liste despedazado aníiteati'o,
Iinpio honor de los Dioses, cuya afrenta
Publica el amarillo jaramago,
Ya reducido á trájico teatro
70 ANTOLOGÍA KSCOLAR
¡O fábula del tiempo! representa
Cuanta fué su grandeza, y es su estrago.
¿ Cómo en el cerco vago
De su desierta arena
líl gran pueblo no suena ?
¿ Donde, pues fieras tiay, está el desnudo
Luchador ? ¿donde está el atleta fuerte?
Todo despareció, cambió la suerte
Vozes alegres en silencio mudo ;
Mas aun el tiempo da en estos despojos
Espectáculos fieros á los ojos,
Y miran tan confusos lo presente.
Que vozes de dolor el alma siente.
Aquí nació aquel rayo de la guerra.
Oran padre de la patria, honor de Kspaña,
Pío, felize, triunfador Trajano,
Ante quien muda se postró la tierra
Que ve del sol la cuna, y la que baña
l']| mar también vencido gaditano.
Aquí de Elío Adriano,
De Teodosio divino.
De Silio peregrino
Rodaron de marfil y oro las cunas.
Aqui ya de laurel, ya tle jazmines
Coronados los vieron los jardines,
Que ahora son zarzales y lagunas.
La casa para el César fabricada,
¡ Ay ! yace de lagartos vil morada.
Casas, jardines, Césares murieron,
Y aun las piedras que de ellos se escribieron.
IIISPANO-AlUiENTIN'A 71
ANÓNIMO SEVILLANO
(Probablemente FERNÁNDEZ DE AÑORADA)
l'A autor, poeta de natural graiuli-
lociieiicia, llega con esta obra, única
(¡lie (le él se conoce, á la cumbre de
la pocsia ditláctico-nioral.
epístola moral
FliAC.MKNTO
FABlü, las esperanzas cortesanas
Prisiones son do el ambicioso muere
V donde al más astuto nacen canas.
Kl que no las limare ó las rompiere,
Ni el nombre de varón lia merecido,
iNi subir al lionor que pretendiere.
Kl ánimo plebeyo y abatido
Klija, en sus intentos temeroso,
Priu)('io estar suspenso que caido ;
Que el cora/ón entero y generoso
Al caso adverso inclinará la frente
Antes que la rodilla al poderoso.
Más triunfos, más coronas dio al prudente
Que supo retirarse, la fortuna,
Que al que esperó obstinado y locamente.
Esta invasión terrible é importuna
L)e contrarios sucesos nos espera
Desde el primer sollozo de la cuna.
üexémosla pasar como á la fiera
Corriente del gran Hétis, cuando airado
72 ANTOLOGÍA ESCOLA H
Dilata hasta los montes su ribera.
Aquel entre los héroes es contado
Que el premio mereció, no quien le alcanza
Por vanas consecuencias del estado.
Peculio propio es ya de la privanza
Cuanto de Astrea fué, cuanto regía
Con su temida espada y su balanza.
El oro, la maldad, la tiranía
Üel inicuo procede y pasa al bueno.
¿ Que espera la virtud ó qué confia ?
GINÉS PÉREZ DE HITA (15-16)
Verdadero creador de la novela
bistórica, precursor, por lo tanto, de
Walter Scott. Su estilo es siempre
elegante y encantador, siendo, á la
par, poeta fácil ya (jiie no muy ins-
pirado.
EL JUEGO DE CAJÑlAS
NO tardó mucho espacio de tiempo, cuando se
oyó muy dulce son de menestriles, que salía
por la calle de Zacatin. Y la causa era, que el
valeroso Abenamar, mantenedor de aquella sortija^
venía á tomar su puesto: y la forma de su entrada
era la siguiente. Primeramente cuatro hermosas acé-
milas de recámara, todas cargadas de lanzas para la
sortija, con sus reposteros de damasco verde, todos
sembrados de muchas estrellas de oro: llevaban las
acémilas muchos pretales de cascabeles de plata, y
cuerdas de seda verde. Estas fueron con hombres de
pie y de caballo, sin parar, hasta donde estaba la
tienda del mantenedor, y allí junto fué armada otra
niSI'AN()-Ali(;i;NTINA 73
muy rica tienda también de seda verde, y por su
orden fueron puestas todas aquellas lanzas, que era
cosa muy de ver. Luego fueron de allí llevadas las
acémilas, que ver el aderezo dellas daba j^randísimo
contento, según las testeras y plumas que llevaban.
Tras esto venían treinta caballeros muy ricamente
aderezados de libreas verdes y rojas, con nmclios
sobrepuestos de plata, todos con plumas blancas y
amarillas; quince venían de una parte y quince de
otra, y á la postrera en medio dellos, el valeroso
Abenamar, vestido de brocado verde de nmcha costa,
marlota y capellar de gran precio. Traía también
una muy hermosa yegua rucia rodada; los paramen-
tos y guarniciones de la yegua eran del mismo
brocado verde, testera y penacho muy rico, verde y
encarnado: y así mismo lo llevaba el valeroso Abe-
namar. Llevaba el moro gallardo sembradas por
todas sus ropas muchas estrellas de oro, y en lado
izquierdo sobre el rico capellar un sol muy resplan-
deciente, con una letra que decía:
Solo yo, sola mi Dama,
Klla sola en hermosura,
Yo solo en tener ventura,
Mas que ninguno de fama.
Esta misma letra se echaba por la plaza. Tras el
valeroso Abenamar, venía un hermoso carro triunfal
de ricas sedas adornado, el cual traía seis gradas
muy hermosamente ataviada.s. Y por encima de la
más alta grada, se hacía un arco triunfal, de extraña
hechura y riqueza, y debajo del arca puesta una
rica silla, y en ella sentado y metido por tal sutil
arte y primor el retrato de la hermosa Fátima, que
no dijeran sino que era el mismo original. Kstaba
tan hermosa y tan ricamente adornada, que no había
dama que la mirase que no quedase muerta de envi-
dia, ni caballero que no fuese amartelado. Su vestido
era turquesco, de muy extraña y no vista hechura;
74 ANTOLOGÍA ESCOLAU
la mitad pajizo, y la otra mitad morado, y todo
sembrado de estrellas de oro. Toda la ropa era cor-
tada por mucho concierto; el aforro era de tela azul
de plata; el tocado galán, sus cabellos sueltos como
una madeja de oro; sobre ellos una guirnalda de
rosas blancas y rojas, tan naturales, que parecía que
en aquel punto se cortaron del rosal. Sobre su cabeza
se mostraba el dios de amor, niño desnudo, como
lo pintan los antiguos, con sus alicas abiertas, las
plumas de mil colores. Kste niño parecía estar ponien-
do la hermosa guirnalda á la linda imagen, á los
pies de la cual estaba el arco y aljaba de Cupido,
como por su despojo. Llevaba la hermosa imagen
un manojo de violetas muy hermosas, que en aquel
mismo punto parecía haberlas cogido en la huerta
de Generalife. Deste modo iba esta hermosa imagen
de Fátima haciendo un espectáculo con su vista, no
visto. El hermoso carro en que iba, que habemos
contado ser rico y hermoso, tiraban cuatro hermosas
yeguas, blancas como la nieve. El carrozero iba ves-
tido de la misma librea de los caballeros. Tras del
carro iban treinta caballeros de libreas verdes y
encarnadas, con penachos de los mismos colores.
Desta forma entró el valeroso Abenamar mantenedor
de la justa: }' al son de los menestriles y otras mú-
sicas que llevaba, dio vuelta por toda la plaza nueva,
pasando por bajo de los miradores y balcones del
Rey y de la Reyna, dejando á todos tan admirados
de su traza y buena entrada, que no pudiera ser
más en el mundo: porque no hubiera tal Príncipe,
jDor rico que fuera, que saliera en tal tranze, ni para
tal efecto.
Do Guerras Civiles de Granada.
HISPANO-ARGENTINA Víí
LUPERCIO LEONARDO DE ARGENSOLA (1563-1613)
Cronisla de Aragón, y autor dra-
mático, su celebridad descansa en
sus liiinus que son en verdad modelos
de delicadeza de espíritu.
AL SUEÑO
IMÁGKX espantosa de la muerte,
Sueño cruel, no turbes más mi peciio,
Mostrándome cortado el nudo estrecho,
Consuelo solo de mi adversa suerte.
Busca de algiín tirano el muro fuerte
be jaspe las paredes, de oro el techo,
(» el rico avaro en el angosto lecho
Haz (|ue temblando con sudor despierte.
El uno vea el popular tumulto
Ilomper con furia las herradas puertas,
O al sobornado siervo el hierro oculto.
El otro sus riquezas, descubiertas
Con llave falsa ó con violento insulto.
Y dexale al amor sus glorias ciertas.
B'ME. LEONARDO DE ARGENSOLA (1564-1631)
Oouista «le Aragón como su her-
mano, á quien sucedió en el cargo.
Aunque historiador, sobresale más
como poeta por la elegancia de la
forma, en la (jue se advierte la ín-
lluencia de Horacio.
Á LA PROVIDENCIA
« DI ME, Padre comiin, pues eres justo,
¿ Por qué ha de permitir tu providencia
Que, arrastrando prisiones la inocencia,
76 ANTOLOÍiÍA KSCOLAK
Suba la fraude á tribunal augusto?
« ¿ Quién da fuerza al brazo (|ue robusto
Hace á tus leyes firme resistencia,
Y que el celo, que más la reverencia,
(¡ime á los pies del vencedor injusto?
« Vemos que vibran vitoriosas palmas
Manos inicas, la virtud gimiendo
Del triunfo en el injusto regocijo».
Ksto decía yo, cuando riendo
Celestial ninfa apar(M-ió, y me dijo:
« ¡ Ciego ! ¿ es la tierra el centro de las almas ? »
SITIO Y PRODUCCIONES DE LA ISLA DE CEYLÁN
ES Ceylán una de las más ricas islas del orbe y
la más fértil. Yace frontera del Cabo Comorin,
poblada y cultivada con magnificencia. Nacen
en ella todas las plantas conocidas en las otras par-
tes de la tierra, Riéganla diferentes ríos y fuentes
purísimas con excelentes propiedades de aguas deley-
tosas y medicinales, entre las cuales nacen otras de
betún líquido, y alguna de puro bálsamo. Volcanes
de perpetuas llamas, que arrojan entre las asperezas
de la montaña losas de azufre, y allí mismo altas
arboledas, en cuyas ramas se suelen ver géneros de
aves de quantas vuelan en las demás partes del
mundo.
Abunda de elefantes tan nobles, que les recono-
cen superioridad los demás, puestos en su presencia.
Por su instinto en los desta i.sla se puede afirmar
que, ora sea por conocimiento ó por hábito, tienen
sociedad con el ingenio, sentidos, y aun con la pru-
dencia de los hombres. Aquel honor de no quererse
embarcar, si entienden que son llevados para servir
á príncipes en tierras peregrinas; y que obedecen,
si les juran que los restituirán á su patria. Afligirse
de palabras afrentosas: guardar cierta especie de
HISPANÜ-AlUiKNTINA 77
religión, reconociendo al sol y á la luna. Tienen
memoria de lo que aprehenden: y según Gillio nos
persuade, podemos creer que lloran las noches su
servidumbre con angustiosas murmuraciones; y si
en medio del llanto sobreviene alguna persona, mode-
ran los gemidos con vergonzoso movimiento : y en
efecto parece que sienten el agravio de su suerte.
En esta tierra les tocó el cargar y descargar los
navios, donde el peso del comercio, armas, metales,
bastimentos, y qualquiera otra materia del trato
penden de sus colmillos, ó les oprimen la cerviz. De
mejor gana sustentan armada sobre sus espaldas la
gente de guerra, y grandes castillos edificados en
ellas. Sirven á los Chíngalas, no como en Roma en
los espectáculos, sino en las batallas como solían á
los cartagineses.
HURTADO DE MENDOZA (')
Esta obra, constituye uno de los
libros más clásicos de nuestra lite-
ratura á pesar de su prosa desenfada-
da y atrevida. Ks la de mayor mérito
en el género, y se asegura que el mis-
mo Cervantes aprendió en ella.
LAZARILLO DE TORMES
PUES estando en esta afligida y hambrienta per-
secución, un día, no sé por cual dicha ó ventura,
en el pobre poder de mi amo entró un real, con
el cual vino á casa tan ufano como si tuviera el
tesoro de Venecia, y con rostro muy alegre y risueño
O La crítica moderna se inclina á creer que no es Hurtado de Mendoza
el autor de esta obra, sino Sebastián de Hurozco.
78 ANTOLOGÍA ESCOLAR
me lo dio, diciendo : « Toma, Lázaro, que ya Dios va
abriendo su mano ; vé á la plaza y merca pan, vino
y carne, quebremos el ojo al diablo: y más te hago
saber, porque te huelgues, que he alquilado otra casa,
y en esta desastrada no hemos de estar más de en
cumpliendo el mes, maldita sea ella, y el que en ella
puso la primera teja, que con mal en ella entré. Por
nuestro Señor, cuanto há que en ella vivo, gota de
vino ni bocado de carne no he comido, ni he habido
descanso ninguno; mas tal vista tiene y tal oscuri-
dad y tristeza; ve y ven presto y comamos hoy como
condes. > Tomo mi real y el jarro, y á los pies dando
priesa, comienzo á subir mi calle, encaminando mis
pasos para la plaza muy contento y alegre. Mas ¿qué
me aprovecha si está constituido en mi triste fortu-
na que ningún gozo me venga sin zozobra? Y así
fué éste; porque yendo la calle, arriba, echando mi
cuenta en lo que emplearía mi real, que fuese mejor
y más provechosamente gastado, dando infinitas
gracias á Dios, que á mi amo había hecho con dine-
ro, á deshora me vino al encuentro un muerto, que
por la calle abajo muchos clérigos y gente en unas
andas traían : arrímeme á la pared por darles lugar,
y desque el cuerpo pasó venía luego par del lecho
una que debía ser su mujer del difunto, cargada de
luto, y con ella otras muchas mujeres, la cual iba
llorando á grandes voces, y diciendo: «Marido y
señor mío, ¿adonde os me llevan? ¿A la casa triste
y desdichada? ¿á la casa lóbrega y oscura? ¿á la
casa donde nunca comen ni beben ? » Yo que aquello
oí, juntóseme el cielo con la tierra, y dije: — Oh
desdichado de mí, para mi casa llevan este muerto ;
dejo el camino que llevaba, y hendí por medio de
la gente, y vuelvo por la calle abajo á todo el más
correr que pude para mi casa, y entrando en ella
cierro á grande priesa, invocando el auxilio y favor
de mi amo, abrazándome del, que me venga á ayu-
dar y á defender la entrada. El cual algo alterado,
inSPANO-AIUiENTINA 79
pensando que fuese otra cosa, me dijo: «¿Qué es
eso, mozo? ¿qué voces das? ¿qué has? ¿porqué
cierras la puerta con tal furia? — ¡ Oh ! señor, dije yo,
acuda aquí, que nos traen un muerto. — ¿Cómo así?
respondió él. — Aquí arriba le encontré, y venía di-
ciendo su mujer: marido y señor mío, ¿a dónde os
llevan? ¿A la casa lóbrega y oscura? ¿á la casa triste
y desdichada? ¿á la casa donde nunca comen ni
beben ? Acá, señor, nos le traen. » Y ciertamente
cuando mi amo esto oyó, aunque no tenía por qué
estar muy risueño,, rió tanto, que muy gran rato
estuvo sin poder hablar. En este tiempo tenía yo
ya echada el aldaba á la puerta y puesto el hombro
en ella por más defensa. Pasó la gente con su muerto,
y yo todavía me recelaba que nos le habían de meter
en casa; y desque fué ya más harto de reir que de
comer el bueno de mi amo, díjome : « Verdad es,
Lázaro, según la viuda lo va diciendo, tú tuviste
razón en pensar lo que pensaste; mas, pues Dios lo
ha hecho mejor, y pasan adelante, abre, abre, y vé
por de comer. — Déjelos, señor, acaben de pasar la
calle, dije yo. » Al fin vino mi amo á la puerta de
la calle, y ábrela esforzándome, que bien era menes-
ter según el miedo y alteración, y tornóme á enca-
minar. Mas aunque comimos bien aquel día, maldito
el gusto yo tomaba en ello, ni en aquellos tres días
torné en mi color, y mi amo nmy risueño todas las
veces que se le acordaba aquella mi consideración.
•80 ANTOI>0(;ÍA HSCOLAH
MATEO ALEMÁN (1547-1614?)
Es uno de mieslros más celebrados
novelistas. La fábula que le ha dado
inmortal renombre, se basa en el
profundo estudio que revela de la
gente apicarada.
EL POBRE Y EL RICO.— Es el pobre moneda
que no corre, concejo de horno, escoria del
pueblo, barreduras de la plaza, asno del rico;
come mas tarde, lo peor y mas caro ; su real no vale
medio, su sentencia es necedad, su discreción locura;
su voto escarnio; su hacienda del común; ultrajado
de muchos y aborrecido de todos. Si en conversa-
ción se halla, no es oido; si lo encuentran huyen
del; si aconseja lo murmuran; si hace milagros que
es hechicero; sí virtuoso que engaña; su pecado
venial es blasfemia; su pensamiento castigan por
delito; su justicia no se guarda; de sus agravios
apela para la otra vida ; todos lo atropellan, y nin-
guno lo favorece. Sus necesidades no hay quien las
remedie, sus trabajos quien los consuele, ni su soledad
quien la acompañe. Nadie le ayuda, todos le impiden,
nadie le da, todos le quitan, á nadie debe y á todos
pecha. Desventurado, y pobre del pobre, que las horas
de relox le venden, y compra el sol de Agosto. Y
de la manera que las carnes mortecinas y desapro-
vechadas vienen á ser comidas de perros, tal como
inútil, el discreto pobre viene á morir comido de
necios.
¡ Cuáii al revés corre un rico! ¡ Qué viento en popa !
¡Con qué tranquilo mar navega! ¡Qué bonanza de
cuidados! ¡Qué descuido de necesidades agenas?
HISPANO-AKC.ENTINA 81
Sus alhelíes llenos de trigo, sus cubas de vino, sus
tinajas de aceite, sus escritorios y cofres de moneda,
¡Qué guardado en el verano del calor! ¡Qué empa-
pelado en el invierno por el frío ! De todos es bien
recibido; sus locuras son caballerías; sus necedades
sentencias; si es malicioso, lo llaman astuto; si
pródigo, liberal ; si avariento, reglado y sabio ; si
murmurador, gracioso; si atrevido, desenvuelto; si
desvergonzado, alegre ; si mordaz, cortesano ; si in-
corregible, burlón ; si hablador, conversable ; si vicio-
so, afable ; si tirano, poderoso ; si porfiado, constante ;
si blasfemo, valiente; y si perezoso, maduro; sus
yerros cubre la tierra; todos le tiemblan, que ninguno
se le atreve; todos cuelgan el oido de su lengua
para satisfacer á su gusto; y palabra no pronuncia,
que con solemnidad no la tengan por oráculo. Con
lo que quiere sale; es parte, juez y testigo; acredi-
tando la mentira, su poder la hace aparecer verdad,
y cual si la fuese, pasa por ella. ¡ Cómo lo acompa-
ñan! ¡Cómo se llegan! ¡Cómo lo festejan! ¡Cómo lo
■engrandecen! Últimamente, pobreza es la del pobre,
y riqueza la del rico; y así donde bulle buena san-
gre, y se siente de la honra, por mayor daño estiman
la necesidad que la muerte, porque el dinero calienta
la sangre, y la vivifica; y así el que no lo tiene, es
un cuerpo muerto, que camina entre los vivos: no
se puede hacer sin él alguna cosa en oportuno tiem-
po, ejecutar gusto, ni tener cumplido deseo.
De las aventuras y vida del picaro Guzmán de Alfarache.
82 ANTOLOGÍA ESCOLAR
VICENTE ESPINEL (1551-1624)
Como Cervantes, cautivo en Argel,
la novela picaresca que le dio faina
está escrita con claridad y galanura
Fué á la vez buen músico y excelen-
te poeta.
AVENTURA EN EL COBERTIZO DE SAN
GINÉS. — Teniendo cierto requiebro en el barrio
de San Ginés, martes de carnestolendas por la
tarde, me envió á decir la señora que la llevase algo
bueno para despedirse de la carne, que en estos días
hay libertad para pedirlo, y aun para negarlo ; pero
por usar de fineza, por ser la primera cosa que hacía
en su servicio, vendí ciertas cosillas que me hicieron
harta falta, y en acabándose la grita de geringas y
naranjazos, y el martirio perruno causado por las
mazas, di conmigo en un tabernáculo de la gula,
donde henchí un paño de manos de una empanada,
un par de perdices, un conejo, y frutillas de sartén^
y atándolo muy bien, caminé á darlo por una ventana
á más de las once de la noche ; y como el día
siguiente, por ser miércoles de ceniza, era día de
mucha recolección, aunque todo el pasado había sido
alegría para los muchachos y trabajos para los perros^
había silencio general ; de suerte que aunque yo iba
bien cargado, no me podía ver nadie: llegando á la
plazuela de San Ginés, sentí que venía la ronda, y
retíreme debajo de aquel cobertizo donde suele haber
una tumba para los aniversarios y exequias ; y antes
que pudiesen llegar á mí los de la ronda, metí el
paño de manos, atado como estaba, por un agujero
grande que tenía la tumba por la parte de abajo, y
sacando un rosario que siempre traigo conmigo
HISPANO-ARGENTINA 83.
comencé á fingir que rezaba. . En trasponiendo la
ronda, torné por mi paño y cena á la negra tumba
donde lo había dejado; y aunque con un poco de
temor por la luna y la soledad, alargué la mano y
brazo todo lo que pude alcanzar y no topé con el
paño, ni con todo lo que estaba en él ; de lo cual
quedé temblando y helado; y es de creer que me
causaría horrible miedo una cosa tan espantosa en
un cementerio; pues junto con esto, sentí dentro en
la tumba un gran ruido de hierro que se me repre-
sentaron mil cadenas y otras tantas ánimas, padecien-
do su purgatorio en aquel mismo lugar. Fué tanta
mi turbación y desaliento, que se me olvidó el amor
á la cena; y quisiera hallarme mil leguas de allí; pero
lo mejor que pude, ó lo menos mal que acerté, volví
las espaldas, y fuime poco á poco, arrimándome á
la pared, pareciéndome que iba tras mí un ejército
de difuntos; pues yendo con esta turbación me sentí
por detrás tirar de la capa, desanimándome de mane-
ra que di un golpazo con mi persona en el suelo, y
con los hocicos en la guarnición de la espada; volví
á mirar si era algún cadáver descarnado, y no vi
otra cosa sino mi capa asida al calvario que está en
aquella pared : con esto respiré un poco, y fui co-
brando aliento, y descansando el temor del clavo y
de la capa, pero no el de la tumba. Senteme y miré
al rededor... Con esta resolución fuime animosamente
á la tumba, desenvainé la espada, y rodeando la capa
al brazo, dije con muy gentil determinación : yo te
conjuro y mando de parte del cura de esta iglesia,
que si eres cosa mala, te salgas de este lugar sagra-
do, y si eres ánima que andas en pena, que me reveles
qué quieres ó que has menester ( y el ruido del hierro
con mi conjuro andaba más agudo): una y dos y
tres veces te lo digo y vuelvo á decir; pero cuanto
más lo decía, tantos más golpes de hierro sonaban
en la tumba que me hacían temblar. Visto que mi
conjuro no era válido, y que si dejaba enfriar la
84 ANTOLOGÍA ESCOLA U
determinación que tenía, tornaría de nuevo el temor
á desanimarme, púseme la espada entre los dientes,
y con ambas manos así de la 'tumba por el ag^ujero
de abajo, y en alzándola salió corriendo por entre
mis piernas un perrazo negro, con un cencerro atado
á la cola, que huyendo de los muchachos, se había
recogido á sagrado, y como después de haber repo-
sado, olió la comida, retiróla para sí, y sacó el vientre
de mal año.
GASPAR GIL POLO (?-1591)
Excelente prosista, se' distingue
como poeta por su natural frescura,
llegando como bucólico á competir
con Garcilaso.
LA DIANA ENAMORADA
LA delicada voz y gentil gracia de la hermosa
Diana hacia muy clara ventaja á las habilidades
de su tiempo : pero mas espanto daba ver las
agudezas con que matizaba sus cantares, porque eran
tales, que parescian salidas de la avisada corte. Mas
esto no ha de maravillar tanto los hombres, que lo
tengan por imposible; pues está claro que es bastante
el Amor para hacer hablar á los mas simples pasto-
res avisos mas encumbrados, mayormente si halla
aparejo de entendimiento vivo é ingenio despierto,
que en las pastoriles cabanas nunca faltan. í'ues
estando ya la enamorada pastora al fin de su canción,
al tiempo que el claro sol ya comenzaba á dorar las
cumbres de los mas altos collados, el desamado Mar-
celio de la pastoril posada despedido, para venir al
lugar que con Diana tenia concertado, descendía la
cuesta, á cuyo pie ella sentada estaba. Viole ella de
HISPANO-AKGKNTJNA 85
lejos, y calló su voz, porque no entendiese la causa
de su mal. Ouando Marcelio llegó donde Diana le
esperaba, le dixo : hermosa pastora, el claro dia de
hoy, que con la luz de tu gesto amaneció mas
resplandeciente, sea tan alegre para tí, como fuera
triste para mí, si no le hubiese de pasar en tu com-
pañía. Corrido estoy en verdad de ver que mi tardanza
haya sido causa que recibieses pesadumbre con espe-
rarme : pero no será este el primer yerro que le has
de perdonar á mi descuido en tanto que tratarás
conmigo. Sobrado, seria el perdón, dixo TJiana, donde
el yerro falta : la culpa no la tiene tu descuido, sino
mi cuidado, pues me hizo levantar antes de hora, y
venir acá, donde hasta agora he pasado el tiempo,
á veces cantando, y á veces imaginando, y en fin
entendiendo en los tratos que á un angustiado espí-
ritu pertenescen. Mas no hace tiempo de detenernos
aquí, que aunque el camino hasta el templo de Diana
es poco, el deseo que tenemos de llegar allá es
mucho.
CANCIÓN
F l\ A o MENTÓ
lOii el caiDpo venlurosü,
donde con clara corriente
(i nada la vial- híMMnoso,
dexando el suelo abundoso,
<ia tributo al mar potente,
(ialatea desdeñosa
del dolor qn(! á Lycio daña,
iba aleííi'c y bulliciosa
por la ribera arenosa,
(pie el mar con sus ondas baña.
S6 ANTOLOGÍA KSCOLAR
Ninfa hermosa, no te vea
jugar con el mar horrendo,
y aunque mas ¡¡facer te sea
huye del mar, Galatea,
como estás de Lycio huyendo.
Dexa agora de jugar,
que me es dolor importuno;
no me hagas mas penar,
que en verte cerca del mar
tengo zelos de Neptuuo.
Causa mi triste cuidado,
<|ue á mi pensamiento crea,
porque ya está averiguado,
que si no es tu enamorado,
lo será cuando te vea.
Y está cierto, porque Amor
sabe desde que me hirió,
que para pena mayor
me falta un competidor
mas poderoso ([ue yo.
Üexa la seca ribera,
do está el agua infructuosa,
guarda que no salga á fuera
alguna marina liera
enroscada y escamosa.
Huye ya, y mira que siento
por ti dolores sobrados,
porque con dulce tormento
zelos me da tu contento,
y tu peligro cuidados.
inSPANO-AUüIiNTINA 87
LOPE FÉLIX DE VEGA CARPIÓ (1562-1635)
Por su asombrosa fecundidad, por
su variado ingenio, que se manifiesta
en todos los géneros literarios, se le
llamó ya en vida «monstruo de la
Naturaleza» y «Fénix de los inge-
nios».
LA ESTRELLA DE SEVILLA
Kl, Hky — BtlSTO
Busto. ¿ Quién es ?
Rey. Un liontbrc
Busto. ¿ A estas lioras hombre
Kn mi casa ? Diga oí nombre.
Rey. Aparta.
Busto. No sois cortés ;
V si pasa, lia de pasar
Por la punta desta espada ;
Que auMíjue esta casa es sagrada,
La tengo de profanar.
Rey. Ten la espada.
Busto. ¿. Qué es tener,
Cuando el cuarto de mi hermana
Desta suerte se profana?
Quién sois tengo de saber,
O aqui os tengo de matar.
Rey. Hombre de importancia soy ;
Déjame.
Busto. Kn mi casa estoy
Y en ella yo he de mandar.
Rey. Déjame pasar : advierte
Que soy hombre bien nacido,
88 ANTOLOGÍA líSCOLAH
Y aun(|ue á tu casa he venido,
No es mi intención ofenderte,
Sino aumentar más tu honor.
Husto. ¡ El honor asi se aumenta !
Rey. Corre tu honor por mi cuenta.
Busto. Por esta espada es mejor.
Y si mi lionor procuráis,
¿Cómo embozado venís?
Honrándome, ,; os encubrís ?
Dándome honor, ¿os tapáis?
Vuestro temor os convegza.
Como averiguado está ;
Que ninguno que honra da,
Tiene de dalla vergüenza.
Meted mano, ó ¡ vive Dios,
Que os mate !
liey. i Necio apurar !
Buslo. Aqui os tengo de matar,
O me habéis de matar vos. (Mete mano).
Rey. f'-ili- Diréle quién soy). Detente;
Que soy el Rey.
Rusto. Es engaño
¡ El Rey procurar mi daño.
Solo, embozado y sin gente !
No puede ser ; y á su alteza
Aíjui, villano, ofendéis,
Pues defecto en él ponéis,
Que es una extraña bajeza.
¡ El Rey liabia de estar
Sus vasallos ofendiendo !
De nuevo en esto u)e ofendo;
Por esto os he de matar,
Auníjue más me porfiéis ;
Y ya (jue á mi me ofendáis.
No en su grandeza pongáis
Tal defecto, piu's sabéis
Que sacras y humanas leyes
Condenan á culpa estrecha
HISPANO AKGENTINA 89
Al que imajíina ó sospecha
Cosa indii^na de los reyes,
Rey. (Aj). ¡ Que iiolablo apurar de hombre!)
Hombre, digo que el Rey soy.
Busto. iMénos cn'dito te doy ;
« I'orquo a(|ui no viene el nombre
iJel rey con las obras, pues
Es el Rey el que da honor ;
Tú buscas mi deshonor.
|{ey. ( A])-) Kste es necio y descorles :
¿ Qué hp de hacer ?
Busto. (Ap. El embozado
Ks el Rey, no hay que dudar.
Qiiiérole dejar pasar,
Y saber si me ha afrentado
Luego; que el alma me incita
La cólera y el furor ;
Que es como censo el honor,
Que aquel que le da, le quita ).
Pasa cualquiera que seas,
4 Y otra vez al Rey no infames,
Ni el Rey, villano, te llames.
Cuando haces hazañas feas.
Mira que el Rey, mi señor,
IJel África horror y espanto,
Ks cristianísimo y santo,
Y ofendes tanto valor.
La llave me ha confiado
De su casa, y no podia
Venir sin llave á la mia.
Cuando la suya me ha dado,
Y no atrepelléis la ley ;
Mirad (|ue es hombre en efeto :
Ksto os digo, y os respeto
Por (jue os íiugisleis el Rey.
Y de verme no os asombre
Fiel, aunque quedo a'rentado ;
Que un vasallo está obligado
90 ANTOLOGÍA KSCOLAK
A tener respeto al nombre.
Y sin más atropeilallos
Contra Dios y contra ley,
Así aprenderá á ser rey
Del honor de sus vasallos.
Rey. Ya no lo puedo sufrir ;
Que estoy confuso y corrido,
¡ Necio ! Porque me he fingido
Ser el Rey, ¿ me dejas ir ?
Pues advierte que yo quiero.
Porque dije que lo era.
Salir de aquesta manera ; (Mete mano).
Que si libertad adquiero
Porque aquí rey me llamé,
Y en mi respetas el nombre,
Porque te admire y asombro,
Kn las obras lo seré.
Muere, villano ; que a(|ui
Aliento el nombre me da
De Rey, y él te matará.
Busto. Sólo mi honor reina en mi. (Riñen).
Acto TI. Esc. r
FaAG.MtCNTO
Fer. — ¡ Ay de mí ! Mal me fué ausente, peor pre-
sente: no durará mucho mi vida.
Lud. — ¿Y en qué la passáis después que venistes?
Fer. — De noche leo alguna historia o algún poeta;
acuéstome con miedo de que no tengo de
dormir, y sáleme tan cierto, que como a cual-
quiera relox me pueden preguntar las horas;
y si de cansado de la batalla de mis pensa-
mientos ( como el Petrarca dixo ) me duermo
vn poco, sueño tan prodigiosas inuenciones
de sombras, que me valiera más estar des-
pierto.
HISPANO-ARGENTINA 91
Lud. — Efetos son de la melancolía.
Fer. — Al alba salgo al Prado, o me voy al rio,
donde sentado en su orilla estoy mirando el
agua, dándole imaginaciones que lleue para
que nunca bueluan.
Lud, — ¡Qué necia jornada!
Jul. — Aueis de entender, Ludouico, que es esto con
tanta tristeza, que muchas vezes se me queda
casi muerto de estos amorosos deliquios entre
los bra90s; yo le digo que, pues él sustenta,
que son penas bien empleadas, como lo ha
dicho en víi romance que canta, que no es
justo que se entristezca. Ayer estábamos en
el Soto ; y a este propósito le escriui vn epi-
grama en vn libro de memoria.
Lud. — ¿Latino ó castellano?
Jul. — No, sino castellano; que latino ya no ay quien
lo agradezca, que es harta lástima.
Lud. — No es, por cierto; porque el poeta, a mi juizio,
ha de escriuir en su lengua natural; que
Homero no escriuió en latin, ni Virgilio en
griego, y cada vno está obligado a honrar
su lengua, y assi lo hizieron el Camoens en
Portugal y en Italia el Tasso.
Fer. — Sanazaro escriuió en latin poema y églogas.
Lud. — También escriuió la Arcadia y otras obras,
como el Bembo, el Ariosto y el Petrarca.
Fer. — ¿ Kl Ariosto escriuió versos latinos?
Lud. — Mucio Justinopolitano cita un epitafio suyo
al marqués de Pescara, que se opone diame-
tralmente a quantos hay escritos.
De La Dorotea.
92 ANTOLOGÍA ESCOLAR
•
TIRSO DE MOLINA (^) (1571? -1648)
Aunque excelente jirosista, su fama
está cimentada en su teatro. Como
ilramaturgo se codea con Lope y
(Calderón á quienes en ocasiones
vence. Fué el creador del tipo de
Don Juan, imitado en todos los paí-
ses, pero sin el hrio del original.
EL VERGONZOSO EN PALACIO
MiKií.NO. Aun(|iie li;t sido alreviiiiieiito
el venir á la presencia,
soi'iora, (le V. (u) excelencia
mi poco inerecirnieiilo,
ser agradecido trato
al recebido favor ;
porque el pecado tnayor
es el que hace á un hombre ingrato.
Por haber favorecido
de un desdichado la vida
— (|ue al noble es deuda debida —
me vi preso y |)erseguído ;
pero en la misma moneda
me pagó el cielo, sin duda,
pues libre, con vuestra ayuda,
mi vida, sei'iora, (lueda.
¿ Libre dije V Mal he hablado ;
(|ue el noble, cuando recibe
cautivo y esclavo vive,
que es lo mismo que obligado ;
(i) Pseudónimo con que ocultó su verdadero nombre, (jabriel Tellez.
iiisi»ano-ahc.i:nti>ía
93
Madal.—
Mi reno.
xMadal.—
Mirono.-
Madal.
Mircuo.
Madal.
Mireno.
Madal.
y i ojalá mi vida inora
tal (|uo, si esclava riuodara,
alguna parto pajeara
desta merced ! Qiio ella hiciera
excesos; pero entre tantas
í|ue mi humildad envilecen
y como esclavos ofrecen
sus cuellos á vuestras [)lantas,
á pagar con ella vengo
la mucha detida en que estoy ;
pues no os debo más sí os doy,
gran sei\ora. cuanto tengo.
Levantaos del suelo.
.Asi
estoy, gran señora, bien.
Haced lo que os digo. (Ap<irte. ¿Quién
me ciega el alnia ? ¡ Ay de mi ! ) —
¿ Sois |)ortugués ?
Levántase. Imagino
íjue si.
,'. Que lo imagináis ?
üesa suerte, incierto estáis
de (|uién sois.
Mi padre vino
al lugar adonde habita,
y es de alguna liacienda dueño,
trayéndome muy pequeño ;
mas su trato lo acredita.
Yo creo que en l'ortugal
nacimos.
,; Sois noble ?
Creo
que sí, segiin lo (pie veo
en mi honrado natural,
que muestra más que hay en mi
- V ¿darán las obras vuestras,
si fuere menester, muestras
que sois noble V
94
ANTOLOGÍA ESCOLAR
Mireno. Creo que sí.
Nunca de hacellas dejé.
Madal. Creo, decís á cualquier punto
¿ Creéis, acaso, que os pregunto
artículos de la fe ?
Mireno. Por la que debo guardar
á la merced recebida
de V (u) excelencia mi vida,
bien los puede preguntar ;
que mi fe su gusto es.
Madal. ¡ Qué agradecido venís !
¿ Cómo os llamáis ?
Mireno. Don Dionís.
Madal. Ya os tengo por portugués
y por hombre principal ;
que en este reino no hay hombre
humilde de vuestro nombre,
porque es apellido real ;
y sólo el imaginaros
por noble y honrado ha sido
causa que haya intercedido
con mí padre á libertaros.
Deudor os soy de la vida.
Pues bien : ya que libre estáis,
¿qué es lo que determináis,
hacer de vuestra partida ?
¿ Dónde pensáis ir ?
Intento
ir, señora, donde pueda
alcanzar fama que exceda
á mi altivo pensamiento :
sólo aquesto me destierra
de mi patria.
Madal. ¿ lín qué lugar
pensáis que podéis hallar
esa ventura ?
Mireno. En la guerra ;
que el esfuerzo hace capaz,
para el valor que procuro.
Mireno.
Madal.
Mireno.
HISPA NO- AKGENTIXA
95
Madal. Y ¿. no será más seísmo
que ie adquiráis en la pa/. ?
Mireoo. ¿ iJe qué modo?
Madal. hien podéis
granjcalle si dais Ira/a
que mi padre os dé la plaza
de secretario, que veis
que está vaca agora, á falta
de quien la pueda suplir.
No nació para servir
mi inclinación, que es más alta.
PuQs cuando volar presuma,
las plumas le han de ayudar,
¿ (>ómo he de poder volar
con solamente una pluma?
Con las alas del favor;
(jue el vuelo de una privanza
mil imposibles alcanza.
Del privar nace el temor,
corno muestra la experiencia;
y tener temor no es justo.
Don üionís : este es mi gusto.
¿ Gusto es de Vuesa líxcelencia
que sirva al Du(|ue? Pues alto
cúmplase, señora, ausi ;
que ya de un vuelo subi
al primer móvil más alto.
Pues si en esto gusto os doy,
ya no hay subir más arriba :
como el L)u({ue me reciba,
secretario suyo soy.
Vos, señora, lo ordenad.
.Madal. Deseo vuestro provecho ;
y ansí lo que veis he hecho ;
que, ya que os di libertad,
pesárame que en la guerra
la malograrais ; yo haré
cómo esta plaza se os dé
porque estéis en nuestra tierra.
Mireno.
•Madal.
.Mireno.
.Madal.
.Mireno.
Madal.
Mireno.
^6
antología escolau
Míreno. Mil años oí cielo guarde
tal grandeza.
Madal. (A2).) Honor: liiiir;
que revienta por salir,
por la boca, amor cobarde.
Acto II. Esc. ir
EL CONDENADO POR DESCONFIADO
Pastorcillo y
Pas. Selvas intrincadas,
Verdes alamedas,
A quien de esperanzas
Adorna Amaltea ;
Fuentes que corréis.
Murmurando apriesa,
Por menudas guijas.
Por blandas arenas ;
Ya vuelvo otra vez
A mirar la selva,
Y á pisar los valles
Que tanto me cuestan.
Yo soy el pastor,
Que en vuestras riberas
Guardé un tiempo alegre
Cándidas ovejas.
Sus blancos vellones
Entre verdes felpas.
Girones de plata
A los ojos" eran.
Era yo envidiado
Por ser guarda buena.
De muchos zagales
Que ocupan la selva ;
Y mi mayoral,
■Que en ajena tierra
Vive, me tenia
Paulo
V'oluntad inmensa,
Porque le llevaba,
Cuando quería verlas
Las ovejas, blancas
Como nieve en pellas.
Pero desde el día
Que una, la más buena,
líuyó del rebano,
Lágrimas me anegan.
Mis contentos todos
Convertí en tristezas.
Mis placeres vivos
En memorias muertas ;
Cantaba en los valles
Canciones y letras,
Mas ya en triste llanto
Funestas endechas.
Por tenerla amor,
En esta floresta
Aquesta guirnalda
Comencé á tejerla.
Mas no la gozó ;
Que engañada y necia.
Dejó á quien le amaba
Con mayor lirmeza.
Y pues no la quiso,
Fuerza es que ya vuelva,
llISl'AXü-AUr.ENTIXA
97
Por venganza justa.
Hoy á deshacerla.
Pan. Pastor, que otra ver.
Te vi en esta sierra,
Si no muy alegre
No con la! tristeza
El verte me admira.
Pas. ¡ Ay, perdida oveja !
¡ De (jué gloria huyes,
Y eí qué mal te allegas !
l'au. ¿No es esa guirnalda
La que en las florestas.
Entonces tejías
Con gran diligencia ?
Pas. Esta misma os ;
Mas la oveja necia
No (juiere volver
Al bien que le espera,
Y ansi la deshago.
Pan. Sí acaso volviera,
Zagalejo amigo,
¿No la recibieras ?
Pas, Enojado estoy,
Mas la gran clemencia
De mi mayoral
Dice, que aun(|ue vuelvan
Si antes fueron blancas,
Al rebaño negras.
Que las dé mis brazos,
Y sin cxtrañeza,
Kequíebros las diga
Y palabras tiernas.
Pau. Pues es superior.
Fuerza es que obedezcas.
Pas. Yo obedeceré,
Pero no quiere ella
Volver á mis voces,
En sus vicios ciega,
Ya de aíjuostos montes
En las altas peñas,
La llamé con silbos
Y avisé con señas.
Ya por los jarales.
Por incultas selvas.
La anduve á buscar,
¡ Qué del lo me cuesta !
Ya traigo las |)lantas.
De jaras diversas
Y agudos espinos
Rotas y sangrientas.
No puedo hacer más.
Pau. En lágrimas tiernas
Daña el pastorcillo
Las mejillas bellas.
Pues te desconoce.
Olvídate de ella,
Y no llores más.
Pas. Que lo haga es fuerza.
Volved, bellas llores,
A cubrir la fierrii.
Pues que no fué digna
De vuestra belleza.
Veamos si allá.
En la tierra nueva
La pondrán guirnalda
Tan rica y tan bella.
Quedaos, montes míos.
Desiertos y selvas.
Adiós, por(|ue voy
Con la triste nueva
A mi mayoral ;
Y cuando lo sepa
( Aunque ya lo sabe ),
Sentirá su mengua.
No la ofensa suya,
Aunque es tanta ofensa.
98
antología-escolar
Lleno voy á verle
De miedo y vergüenza ;
Lo que ha de decirme
Fuerza es que lo sienta.
Dirame : « Zagal,
¿ Ansí las ovejas
Que yo os encomiendo,
Guardáis? » ¡Triste pena t
Yo responderé
No hallaré respuesta,
Si no es que mi llanto
La respuesta sea.
Acto ni. Esc. VIL
JUAN RUIZ DE ALARCÓN (15807-1639)
Nacido en Méjico, fué uno de nues-
tros más excelsos dramaturgos, sien-
do el primero por su manifiesta
tendencia didncta-moral.
LOS FAVORES DEL MUNDO
Garci-fíiiiz de AJarcón,
claras vuestras obras son :
desde el oriente al ocaso
da envidia vuestra opinión.
Las más ilustres historias
en vuestras altas Vitorias
el non plus ultra han tenido ;
mas la que hoy ganáis, ha sido
plus ultra de humanas glorias.
Vuestra dicha es tan extraña,,
que quisiera ¡ Vive Dios !
más haber heciio la hazaña
que hoy, (iarcia, iiicistes vos,
que ser principe de España
Porque Alejandro decia
( i, ved cuanto lo encarecía ! ),
que más ufano quedaba,
HISPANO-ARGENTINA 99.
si un rendido perdonaba,
que si un imperio rendía.
Que en los pedios valerosos,
bastantes por si á emprender
los casos dilicultosos,
el alcanzar y vencer
consiste en ser venturosos ;
mas en que un hombre perdone,
viéndose ya vencedor,
á quien le quitó el honor,
nada la fortuna pone :
todo se debe al valor.
Si vos de matar, (Jarcia,
tanta costumbre tenéis,
matar, i, qué hazaña sería ?
vuestra mayor valentía
viene á ser que no matéis.
Kn vencer está la gloria,
no en matar : que es vil acción
seguir la airada pasión,
y deslustra la victoria
la villana ejecución
Quien venció, pudo dar muerte;
pero quien mató, no es cierto
que pudo vencer ; que es suerte
que le sucede al más fuerte,
sin ser vencido, ser muerto.
Y asi no os puede negar
quien más pretenda morder,
que niás honra os vino á dar
el vencer y no matar,
que el matar y no vencer
Dar la muerte al enemigo,
de temello os argumento ;
despreciallo es más castigo,
pues que vive á ser testigo
contra si del vencimiento.
100 ANTOLOGÍA ESCOLAR
La Vitoria el matador
abrevia, y el que ha sabido
perdonar, la hace mayor,
pues mientras vive el vencido,
venciendo está el vencedor.
Acto I. Esc. IX
FRANCISCO DE ROJAS ZORRILLA (1607-1648)
Ha legado á la posteridad una de
las obras más perfectas, no sólo por
la viveza y naturalidad del diálogo,
sino por la seguridad con que pinta
un carácter, reflejo de los puntillos
de honra castellana.
garcía del castañar
El Rey Pues yo sé que el Uey Alfonso
tiene noticias de vos.
García ¿ Kl Key de un villano intonso?
El Rey Y tanto el servicio admira
([ue hicisteis á su corona
ofreciendo ir en persona
á la guerra deAlgecira,
que si la corte seguís,
os ha de dar á su lado
el lugar más envidiado
de palacio.
García ¿ Qué decís ?
Más precio, entre aquellos cerros
salir á la primer luz
prevenido el arcabuz,
y que levanten mis perros
IIISPAXO-ARGENTINA 101
lina banda de perdices,
y codicioso en la empresa
seguirlas por la dehesa
con esperanzas felices
de verlas caer al suelo,
y cuando son á los ojos
pardas nubes con pies rojos,
batir sus alas al vuelo,
y derribar esparcidas
tres ó cuatro, y anhelando
mirar mis perros, buscando
las que cayeron heridas,
con mi voz que los provoca ;
y traer las que palpitan
á mis manos, que las quitan
con su ííusto de su boca ;
levantarlas, por ver donde
entró entre la pluma el plomo,
volverme á mi casa como
suele de la .guerra el Conde
de Toledo, vencedor ;
pelarlas luego en mi casa,
perdigarlas en la brasa,
y puestas al asador
con seis dedos de un pemil,
que á cuairo vueltas 6 tres
pastilla de lumbre es
y canela del Brasil ;
y entreirársela ;i Teresa
que con vinagre y aceite
y pimienta, sin afeite
las pone en mi limpia mesa,
donde en servició de Dios
una yo y otra mi esposa
nos comemos, que no hay cosa
como á dos perdices, dos.
V arrojar á mis sabuesos
el esqueleto roldo, ^
102 ANTOLOGÍA ESCOLA H
y oir por tono el crugido
de los dientes y los liuesos ;
y en el cristal transparente
brindar, y con mano franca
hacer la razón mi Blanca
con el cristal de una fuente ;
levantar la mesa dando
gracias á quien nos envía
el sustento cada dia,
varias cosas platicando.
Que aquesto es el Castañar
que en más estimo, señor,
(jue cuanta hacienda y honor
los reyes me puedan dar.
El Rey ¿ Pues cómo al Rey ofrecéis
ir en persona á la guerra
si an)áis tanto vuestra tierra?
García Perdonad, no lo entendéis.
Acio 1
AGUSTÍN MORETO (1618-1669
Fué el tipo del drainatiirgo moder-
no al llevar á la escena figuras
arrancadas de la realidad. Supo
aprovechar argumentos ajenos, roe-
jorándolos: logrando que se olvida-
ran los originales y se aplaudieran
las imitaciones.
EL LINDO DON OIEGO
Inés. Y ¿don Diego?
Mosq. Ese es un cuento
Sin lin, pero con principio ;
Que es lindo el don Diego, y tiene
HISPANO-AUGENTINA 103
Más que de Diego, de lindo,
El es tan rara persona,
Qne como se anda vestido,
Puede en una moaiganga
Ser ligura de capricho.
<Jue él es nuiy gran marinero
Se vé en su talle y su brio ;
Por(|ue el arte suyo es arle
De marear los sentidos.
Tan ajustado se viste,
Que al andar sale de quicio,
Por(|ue anda descoyuntado
Del tormento del vestido.
De curioso y aseado
Tiene bástanles indicios ;
Por(|ue aunque de traje no,
De sangre y bolsa es muy limpio.
En el discurso parece
Ateísta, y lo colijo
De (|ue, según él discurre.
No espera el dia del juicio.
A dos palabras í(ue hable,
Le entenderás todo el hilo
Del talento ; que él es necio,
Pero muy bien entendido.
V porque mejor te informes
De quién es y de su estilo,
Te pintaré la mañana
Que con él hoy he tenido.
Yo entré allá ; y le vi en la cama.
De la frente al colodrillo
Ceñido de un tocador,
Que pensé que era judio.
Era el cabello, hecho trenzas.
Clin de caballo morcillo
Aunque la conq)aracion
De ruin á rocín ha ido.
Con su bigotera puesta
104 ANTOLOGÍA ESCOLAU
Kstaha el mozo jarifo,
Como mulo de arriero,
Con jáquima de camino ;
Las manos en unos guantes
De perro, que por aviso
Del uso de los que da.
Las aforró de su oíicio.
Deste modo, de la cama
Salió á vestirse á las cinco ;
Y en ajustarse las ligas
Llegó á las ocho de un giro.
Tomó el peine y el espejo,
Y en memorias de Narciso
Le dio las once en la luna ;
Y en daga y espada y tiros,
Capa, vueltas y valona
Dio las dos, y después dijo :
(( Dios me vuelva á Burgos, donde
Sin ir á visitas vivo ;
Que para mí es una muerte
Cuando de priesa me visto.
Mozo, ¿dónde habrá ahora misa?»
Y el mozo humilde le dijo :
« A las dos dadas, Señor,
Xo hay misa sino en el libro. »
Y él respondió muy contento:
«No importa, que yo he cumplido
Con hacer la diligencia.
Vamos, á ver á mi tio. »
Kste es el novio. Señora,
Que de Burgos te ha venido,
Tal, que primero (|ue al novio
Esperara yo un novillo.
Acto I
IIISHANO-AHC.HNTIXA 105
PEDRO CALDERÓN DE LA BARCA (1600-1681)
líl (Irainaturgo que mejor retrata
el alma española, aun exagerando el
concepto del honor. Puede hombrear-
se con Esquilo y con Shakespeare, á
quienes vence en algunas ocasiones.
LA VIDA ES SUEÑO
Clotaldo.
liiietias albricias tendria.
Skgismunuo.
No muy buenas : por traidor,
Co» pecho atrevido y fuerte,
iJos veces te daba muerte.
Clotaldo.
¿ l'ara mi tanto rigor ?
Skgismundo.
De todos era señor,
Y de todos me venííaba ;
Sólo á una mujer amaba. . . .
Que fué verdad, creo yo,
Kn (jue todo so acalxi,
Y esto solo no se acaba. ( Vase el Hey. )
Clotaldo.
( Ap. línternecido sr lia ido
MI Key de haberle escuchado. )
Como hablamos hablado
De aquella águila, dormido,
Tu sueño itnperios han sido;
Mas en sueños fuera bien
Honrar entonces á quien
Te crió en tantos empeños,
106 ANTOLOGÍA ESCOLAR
Segismundo ; que aun en sueños
No se pierde el iiacer bien. ( Vase. )
Acto 11. Esc. XVHI.
Segismundo.
Es verdad : pues reprimamos
Esta fiera condición,
Esta furia, esta ambición.
Por si alguna vez soñamos ;
Y sí liaremos, pues, estamos
En mundo tan singular.
Que el vivir sólo es soñar ;
Y la experiencia me enseña
Que el hombre (|ue vive, sueña
Lo que es, hasta dispertar.
Sueña el Hey que es rey, y vive,
Con este engaño, mandando,
Disponiendo y gobernando ;
Y este aplauso, que recibe
Prestado, en el viento escribe,
Y en cenizas le convierte
La muerte ( ¡ Desdicha fuerte ! ) :
¿Que hay quien intente reinar.
Viendo (|ue ha de dispertar
En el sueño de la muerte ?
Sueña el Rico en su ri(|ucza.
Que más cuidados le ofrece ;
Sueña el Pobre que padece
Su miseria y su pobreza ;
Sueña el que á medrar empieza ;
Sueña el que afana y pretende ;
Sueña el que agravia y ofende ;
Y en el mundo, en conrlusi(m,
Todos sueñan lo que son,
Aunque ninguno lo entiende.
Y'^o sueño que estoy aqui
Destas prisiones cargado,
HISPANO-ARGEXTINA 107
Y soñé que en otro estado
Más lisonjero me vi.
¿Qué es la vida? — Un frenesí.
¿ Qué es la vida ? — Una ilusión,
Una sombra, una ficción,
Y el mayor bien es pequeño :
Que toda la vida es sueño,
Y lus sueños, sueños son.
Id. Esc. XIX
MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA (1547-1616
Con recordar que al idioma de Cas-
tilla, se le llama también la lengua
de Cenniiiíes, <|iieda hecho del estilo
de este autor el elogio más cumpli-
do, alabanza que por igual le tributan
nacionales y extranjeros.
S 0 N K r O
A LA MUERTE DE LA REINA ISABEL DE VALOIS (')
Aquí el valor de la española tierra,
aquí la ílor de la francesa gente,
aquí quien concordó lo diferente,
de oliva coronando aquella guerra.
Aíjuí en pequeño espacio veis se encierra
nuestro claro lucero de Occidente,
aquí yace encerrada la excelente
causa que nuestro bien todo destierra.
(') Primer escrito que se conoce de Cervantes.
108 AXTOLOdÍA IvSCOLAH
Mirad (luien es el mundo y su pujanza,
y como de la más alegre vida
la muerte lleva siempre la victoria.
También mirad la bienaventuranza
que goza nuestra Reina esclarecida
en el eterno reino de la gloria.
viaje del parnaso — cap. v i i
Fkagme.nto
Tú, belígera musa, tú, (|ue tienes
la voz de bronce y de metal la lengua,
cuando á cantar del liero Marte vienes :
Tú, por ([uion se aniquila siempre y mengua
el gran género humano : ti'i, que puedes
sacar mi pluma de ignorancia y mengua :
Tú, mano rota, y larga de mercedes,
digo en.hacellas; una aqui te pido
(|ue no hará f|ue menos rica quedes.
La soberbia y maldad, el atrevido
intento de una gente mal mirada
ya se descubre con mortal ruido.
Dame una voz al caso acomodada,
una sotil y bien cortada pluma,
no de afición, ni de pasión llevada,
Para (|ue pueda referir en suma
con purisin)o y nuevo sentimiento
con verdad clara y entereza suma,
Kl contrapuesto y desigual intento
de uno y otro escuadrón, que ardiendo en ira
sus banderas descoge ai vago viento.
HISI'ANO-AIKIENTIN'A 109
NUMANCIA — TRAGEDIA
FRAfiMKNTO
Cual suelen las ovejas descuidadas,
siendo del liero lobo acometidas,
andar aquí y allí descarriadas,
con temor de perder las simples vidas ;
tal niños y mujeres delicadas,
huyendo las espadas homicidas
andan de calle en calle, ¡ oh, hado insano !
su cierta muerte dilatando en vano.
Al peclio de la amada nueva esposa
traspasa del esposo el hierro agudo ;
contra la madre, ¡ oh, nunca vista cosa !
se muestra el hijo dé piedad desnudo,
y contra el hijo el padre, con rabiosa
clemencia, levantando el brazo duro,
rompe aquellas entrañas (¡ue ha engendrado,
quedando satisfecho y lastimado.
No hay plaza, no hay rincón, no hay calle ó casa
que de sangre y de muertos no esté llena ;
el hierro mata, el duro fuego abrasa,
y el rigor ferocísimo condena :
presto veréis, que por el suelo rasa
está la más subida y alta almena,
y las casas y templos más crecidos
en polvo y en cenizas convertidos.
Jornada / \ .
lio ANTOLOGÍA ESCOLAR
EL RETABLO DE LAS MARAVILLAS
Entremés
F R A G .M E .\ T O
Chaftfalla — Beso á vuesas mercedes las manos:
¿ quien de vuesas mercedes es el Gobernador de este
pueblo ?
Gob. — Yo soy el Gobernador; ¿qué es lo que quie-
res, buen hombre?
Chanj. — A tener hoy dos onzas de entendimiento,
hubiera echado de ver que esa peripatética y anchu-
rosa presencia no podia ser de otro que del digni-
simo Gobernador de este honrado pueblo; que con
venirlo á ser de Algarrobillas, lo deseche vuestra
merced.
Chirinos — En vida de la señora y de los señori-
tos, si es que el señor Gobernador los tiene.
Capacho — No es casado el señor Gobernador.
Chir. — Para cuando lo sea; que no se perderá
nada.
Gob. — Y bien, ¿qué es lo que queréis, hombre
honrado?
Chir. — Honrados dias viva vuesa merced, que así
nos honra; en fin, la encina da bellotas, el pero peras,
la parra uvas, y el honrado honra, sin poder hacer
otra cosa.
Benito — Sentencia ciceronianca, sin quitar ni poner
un punto.
Cap. — Ciceroniana quiso decir el señor alcalde
Benito Repollo.
Ben. — Siempre quiero decir lo que es mejor, sino
que las más veces no acierto ; en fin, buen hombre,
¿ qué queréis ?
HISPANO-ARGENTINA 111
Chanf. — Yo señores míos, soy ]Monfiel, el que trae
el Retablo de las Maravillas: liánme enviado á llamar
de la corte los señores cofrades de los hospitales^
porque no hay autor de comedias en ella, y perecen
los hospitales, y con mi ida se remediará todo.
Gob. — Y ¿qué quiere decir Retablo de las Ma-
ravillas?
Chanf. — Por las maravillosas cosas que en él se
enseñan y muestran, viene á ser llamado Retablo
de las maravillas ; el cual fabricó y compuso el sabio
Tontonelo, debajo de tales paralelos, rumbos, astros
y estrellas, con tales puntos, caracteres y observa-
ciones que ninguno puede ver las cosas que en él
se muestran, que tenga alguna raza de confeso, ó no
sea habido y procreado de sus padres de legitimo
matrimonio; y el que fuere contagiado de estas dos
tan usadas enfermedades, despídase de ver las cosas,,
jamás vistas ni oidas de mi retablo...
DE COLOQUIO DE LOS PERROS
Fhacmknto
Cipión — Advierte, Berganza, no sea tentación del
demonio esa gana de filosofar que dices te ha venido ;
porque no tiene la murmuración mejor velo para
paliar, encubrir y su maldad disoluta, que darse á
entender el murmurador, que todo cuanto dice son
sentencias de filósofos, y que el decir mal es repren-
sión, y el descubrir los defectos ajenos buen celo,
y no hay vida de ningún murmurante, que si la
consideras y escudriñas, no la halles llena de vicios
y de insolencias; y debajo de saber esto, filosofea
ahora cuanto quisieres.
Berganza — Seguro puedes estar, Cipión, de que
mas murmure, porque asi lo tengo propuesto. Es,.
112 ' ANTOLOGÍA ESCOLAR
pues, el caso, que como me estaba todo el día ocioso,
y la ociosidad sea madre de los pensamientos, di en
repasar por la memoria algunos latines que me que-
daron en ella de muchos que oí cuando fui con mis
amos al estudio, con que á mi parecer me hallé algo
mas mejorado de entendimiento, y determiné, como
si hablar supiera, aprovecharme dellos en las ocasiones
que se me ofreciesen ; pero en manera diferente de
la que se suelen aprovechar algunos ignorantes. Hay
algunos romancistas que en las conversaciones dis-
paran de cuando en cuando con algún latín breve y
compendioso, dando á entender á los que no lo
entienden, que son grandes latines, y apenas saben
declinar un nombre, ni conjugar un verbo.
Cip. — Por menor daño tengo ese que el que hacen
los que verdaderamente saben latin, de los cuales
hay algunos tan imprudentes, que hablando con un
zapatero ó un sastre, arrojan latines como agua.
Berg. — Deso podremos inferir que tanto peca el
que dice latines delante de quien los ignora, como
el que los dice ignorándolos.
Cip. — Pues otra cosa puedes advertir, y es que hay
algunos que no les excusa el ser latinos, de ser asnos.
Bcrg. — Pues ¿ quién lo duda ? La razón está clara,
pues cuando en tiempo de los romanos hablaban
todos latín, como lengua materna suya, algún maja-
dero habría entre ellos, á quien no excusaría el hablar
latín dejar de ser necio.
Cip. — Para saber callar en romance y hablar en
latín, discreción es menester, hermano Berganza.
Berg. — Así es, porque también se puede decir una
necedad en latín como en romance, y yo he visto
letrados tontos y gramáticos pedantes, y romancistas
vareteados con sus listas de latín, que con mucha
facilidad pueden enfadar al mundo, no una, sino
muchas veces.
Cip, — Dejemos esto, y comieza á decir tus filosofías.
Bcrg. — Ya las he dicho: estas son que acabo de
decir.
HISI'ANO-AUGKNTINA 113
Cip. — ¿Cuáles?
Bcrg. — Estas de los latines y romances, que yo
comencé y tú acabaste.
Cip. — ¿Al murmurar llamas filosofar? así va ello:
canoniza, canoniza, Berganza, á la maldita plaga de
la murmuración, y dale el nombre que quisieres, que
ella dará á nosotros el de cínicos, que quiere decir
perros murmuradores, y por tu vida que calles ya,
y sigas tu historia.
FRANCISCO GÓMEZ DE QUEVEDO (1580-1645
(^oino ]>rosista uno de los más cas-
tizos: como poeta uno de los más
inspirados ; como satírico uno de los
uuis mordaces, y como escritor polí-
tico uno de los más profundos.
A LA CIUDAD DE CÓRDOBA
Gran plaza, aní^ostas calles.
Obispo rico, pobres mercaderes,
Buenos caballos para ser mujeres,
Buenas mujeres para ser caballos.
Casas sin talle, hombres como tallos,
.Aposentos colgados de allileres,
Baco descolorido, (laca Céres,
Muchos Ji'idas y Pedros, pocos gallos.
Agujas y allileres intinilos.
Una puente í|ue no hay quien la repare.
Un San Pablo entre muchos San Benitos.
Un necio vulgo, un G(3ngora discreto,
Kslo en Córdoba hallé ; quien más hallare,
Póngaselo por cola á este soneto.
114 ANTOLOGÍA ESCOLAR
LOS SUEÑOS
Fragmento
F""'" 'uÍME allá por ver risa en el infierno, cosa tan
nueva. «¿Qué es esto» dije; cuando veo dos
hombres dando voces en un alto, muy bien ves-
tidos, con calzas atacadas : el uno con capa y gorra,
puños como cuellos, y cuellos como calzas; el otro
traia valones y un pergamino en las manos, y á cada
palabra que hablaban se hundían siete ú ocho mil
diablos de risa, y ellos se enojaban más. Llegúeme
más cerca por oirlos, y oí al del pergamino, que á
la cuenta era hidalgo, que decia : « Pues si mi padre
se decia tal cual, y yo soy nieto de Esteban tales y
cuales, y ha habido en mi linaje trece capitanes
valerosísimos, y de parte de mi madre doña Rodriga
desciendo de cinco catedráticos los más doctos del
mundo, ¿cómo me j)uedo haber condenado? Y tengo
mi ejecutoria y soy libre de todo, y no debo pagar
pecho.» «Pues pagad espalda», dijo un diablo, y
dióle luego cuatro palos en ellas, que le derribó
de la cuesta ; y luego le dijo : « Acabaos de des-
engañar que el que desciende del Cid, de Bernardo
y de Godofredo, y no es como ellos, sino vicioso
como vos, ese tal más destruye el linaje que lo
hereda. Toda la sangre, hidalguillo, es colorada,
parecedlo en las costumbres, y entonces creeré que
descendéis del docto cuando lo fuéredes ó procura-
redes serlo ; y si no, vuestra nobleza será mentira
breve en cuanto durare la vida ; que en la chanci-
llería del infierno arrúgase el pergamino y consúmense
las letras; y el que en el mundo es virtuoso, esees
el hidalgo, y la virtud es la ejecutoria que acá res-
petamos, pues aunque descienda de hombres viles y
HISPA NO- ARGENTINA 115
bajos, como él con divinas costumbres se haga digno
de imitación, se hace noble á sí y hace linaje para
otros. Reímonos acá de ver lo que ultrajáis á los
villanos, moros y judíos, como si en éstos no cupieran
las virtudes que vosotros despreciáis. Tres cosas son
las que hacen ridículos á los hombres: la primera la
nobleza, la segunda la honra, la tercera la valentía,
pues es cierto que os contestáis con que hayan tenido
vuestros padres virtud y nobleza para decir que la
tenéis vosotros, siendo inútil parto del mundo. Acierta
á tener muchas letras el hijo del labrador, es arzo-
bispo el villano que se aplica á hones|;os estudios, y
los caballeros que descienden de buenos padres, como
si hubieran ellos de gobernar el cargo que les dan,
quieren (¡ved qué ciegos!) que les valga á ellos
viciosos la virtud ajena de trescientos mil años, ya
casi olvidada, y no quieren que el pobre se honre
con la propia. » Carcomióse el hidalgo de oir estas
cosas, y el caballero que estaba á su lado se afligía,
pegando los abanillos del cuello y volviendo las
cuchilladas de las calzas.
LETRILLA
Después que de puro viejo
Caduca ya mi vestido,
Corno como un descocido,
Por estarlo iiasta el pellejo:
No acierto á topar consejo
Que pueda ponerme en salvo,
Contra un lierreruelo calvo,
Y una sotana lampiña,
Que cuando mejor se aliña
Me descubre todo el lomo.
Yo me soy el rey Palomo,
Yo me lo guiso yo me lo como.
Si va á decir la verdad,
üe nadie se me da nada,
116 ANTOLOGÍA KSCOLAR
Que pl ánima apicarada,
Me lia dado esta libertad.
Sólo Hamo majestad
Al rey, con que hago la suerte :
No temo en damas la muerte
Tanto como en un doctor,
Que las cosas del amor
Como me vienen las torno.
Yo me soy el rey Palomo,
Yo me lo guiso yo me lo como
Para mi no hay demasías.
Ni prerogalivas necias
De los que se hacen venecias ;
Sólo por ser señorías.
En mi mesa las harpías
Mueren de hambre contino ;
Pídola para el camino.
Si me despide mí dama ;
Mas si á mí ventura llama,
Después de comer me asomo.
Yo me soy el rey Palomo,
Yo me lo guiso yo me lo como.
Kntre nobles no me encojo,
Que, según dice una ley,
Si es de buena sangre el rey.
Es de tan buena su piojo.
Con nada me crece el ojo.
Si no es con una liincha/.on.
Mas estimo un dan, (¡ue un don,
V es mí fuerza y vigor lanío,
Que un testimonio levanto,
Auuíiue pese más que plomo.
Yo me soy el rey Palomo,
Yo me lo guiso yo me lo como.
HISl'ANO-AHíiKNTlNA 117
POLÍTICA DE DIOS
BUEN rey y malos ministros es cosa dañosa á la
república; y hubo árabe que tuvo opinión que
era mejor mal rey y buenos ministros. El ángel
venia á dar virtud á las aguas, revolvía la piscina.
Pero si siendo un ángel el que venia del cielo, el
que asistía á esta obra, eran tales los ministros, que
habia treinta y ocho años que estaba este en su
enfermedad por falta de hombre, ¿ qué importa que
el rey sea un ángel, si los ministros son desapia-
dados y entre todos ellos no halla un hombre quien
más le ha menester? ¿Qué cosa es una república
sino una piscina? ¿Qué ha de ser un rey sino un
ángel que la mueva y la dé virtud ? ¿ Qué cosa son
los pretendientes, y los beneméritos, y los agraviados,
y los oprimidos, y los pobres y las viudas, sino enfer-
mos que aguardan salud de las aguas de la justicia
y de la misericordia y grandeza del rey? Pero si los
ministros son tales que prefieren unos á otros por
su voluntad, y olvidan al que más necesidad tiene,
obligarán á que venga Dios á desagraviar los des-
validos.
Pues si en la piscina que revolvía un ángel que
bajaba del cielo, habia esta desorden, ¿qué habrá en.
la del gobierno y los cargos y mercedes, que las más
veces la revuelve Satanás, y las más veces la revuel-
ven los hombres, ó son ministros los diablos, que
por otro nombre se llaman los ambiciosos, los sober-
bios y los tiranos? Señor, bueno es que el rey sea
ángel ; mas ha de ser para los que supieren ser hom-
bres con los necesitados. Ángel de ser; mas por su
mano ha de revolver las aguas de la piscina. La
virtud él la ha de dar, y no otro; no lo ha de remitir
á nadie.
118 ANTOLOGÍA ESCOLAR
LUIS DE GÓNGORA Y ARGOTE (1561-1627)
Se le tiene, quizás sin razón, por
jefe del culteranismo. Enriqueció con
nuevos modos de decir el idioma,
siendo gran poeta siempre, pues, aun
en sus extravagancias imprime el
sello de su inconfundible persona-
lidad.
A LA ROSA Y SU BREVEDAD
Soneto
Púrpura ostenta, disimula nieve,
•entre malezas peregrina rosa,
que mil afectos suspendió frondosa,
que mil donaires ofendió por breve.
Madre de olores á quien ámbar debe
lisonjas, no por prendas de la diosa,
mas porque á las aromas deliciosa
lo mas sutil de sus alientos bebe.
I'^n prevenir al sol tomó licencia ;
sintiólo él, que desde un alto risco
sol de las llores halla que le incita.
Miróla, en fin, ardiente basilisco
y, ofendido de tanta competencia,
fulminado veneno la marchita.
HISPANO-AMEUICANA 119
Romance
Amarrado al duro banco
de una galera turquesca,
ambas manos en el remo
y ambos ojos en la tierra,
un forcado de Dragut,
en la playa de Marbella
se quexaba al ronco son
del remo' y déla cadena :
« i Oh sagrado mar de España,
fiímosa playa y serena,
teatro donde se han hecho
cien mil navales tragedias !
Pues eres tú el mismo mar
que con sus crecientes besas
las murallas de mi patria,
coronadas y soberbias,
traeme nuevas de mi esposa,
y dime si han visto ciertas
las lágrimas y suspiros
(|ue me dize por sus letras ;
porque si es verdad que llora
mi cautiverio en su arena,
bien puedes al mar del Sur
vencer en lucientes perlas.
Dame ya, sagrado mar,
á mi demanda respuesta,
que bien puedes, si es verdad
que las aguas tienen lenguas.
Pero, pues no me responde,
sin duda alguna que es muerta ;
aunque no lo debe ser,
pues que yo vivo en su ausencia.
120 ANTOLOGÍA ESCOLAR
Pues he vivido diez años
sin libertad y sin ella,
siempre al remo condenado,
á nadie matarán penas. »
Kn esto se descubrieron
de la Religión seis velas,
y el cómitre mandó usar
al [oreado de su fuerza.
BALTASAR GRACIÁN (1601-1658
líscritor siempre profundo, logra
condensar muchas ideas en pocas
palaiiras. Espíritu filosófico, se le-
considera como el más genuino re-
l)resenlante del conreplisiuo.
EL MUSEO DEL DISCRETO
SOLICITABA un entendido, por todo un cuidado
emporio y aun dicen corte, una casa que fuese
de personas ; mas en vano. Porque, aunque entró
en muchas curioso, de todas salió desagradado, por
hallarlas, cuanto más llenas de ricas alhajas, tanto
más vacías de las preciosas virtudes. Guióle ya su
dicha á entrar en una y aun única. Y al punto
volviéndose á sus discretos les dijo : Ya estamos entre
personas: esta casa huele á hombre. — ¿En qué lo
conoces? le preguntaron. — Y él: ¿no veis aquellos
vestigios de discreción? Y mostróles algunos libros
que estaban á mano: Estas, ponderaba, son las pre-
ciosas alhajas de los entendidos. ¿Qué jardín del Abril,,
qué Aranjuez del Mayo, como una librería selecta?
¿Qué convite más delicioso para el gusto de un
discreto, como un culto museo, donde se recrea el
IHSI'ANO-AHílKNTINA . 121
entendimiento, se enriquece la memoria, se alimenta
la voluntad, se dilata el corazón y el espíritu se
satisface? No hay lisonja, no hay fullería para un
ino^enio, como un libro nuevo cada dia.
Las pirámides de Egipto ya acabaron, las torres
de Babilonia cayeron, el romano coliseo pereció, los
palacios dorados de Nerón caducaron, todos los mila-
gros del mundo desaparecieron y solos permanecen
los inmortales escritos de los sabios, que entonces
florecieron, y los insignes varones que celebraron, ¡Oh^
gran gusto el de leer! Empleo de personas que, si
no las halla, las hace. Poco vale la riqueza sin la
sabiduria y de ordinjirio andan reñidas. Los que más
tienen menos saben y los que más saben menos
tienen. Oue siempre conduce la ignorancia borregos
con bellocino de oro.
Aquí exclamó Critilo: ¡Oh, fruición del entendi-
miento! ¡Oh, tesoro de la memoria, realce de la volun-
tad, satisfacción del alma, paraíso de la vida ¡ Gusten
unos de jardines, hagan otros banquetes, sigan éstos
la caza, cébense aquellos en el juego, rocen galas,
traten amores, atesoren riquezas con todo género de
gustos y de pasatiempos; que para mí no hay gusto
como el leer ni centro como una selecta librería.
De El Criticón — (a'isi l v.
122 ANTOLOGÍA ESCOLAR
FRAY BENITO J. FEIJÓO (1676-1764)
Hniinente polígrafo, de espirita in-
dependiente, si lio puede mostrarse
como ejemplo de casticismo, en cam-
bio hay que confesar que pocos le
vencen en valentía y claridad.
EN la copia de voces (único capítulo que puede
desigualar substancialmente los idiomas) juzgo
que excede conocidamente el castellano al fran-
cés. Son muchas las voces castellanas que no tienen
equivalente en la lengua francesa, y pocas he obser-
vado en esta que no la tengan en la castellana.
Especialmente de voces compuestas abunda tanto
nuestro idioma, que dudo que le iguale aun el latino
ni otro alguno, exceptuando al griego. El canciller
Bacón, ofreciéndose hablar de aquella versatilidad
política que constituye á los hombres capaces de
manejar en cualquiera ocurrencia su fortuna, confiesa,
que no halla en alguna de las cuatro lenguas, inglesa,
latina, italiana y francesa, voz que signifique lo que
la castellana desenvoltura. Y acá estamos tan de sobra,
que para significar lo mismo tenemos otras dos voces
equivalentes: despejo y desembarazo.
Nótese que en todo género de asuntos escribieron
bien algunas plumas españolas sin mendigar nada
de otra lengua. La elegancia y pureza de don Carlos
Coloma y don Antonio de Solís, en materia de his-
toria, no tiene que envidiar á los mejores historiadores
latinos: las empresas políticas de Saavedra fundieron
á todo Tácito en castellano, sin el socorro de otro
idioma. Las teologías expositiva y moral se hallan
vertidas en infinitos sermones de bello estilo. ¿ Qué
HISPANO-ARGEXTINA 123
autor latino escribió con más claridad y copia la
mística, que Santa Teresa? ¿Ni la escolástica en los
puntos más sublimes de ella, que la madre María de
Agreda? En los asuntos poéticos, ninguno hay que
las musas no hayan cantado con alta melodía en la
lengua castellana. Garcilaso, Lope de Vega, Góngora,
Que vedo, Mendoza, Solís y otros muchos, fueron
cisnes sin vestirse de plumas extranjeras. Singular-
mente se ve, que la lengua castellana tiene para la
poesía heroica tanta fuerza como la latina en la
traducción de Lucano, que hizo don Juan de Jáure-
gui; donde aquella arrogante valentía, que aún hoy
asusta á los más apasionados de Virgilio, se halla
con tanta integridad trasladada á nuestro idioma,
que puede dudarse en quién brilla más espíritu, si
en la copia, si en el original. Últimamente escribió
de todas las matemáticas, estudio en que hasta ahora
se habían descuidado los españoles, el padre Vicente
de Toska, corriendo su dilatado campo, sin salir del
patrio idioma. En tanta variedad de asuntos se expli-
caron excelentemente los autores referidos, y otros
infinitos que pudiera alegar, sin tomar ni una voz
de la lengua francesa. Pues ¿á qué propósito nos la
introducen ahora?
Del Teatro Critico.
124 ANTOLOGÍA i:.S(:OLAJi
IGNACIO DE LUZÁN (1702-1754)
Crilico literario, ejerció funesta iii-
lluencia en los escritores de su época^
y, si bien á veces es atinado en sus
juicios, en otras los extrema hasta el
punto de revelar falta ile gusto y
sobrada ligereza.
DÉ LA POÉTICA
Fragmknto
LA teología le alumbró — al hombre — para las
sobrenaturales, la física para las sensibles, la
moral para las humanas, y así las demás artes
y ciencias le hicieron luz para descubrir algo de la
verdad. Pero entre todas, la que con luz más pro-
porcionada á nuestros ojos, y más útil, al paso que
más brillante, resplandece, es la í'oesía : porque como
los que salen de un parage obscuro no pueden sufrir
luego los rayos del sol, si primero no acostumbran
poco á poco la vista a ellos, así, según el pensa-
miento de Plutarco, los que de las tinieblas de la
ignorancia común salen á la luz de las ciencias más
luminosas, quedan deslumhrados al golpe repentino
de su excesivo resplandor. Mas como la luz de la
Poesía, en quien está mezclado lo verdadero á lo
aparente ó imaginario, es más templada, y ofende
menos la vista que la de la moral, en quien todo
es luz sin sombra alguna, puede el hombre acercarse
á ella sin cegar, y fijar los ojos en sus rayos sin
molestia ni cansancio.
P^sta es la razón, y éste el origen de la utilidad
HISPANO-AUC.ENTINA 125
poética, que consiste en que siendo nuestra vida débil
\- corta, y no pudiendo por esto sufrir, sin cegar,
todos de golpe los rayos de la moral, se acomoda
<:on gusto y provecho á la moderada luz de la Poesía,
■que con sus fábulas y velos interpuestos rompe el
primer ímpetu, y templa la actividad de la luz de
las demás ciencias. Tras esto, como los hombres ape-
tecen más lo deleitable que lo provechoso, encuentran
-desabrido todo lo que no los engolosina con el saínete
de algún deleite: y esto es lo que se halla abundan-
temente en la Poesía, y la hace útilísima; pues las
•otras ' ciencias nos enseñan la verdad simple y des-
nuda, y el camino de la virtud y de la gloria, arduo,
áspero y lleno de abrojos; mas por el contrario la
Poesía nos enseña la verdad, pero adornada de ricas
galas, y, como dijo el Tasso, sozouada en dulces
versos; y nos guía á la virtud y á la gloria por un
camino amenísimo, cuya hermosura engaña y embe-
lesa de tal suerte nuestro cansancio, que nos hallamos
-en la cumbre sin sentir que hemos subido una cuesta
muy áspera. Nos dice, por ejemplo, la filosofía, que
la pobreza puede ser feliz, si quiere serlo: que vencer
una pasión propia es mayor hazaña que triunfar de
un enemigo: que la riqueza y el poder no hacen feliz
al hombre, etc. Estas, y otras mil máximas y verda-
des semejantes, que nos enseña la filosofía, son sim-
ples, desnudas, y cuesta arriba para el vulgo, que
despreciándolas por su desnudez, y desechándolas por
su novedad, ó no les dá oído, ó las juzga extrava-
gantes é impracticables. Pero la poesía, siguiendo
otro rumbo, propone estas mismas máximas con tal
artificio, con tales adornos, y con colores y luces
tan proporcionadas á la corta vista del vulgo, que
no hallando éste razón para negarse á ellas, es preciso
que se dé á partido, y se deje vencer de su persua-
ción. Las severas máximas de la filosofía, no solo
no adornan la verdad, ni persuaden la virtud que
enseñan, sino que antes parece que ahuyentan á los
126 ANTOLOGÍA ESCOLAR
hombres de ellas, por la austeridad y entereza que
ostenta; pero la Poesía persuade con increíble fuerza
aquello mismo que enseña. La filosofía, en fin, habla
al entendimiento: la Poesía al corazón, en cuyo inte-
rior alcázar, introduciendo disfrazadas las máximas
filosóficas, se enseñorea de el como por interpresa,
y logra con estratagema lo que otras ciencias no
pueden lograr con guerra abierta.
Esta es la utilidad principal de la Poesía; á la cual
se puede añadir la que resulta de la misma conside-
rada como recreo y entretenimiento honesto, en cuya
consideración, hace grandes ventajas á todas las de-
más diversiones: pues la Poesía, finalmente, aunque
carezca de toda otra utilidad, tiene por lo menos la
de enseñar discreción, elocuencia y elegancia.
NICOLÁS FERNÁNDEZ MORATÍN (1737-1780)
Más notable como poeta que coni»
dramaturgo, pues si sus obras tea-
trales no alcanzaron ruidoso éxito,
en cambio en sus versos revela ver-
dadera inspiración y dominio de la.
rima.
Romance
Madrid, castillo famoso
Que al rey moro alivia el miedo
Arde en fiestas en su coso
Por ser el natal dichoso
De Alimenon de Toledo.
Su bravo alcaide Aliatar,
De la hermosa Zaida amante,
Las ordena celebrar,
HISPANO-AHGENTINA 127
Por si la puede ablandar
El corazón de diamante.
Pasó, vencida á sus ruei^os,
Desde Aravaca á Madrid ;
Hubo pandorgas y fuegos.
Con otros nocturnos juegos
Que dispuso el adalid.
Y en adargas y colores,
Kn las cifras y libreas.
Mostraron los amadores,
Y en pendones y preseas,
La dicha de sus amores.
Vinieron las moras bellas
De toda la cercanía,
Y de lejos muchas de ellas :
Las más apuestas doncellas
Que España entonces tenia.
Ninguno al riesgo se entrega
Y está en medio el toro fijo ;
Cuando un portero que llega
De la puerta de la Vega
Hincó la rodilla y dijo :
« Sobre un caballo alazano,
Cubierto de galas y oro.
Demanda licencia urbano
Para alancear á un toro
Un caballero cristiano. »
Mucho le pesa á Aliatar;
Pero Zaida dio respuesta
Diciendo que puede entrar ;
Porque en tan solemne fiesta
Nada se debe negar.
Suspenso el concurso entero
Entre dudas se embaraza,
Cuando en un potro ligero
128 ANTOUXiÍA ESCOLA 11
Vieron entrar por la plaza
Un bizarro caballero ;
Sonrosado, albo color,
Belfo labio, juveniles
Alientos, inquieto ardor,
En el florido verdor
l)e sus lozanos abriles.
Cuelga la rubia guedeja
Por donde el almete sube.
Cual mirarse tal vez deja
Del sol la ardiente madeja
Kntre cenicienta nube.
Gorguera de ancbos follajes.
De una cristiana primores.
En el yelmo los plumajes.
Por los visos y celajes
Verjel de diversas flores.
En la cuja gruesa lanza,
Con recamado pendón,
y una cifra á ver se alcanza
Que es de desesperación
O á lo menos de venganza.
En el arzón de la silla
Ancho escudo reverbera
Con blasones de Castilla,
Y el mote dice á la orilla:
Nunca mi espada venciera.
Era el caballo galán ;
El bruto más generoso.
De más gallardo ademan ;
Cabos negros, y brioso.
Muy tostado y alazán.
Larga cola recogida
En las piernas descarnadas,
Cabeza pequeña, erguida,
Las narices dilatadas,
Vista feroz y encendida.
Nunca en el ancho rodeo
HISPANO AliüENTINA 129
Oue da Bétis con tal fruto
Pudo ungir el deseo
Mas bella estanipa de bruto,
Ni más bernmso paseo, etc.
GASPAR MELCHOR DE JOVELLANOS (1744-1811)
El hombre más grande de su siglo,
politice hoiiradísiiiio y escritor bri-
llante. Aun cuando se le cita como
poeta y como dramaturgo, su justa
reputación se l)asa en la variedad de
sus conocimientos y en sus escritos
didácticos, políticos y económicos.
ELOGIO DE CARLOS I II
Fragmento
EXTRE tantos estudios no tuvo entonces lugar
la economía civil, ciencia que enseña á gober-
nar, cuyos principios no ha corrompido todavía
el interés, como los de la política ; y cuyos progresos
se deben enteramente á la filosofía de la presente
edad. Las miserias públicas debían despertar alguna
vez al patriotismo, y conducirle á la indagación de
la causa y al remedio de tantos males ; pero esta
época se hallaba todavía muy distante, Entre tanto
que el abandono de los campos, la ruina de las fábri-
cas y el desaliento del comercio sobresaltaba los
corazones, las guerras extranjeras, el fausto de la
corte, la codicia del ministerio, y la hidropesía del
erario abortaban enjambres de miserables arbitristas,
que reduciendo á sistema el arte de estrujar los
pueblos, hicieron consumir en dos reinados la sustan-
cia de muchas generaciones.
130 ANTOLOGÍA ESCOLAR
Entonces fue cuando el espectro de la miseria,
volando sobre los campos incultos, sobre los talleres
desiertos, y sobre los pueblos desamparados difundió
por todas partes el horror y la lástima. Entonces fue
cuando el patriotismo inflamó el celo de algunos
generosos españoles, que tanto meditaron sobre los
males públicos, y tan vigorosamente clamaron por
su reforma: entonces cuando se pensó por primera
vez que habia una ciencia que enseñaba á gobernar
los hombres y hacerlos felices: entonces finalmente
cuando del seno mismo de la ignorancia y el desorden
nació el estudio de la economía civil.
¿ Pero cuál era la suma de verdades y conocimientos
que contenia entonces nuestra ciencia económica?
¿Por ventura podremos honrarla con tan apreciable
nombre? Vacilante en sus principios, absurda en sus
consecuencias, equivocada en sus cálculos y tan des-
lumbrada en el conocimiento de los males como en
la elección de los remedios, apenas nos ofrece una
máxima de buen gobierno. Cada economista formaba
un sistema peculiar, cada uno le derivaba de dife-
rente origen; y sin convenir jamás en los elementos,
cada uno caminaba á su objeto por distinta senda.
Estaba reservado á Carlos III aprovechar los rayos
de luz que estos dignos ciudadanos hablan depositado
en sus obras. Estábale reservado el placer de difun-
dirlos por su reino, y la gloria de convertir sus
vasallos al estudio de la economía. Sí, buen rey, ve
aquí la gloria que mas distinguirá tu nombre en la
posteridad. El santuario de las ciencias se abre sola-
mente á una pequeña porción de ciudadanos, dedi-
cados á investigar en silencio los misterios de la
naturaleza para declararlos á la nación. Tuyo es el
cargo de recoger sus oráculos: tuyo el de comunicar
la luz de sus investigaciones: tuyo el de aplicarla á
beneficio de tus subditos. La ciencia económica te
pertenece exclusivamente á ti y á los depositarios
de tu autoridad. Los ministros que rodean tu trono
HISPANO-ARGENTINA 131
constituidos órganos de tu suprema voluntad: los
altos magistrados que la deben intimar al pueblo^
y elevar á tu oido sus derechos y necesidades : los
que presiden al gobierno interior de tu reino : los
que velan sobre tus provincias : los que dirigen inme-
diatamente tus vasallos deben estudiarla, deben saber-
la, ó caer derrocados á las clases destinadas á trabajar
y obedecer. Tus decretos deben emanar de sus prin-
cipios y sus ejecutores deben respetarlos. Ve aquí la
fuente de la prosperidad ó la desgracia de los vastos
imperios que la Providencia puso en tus manos. No
hay en ellos mal, no hay vicio, no hay abuso, que
no se derive de alguna contravención á estos princi-
pios. Un error, uií descuido, un falso cálculo en
economía llena de confusión las provincias, de lágri-
mas los pueblos, y aleja de ellos para siempre la
felicidad. Tú, señor, has promovido tan importante
estudio: haz que se estremezcan los que debiendo
ilustrarse con él lo desprecien ó insulten.
Apenas sube Carlos al trono, cuando el espíritu
de examen y reforma repasa todos los objetos de la
economía pública. La acción del gobierno despierta
la curiosidad de los ciudadanos, renace entonces el
estudio de esta ciencia, que ya por aquel tiempo se-
llevaba en Europa la principal atención de la filosofía,
España lee sus mas célebres escritores, examina sus
principios, analiza sus obras: se habla, se disputa, se
escribe; y la nación empieza á tener economistas.
SÁTIRA
Frag.mento
Déjame, Arnesto, déjame que llore
Los fieros males de mi patria, deja
132 ANTOLOGÍA KSCOLAR
Que su ruina y perdición lamente ;
Y si no quieres que en el centro oscuro
De esta prisión la pena me consuma.
Déjame al menos que levante ol garito
Contra el desorden : deja que á la tinta
Mezclando liiel y acíbar, siga ind(3cil
Mi pluma al vuelo del bufón de Aquino,
] O cuánto rostro veo á mi censura
De palidez y de rubor cubierto !
j Animo ! amigos ; nadie tema, nadie
Su punzante aguijón, (jue yo persigo
En mi sátira al vicio, no al vicioso.
¿ Y que querrá decir, que en algún verso
Encrespada la bilis, tire un rasgo,
Que el vulgo crea que señala á Alcinda ?
La que, olvidando su orgullosa estirpe.
Baja vestida al Prado, cual pudiera
Una maja con trueno y rascamoño :
Alta la ropa, erguida la caramba.
Cubierta de un cendal mas trasparente
<^ue su intención, á ojeadas y meneos
La turba de los tontos concitando.
¿ Podrá sentir que un dedo malicioso.
Apuntando este verso, la señale?
Ya la notoriedad es el mas noble
Atributo del vicio, y nuestras Julias
Mas (|ue ser malas quieren parecerlo.
Hubo un tiempo en que andaba la modestia
Dorando los delitos : bubo un tiempo
En que el recato tímido cubria
La fealdad del vicio, pero huyóse
El pudor á vivir en las cabanas.
€on él huyeron los dichosos dias
<}ue ya no volverán : iiuyó aquel sigb»
En que aun las necias burlas de un marido
Las bascuñadas crédulas tragaban.
Mas hoy Alcinda desayuna al suyo
Con ruedas de molino : triunfa, gasta.
HISPAXO-ARGKNTINA 135
Pasa sallando las eternas noches
Del crudo enero, y cuando el sol tardío
Rompe el oriento, admírala ¡golpeando,
Cual si fuese una extraña, al propio quicio.
JUAN MELÉNDEZ VALDES (1754-1817)
Poeta erótico, ligiirantlo en la lla-
mada escuela salmantina, es, á pesar
<ie su excesiva dulzura, uno de los
maestros de la poesia anacreóntica..
ROSANA EN LOS FUEGOS
Del sol llevaba la lumbre
Y la alegría del alba
Hn sus celestiales ojos
La liermosísima Rosana,
Una noche que á los fuegos
Salió la tiesta de Pascua,
Y^^^á embebecer todo el valle
Kn sus amorosas ansias.
La primavera florece
De la huella breve estampa ;
Dó plácida mira, rinde
La libertad de mil almas.
F.l zéliro la acaricia
Y mansamente la halaga :
Los Cupidos la rodean,
Y la (iracias la acoutpañan.
Y ella, cual honor del llano
Descuella la altiva palma,
Y sus flotantes pimpollos
Hasta las nubes levanta :
O cual vid de fruto llena
134 ANTOLOC.ÍA KSCOLAU
Que con el olmo se abraza,
Sus largos vastagos tiende
Al arbitrio de las ramas ;
Asi entre sus compañeras
KI nevado cuello alza,
Hermosa en medio brillando
Cual fresca rosa entre zarzas.
Todos los ojos se lleva
Tras si ; todo lo avasalla ;
De amor mata á los pastores,
Y de envidia á las zagalas.
Ni las músicas se atienden,
Ni se gozan las lumbradas,
Que todos corren por verla,
Y al verla todos se abrasan.
j Qué de suspiros se escuchan !
¡ Qué de vivas y de salvas !
No hay zagal que no la admire,
Y no enloquezca en loarla.
Cual absorto la contempla,
Y á la aurora la compara,
Que radiante al sol precede,
Y el cielo en albores baña :
Quien al fresco y verde aliso.
Que al pie de corriente mansa.
Su pompa y móviles hojas
F.n sus cristales retrata :
Cual á la luna, si ostenta
iJe luceros coronada,
Venciendo las altas cumbres,
Llena su esfera de plata :
Otros pasmados la miran
Y mudamente la alaban,
Y mientras mas la contemplan,
Muy mas hermosa la hallan ;
Que es como el cielo su rostro,
mSPANO-AIUlENTIX.V 135
Cuando en una noche clara
Con su ejército de estrellas,
tirilla, y los ojos encanta :
j Oh ! qué de zelos se encienden !
Y ansias y zozobras causa
Kn las serranas del Tórines
Su perfección sobrehumana !
Todas humilladas pasan,
Mas sil) osar murmurarla ;
<^ue como el oro mas puro,
No sufre una leve mancha.
i Bien haya tu gentileza.
Una y mil veces bien haya ;
Y abrase la envidia al pueblo.
Hermosísima aldeana.
Toda, toda eres delicias,
Toda eres donaire y gracia ;
Kl Amor rie en tus ojos,
Y la gloria está en tu cara :
La libertad me lias robado ;
Favorable allá la guarda,
Y m\ vida y mi ser todo,
<^)ueahincados se te consagran.
Así un zagal le decia
Con cláusulas mal formadas.
Que salió libre á los fuegos,
Y volvió cautivo á casa.
De entonces penado y triste
El dia á sus puertas le halla :
Ayer le cantó esta letra,
Echándole la alborada :
Linda Zagaleja
De cuerpo gentil,
Muérome de amores
Desde que te vi.
136 ANTOLOGÍA ESCOLAR
Tu talle, tu aseo,
Tu gala y donaire
No tienen. Serrana,
Igual en el valle ;
Del cielo son ellos,
Y tií un serafín :
Muéronie de amores
Desde que te vi.
De amores me muero.
Sin que nada alcanze
A darme la vida,
Que allá me llevaste ;
Si no no te condueles.
Sensible de mi.
Que muero de amores
Desde ijue te vi.
LEANDRO FERNÁNDEZ DE MORATÍN (1760-1828)
Uno de los dramaturgos más iiota-
Jjles de su siglo, y á la vez poeta
delicado y excelente prosista.
LA COMEDIA NUEVA
Mar. Pues siempre me está usted diciendo eso.
(Sale Pipí por la puerta del foro con platos^
botellas^ etc. Lo deja todo sobre el viostrador, y
vuelve á irse por la misma parte.) Vaya, que
algunas veces me... ¡Ay, don Hermógenes!
No sabe usted qué ganas tengo de ver estas
cosas concluidas, y podernos ir á comer un
pedazo de pan con quietud á mi casa, sin
tener que sufrir tales sinrazones.
niSPANO-AHEüNTINA 137
Hkr. No el pedazo de pan, sino ese hermoso
pedazo de cielo, me tiene á mí impaciente
hasta que se verifique el suspirado consorcio.
Mar. ¡Suspirado, sí, suspirado! ¡Quién le creyera
á usted!
Her. Pues ¿quién ama tan de veras como yo?
¿cuándo ni Piramo, ni Marco Antonio, ni los
Ptolonieos egipcios, ni todos los Seleucidas
de Asiria sintieron jamás un amor compara-
ble al mío?
Agu. ¡Discreta hipérbole! ¡Viva, viva! Respón-
dele, bruta.
Mar. ¿Q^ié he de responder, señora, si no le he
entendido una palabra?
Agu. ¡Me desespera!
Mar. Pues digo bien. ¿Qué sé yo quien son esas
gentes de quien está hablando? Mire usted,.,
para decirme: Mariquita, yo estoy deseando
que nos casemos; así que su hermano de
usted coja esos cuartos, verá usted como todo
se dispone; porque la quiero á usted mu}»^
mucho, y es usted muy guapa muchacha, y
tiene usted unos ojos muy peregrinos, y ¿qué
sé yo? Así, Las cosas que dicen los hombres.-
Agu. Sí, los hombres ignorantes, que no tienen
crianza ni talento, ni saben latin.
Mar. ¡Pues, latin! Maldito sea su latin. Cuando-
le pregunto cualquiera friolera, casi siempre
me responde en latin ; y para decir que se
quiere casar conmigo, me cita tantos autores...
Mire usted que entenderán los autores de eso,
ni que les importará á ellos que nosotros
nos casemos ó no.
Agu. ¡Que ignorancia! Vaya, don Hermógenes;
lo que le he dicho á usted. Es menester que
usted se dedique á instruirla, y descortezarla;,
porque, la verdad, esa estupidez me aver-
güenza. Yo, bien sabe Dios que no he podido-
138 ANTOLOGÍA ESCOLAR
mas; ya se ve, ocupada continuamente en
ayudar á mi marido en sus obras, en corre-
gírselas (como usted habrá visto muchas
veces), en sugerirle ideas á fin de que salgan
con la debida perfección, no he tenido tiempo
para emprender su enseñanza. Por otra parte,
es increible lo que aquellas criaturas me
molestan. El uno que llora, el otro que quiere
mamar, el otro que rompió la taza, el otro
que se cayó de la silla, me tienen continua-
mente afanada. Vaya; yo lo he dicho mil
veces : para las mujeres instruidas es un
tormento la fecundidad.
Mar. ¡Tormento! ¡Vaya, hermana, que usted es
singular en todas sus cosas ! Pues yo, si me
caso, bien sabe Dios que...
Agu. Calla, majadera, que vas á decir un dis-
parate.
Her. Yo la instruiré en las ciencias abstractas;
la enseñaré la prosodia; haré que copie á
ratos perdidos el Arte Magna de Raimundo
Lulio, y que me recite de memoria todos los
martes dos ó tres hojas del Diccionario de
Rubiños. Después aprenderá los logaritmos
y algo de la estática; después...
Mar. Después me dará un tabardillo pintado, y
me llevará Dios. ¡ Se habrá visto tal empeño ;
No, señor, si soy ignorante, buen provecho
me haga. Yo sé escribir y ajustar una cuenta,
sé guisar, sé planchar, sé coser, sé zurcir, sé
bordar, sé cuidar de una casa : yo cuidaré de
la mía y de mi marido, y de mis hijos, y yo
me los criaré. Pues, señor, ¿no sé bastante?
\ Que por fuerza he de ser doctora y mari-
sabidilla, y que he de aprender la gramática,
y que he de hacer coplas! ¿Para que? ¿para
perder el juicio? que permita Dios si no
parece casa de locos la nuestra, desde que
HISPANO-AUGENTINA 139
mi hermano ha dado en esas manías. Siempre
disputando marido y mujer sobre si la escena
«s larga ó corta, siempre contando las letras
por los dedos para saber si los versos están
cabales ó no, si el lance á oscuras ha de ser
antes de la batalla ó después del veneno, y
manoseando continuamente Gacetas y Mercu-
rios para buscar nombres bien estravagantes,
que casi todos acaban en of y en graf^ para
embutir con ellos sus relaciones... y entre
tanto ni se barre el cuarto, ni la ropa se lava,
ni las medias se cosen ; y lo que es peor, ni
se come, ni ^e cena. ¿ Qué le parece á usted
que comimos el domingo pasado, donSerapio?
Sep. ¡Yo, señora! ¿Cómo quiere usted que?...
Mar. Pues lléveme Dios si todo el banquete no
se redujo á libra y media de pepinos, bien
amarillos y bien gordos, que compré á la
puerta, y un pedazo de rosca que sobró del
dia anterior. Y éramos seis bocas á comer,
que el más desganado se hubiera engullido
un cabrito y media hornada sin levantarse
■ del asiento.
Agu. Ksta es su canción ; siempre quejándose de
que no come y trabaja mucho. Menos como
yo, y más trabajo en un rato que me ponga á
corregir alguna escena, ó arreglar la ilusión de
una catástrofe, que tu cosiendo y fregando, ú
ocupada en otros ministerios viles y mecánicos.
Her. Sí, Mariquita, sí : en eso tiene razón mi
señora doña Agustina. Hay gran diferencia
de un trabajo á otro, y los experimentos
cotidianos nos enseñan que toda mujer que
es literata y sabe hacer versos, ipso fado se
halla exonerada de las obligaciones domés-
ticas. Yo lo probé en una disertación que
leí á la academia de los Cinocéfalos. Allí
sostuve que los versos se confeccionan con
140 ANTOLOIÍÍA ESCOLAR
la glándula pineal, y los canzoncillos conr
los tres dedos llamados pollex, índex é infa-
mis^ que es decir: que para lo primero se
necesita toda la argucia del ingenio, cuando
para lo segundo basta sólo la costumbre de
la mano. Y concluí, á satisfacción de toda
mi auditorio, que es más difícil hacer un
soneto que pegar un hombrillo; y que más
elogio merece la mujer que sepa componer
décimas y redondillas, que la que sólo es
buena para hacer un pisto con tomate, un
ajo de pollo ó un carnero verde.
Mar. Aun por eso en mi casa no se gastan pistos,
ni carneros verdes, ni pollos, ni ajos. Ya se
ve, en comiendo versos no se necesita cocina.
Acto II. Esc. I.
RAMÓN DE LA CRUZ (1731-1794)
Inventor del saínete, género nuis-
artíslico que el entremés, hizo alartle
(le conocer profundamente las cos-
tumbres de su época, remozando con.
sus obras el decaído teatro español
EL MUÑUELO
Pepa. Valor, acuérdate de que eres mió;
Y de que como dijo el otro marras,
En no sé qué comedia de treato,
Saber vencerse es la mayor liazai"ia
El rincor en nosotras, ¿qué es? Impulso
De alborotar las callos y las casas :
¿ Y la vergüenza ? Una aprensión que suele
hjsfaxo-aiu;i:nti\a 141
Salir á los carrillos de la cara,
Que con pasar la mano, agur amigo.
Y (|iieda una persona descansada.
Pues fuera de rincor y de vergüenza,
Y vamos á evitar muchas desgracias
En dos familias que el honor han sido
De todo el Avapiés y media España.
Curra, Curra, (A su puerta.)
Cur. (Sale.) Ya lo oigo : ¿ qué me quieres ?
Pepa. Solamente decirte una palabra,
Cur. Dila.
Pepa. Y que me respondas
<2ur. Pues pregunta,
Que ya están las orejas destapadas.
Pepa. ¿. Seuíos mujeres, dime ó no lo semos ?
Cur. Sé que lo soy, y no me importa nada
Que tú lo seas ; |)er<) asi parece.
Pepa. Di, ¿ te acuerdas de aquella noche infausta ?
Cur. i iMás te acordarás tú ! pero adelante.
Pepa, Pues chiton, y pelitos al mar vayan.
Cur. Kstá lejos el mar; vayan al aire,
Y llegarán primero; á la sustancia.
Pepa. Pues ya sabes ijue hoy llegan de presillo
Nuestros hermanos, que por mote llaman
Al mió Roñas, y Pizpierno al tuyo.
Cur. Porque lo sé me he puesto medio guapa ;
Y ya un real calesín he prevenido
Para irle á recibir si viene á pala,
Y que como quien es entre en la- corte.
Pepa. ¿ Y el barrio, (|ué dirá de esa fanfarria
Ku una lavandera ?
Cur. ¿ V tu, (|ui(;n eres?
Una triste frutera de la Plaza,
Que mientras yo me lavo, ella se ensucia
Las manos con la fruta remostada.
í*epa. Frutera ó no, por tin he socorrido
A mi hermano, y le digo siempre : gasta
Con tu persona propia y tus amigos,
142 ANTOLOGÍA ESCOLAR
Que aquí está Pepa.
Cur. ¿ Y cuanto le enviabas ?"
Pepa. Una letra formal de duro y medio,
A quince dias vista, en oro ú plata.
¿ Qué te parece ?
Cur. ¡ Como cosa tuya.
Que en poniéndole á dar eres bizarra !
Pepa. Eso no viene al caso.
Cur. ¿ Pues (|ue viene ?
Pepa. Que sii/un escribieron en su carta
Dende Alucemas á mi tia .losilla.
Cuyo porte pagó con tanta rabia
Que la mordió, pato solene han hecho
Entramos de casarse con entramas.
Cur. ¿ Y qué mas ?—
Pepa. Que ya sernos todos unos :
Y que como de amigas á cuñadas
Hay tanta diferencia...
Cur. Eso es corriente.
Pepa. Quisiera...
Cur, ¿Qué quisieras? Pepa, acaba
Por Dios, que tne has hecho una joroi)a
En la pacencia y otra en las espaldas,
Pepa. Quisiera yo que nuestras disinsiones
A los oídos en jamas llegaran
L)e nuestros novios á la trocadilla,
Y hermanos : pues mi Roñas si se enfada
Es un demonio—.
Cur. Y u)i Pizpierno un diablo
Si se atufa : lo propio que su hermana.
Supongo que todito mi linaje
No tiene que envidiar en mala fama
Y golpes de fortuna al más pintado:
Ahí están oficiales de la Sala
Y menistros, que si se lo preguntan.
Se harán lenguas en nuestras alabancias^
Pepa. Lo mesmo de la mia.
Cur. Y finalmente,
hispano-ar(íi;ntina 143.
Si alguna cosa hal)eiiios hecho mala,
Lo han pagado los cuerpos ó el bolsillo,
Y hoy en el día no debemos nada.
Pepa. Pues para no deber, capitulemos
Paz y secreto.
Cur. Yo le doy palabra,
Y la mano derecha de uno y otro.
Pepa. Y yo, como la más interesada *•
En (|ue nuestros dos hombres á su arribo
No me encuentren vencida, y no vengada,
Vn abrazo te doy.
Caiv. ¡ Pero cuidao,
Que iiay en el Avapiés lenguas muy largas
Quo lo pueden decir !
Pepa. Si á eso se atreven,
J'ijeras tengo yo para cortarlas.
Cur. ,'. Sabes la hora que es?
Pepa. Si.
Cur. ¿ Tienes reloses ?
Pepa. Cuatro se oyen muy bien desde mi casa ;
Los de San Juan de Dios, los Hespitales,
VA de la Tren ida y el de la Plaza.
Cur. Yo sólo tengo dos : uno de arena,
Y otio do sol, pintado en una tapia.
Pe|)a. Kl Mudo viene allí.
(^ur. Pues entre tanto
Que saco la basquina yo del arca,
Pregúntale qué puerta de la corte
Está más cerca de presillo ( Vase.)
Esc,
144 ANTOLOGÍA. líSCOLAH
P. JOSÉ FRANCISCO DE ISLA (1703-1781)
N'ovelista satírico, acertó á ridicu-
iizar con sin igual donaire á los
malos predicadores de su época Pue-
de mostrarse á la vez, como modelo
en el género epistolar.
H ALTEÁBASE el padre predicador mayor en lo mas
florido de la edad, esto es, en los treinta y tres
años cabales. Su estatura procerosa, robusta y
•corpulenta: miembros bien repartidos, y asaz simé-
tricos y proporcionados: muy derecho de andadura,
algo salido de panza, cuellierguido, su cerquillo
copetudo, y estudiosamente arremolinado : hábitos
siempre limpios y muy prolijos de pliegues, zapato
ajustado, y sobre todo su solideo de seda, hecho de
aguja, con muchas y muy graciosas labores, eleván-
dose en el centro una borlita muy airosa : obra toda
de ciertas beatas, que se desvivían por su padre
predicador. Hn conclusión, él era mozo galán, y
juntándose á todo esto una voz clara y sonora, algo
de ceceo, gracia especial para contar un cuentecillo,
talento conocido para remedar, despejo en las accio-
nes, popularidad en los modales, boato en el estilo,
y osadía en los pensamientos, sin olvidarse jamas de
sembrar los sermones de chistes, gracias, refranes, y
frases de chimenea encajadas con grande donosura,
no solo se arrastraba los concursos, sino que se
llevaba de calles los estrados.
Era de aquellos cultísimos predicadores, que jamas
citaban á los santos padres, ni aun á los sagrados
evangelistas por sus propios nombres, pareciéndoles
-que esta es vulgaridad. A San Mateo le llamaba el
HISFANO-ARGENTIXA. 145
A7tgel Historiador : á san Marcos el evangélico Toro:
á san Lucas el vías divino Pincel: á san Juan el
águila de Palmos: á san Jerónimo la Púrpura de
Belén : á san Ambrosio el Panal de los doctores : á
san Gregorio la alegórica Tiara. Pensar que al acabar
de proponer el tema de un sermón, para citar el
Evangelio y el capítulo de donde le tomaba, habia
de decir sencilla y naturalmente: /í?a«¿'j' capite décimo
tertio : Matthcei capite declino quarto, eso era cuento,
y le parecía que bastaría eso para que le tuviesen
por un predicador sabatino; ya se sabia que siempre
habia de decir: Ex evangélica lectio7ie Mattha:i vei
Joannis capite quarto décimo; y otras veces, para que
saliese mas rumbosa, la colocación : Quarto décimo
ex capite. ¡Pues qué! dejar de meter los dos deditos
de la mano derecha con garbosa pulidez entre el
cuello y el tapa-cuello de la capilla, en ademán de
quien desahoga el pescuezo, haciendo un par de
movimientos dengosos con la cabeza, mientras estaba
proponiendo el tema : y al acabar de proponerle, dar
dos ó tres brinquitos disimulados : y como para lim-
piar el pecho, hinchar los carrillos, y mirando con
desden á una y otra parte del auditorio, romper con
cierto ruido gutural entre estornudo y relincho. Esto,
afeitarse siempre que habia de predicar, igualar el
cerquillo, levantar el copete, y luego que hecha ó
no hecha una breve oración, se ponia de pié en el
pulpito, sacar con airoso ademan de la manga izquier-
da un pañuelo de seda de á vara y de color vivo,
tremolarle, sonarse las narices con estrépito, aunque
no saliese de ellas mas que aire, volverlo á meter
en la manga á compás y con armonía, mirar á todo
el concurso con depejo, entre ceñudo y desdeñoso, y
dar principio con aquello de sea ante todas cosas
bendito, alabado, y glorificado; concluyendo con lo
otro de en el primitivo instantáneo ser de su natural
animación ; no dejarla de hacerlo el padre predicador
mayor en todos sus sermones, aunque el mismo san
146 ANTOLOrxÍA KSCOLAR
Pablo le predicara, que todos ellos eran, por lo menos,
otras tantas evidencias de que allí no habia, ni migaja
de juicio, ni asomo de sindéresis, ni gota de ingenio,
ni sombra de meollo, ni pizca de entendimiento.
De Historia del famoso predicador Fray Gerundio de Campazas.
MANUEL JOSÉ QUINTANA (1772-1857)
Polígrafo eminente, demostró en
diversos ramos del humano saber,
con su hombría de bien, la profun-
didad de su talento. Fué coronad»
en vida.
HEROICIDAD DE QUZMAN EL BUENO EN TARIFA
ENTRE los personajes malvados que hubo en aquel
siglo, )' los produjo muy malos, debe distinguirse
el infante don Juan, de los hermanos del rey;
inquieto, turbulento, sin lealtad y sin constancia^
habia abandonado á su padre por su hermano, y
después á su hermano por su padre. En el reinado
de Sancho, fué siempre uno de los atizadores de la
discordia, sin que el rigor pudiese escarmentarle, ni
contenerle el favor. A cualquiera soplo de esperanza,
por vana y vaga que fuese, mudaba de senda y de
partido, no reparando jamas en los medios de conse-
guir sus fines, por injustos y atroces que fuesen:
ambicioso sin capacidad, faccioso sin valor, y digno
siempre del odio y del desprecio de todos los partidos.
Acababa el rey su hermano de darle libertad de la
prisión á que le condenó en Alfaro, cuando la muerte
del señor de Vizcaya, cuyo cómplice habia sido. Ni
HISPA NO-ARGKNTJ NA 147
el juramento que entonces hizo de mantenerse fiel^
ni la autoridad y consideración que le dieron en el
gobierno, pudieron sosegarle. Alborotóse de nuevo, y
no pudiendo mantenerse en Castilla, se huyó á Portu-
gal, de donde aquel rey le mandó salir por respeta
á don Sancho. De allí se embarcó, y llegó á Tánger,
y ofreció sus servicios al rey de Marruecos Aben
Jacob, que pensaba entonces hacer guerra al rey de
Castilla. Le recibió con todo honor y cortesía, y le
envió en compañía de su primo Amir al frente de
cinco mil ginetes, con los cuales pasaron el estrecho,.
y se pusieron sobre Tarifa.
Tentaron primeramente la lealtad del alcaide, ofre-
ciéndole un tesoro si les daba la villa; y la vil pro-
puesta fué desechada con indignación. Atácanla
después con todos los artificios que el arte y la
animosidad les sugirieron, mas fueron animosamente
rechazados. Dejan pasar algunos dias, y manifestanda
á Guzman el desamparo en que le dejan los suyos,.
y los socorros y abundancia que pueden venir á ellos,
le proponen que, pues habia hecho desprecio de las
riquezas que le daban, si él partía con ellos su tesoro,
descercarían la villa. < Los buenos caballeros, respon-
dió Guzman, ni compran ni venden la victoria. »
Furiosos los moros se aprestaban nuevamente al
asalto, cuando el inicuo infante acude á otro medio
mas poderoso para vencer la constancia del caudillo.
Tenia en su poder al hijo mayor de Guzman, que
sus padres le habían confiado anteriormente para que
le llevase á la corte de Portugal, con cuyo rey tenían
deudo. En vez de dejarlo allí, le llevó al África, y
le trajo á España consigo; y entonces le creyó ins-
trumento seguro para el logro de sus fines. Sacóle
maniatado de la tienda donde le tenia, y se le presentó
al padre, intimándole que si no rendía la plaza, le
matarían á su vista. No era esta la primera vez que
el infame usaba de este abominable recurso. Ya en
los tiempos de su padre, para arrancar de su obediencia
148 ANTOLOGÍA ESCOLAR
á Zamora, habia cogido un hijo de la alcaldesa del
alcázar, y presentándole con la misma intimación,
habia logrado que se le rindiese. Pero en esta ocasión
su barbarie era sin comparación mas horrible, pues
con la humanidad y la justicia violaba á un tiempo
la amistad, el honor y la confianza. Al ver el hijo,
al oir sus gemidos, y al escuchar las palabras del
asesino, las lágrimas vinieron á los ojos del padre;
pero la fé jurada al rey, la salud de la patria, la
indignación producida por aquella conducta tan exe-
crable, luchan con la naturaleza, y vencen, mostrándose
el héroe entero contra la iniquidad de los hombres
y el vigor de la fortuna. « No engendré yo hijo,
« prorumpió, para que fuese contra mi tierra; antes
< engendré hijo á mi patria para que fuese contra
« todos los enemigos de ella. Si don Juan le diese
« muerte, á mi dará gloria, á mi hijo verdadera vida,
« y á él eterna infamia en el mundo, y condenación
< eterna después de muerto. Y para que vean cuan
« lejos estoy de rendir la plaza, y faltar á mi deber,
« allá va mi cuchillo, si acaso les falta arma para
« completar su atrocidad. > Dicho esto, sacó el cuchillo
que llevaba á la cintura, le arrojó al campo, y se
retiró al castillo.
Sentóse á comer con su esposa, reprimiendo el dolor
en el pecho, para que no saliese al rostro. Entretanto
el infante, desesperado y rabioso, hizo degollar la
víctima, á cuyo sacrificio los cristianos que estaban
en el muro prorumpieron en alaridos. Salió al ruido
Guzman, y cierto de donde nacia, volvió á la mesa
diciendo : « Cuidé que los enemigos entraban en Tari-
fa. » De allí á poco los moros, desconfiados de allanar
su constancia, y temiendo el socorro que ya venia
de Sevilla á los sitiados, levantaron el cerco que
habia durado seis meses, y se volvieron á África sin
mas fruto que la ignorancia y el horror que su exe-
crable conducta merecía.
lya fama de aquel hecho llenó al instante toda
IIISPANO-ARGENTINA 149
España, y llegó á los oídos del rey, enfermo á la sazón,
en Alcalá de Henares; desde allí escribió á Guzman
una carta en demostración de agradecimiento por la
insigne defensa que habia hecho de Tarifa. Compa-
rale en ella á Abraham, le confirma el renombre de
Bueno, que ya el público le daba por sus virtudes;
le promete mercedes correspondientes á su lealtad,,
y le manda que venga á verle, escusándose de no
ir él á buscarle en persona por su dolencia. Don
Alfonso, luego que se desembarazó del tropel de
amigos y parientes, que de todas partes del reina
acudieron á darle el parabién y pésame de su hazaña^
vino á Castilla con grande acompañamiento. Salían
á verle las gentes á los caminos: señalábanle con el
dedo por las calles: hasta las doncellas recatadas
pedían licencia á sus padres para ir y saciar sus
ojos, viendo á aquel varón insigne que tan grande
ejemplo de entereza habia dado. Al llegar á Alcalá
salió la corte toda á su encuentro por mandado del
rey, y Sancho al recibirlo,, dijo á los donceles y
caballeros que estaban presentes: Aprended, caba-
lleros, á sacar labores de bondad ; cerca tenéis el
dechado. > A estas palabras de favor y de gracia
añadió mercedes y privilegios magníficos; y entonces
fué cuando le hizo donación, para sí y sus descen-
dientes, de toda la tierra que costea la Andalucía^
entre las desembocaduras del Guadalquivir y Gua-
delete.
De Vidas de Esj)añoles Célebres.
A LA EXPEDICIÓN ESPAÑOLA PARA PROPAGAR LA VACUNA EN AMERICA
FUAG.MENTO
¡ Virgen del uiiindo, América inocente !
Tú, que el preciado seno
Al cielo ostentas de al>undancia lleno
150 antología escolau
Y de apacible juventud la frente ;
Tú, que á fuer de mas tierna y mas hermosa
Entre las zonas de la madre tierra,
Debiste ser del hado,
Ya contra tí tan inclemente y fiero,
Delicia dulce y el amor primero ;
Óyeme : si hubo vez en que mis ojos
Los fastos de tu historia recorriendo
No se hinchasen de lágrimas ; si pudo
Mi corazón sin compasión, sin ira,
Tus lástimas oir ; ¡ ah ! que negado
Eternamente á la virtud me vea,
Y bárbaro y malvado,
€ual los que asi le destrozaron, sea.
Con sangre están escritos
En el eterno libro de la vida
Esos dolientes gritos
Que tu labio alligido al ciclo envia.
€laman allí contra la patria mía,
Y vedan estampar gloria y ventura
En el campo fatal donde hay delitos.
.¿ No cesarán jamas ? ,'. No son l)a;B(antes
Tres siglos infelices
De amarga espiacion ? Va en estos dias
No somos, no, los (pie á la faz del mundo
Las alas de la audacia se vistieron
Y por el ponto Atlántico volaron ;
Aquellos que al silencio en que yacías
Sangrienta, encadenada te arrancaron.—
(( Los mismos ya no sois, pero mi llanto
Por eso ha de cesar? Yo olvidaría
El rigor de mis duros vencedores :
Su atroz codicia, su inclemente saña
Crimen fueron del tiempo y no de España.
¿ Mas cuando ¡ ay Dios ! los dolorosos males
Podré olvidar que aun mísera me ahogan?
Y entre ellos... ¡ Ah ! venid á contemplarme,
HISPANO -A.HÜKNT1N.\ 151
Si el horror no os lo veda, einpon/.oñada
Con la peste fatal que á desolarme
De sus funestas naves fué lanzada.
Como en árida mies liierro enemigo,
Como sierpe que infesta y que devora,
Tal su ala abrasadora
üesde aquel tiempo se ensañó conmigo.
Miradla embravecerse, y cual sepulta
Allá en la estancia oculta
De la muerte mis hijos, mis amores.
Tened ¡ ay ! compasión de mi agonía
Los que os llamáis de América señores :
Ved que no basta á sjii furor insano
Una generación, ciento se traga ;
Y yo espirante, yerma, á tanta plaga
Demando auxilio, v le demando en vano.» —
ESTÉBANEZ CALDERÓN, (El Solitario) (1799-1867)
Uno de los i)r¡meros escritores de
costiiiiibres, deestilo pulcro y castizo,
afeado en ocasiones por su exagerado
purismo.
VIDAS PARALELAS
ES cierto que Plutarco tuvo á mano, para trazar
aquellos grandes cuadros y retratos, cuantos
datos había amontonado la docta antigüedad
sobre la vida, hazañas y rasgos heroicos de aquellos
grandes hombres; y que, por el contrario en nuestra
España, y para nosotros, sus sabios y escritores, no
se hallan más que dos solos archivos que consultar
para acometer con fruto semejante empresa, la Guía
152 ANTOLOGÍA ESCOLAR
de forasteros y los romances de los romanceros de
esquina. Aunque á vista primera puedan parecer
discordantes, y aun opuestos estos dos depósitos, si
no tesoros de curiosidades y arcanos históricos, nadie
en verdad, podrá negarles expresa autoridad y uti-
lidad de tomo y lomo.
Aquélla, con un solo dictado, con un nombre o
pronombre ensanchado y guarnecido con las costras,
superfetaciones y excrescencias y titulones, titulillos
y retintines, epílogo compendio, pero solemnemente,
siempre pregona cien hazañas, diez provincias res-
tauradas, otras tantas plazas tomadas de asalto, cuatro
jornadas navales, y en otro orden de cosas, cien
problemas magistralmente resueltos, así en las cien-
cias exactas como en la política y en la filosofía, y
no hablemos de lo que se llamó moral y aritmética
digital (que todo es uno), porque eso es la mapa.
Pero en cuanto á los romances nada hay que decir,
porque ello mismo se canta, sintiéndose y perci-
biéndose y casi palpándose el hilo invisible y mag-
nífico que une y muda con los susodichos romances
la Guía de forasteros. El de Galalón, el de Vellida
Belfos^ y el de Valdobinos y Carloto fueran parte
bastante por tal demostración, si el romance del que
llevó el diablo á cuestas no nos enseñara, y aquí muy
cómicamente por cierto, que el Artero vence siempre
al caballero, y que no hay más sabio saber que ha-
cer del contrario dominguillo y escabel.
Pero de estas dos fuentes y orígenes de nuestra
historia nacional, la Guia de forasteros y los roman-
ces, fiamos el cuidado de enriquecer y dar caudal
á la primera al curso progresivo de los años, ence-
rrándose por ahora nuestro empeño y laborioso afán
en dar alimento y creces á los segundos, formando
una biografía de varones célebres y de hombres
famosos y afamados, que, sin embargo, salieron del
pueblo, y de tener ó que tuvieron vecindad y feli-
gresía en la sola demarcación, entre los términos, y
lIISPANü-AIiGENTlNA 15^
sin salir de los ruedos del mismo pueblo, todo el
mundo los olvida, porque la antigua aristocracia, si
los alimentaba, los descuidaba, y la flamante no-
bleza los mata de hambre por no tener que cuidarse
de ellos.
Bien quisiéramos nosotros encomendar á la me-
moria estas crónicas y hazañas por el registro, y
son con que se cantaba la historia de D. Birlos y
del ^Marqués de IMantua y otras ciento, pero ainda
que somos de piedra berroqueña, para esto de hacer
versos, las circunstancias del siglo, que no es un
hombre grande como se diría antaño, sino un hom-
bre serio, como se dice en. las cortes y en Francia,
reciben con desabrimiento y aun con enfado todo
lo que no venga lozaneándose á los oídos ó á la
inteligencia en los menos compases y cláusulas de
la majestuosa prosa que todos solfeamos en el día.
Por ello nuestros dos candidatos de ahora, pero
con seguridad futuros héroes de nuestra historia,
Cobaleda y D. Manuel del Bosque, habrán de con-
tentarse, si en vez de ditirambos y versos pindáricos^
medida todavía corta para lo que requieren sus he-
chos estupendos, encuentran solo en su alabanza
una charla prosaica, relación de ciego sin la osten-
tación y arrogancia y sin el chicucbiii^ redoblante y
platillos de la poesía al uso. Pero no frunzáis el
ceño, ni os afuféis por eso, ¡ oh antorchas, oh lu-
minares de nuestros fastos marítimos y terrestres !!I
Pwl solícito celo suplirá la cortedad de los medios
de nuestra elocuencia, y lo ancho de la voluntad
corregirá lo angosto y encanutado de las facultades
de nuestra locuela. A buen seguro que el encomio
y la alabanza quedan de talle bajo y chiquititos de
cuerpo. Tenemos á la vista cien modelos del género
oficial y literatesco ( todo conterhporáneo ), á cuyo
son y compás os cantaremos, os alabaremos y os
trompetearemos de modo tal, que vuestros mismos
rivales se sequen y requemen de pura envidia.
154 ANTOLOr.ÍA ESCOLAR
Pero alto y parar, tate y tente en el aire, y el
abogado de los imposibles nos asista y coadyuve,
j Qué crisis, qué problema, qué dificultad !!! ¿ Cual de
los dos paladines, el aguado o el terráqueo, alcan-
zará el honor, el privilegio de encabezar la letanía,
de ser el primer retrato de nuestra galería de hom-
bres célebres? El poner en aspas dos nombres cru-
zados y á modo de rosa náutica como se acostumbra
con los pronombres y cognombres de las domias
di primo cartcUo, fuera medio excelente y zancadilla
ingeniosa para hurtar el cuerpo al conflicto, y sin
dar prioridad á ninguno dejar á los dos héroes, á
las dos temidas divinidades, á Marte y Neptuno, á
Neptuno y Marte, en una palabra, á Cobalcda yD. Ma-
nuel del Bosque, á cada cual en su olímpica esfera
girando libremente sui juris, con independencia ab-
soluta y acabada, sin encontrarse ni tropezarse y
sin reconcomios de envidia del uno para el otro.
Mas esta traza diplomática, medio manual y ha-
cedero, tratándose de solos dos nombres, de dos ó
más frasecillas ó aforismos, nos fuera de imposible
ejecución tratándose de obra mayúscula, como halo
de ser ésta, manojo de historias ejemplares, de vidas
paralelas, en que las razones han de venir por ris-
tras, las palabras por herpiles y las páginas por
millaradas. Enmarañaríase tal madeja de renglones
y de frases, que para la vista todo fuera una cifra
arabesca y enrevesada, y para la inteligencia un logo-
grifo sin clave ni explicación. Para tales preciosi-
dades suficit y basta á veces la perla del gobierno,
y sobre todo y siempre el comento, las ilustraciones,
los reglamentos y las instrucciones deliciosas con
que las ornamentan y explanan y amplifican la agra-
dable variedad de direcciones, juntas y congregacio-
nes que han traído y traen abobado, embobado y
jorobado al público español alias Bartolo. Ellas son
sirenas de la misma especie, cuya blandura y buen
atildamiento de palabras y razones se ajustan, como
IIISPANÜ-ARGENTINA 155
anillo al dedo, con la llaneza, equidad y buena fe
•de sus disposiciones, interpretaciones, capítulos, ad-
minículos y articulados. Pero la mar nos llama, las
escuadras nos hacen seña,
V nos anuncia la partida
(^on estrépito el cañón,
como cantó Arriza, sino la voz tonante del Almirante
de los Almirantes, del Neptuno verdaderamente en-
cuirino, de Conil, Málaga y la Carrara, de Cobaleda,
€n fin, pez marino, Nicolás moderno, cañón de co-
lisa de á treinta y seis, y Pichincha de la mar, pero
€on forma humana é inteligencia náutica y fuerza y
potencia suficiente para echar a pique con el dedo
meñique un navio de tres puentes, y de abrasar con
su vista encendida todas las armadas del mundo,
sin excluir las combinadas de Sebastopol, si nuestro
héroe viviera...
RAMÓN DE MESONERO ROMANOS. (1903-1882^
líscritor (le costiiinl)res, se distin-
gue por su naturalidad y sencillez.
Su estilo, siempre movido, es sim-
pático y castizo.
LOS ARTISTAS
LA palabra Artista es el tirano del siglo actual.
En lo antiguo había pintores, escultores, arqui-
tectos, comediantes y aficionados. Hoy sólo hay
Artistas; y en esta clasificación entran indiferente-
mente desde el pincel de Apeles hasta el puchero
■en cinto; desde el cincel de Fidias, hasta las alca-
156 ANTOLOGÍA ESCOLAR
rrazas de Andujar; desde el compás de Vitruvio,
hasta el cuezo del albañil.
El que enciende las candilejas en el teatro, Ar-
tista; el motilón que echa tinta en los moldes^
Artista también; el que inventó las cerillas fosfóricas
distinguido Artista; el que toca la gaita ó el que
vende aleluyas, Artistas populares ; el herrador de
mi calle, Artista veterinario; el barbero de la esquina,^
Artista didascálico ; el que saluda á Esquivel ó quita
el tiempo á Villaamil, Artista de entusiasmo ; el que
lee el Laberinto ó el Semanario, los socios del Liceo-
ó del Instituto, los que asisten á los toros ó al teatro,»
los que forman corro al rededor de la murga, Artis-
tas de afición; el perro que baila, el caballo que ca-
racolea, el asno que entona su romanza... Artistas,
Artistas de escuela.
Entre tanto, como todo el mundo es artista, los
artistas no tienen que comer, ó se comen unos á
otros, — El clero y la nobleza que antes les soste-
nían, están ahora muy ocupados en buscar donde
sostenerse. — La grandeza metálica de los Fúcares
modernos está por las artes de movimiento; prote-
gen la polka y la tauromaquia, las diligencias y los
barcos de vapor. En sus flamantes salones no quiere
estatuas, sino buenas mozas, sus libros son el Libro
mayor y el Libro diario; sus conciertos el ruido del
aurífero metal. Cuando más, y para satisfacer su
amor propio, se hacen retratar por el pintor, coma
se hacen vestir por el sastre, de cuerpo entero, y
todo lo más elegante posible, cuidando de que el
marco sea magnífico y de relumbrón — Para ameni-
zar los salones, basta con las estampas del Telémaca
ó las vistas de la Suiza.
El artista entre tanto, desdeñado por la fortuna,
camina á la inmortalidad por la vía del hospital ;
y se sube á una buhardilla con pretesto de buscar
luces; allí se encierra mano á mano con su inde-
pendencia, y se declara hombre superior y genio
HISP ANO-A UÜENTIXA. 157
elevado : descuida los atavíos de su persona por ha-
cer frente á las preocupaciones vulgares; y osten-
tando su escentricidad y porte exótico é inverosímil,
se deja crecer barbas y melenas, únicos bienes raí-
ces de que puede disponer. Desdeña la crítica pe-
riodística por incompetente; la autoridad del maes-
tro por añeja; los consejos de los inteligentes por
parciales y enemigos; y con una filosofía estoica,
responde á la adversidad con el sarcasmo, á la for-
tuna con el más altivo desden. Por último, cuando
se permite una invasión en el campo de la política,
adopta las ideas más exageradas, y es partidario de
las instituciones democráticas, que han acabado con
las clases que antes le sostenían, y sustituido las
artes liberales por otras, también artes; y liberales
también.
JOSÉ M.A DE LARRA Ü809-1837)
Novelista, y critico de amarga iro-
nía e incisivo lenguaje, dejó en la
literatura española, huella luminosa,
que lejos de obscurecerse brilla cada
dia con mayor intensidad.
EL CASTELLANO VIEJO
FRAGMENTO
USTEDES harán penitencia, señores, exclamó el
Anfitrión una vez sentado ; pero hay que ha-
cerse cargo de que no estamos en Genieys;
frase que creyó preciso decir. Necia afectación es
ésta, si es mentira, dije yo para mí; y si es verdad,
^ran torpeza convidar á los amigos á hacer peni-
158 ANTOLOGÍA ESCOLAR
tencia. Desgraciadamente no tardé mucho en cono-
cer que había en aquella expresión más de la que
mi buen Braulio se figuraba. Interminables y de mal
gusto fueron los cumplimientos con que para dar y
recibir cada plato nos aburrimos unos a otros. —
Sírvase usted — Hágfame usted el favor. — De nin-
guna manera — No lo recibiré — Páselo usted á la
señora. — Está bien ahí. — Perdone usted. — Gracias. —
Sin etiqueta, señores, exclamó Braulio, y se echó el
primero con su propia cuchara. Sucedió á la sopa
un cocido surtido de todas las sabrosas impertinen-
cias de este engorrosísimo, aunque buen plato ; cruza
por aquí la carne; por allá la verdura; acá los gar-
banzos; allá el jamón; la gallina por derecha; por
medio el tocino; por izquierda los embuchados de
Extremadura. Siguióle un plato de ternera mechada^
que Dios maldiga, y á éste otro, y otros, y otros;
mitad traídos de la fonda, que esto basta para que
excusemos hacer su elogio, mitad hechos en casa
por la criada de todos los días, por una vizcaína
auxiliar tomada al intento para aquella festividad^
y por el ama de la casa, que en semejantes ocasio-
nes debe estar en todo, y por consiguiente suele na
estar en nada.
— Este plato hay que disimularle, decía ésta de
unos pichones; están un poco quemados. — Pero,
mujer... — Hombre, me aparté un momento, y ya
sabes lo que son las criadas. — Qué lástima que este
pavo no haya estado media hora más al fuego ! se
puso algo tarde. — ¿ No les parece á ustedes que está
algo ahumado este estofado? — ¿Qué quieres? Una
no puede estar en todo. — i Oh, está excelente, ex-
clamábamos todos dejándonoslo en el plato; exce-
lente ! — Este pescado está pasado. — Pues en el
despacho de la diligencia del fresco dijeron que aca-
baba de llegar; ¡el criado es tan bruto!- — ¿De dón-
de se ha traído este vino? — En eso no tienes razón,
porque es... — es malísimo. — Estos diálogos cortos
HISPANO-ARGKNTINA ISD'
iban exornados con una infinidad de miradas furti-
vas del marido para advertirle continuamente á su
mujer alguna negligencia, queriendo darnos á en-
tender entrambos á dos que estaban muy al co-
rriente de todas las fórnmlas que en semejantes
casos se reputan en finura, y que todas las torpezas
eran hijas de las criadas, que nunca han de apren-
der á servir. Pero estas negligencias se repetían,
servían tan poco ya las miradas, que le fué preciso
al marido recujrir á los pellizcos y á los pisotones ;
y ya la señora, que á duras penas había podido
hacerse superior hasta entonces á las persecuciones
de su esposo, tenía la faz encendida y los ojos llo-
rosos. — Señora, no se incomode usted por eso, le
dijo el que á su lado tenía. — ¡Ah! les aseguro á
ustedes que no vuelvo á hacer estas cosas en casa ;
ustedes no saben lo que es esto ; Otra vez, Braulio,
iremos á la fonda, y no tendrás... — Usted, señora
mía, hará lo que... — ¡ Braulio ! ¡ Braulio ! Una tor-
menta espantosa estaba á punto de estallar; empero
todos los convidados á porfía probamos á aplacar
aquellas disputas, hijas del deseo de dar á entender
la mayor delicadeza, para lo cual no fué poca parte
la manía de Braulio y la expresión concluyente que
dirigió de nuevo á la concurrencia acerca de la inu-
tilidad de los cumplimientos, que así llama él al
estar bien servido y al saber comer. ¿ Hay nada más
ridículo que estas gentes que quieren pasar por finas
en medio de la más crasa ignorancia de los usos
sociales, que para obsequiarle le obliguen á usted á
comer y beber por fuerza, y no le dejan medio de
hacer su gusto? ¿Por qué habrá gentes que sólo
quieren comer con alguna más limpieza los dias
de dias?
A todo esto, el niño que a mi izquierda tenía ha-
cia saltar las aceitunas á un plato de magras con
tomate, y una vino á parar á uno de mis ojos, que
no volvió á ver claro en todo el dia ; y el señor
160 ANTOLOGÍA liSCOLAH
gordo de mi derecha había tenido la precaución de
ir dejando en el mantel, al lado de mi pan, los
huesos de las suyas, y los de las aves que habia
roido; el convidado de enfrente, que se preciaba de
trinchador, se habia encargado de hacer la autopsia
de un capón, ó sea gallo, que esto nunca se supo,
fuese por la edad avanzada de la víctima, fuese por
los ningunos conocimientos anatómicos del victi-
mario, jamas parecieron las coyunturas. — Este capón
no tiene coyunturas, exclamaba el infeliz sudando y
forcejeando, más como quien cava que como quien
trincha. ¡ Cosa más rara ! En una de las embestidas
resbaló el tenedor sobre el animal, como si tuviera
escamas, y el capón violentamente despedido, pare-
ció querer tomar su vuelo como en sus tiempos
más felices, y se posó en el mantel tranquilamente
<:omo pudiera en un palo de un gallinero.
FRANCISCO MARTÍNEZ DE LA ROSA- (1787 7-1862)
A este poeta, novelista, «Iramatur-
go y orador, le cabe la gloria de ser
uno de los mas fervientes partidarios
del romanticismo Su estilo, ampu-
loso en ocasiones, muéstrase en otras
sencillo V natural.
LA ALHAMBRA
Venid á mis voces, doncellas herniosas
Que holláis la ribera del Dauro y Genil,
Venid coronadas de sándalo y rosas,
Mas puras, mas frescas que el aura de Abril.
Flotando en la espalda los negros cabellos,
-Los ojos de fuego, los labios de miel,
HI.SPANO-AHGEMINA . KU
La tiiuica siiella, desnudos los cuellos,
Cantando de amores seguidme al vergel...
Amor resonaron las grutas del rio ;
Amor en las selvas cantó el ruiseñor :
Amor las montañas, el bosque sombrío,
La tierra, los cielos repiten amor.
Y allá en el Alcázar, orgullo del moro,
Uue ya de tres siglos la mano arruinó,
Hodando en los muros de mármoles y oro.
Un sordo murmullo de amor resonó...
¿ Qué se hi/.o su gloria, su pompa, su encanto.
Los triunfos y empresas de tanto galán?
¿ Las cañas y tiestas, la música y canto,
Jardines y baños y fuentes dé están?
El jaspe ya cubren abrojos y espinas ;
Do rosas crecieron, la zarza se vé;
A llanto provocan las míseras ruinas;
Los rotos escombros detienen el pie...
¡ Ayl Ninfas del Dauro, venid á mis voces ;
Mirad cual fenecen la gloria y beldad :
Y en tanto (|ue vuelan las horas veloces.
fie amor las dulzuras, la dicha gozad !
DISCURSO
KllAGME.NTO
¡ Cuan grande, Aurelio, se presenta el hombre,
i\o de indignas pasiones vil esclavo,
Como el cautivo en la africana costa
Al suelo con cien grillos amarrado.
Sino libre y audaz, con noble orgullo
Las alas de su mente desplegando.
De recorrer ansioso en raudo vuelo
La tierra, el cielo, el tiempo y el espacio!...
162 ANTOLOGÍA KSCOLAU
Al par abaica la creación inmensa :
Sigue veloz el curso de los astros ;
Puebla el ruar, surca el aire, el globo mide ;
Nueva senda al oriente busca osado;
Y apenas la descubre, otra ambiciona,
Y encuentra un mundo en el opuesto ocaso.
Aun aquellos esludios, caro amigo,
Que el ignorante vulgo juzga vanos,
Quizá en su seno la semilla encierran
De los frutos mas ricos y preciados ;
Cual nacer suele corpulenta encina
üe ruin bellota que arrojó el acaso.
El (|ue observó la fuerza y el impulso
De impalpable vapor encarcelado,
Las alas de los vientos dio á la industria,
Movió sin ellos las pesadas naos ;
Y otro débil mortal, en pobre albergue
De la ciega fortuna desdeñado,
Al sacar de un cristal leve destello,
Desarmó ai cielo y le arrancó su rayo.
En nuestra propia edad, con nuestros ojos
Tales pórtenles vemos : asombrados
El campo contemplamos recorrido
Desde la infancia del linage humano :
Y otro mayor, sin limites, inmenso.
Mas allá de los siglos columbramos !
HISI'ANO-AHGKXUXA jg^
DUQUE DE RIVAS (1791-1865)
Inspirado poeta épico, fué el dra-
niaU.rgo romántico por excelencia
abriendo al teatro español nuevos v
dilatados horizontes. Sus romances
son de factura impecable.
UN CASTELLANO LEAL
I
" Hola, liidai^os y escuderos
l^e mi alcurnia y mi blasón,
Mirad como bien nacidos
I>e mi sangre y casa en pro,
« Esas puertas se defiendan,
Que no ha de enlrar, vive Dios,
Por ellas (juien no estuviese
Más limpio que lo está el sol.
«No profane mi palacio
Un fementido traidor.
Que contra su rey combate
V que á su patria vendió.
« Pues si él es de reyes primo,
Primo de reyes soy yo ;
y Conde de Bena vente,
'Si él es Duque de Horboii ;
« Llevándole de ventaja,'
QtK' nunca jamas manchó
La traición mi noble sangre,
V haber nacido espai'iol. »
Asi atronaba la calle
Una ya cascada voz,
164 ANTOLOGÍA ESCOLAR
Qiie de un palacio salia,
Cuya puerta se cerró ;
Y á la que estaba á caballo
Sobre un negro pisador,
Siendo en su escudo las lises,
Más bien que timbre, baldón ;
Y de pajes y escuderos
Llevando un tropel en pos,
Cubiertos de ricas galas,
El gran Duque de Borbon ;
El que lidiando en Pavía.
Más que valiente, feroz,
Gozóse en ver prisionero
A su natural señor,
Y que á Toledo ha venido,
üíano de su traición.
Para recibir mercedes
Y ver al Emperador.
En una anchurosa cuadra
Del alcázar de Toledo,
Cuyas paredes adornan
Ricos tapices ílamencos,
Al lado de una grau mesa
Ouo cubre de terciopelo
Napolitano tapete
Con borlones de oro y llecos ;
Ante un sillón de respaldo.
Que entre bordado arabesco
Los tind)res de España ostenta
Y el águila del imperio.
De pié estaba Carlos (|uinlo,
Que de tspaña era primero.
Con gallardo y noble talle,
Con noble y tran(|uilo aspecto.
IIISl'ANO-AHdKNTINA
l>e br()cado de oro y blanco
Viste tabardo tudesco;
De rubias martas orlado.
Y desabrochado y suelto;
Dejando ver un justillo
De raso jalde cubierto.
Con primorosos bordados
Y costosos sobrepuestos ;
Y la excelsa y noble inslirnia
Del Toisón de Oro pendiendo
De una preciosa cadena
Kn la mitad de su pecho.
Un birrete de velludo
Con un blanco airón, suJQto
Por un joyel de diamantes
Y un antiguo cauíafeo.
Descubre por aud)os lados.
Tanta majestad cubriendo.
Uubio cual barba y bi,í,'ole.
Bien atusado el cabello.
Apoyado en la cadena
La potente diestra ha puesto,
(Mío aprieta dos guantes de ámbar
Y un primoroso mosipiero ;
V con la siniestra halaga
De un mastin muy corpulento.
Blanco, y las orejas rubias,
Kl ancho y carnoso cuello.
(>on el condestable insigne.
.Apaciguador del reino.
De los pasados disturbios
Acaso está discurriendo;
O del trato (jue dispone
Con el rey de Francia preso,
O de asuntos de Alemania.
.Agitada por Lulero ;
(Cuando un tropel de cíiballos
Oye venir á lo lejos,
165
166 ANTüI.OCiÍA JiSCOLAK
Y ante el alct'izai- pararse,
Oiiedando todo en silencio.
Kn la antecámara suena
Humor impensado liiéí^o ;
Alzase al lin la mampara
Y entra el de Borbon soberbio.
Con el semblante de azufre
Y con los ojos de íue<¿o.
Bramando do ira- y de rabia
Que enfrena mal el respeto.
Y' con balbuciente lengua
Y' con mal borrado ceño,
Acusa al de Beuavente
Un desagravio pidiendo.
Del español Condestable
Latió con orgullo el pecho.
Ufano de la entereza
üe su esclarecido deudo.
Y aunque advertido procura
Disimular cual discreto,
A su noble rostro asoman
La aprobación y el contento.
líl Lmperador un punto
Quedó indeciso y suspenso.
Sin saber qué responderle
Al francés de enojo ciego.
Y' aunque en su interior se goza
Con el proceder violento
Del Conde de Benavoiitc,
De altas esperanzas lleno
Por tener tales vasallos.
De noble lealtad modelos,
Y' con los que el ancho muudo
(ioza á sus glorias estrecho ;
Mucho al de Horbou le debe,
Y' es fuerza satisfacerlo,
Le ofrece para calmarlo
Un desagravio completo ;
HISHANO-AHíiKNTINA 167
Y llamaiulo ;i un j^íintil — lioiiiltre.
Con el senibhinle sevoro
Manda qiio ol do Benavente
Venira á su presencia preslo.
I II
Sostenido por sus pajes
Desciende de la litera
El Conde de Benavente
Del alcá/ar á la puerta.
Era un viejo respetable,
Cuerpo enjuto, cara seca,<
Con dos ojos como chispas.
Cargados de largas cojas ;
Y con semblante muy noliie.
Mas do gravedad tan seria,
Que veneración de lejos
Y miedo causa de cerca.
Eran su traje unas calzas
De púrpura de Valencia,
Y do recamado ante
Un coleto á la leonesa.
De lino lienzo gallego
Los fíuños y '« gorguera.
Unos y otros guarnecidos
(^.on randas barcelonesas.
Un birrete de velludo
Con su cintillo de- perlas,
Y el gabán de paño verde
Con alamares de seda.
Tan sólo de Calatrava
La insignia española lleva,
Que ei Toisón lia despreciado
Por sor orden extranjera.
Con paso tardo, aun(|ue (irme
Sube por las escaleras.
168 ANTOI>OGÍA ESCOLAU
Y al verle, las alabardas
Un golpe dan en la tierra :
Golpe de honor y de aviso
De (|ue en el alcázar entra
Un grande, á quien se le debe
Todo honor y reverencia.
Al llegar á la antesala.
Los pajes que están en ella
Con respeto le saludan
Abriendo las anchas puertas.
Con grave paso entra el Conde,
Sin que otro aviso preceda.
Salones atravesando,
Hasta la cámara regia.
Pensativo está el monarca
Discurriendo cómo pueda
Componer aquel disturbio
Sin hacer á nadie ofensa.
Mucho al de Boibon le debe.
Aun mucho más de él espera,
Y al de Benavente mucho
Considerar le interesa.
Dilación no admite el caso,
No hay quien dar consejo pueda,
Y Villalar y Pavia
A un tiempo se le recuerdan.
En el sillón asentado,
\ el codo sobre la mesa,
Al personaje recibe.
Que comedido se acerca.
Grave el Conde lo saluda
<;on una rodilla en tierra,
Mas, como grande del reino,
Sin descubrir la cabe/.a.
Kl Kn)perador, benigno.
Que alce del suelo le ordena,
Y la plática difícil
Con sagacidad empieza.
HISPA \()-AK(ii:\Ti\A 1(59
Y onlrc sereno y afable
Al rabo le iiianiliesla,
Que es el que ;i Borhou aloje
Voluntad suya resuella.
Con res|)elo uuiy profimdo.
Pero con la voz en lera,
Hcspóndele nenaventc
Dcstoeando la cabeza :
«Soy, señor, vuestro vasallo,
Vos sois mi rey en la tierra :
A vos ordenar os cumple
I»e mi vida y de mi hacienda.
« Vuestro soy, vuestra mi casa.
De mi disponed y de ella',
Pero no loquéis n)i honra
Y respetad mi conciencia.
«Mi casa IJurbju ocu|)e
Puesto (^ue es voluntad vuestra,
Contamine sus paredes.
Sus blasones envilezca ;
« One á mi ukí sobra en Toledo,
Donde vivir, sin que lenga
Que rozarme con traidores
Cuyo sólo aliento infesta.
« Y en cuanto i'l deje tui casa.
Antes de tornar yo á ella.
Purificaré con fuego
F.as paredes y las puertas.»
Dijo el Conde, la real mano
liesó, cubrió su cabeza,
V retiróse bajando
A do estaba su litera.
Y á casa de un su pariente
.Mandó que le eondujeran,
AI>andonando la suya
(-on cuanto dentro se encierra.
Quedó absorto Carlos ((uinlo
De ver tan noble firmeza,
170 ANTOI.OdÍA KSCOLAU
Estimando la de Kspaña
Más (|iio la imperial diadoiDa.
IV
Muy pocos dias el Duque
Hizo mansión en Toledo.
Del nobl<» Conde ocupando
Los honrados aposentos.
Y la noche en que el fialacio
Dejó vacío, partiendo
Con su séquito y sus pajes
Orgulloso y satisfecho,
Turbó la apacible luna
ün vapor blanco y espeso,
Que de las altas techumbres
Se iba elevando y creciendo.
.A poco rato tortióse
Kii humo confuso y denso.
Que en nubarrones oscuros
Ofuscaba el claro cielo ;
Dosi)ues en ardientes chispas,
' Y en un res|)landor horrendo
Que iluminaba las calles
dando en el Tajo retlejos,
Y al lin su furor mostrando
En embravecido incendio
Que devoraba altas torres
Y derrumbaba altos techos.
Resonaron las campanas.
Conmovióse todo el pueblo,
De Benavente el palacio
Presa de las llamas viendo.
El Emperador, confuso.
Corre a procurar remedio,
En atajar tanto daño
Mostrando tena/ empeño.
HISl'ANO-AlUiKNTINA 171
En vano todo ; trabóse
Tantas riquezas el fuego,
A la lealtad castellana
Levantando un uionunuMilo.
Aun hoy unos viejos muros
Del luimo y las llanias negros,
Recuerdan acción tan grande
Kn la famosa 'i'oledo.
ANTONIO GARCÍA GUTIÉRREZ (1813-1884
Autor dramático de rohiisla inspi-
ración, gran cotiocedor de los recur-
sos teatrales, y poeta de suave y
encantadora dicción.
EL TROVADOR
Ks'cena TV
Leonor, ¡Vlaiiricjue (Rebozado)
Leonor. ¡ Manrique ! ¿eres tii ?
Manrique. Yo. si...
no tembléis.
Leonor.
No tiend)lo yo ;
mas si alguno entrar te vio...
Nadie.
Leonor
¿ Qué buscas aqui ?
¿í|ué buscas V... ¡ ali ! j por piedad !...
.Manri(jue
¿ Os pesa de mi venida '.'
.Manrif|ue.
172 - ANTOLOGÍA ESCOLA H
Leonor
No, Manriquo, por mi vida ;
¿me buscáis a mi, es verdad ?
Si, si... yo apenas pudiera
tanta ventura creer ;
¿ lo ves ? lloro de placer.
Manrique
¡ Ouién, perjura, te creyera !
Leonor
¿ Perjura?
Mijiirique
Mil veces, si...
mas no pienses que, insensato,
a obliiSíar a un pecho ingrato,
a implorarte vine aqui.
No vengo lleno de amor,
cual un tiempo...
Leonor
Vlauriiiiie
Desdichada !
;. Tentbiais ?
Leonor
No. no tengo nada...
mas temo vuestro furor.
¡Quién dijo, Manrique, quién,
(jue yo olvidarle pudiera
infiel, y tu amor vendiera,
tu amor, que es sólo mi bien !
¿Mis lágrimas no bastaron
a arrancar de tu razón
esa funesta ilusión ?
Manrique
Harto tiempo me engañaron.
Demasiado te crei
HISPANO-AUGENTINA 173
mientras tierna me halagabas
y. pérfida, me eiigafial)as.
i Qué necio, que necio fui !
Pero no, no impunemente
gozarás de tu traición...
yo partiré el corazón
de ese rival insolente.
¡ Tus lágrimas ! ¿ yo creer
pudiera, Leonor, en ellas,
cuando con tiernas (|neri-llas
a otro halagabas ayer?
j No te vi yo mismo, di !
Leonor
Si, pero juzgué engañada
que eras ti'i : con voz pausada
cantar una trova oi.
Era tu voz, tu laúd,
era el canto seductor
de un amante trovador,
lleno de tierna inquietud.
Turbada perdí mi calma,
se estremeció el corazón,
y una celeste ilusión
me abrasó de amor el alma.
Me pareció que te via
en la oscuridad proiunda ;
que a la luna moribunda
tu pena" ho dtscubria.
Me figuré verte allí
con melancólica frente.
suspirando tristemente,
tal vez, Manrique, por mi.
No me en.s;añaba... un temblor
me sobrecogió un instante...
era sin duda mi amante,
era ¡ ay Dios ! mi trovador.
174 ANTOLOGÍA liSCOLAH
Manrique
Si fuera verdad, mi vida,
y mil vidas que viviera,
ángel hermoso, te diera.
Leonor
¿ No te soy aborrecida ?
Manrique
¿. Tú, Leonor ? ¿ pues por (juién
asi en Zaragoza entrara,
por quién la muerte arrostrara
sino por ti, por mi bien?
¡ Aborrecerte ! ¿quién pudo
aborrecerte Leonor ?
Leonor
¿No dudas ya do mi auior,
Manrique ?
Manrique
No. ya no dudo.
Ni asi i)udiera vivir :
¿ me amas, es verdad ? lo creo,
porque creerte deseo
para amarte y existir,
porque la muerte me fuera
más grata que tu desden.
Leonor
Trovador !
Manrique
No más ; ya es bien
(|ue parta.
Leonor
.Manrique
Hoy no, muy tarde será.
¿ No vuelvo a verte ?
Fiisi>A\()-AU(ii-:Nri\A 175
I.eoiior
,". Tan |»ronlo te marchas?
Manri(|iie
Hoy :
ya se sabe que aqiii estoy ;
tuiscándome están (|ii¡z!i.
Looiior
Sí, vete.
Manri(|iie
Muy pronto liel
me verás, Leonor, mi gloria,
cuando el cielo dé victoria
a las armas del de Ürgel.
Hctirafe... viene alguno.
Leonor
Mcinriíiue
LeoiKjr
¡ Ks el conde !
Vete
; Cielos !
Müiir¡(|ue
Mal os curasteis, miís celos...
¿ qué busca a(|ui este importuno ?
JUAN EUGENIO HARTZENBUSCH (1806 -1880)
(>oiiio ()ranuitiirgo dejó una obra
inmortal; como escrilor y crítico»
páginas ({iieson verdaderos modelos
de lenguaje.
Mahsii.la Mi nombre es Diego Marsilla,
Y cuna Tei iiel n)e dio.
17(} ANTOI.OGÍA-HSCOI.AK
Pueblo (|iic ayer se (undó
Y es hoy poderosa villa,
(aiyos muros, enire horrores
De lid atroz levantados,
Fueron con sangre amasados
De sus fuertes pobladores.
Yo creo que al darme ser
Quiso formar el Señor,
Modelos de puro amor,
Un hombre y una mujer ;
Y para hacer la igualdad
De sus afectos cumplida.
Les dio un alma en dos partida
Y dijo : vivid y amad.
Al son de la voz creadora
Isabel y yo existimos,
Y ambos los ojos abrimos
Kn un dia y una hora.
Desde los años más tiernos
Fuimos ya tiernos amantes ;
Desde que nos vimos... antes
Nos amábamos de vernos ;
Por(|ue el amor principió
A enardecer nuestras almas
Al contacto de las palmas
De Dios cuando nos crió ;
Y asi fué nuestro querer.
Prodigioso en niña y niño,
Encarnación del cariño,
Anticipado al nacer.
Seguir Isabel y yo
Al triste mundo arribando,
Seguir con el cuer[)o amando
Como el espíritu amó.
7ulima Inclinación tan igual
Sólo dichas pronostica.
Mars. Soy pobre, Isabel es rica
Zu\. (Ap. ) Resi)iro.
MISI'ANO-AHCKNTINA 177
Mars. Tuve un rival.
Zul. ¿Si?
Mars. Y opulento.
Zul. V bien... ?
Mars. Hizo
Alarde do su rique/a.
Zul. ¿Y que, rindió la fiíme/a
De Isabel ?
Mars. Es poco hechi/o
El oro para quien ama.
Su padre, si, deslumhrado...
Zul. ¿ Tu amor dejó desairado,
Privándote de tu dama ?
Mars. Le vi, mi pasión habló .
Su fuerza exhalando toda,
Y, suspendida la boda.
Un plazo se me otorgó.
Para qííe mi esfuerzo activo
Juntara un caudal honrado.
Zul. ¿ Es ya el término pasado '?
Mars. Señora, ya ves... aun vivo.
Seis años y una semana
Me dieron : los años ya
Se cumplen hoy ; cumplirá
El primer dia ujañana.
Zul. Sigue.
Mars. Un adiós á la hermosa
Üí, que es de mis ojos luz,
Y combatí por la cruz
En las Navas de Tolosa.
Gané con brioso porte
Crédito allí de guerrero;
Luego en Francia, prisionero
Caí del Conde Monforte.
Huí, y en Siria un Francés
Albigense, refugiado,
A quien había salvado
La vida junto á Hesíés,
178 ANTOLOGÍA KSCOLAH
Me dejó, al morir, su herencia ;
Volviendo con fama y oro
A Kspaña, pirata moro
Me apresó y trajo á Valencia
Y en pena de (|ue rompió
De mis cadenas el hierro
Mi mano, profundo encierro
En vida me sepultó,
Donde mi extraño custodio
Sin dejarse ver ni oir ;
Me prolongaba el vivir,
O por piedad ó por odio.
Do aquel horrendo lugar
Me sacáis, bella mujer :
Sentir sé y agradecer :
Di como podré pagar.
Zul. No borres de tu memoria
Tan debido ofrecimiento,
Y haz por escuchar atento
Cierta peregrina historia.
Un joven aragonés
Vino cautivo al serrallo :
Sus prendas y nombre callo :
Tú conocerás (|uien es.
Toda mujer se lastiina
De ver padecer sonrojos
A un noble : puso los ojos
En el esclavo Zulima,
Y férvido amor en breve
Nació de la compasión :
Aqui es brasa el corazón ;
Allá entre vosotros nieve.
Quiso aquel joven huir ;
Fué desgraciado en su empeño
Le prenden, y por su dueño
Es condenado á morir.
Pero en favor del cristiano
Vela Zulima : ciega,
HISPANO-AKGENTINA
119
Mars.
Loca, le salva ; más llega
A brindarle con su mano.
Respuesta es bien se le dé
Kn trance tan decisivo :
Habla tú por el cautivo:
Yo por la reina hablaré.
Ni en desgracia ni en ventura
Cupo en mí lenguaje dolo.
Este corazón es sólo
Para Isabel de Segura.
MANUEL BRETÓN DE LOS HERREROS, (1796-1872)
Aulor de comedias de costumbreí»
y caracleres, fué un fecundo poeta
conuco y satírico, siempre con ten-
dencia visiblemente moral.
ME VOY DE MADRID
Manuela. Yo no soy
Para una vida tan sosa,
tan monótona...
Tomasa. ¿ Qué dices ?
¿ Pues (lué hemos de hacer nosotras
si no arreglar nuestras casas?
Si las mujeres no toman
á su cargo esos cuidados
que á ti tanto te incomodan,
¿ en qué quieres lii ocuparlas ?
¿ ün la milicia, en la toga?
En cazar por esos montes,
y en remar por esas olas ?
Manuela. ¿ Y por qué no ? Si leyeras
en las antiguas historias.
180
ANTOLOGÍA ESCOLAR
D. Joaquín
Tomasa.
Manuela.
Tomasa.
Manuela.
Tomasa.
Manuela.
D. Joaquín.
Manuela.
Tomasa.
Manuela.
las proezas te asombraran
de las fuertes amazonas
de aquella Pentesilea,
que allá en el sitio de Troya...
¿Verdad, D. Joaquín?
Si, es cierto.
( Entre dos fuegos ahora. )
Sin duda la educación
de esas mujeres heroicas,
seria muy diferente
de la que hoy rige en Kuropa.
Pero tú... ¿ De cuándo acá ?
Manolita... Kras muy otra
dos meses hace. En mi ausencia
te has trasformado.
¡ Oh ! la aurora
de un nuevo ser ha brillado
para mi. La piedra tosca
de mi antiguo natural,
tomó la sublime forma...
Expli(|ue usted, D. Joaquín,
los grandes prodigios que obra
la emancipación mental.
¡Qué lenguaje! Estoy absorta...
En una palabra, soy
romántica.
Deja bromas.
¿Qué romántica, ni qué?...
¡Si tú no has nacido en Roma !
No, mujer. Tú no comprendes...
Pero abra usted esa boca,
D. Joaquín : explique usted...
Es inútil. La señora
gusta del statii quo
y hacerla en'rar on la norma..
¡Norma! ¡ Sublime mujer !
Mucho me gusta esa ópera.
¡ Con qué placer fuera yo
msi'ANü AlUiKNTINA 181
f^ran sactM-dotisa
Tomasa. ( l)ül)a )
Manuela. Si el cielo me ha condenado
á existencia tan penosa,
tan oscura, tan servil,
¿ por qué en mí pecho.no ahoga
la susceptibilidad ?
,•. [.0 he dicho bien ?
Ü. .Ioa(|iiiii. Si, señora.
Manuela. ¿. La palpilante energía
(|ue me consume ?
Tomasa. ¿ Eslás loca ?
Vo creo (jue estas ¡deas
sublimadas no son propias
de un sexo débil, amante,
apacible. Con las tocas
mal se avienen varoniles
arranques. iNo es tan odiosa
la suerte de la mujer
en un pais donde go/a
de racional libertad,
l»orque los hombres blasonan
de muy galantes... ¡ l'arece
(|ue estás en Consta)itinopla !
Y tú que no eres Du(|uesa...
\o no sé adular. Perdona.
¿ Por qué temes degradarte
haciendo lo (|ue hacen otras
no de peor condición
que lú ? Para mi la joya
(|ue, después de la virtud,
n)ás á la mujer adorna,
es ser mujer de su casa.
Tengo rentas que me sobran
para dejarme servir,
y sólo pensar en modas
y en placeres ; pero soy
por afición hacendosa.
182 ANTOLOGÍA ESCOLAR
y por placer... y |)or cálculo :
porque de esas que ahandonar»
los domésticos deberes,
dice el vulgo tales cosas...
Y no basta ser honradas
Cuando el vulgo no nos honra.
D. Joaquín. (En voz baja.) ¡ Bien ! ¡ Divina !
Manuela. ¿ Con(|ue quieres
reducirme á ser fregona ?
Tomasa. No, amiga mia. No es esa
tu condición ; pero á todas
nos está bien el mirar
por la hacienda mucha ó poca ;
nunca estoy yo más ufana
que repasando la ropa,
ordenando la despensa,
cuidando de que la alcoba
se ventile, reprendiendo
á criadas remolonas ;
tomando la cuenta al mozo ;
Despidiéndole, si roba...
JOSÉ DE ESPRONCEDA (1808-1842)
Poeta de robusta inspiración, de
l)rillaMtc niuuen, y de ampulosa y
aiTel)ata(lora frase, es, sin quizás
quien mejor representa en la lírica,
la época de delirios y titubeos en
que vivió.
CANCIÓN DEL PIRATA
Con diez cañones por banda,
Viento en popa á toda vela,
No corta el mar, sino vuela
iiispan()-au(;enti\a 183
Uu velero bergantín :
Bajel pirata (jue llaman,
Por su bravura el Temido,
Kn todo mar conocido
Del uno al otro confin.
La luna en el mar riela,
Fn la lona gime el viento,
Y alza en blando movimiento
Olas de plata y azul ;
Y ve el capitán pirata,
Cantando alegre en la |)opa,
Asia á un lado, al otro luiropa,
Y allá á su frente Stambul
« Navega velero ralo, '
Sin temor,
Que ni enemigo navio,
Ni tormenta, ni bonanza
Tu rumbo á torcer alcanza,
Ni á sujetar tu valor.
« Veinte presas
Hemos heclio
A despecho
Del inglés,
Y lian rendido sus pendones
Cien naciones
A mis pies. «
Que es mi barco mi tesoro,
Que es mi Dios la libertad,
Mi ley la fuerza y el viento,
Mi única patria la mar.
ff Allá muevan feroz guerra
Ciegos reyes
Por un palmo más de tierra :
Que yo tengo a(|ui por mió
Cuanto abarca el mar bravio,
A (juien nadie impuso leyes.
« Y no hay playa.
Sea cualquiera,
184 ANTOLOGÍA KSCOLAH
Ni bandera
De esplendor,
Que no sienta
Mi derecho,
Y dé pecho
A mi valor. «
Que es mi barco nú tesoi'o...
« A la voz de « ¡ barco viene! »
lis de ver
Cómo vira y se previene
A todo trapo escapar ;
Que yo soy el rey del mar,
Y mi furia es de temer.
«■ Kn las presas
Yo divido
Lo cogido
Por igual:
Sólo quiero
Por ri(jue/,a
La belleza
Sin rival»
(¿He es mi bureo ni¡ tesoro...
«¡Sentenciado estoy á muerte!
Yo me rio:
Ao me abandone la suerte
Y al mismo que nie condena.
Colgare de alguna entena,
Quizá en su propio navio.
«Y si caigo,
¿Qué es la vida?
Por perdida
Ya la di,
Cuando el yugo
Del esclavo
Como un biavo,
Sacudí.»
Que es mi barco mi tcHoro,..
« Son mi música mejor
IIISPANO-AHCENTINA . 185
Aquilones :
El estrépito y temblor
De los cables sacudido*,
Del negro mar los bramidos
Y el rugir de mis cañones.
Y del trueno
Al son violento
Y del viento
Al rebramar,
Yo me duermo
Sosegado
Arrullado
Por el mar. •»
(¿lie es mi barco mi tesoro.
Que es mi Dios la libertad.
Mi ley la fuerza y el viento.
Mi única patria la mar.
CANTO A TERESA
KltAO.MKNrO
<; Por qué volvéis á la memoria n)ia,
Tristes recuerdos de placer |)erdidos,
A aumentar la ansiedad y la agonía
De este desierto corazón herido ?
j Ay ! que de aquellas horas de alegría
Le quedó al cora/on sólo un gemido,
Y el llanto que al dolor los ojos niegan
Lágrimas son de hiél ((iie r\ alma anegan.
¿ Dónde volaron ¡ ay ! aquellas horas
De juventud, de amor y de ventura,
Megaladas de músicas sonoras.
Adornadas de luz y de iiermosura "?
Imágenes de oro bullidoras
Sus alas de carmiu y nieve pura.
186 ANTOLOGÍA KSCOLAU
Al sol de mi esperanza desplegando,
Pasaban ¡ ay ! á nn redor cantando.
Gorjeaban los dulces ruiseñores,
El sol iluminaba rni alegría.
El aura susurraba entre las llores,
El bosque mansamente respondía,
Las fuentes murmuraban sus amores...
¡ Ilusiones que llora el alma mía
¡ Oh ! ¡ cuan suave resonó en mi oído
El bullicio del mundo y su ruido!
Mi vida entonces, cual guerrera nave
Que el puerto deja por la vez primera,
Y al soplo de los céíiros suave
Orgullosa desplega su bandera,
Y al mar dejando que sus pies alabe
Su triunfo en roncos cantos va velera
Una ola tras otra bramadora
Hollando y dividiendo vencedora ;
¡ Ay ! en el mar del, mundo, en ansia ardiente
De amor volaba ; el sol de la mañana
Llevaba yo sobre mi tersa frente,
Y el alma pura de su dicha ufana :
Dentro de ella el amor, cual rica fuente
Que entre frescuras y arboledas mana,
Brotaba entonces abundante rio
De ilusiones y dulce desvario.
Yo amaba todo : un noble sentimiento
Exaltaba mi ánimo, y sentía
En mi pecho un secreto movimiento.
De grandes hechos generoso guia :
La libertad con su inmortal aliento,
Santa diosa, mi espíritu encendía,
Continuo imaginando en mi fe pura
Sueños de gloría al mundo y de ventura.
iiispano-au(;kntina 187
VENTURA DE LA VEGA (1807-1865
\olal)le autor drainático é inspira-
tio poeta, dejó, en cuanto escribiera,
liiiellas de su fina ironía y de su
delicado talento.
A CERVANTES
Si de Norle á Medioiiía,
En uno y otro hemisferio,
No abarca ya nuestro imperio
Los pueblos (|ue abarcó un dia.
Por un nombre todavia
Somos lo que fuimos antes :
Pues los que más arrogantes
Las glorias de Kspai"ia ultrajan,
Callan y la frente bajan
Cuando decimos : ¡ Cehvantes ! !
Roma y Grecia, que al acero
Del bárbaro el cuello dan,
Hoy viven y vivirán
En Virgilio y en Homero.
Contra el destino severo,
Que asi en los pueblos se ensaña,
Un libro nos acompai'ia
Al eterno porvenir.
¿ Puede el Quijote morir ? —
Pues morir no puede España.
Vosotros, que al grito santo
Hespondéis de patria y gloria,
Venid, honrad la memoria
Del Soldado de Lcpanto. —
¡ Gloria al que es del orbe encanto
188 ANTOLOGÍA ESCOLAR
¡ Gloria al ingenio fecundo,
Festivo á un tiempo y profundo!
¡ Gloria al Cautivo de Argel ! —
i Aun nos llamamos por él
La primer nación del mundo.
EN EL ÁLBUM DE MATILDE LAMARCA
¡ Matilde ¡ ¿Quién no diría
Que, para quedar vengada
De la conquista pasada.
La América aqui te envia ?
Pague Kspaña su osadía
Y sus marciales arrojos.
Pues nunca tantos despojos
Vieron Pizarro y Cortés
Como aqui rendido ves
A los rayos de tus ojos.
Yo, que en su lu/ soberana
El Sol de mi patria vi,
Orgulloso me sen ti
De mi sangre americana.
Toda competencia es vana :
No os pongáis en su camino,
Flores ; que el pincel divino
Que os matizó de colores,
Pintó más bellas las flores
Que brota el suelo Argentino.
Madrid 1860.
HISI'ANO-ARGENTINA 189
JOSÉ ZORRILLA (1817-1893)
El poeta iHíis nacional y más po-
pular de su siglo, y uno de los más
grat)(les dramaturgos, especialmente
en el género histórico.
A BUEN JUEZ, MEJOR TESTIGO
Fragmento
Era entonces de Toledo
Por el rey g^obernador
El justiciero y valiente
Don Pedro Riiiz de Alarcon.
Muchos años por su patria
El buen viejo peleó ;
Cercenado tiene un brazo,
Mas entero el corazón.
I^ mesa tiene delante.
Los jueces en derredor,
Los corchetes á la puerta
Y en la derecha el bastón.
Está, como presidente
Del tribuna! superior,
Entre un dosel y una alfombra
Reclinado en un sillón
Escuchando con paciencia
La casi asmática voz
Con que un tétrico escribano
Solfea una apelación,
Los asistentes bostezan
Al murmullo arrullador.
Los jueces medio dormidos
190 ANTOLOGÍA KSCOLAR
Hacen pliegues al ropón,
Los escribanos repasan
Sus pergaminos al sol,
Los corchetes á una moza
Guiñan en un corredor,
Y abajo en Zocodover
Gritan en discorde son
Los que en el mercado venden
Lo vendido y el valor.
Una mujer en tal punto,
En faz de grande aflicción,
Rojos de llorar los ojos.
Ronca de gemir la voz,
Suelto el cabello y el manto,
Tomó plaza en el salón
Diciendo á gritos: «.Justicia,
Jueces, justicia, sefior ! »
Y á los |)iés se arroja humilde
De Don Pedro de Alarcon,
En tanto que los curiosos
Se agitan al rededor.
Alzóla cortés Don Pedro
Calmando la confusión
Y el tumultuoso murmullo
Que esta escena ocasionó.
Diciendo :
— Mujer, ¿ qué quieres ?
— Quiero justicia, señor.
— ¿De qué ?
- - De una prenda hurtada.
— ¿ Q'^i prenda ?
— Mi corazón.
— ¿ Tú le diste ?
— Le presté.
— ¿ Y no te le han vuelto?
- No.
— ¿ Tienes testigos ?
— Ninguna.
HISPANO-AMKIUCANA 191
— ¿ Y promesa ?
— ¡ Si. por Dios !
Que al partirse de Toledo
Un juramento empeñó.
— ¿ Quién es él ?
— Diego Martínez.
— ¿ Noble •?
— Y capitán señor,
— Presentadme al capitán,
Que cumplirá si juró. —
Quedó en silencio la sala,
Y á poco en el corredor
Se oyó de botas y espuelas
El acompasado son.
Un portero, levantando
El tapiz, en alta voz
Dijo: — El capitán : Don Diego. —
Y entró luego en el salón
Diego iMartinez, los ojos
Llenos de or.JíuUo y furor.
— ¿ ^ois el capitán Don Diego,
Dijole Don Pedro, vos ? —
Contestó altivo y sereno
Diego Martínez
- Yo Soy.
— ¿ Conocéis á esta muchacha ?
— Há tres años, salvo error.
— ¿ Hicisteisla juramento
De ser su marido ? —
— No.
— ¿Juráis no haberlo jurado?
— Si juro.
— Pues id con Dios.
— ¡ .Miente ! — clamó Inés llorando
De despecho y de rubor.
— Mujer, ¡ Piensa lo que dices! ...
— Digo que miente, juró.
192 ANTOLÜ(iÍA ESCOLAH
— ¿Tienes lestiíJOS? —
— Ninguno.
— Capitán, idos con Dios,
Y dispensad que acusado
Dudara de vuestro lionor. -
Tornó Martinez la espalda
^'.on brusca satisfacción,
É Inés, que le vio partirse,
Resuelta y íirme gritó :
— Llamadle, tengo un testigo.
Llamadle otra vez, señor. —
Volvió el capitán Don Diego,
Sentóse Ruiz de Alarcon,
La multitud aquietóse
Y la de Varg'S siguió :
— ¡ Tengo un testigo á quien nunca
Faltó verdad ni razón !
— ¿ Quién ?
— Un hombre que de lejos
Nuestras palabras oyó.
Mirándonos desde arriba.
— ¿ Kslaba en algún balcón?
— No, que estaba en un suplicio
Donde ha tiempo que espiró. —
— ¿Luego es muerto?
— No, que vive.
— Kstais loca, i Vive Dios !
¿ Quién fué?
Kl C KISTO de la Vega,
A cuya faz perjuró.
Pusiéronse en pié los jueces
Al nombre del Kedentor,
KscuchaiKlo con asombro
Tan excelsa apelación
Ueinó un profundo silencio
De sorpres 1 y de pavor,
Y Diego bajó los ojos
De vergüenza y confusión.
HISPANO-AHGKNTINA 193
Un instante con los jueces
Don Pedro en secreto habló.
Y levantóse diciendo
<;on respetuosa voz :
« La ley es ley para lodos,
Tu testigo es el mejor,
Mas para tales testigos
No hay más tribunal (|ue Dios.
Haremos... lo que sepamos ;
líscribano, al caer el sol
Al Cristo que está en la vega
Tomareis declaración. »
GUSTAVO ADOLFO BÉCQUER (1836-1870)
Correcto prosista \' notuble poetti,
por la sencillez ai)areiite de sus ri-
mas y i)or la (iiilziirn ({iie sus cantos
respiran, logró ser jefe de una escue-
la, <|uc durante un tiempo tuvo sus
devotos.
Üel salón en el ángulo oscuro,
de su dueño tal vez olvidada,
silenciosa y cubierta de polvo
veíase el arpa
¡Cuánta nota dormía en sus cuerdas,
■como el pájaro duerme en las ramas,
esperando la mano de nieve
(|ue debe arrancarlas !
¡Ay! pensé; ¡Cuántas veces el genio
asi duerme en el fondo del alma,
y una voz, como Lázaro, espera
/jue le diga : « Levántate y anda ! »
194
ANTOLOdlA HSCOLAU
LETRILLA ELEGÍACA
Cerraron sus ojos
que aun tenia abiertos ;
taparon su cara
con un blanco lienzo ;
y unos sollozando,
otros en silencio,
de la triste alcoba
todos se salieron
La luz que en un vaso
ardia en el suelo,
al muro arrojaba
la sombra del lecho ;
y entre aquella sombra
veíase a intervalos
dibujarse rigida
la forma del cuerpo.
Despertaba el dia,
y a su albor primero
con sus mil ruidos
despertaba ol pueblo.
Ante aquel contraste
de vida y misterios,
de luz y tinieblas,
medité un momento:
Ki ¡ Dios mió, qué solos
se quedan los muertos ! )>
De la casa en hombros
lleváronla al templo,
y en una capilla
dejaron el féretro.
Allí rodearon
sus pálidos restos
de amarillas velas
y de paños negros.
Al dar de las ánimas^
el toque postrero,
acabó una vii'ja
sus últimos rezos ;
cruzó la ancha nave,
las puertas gimieron,
y el santo recinto
quedóse desierto.
De un reloj se ola
couqiasado el péndulo
y de algunos cirios
el chisporroteo.
Tan medroso y triste,
tan oscuro y yerto
todo se encontraba. .
que pensé un momento ;
/ ' Dios mió qué solos
se quedan los muertos 1...
De la alta campana
la lengua de hierro,
le dio, volteando,
su adiós lastimero.
líl lulo en las ropas,
amigos y deudos
cruzaron en lila
formando el cortejo.
Del último asiló,
oscuro y estrecho
abrió la ¡¡ifiueta
el nicho á un extremo.
Allí la acostaron,
tapiáronlo luego.
HISPANO-ARGENTINA
195
y con un saludo
despidióse ol duelo.
La pi(|ueta al hombro,
el sepulturero
cantando (Mitre dientes
se perdió á lo lejos.
La noche se entraba,
reinaba el silencio ;
perdido en las sombras,
medité un momento :
■i i Dios )iiio, qué solos
SI- quedan los muertos !
Kn las largas noches
del helado invierno,
cuando las maderas
crujir hace el viento
y azota los vidrios
el fuerte aguacero,
de la pobre niña
;'i solas me acuerdo.
Alli cae la lluvia
con un son eterno ;
allí la combate
el soplo del cierzo.
Del húmedo muro
tendida en cl hueco,
¡ acaso de frió
se hielan sus huesos !
,; Vuelve cl polvo al polvo?
,; Vuela el alma al cielo ?
¿ Todo es vil materia
podedumbre y cieno?
¡ No sé ; pero hay algo
que explicar no puedo,
que al par nos infundo
repugnancia y duelo,
al dejar tan tristes,
tan solos los muertos.
ANTONIO TRUEBA (1821-1889
Lo irisino como luieta <|iie como
cuentista, este autor sobresale por
su sencillez y naturalidad, cualida-
des que lograron hacerle i)Oi)ular.
LA PEREJILERA
Al salir el sol dorado
esla niaiiana te vi
cogiendo, niña, en iu huerto
matitas de perejil.
Para verte más de cerca
en el huerto me metí
196 ANTOLOGÍA líSCOLAH
y sabrás quo eché de menos
mi corazón al salir.
Tú debiste encontrarle,
que en huerto lo perdí,
« Dámele, perejilera,
« que te le vengo á pedir. >>
LA VIDA Y LA MUERTE
II
Hay un Dios que tiene un cielo
y un iníierno reservados,
para los buenos el uno,
y el otro para los malos.
Mortal, en vano te ocultas
al cometer el pecado,
que para Dios no hay secretos,
que para Dios no hay arcanos.
Avaro (|ue oro más oro
vas con ansia amontonando,
que adoración le t ibutas.
que á Dios tienes olvidado,
que con el sudor del pobre
haces vergonzoso irálico,
deja de engañar al mundo
cubriéndote con el manto
de lii caridad, y deja
de irritar á Dios, avaro.
Mira que la vida es corta,
mira que el iníierno es largo,
« mira que te mira Dios,
« Mira que te está mirando! »
11
Rico que pasas la vida
á estéril ocio entregado,
que trajes costosos vistes,
HISI'ANO-AlUiKNTlXA 19'i
que habitas regios palacios,
que en lechos de plumas duermes
que tienes siervos y esclavos,
que fu paladar halagas
con manjares delicados,
que en refulgente carro/.a
vas á fiestas y saraos,
que á meretrices infames
compras placeres mundanos,
asómate á los balcones
de tu soberbio palacio
y contempla en la miseria
sumidos á tus hermanos.
Verás al huérfano débil,
verás al caduco anciano,
verás á la triste viuda,
verás al artista inválido,
famélicos y ateridos,
cubiertos ¡ ay Dios ! de harapos,
con lágrimas en los ojos
tu compasión implorando.
Llora con ellos y cubre
su desnudez con el manto
de la caridad ¡ oh rico
á la molicie entregado!
Mira que Dios premia al bueno,
Mira que castiga al malo,
(' mira que te has de morir.
« mira que no sabes cuáuífo ! »
198 ANTOr.OC.ÍA KSCOI.AH
PEDRO A. DE ALARCON (1833-1891
Afortunado, si no muy fecundo
novelista, dejó obl-as que siempre
se leerán con agrado, por la gracia
que respiran varias y la corrección
de la forma (¡ue en todas campea.
EL P. MANRIQUE
LA estancia que apareció á la vista del joven
era tan modesta como agradable. Hallábase
esterada de esparto de su color natural. Cuatro
sillas, un brasero, un sillón y un bufete componían
su mueblaje. Cerca del bufete había una ventana, á
través de cuyos cristales verdegueaban algunas ma-
cetas y entraban los rayos horizontales del sol ponien-
te. Dos cortinas de percal rameado cubrían la
puertecilla de la alcoba. Encima del bufete había un
crucifijo de ébano y marfil, muchos libros, varios
objetos de escritorio, un vaso con flores de inver-
nadero y un rosario.
Sentado en el sillón, con los brazos apoyados en
la mesa, y extendidas las manos sobre un infolio
abierto, encuadernado en pergamino, cuya lectura
acababa de interrumpir, estaba un clérigo de muy
avanzada edad, vestido con balandrán y sotana de
paño negro y alzacuello enteramente blanco. No
menos blancas eran su cara y su cabeza: ni el más
ligero asomo de color ó de sombra daba matices á
su cutis ni á los cortos y escasos cabellos que cir-
cuían su calva. Dijérase que la sangre no fluía ya
bajo aquella piel ; que los nervios no titilaban bajo
aquella carne; que aquella carne era la de una
iiisi>an'c)-aui:gxtin.\ 199
momia. Tomárase aquella cabeza fría y blanca por
una calavera colocada sobre endeble túmulo revestido
de paños negros.
Hasta los ojos del sacerdote, que eran grandes y
oscuros, carecían de toda expresión, de todo brillo,
•de toda señal de pasión ó sentimiento: su negrura
se parecía á la del olvido. Sin embargo, aquella
cabeza no era antipática ni medrosa; por el contrario,
la noble hechura del cráneo, la delicadeza de las
facciones, lo apacible y aristocrático de su conjunto,
y no sé qué vago reflejo del alma (ya que no de la
vida), que se filtraba por todos sus poros, hacía que
infundiesen veneración, afecto y filial confianza, como
las efigies de los santos. — Fabián creyó estar en
presencia del propio San Ignacio de Loyola.
El clérigo se incorporó un poco, sin dejar su sitio,
ni casi su postura, al ver aparecer al joven.
— ¿Es al ilustre P. Manrique á quien tengo el
honor de hablar? — preguntó reverentemente el Con-
de, deteniéndose á la puerta.
'—Yo soy el indigno siervo de Dios -que lleva ese
nombre — contestó con gravedad el anciano.
Y, designándole una silla que había al otro lado
del bufete, añadió con exquisita cortesía :
— Hágame la merced de tomar asiento y de expli-
carme en qué puedo servirle.
Hablando así, tornó á sentarse por su parte, y
cerró el libro, después de registrarlo.
Fabián no se había movido de la puerta. Sus
ardientes ojos recorrían punto por punto toda la
habitación y se posaban luego en el sacerdote con
una mezcla de angustia, agradecimiento, temor retros-
pectivo y recobrada tranquilidad, que no le permitía
andar, ni hablar, ni respirar siquiera... Había algo
de infantil y de imbécil en su actitud, hija de muchas
emociones, hasta entonces refrenadas, que estaban
para estallar en lágrimas y gemidos...
Sin duda lo conoció así el jesuíta. Ello fué que
200 ANTOLOÍiÍA KSCOI.AH
dejó su asiento, acercóse á Fabián, y lo estrechó entre
los brazos, diciéndole:
— Cálmese V., hijo mío...
— ¡ Padre ! ¡ Padre ! ( exclamó por su parte P'abián )
¡Soy muy desgraciado! ¡Yo quiero morir! ¡Tenga
usted piedad de mi alma !
Y, apoyando su juvenil cabeza en la encanecida
del P. Manrique, prorrumpió en amarguísimo llanto.
— ¡Llore V., hijo! ¡Llore V.! (decía el anciano
sacerdote con la dulce tranquilidad del médico que
está seguro de curar una dolencia). ¡Probablemente
todo eso no será nada!... i Vamos á ver!... Siéntese
aquí, con los pies junto al brasero... — Viene V. helado^
y además tiene algo de calentura.
Y, acompañando la acción á las palabras, colocó
a P'abián cerca de la lumbre, que removió luego un
poco con lá paleta.
En seguida penetró en la alcoba, de donde no tardó
en volver trayendo un vaso de agua.
— Tome V. para el cuerpo... le dijo afablemente ).
Después..., cuando V. se calme, trataremos del espí-
ritu, para el cual hay también un agua purísima^
que nunca niega Dios á los verdaderos .sedientos.
De El Escándalo ~{Áhv o I— Cap. III.
HISPANO AR(;KN'n\A 201
JOSÉ M. DE PEREDA (1833-1906)
Novelista de anligiio cuño, acertó
á piíitnr, como nadie, la vida mon-
tañesa con simpático realismo. Su
estilo es siempre correcto, apesar
de sus arcaísmos.
DE TAL PALO, TAL ASTILLA
FUAGMKNTO
APKNAS el doctor se perdió de vista, después de
doblar el ángulo de una calleja entoldada de
Cardales, apareció en ella un niuchachón alto
y desgarbado, con los labios muy gruesos, las cejas
espesas y corridas, la tez morena, los pies anchos,
planos y en escuadra, las piernas largas y desma-
dejadas, y cargado de hombros. Vestía traje de buen
género, no mal hecho, pero muy mal colocado. Por
el garrote que llevaba en la mano, lo sucio de sus
zapatos, lo reluciente del rostro y el andar inseguro
y despeado, se conocía (¡ue traía hecha larga jornada.
Reparó en él Macabeo, y exclamó dando un ga-
rrotazo en los morrillos de la calleja::
— Esto .sólo me faltaba hoy ¡ caráspitis! ... ¡Si lo
digo yo!... cuando el año está de piojos no hay que
mudar la camisa.
— i Hola, Macabeo ¡ - gritó al mismo tiempo el
caminante, blandiendo el palo sobre la cabeza — Acá
estamos todos y, ¡ Viva Valdecines ! ¡ Dios !
— ¡ Mal rayo te parta, animal de bellota ! — mur-
muró Macabeo; y luego dijo en alta voz:
I
202 ANTOLOGÍA ESCOLAR
— Kl demonio me lleve si me acordaba más de tí
que de la hora en que me han de enterrar.
— Se estima el aprecio, hombre, — respondió el
otro, ya junto á Macabeo, con su voz cencerruna.
— Pues mira, Bastián: nadie te espera en el pueblo.
— Lo sé; pero yo he venido porque quería venir
jDios!; y el que no me vea de buen ojo que le
cierre.
— ¿Dónde has pasado la noche?
— En Perojales, tan guapamente. Caía la tarde
cuando llegué; amenazaba el trueno, y díjeme «no
paso la Hoz.» Narices tuve, porque aquello fué de
lo poco que se ha visto.
— ¡ Qué lástima, hombre !
— ¿De qué, Macabeo ?
— De que te hubiera cogido la tormenta en aque-
lla santimperie.
— Eso digo yo. Una desgracia sucede en un credo;
y luego... ¡ Dios ! ... esta mañana madrugué, y aquí me
tienes.
. ..-^¿A. pié has venido? .
— Desde el tren, tan guapamente. El ahorro me
sirvió para el pienso de anoche, y aún me queda
grano... para lo que yo me sé.
— ¡Y también yo, caráspitis !... ¿ Por qué no pasaste
la Hoz?
— ¡Otra te pego!... ¿No te lo he dicho?... Porque
olí la quema.
— ¡Por vida de la nariz!... Pues mira, Bastián: tu
padre no te espera.
— De voto de mi tío, no saldría yo de Santander
hasta que pudiera entrar en Valdecines hecho un
caballero. ¡Mira tú si es fantasía de hombre!... Con-
que, ya hablaremos, que me voy á verle.
--¿A quién?
— A mi tio.
— No está en casa.
— ¿Pues en donde está?
HISPANO AlUi^NTINA 203
— Aquí.
— Pintonees, subiré...
— No se le puede ver ahora.
— ¿ Porqué?
— Porque... Pero, alma de cántaro ¿ tú no sabes lo
que pasa?
— Ni pizca, Macabeo.
— No has oído las campanas?
— Si que las he oído; pero, la verdá, no se me
ha ocurrido preguntar por quien era el toque.
¿ Quién se murió, Macabeo ?
— Doña Marta.
— ¡Dios! ¿Cuándo?
— Anoche.
— ¡Dios! ¿Y de qué, hombre?
— ¿Y á tí que te importa?
— Es de razón, Macabeo: Maldito lo qué...
— ¡ Conque figúrate la falta que haces acá. Bastián.
— Más de lo que tú piensas, Macabeo,
— La de los perros en misa... Vuélvete, Bastían,
por donde has venido... ¡cundo yo te lo aconsejo!...
— ¡Hombre, y á tí ¿qué te va ni qué te viene
con que yo me vaya ó me quede ? ¡ Pues me he dado
flojo trote desde ayer para qué, sin más ni más,
tome el consejo tuyo... ¡ Dios! ¡Vaya con el con-
sejero de chanfaina!
— Miro por tí, Ba.stián... Y' por último — añadió
Macabeo con un cambio súbito de humor — ¡ que te
quedes ó te marches, ó te parta un rayo por el
medio, no se me importa una alubia.
Cap. Uí
204 ANTOLOGÍA K.SCOLAU
JUAN VALERA (1824-1905)
Sesudo critico, con sus dejos de
mordacidad, brilla más en la litera-
lura como novelista. Su atrayeiite
corrección diplomática se revela en
su estilo siempre pulcro y castizo.
PEPITA JIMÉNEZ
Fkagmento
— Al fin se dignó V. venir á despedirse de mí
antes de su partida — dijo Pepita. — Yo había perdido
ya la esperanza.
El papel que hacía D, I^uis era de mucho empeño,
y por otra parte, los hombres, no ya los novicios,
sino hasta experimentados y curtidos en estos diá-
logos, suelen incurrir en tonterías al empezar. No se
condene, pues, á D. Luis porque empezase contestando
tonterías.
— Su queja de V. es injusta — dijo. — He estado
aquí á despedirme de V, con mi padre, y como no
tuvimos el gusto de que V. nos recibiese, dejamos
tarjetas. Nos dijeron que estaba V. algo delicada de
salud, y todos los dias hemos enviado recado para
saber de V. Grande ha sido nuestra satisfacción al
saber que estaba aliviada. Y ahora ¿se encuentra
V. mejor?
— Casi estoy por decir á \'. que no me encuentro
mejor — replicó Pepita — ; pero como veo que viene
V. de embajador de su padre, y no quiero afligir á
un amigo tan excelente, justo será que diga á V. y
y que V. repita á su padre, que siento bastante ali-
IIISPANO-ARGENTINA 205
vio. vSin guiar es que haya venido V. solo. Muf^ho
tendrá cjue hacer O. Pedro cuando no le ha acom-
j)añado.
— Mi padre no me ha acompañado, señora, porque
no sabe que he venido á ver á V. Yo he venido
solo, porque mi despedida ha de ser solemne, grave,
para siempre quizás, y la suya es de índole harto
diversa. Mi padre volverá por aquí dentro de unas
semanas; yo es posible que no vuelva nunca, y si
vuelvo, volveré muy otro del que soy ahora.
Pepita no pudo contenerse. El porvenir de felicidad
con que había soñado se desvanecía como una sombra.
Su resolución inquebrantable de vencer á toda
costa á aquel hombre, único que había amado en
la vida, único que se sentía capaz de amar, era una
resolución inútil. D. Luis se iba. La juventud, la
gracia, la belleza, el amor de Pepita no valían para
nada. Estaba condenada, con veinte años de edad y
tan hermosa, á la viudez perpetua, á la soledad, á
amar a quien no la amaba. Todo otro amor era
imposible para ella, El carácter de Pepita, en quien
los obstáculos recrudecían y avivaban más los anhe-
los; en quien una determinación, una vez tomada,
lo arrollaba todo hasta verse cumplida, se mostró
entonces con notable violencia y rompiendo todo
freno. Era menester morir ó vencer en la demanda.
Los respetos sociales, la inveterada costumbre de
disimular y de velar los sentimientos, que se ad-
quiere en el gran mundo, y que pone dique á los
arrebatos de la pasión y envuelve en gasas y cen-
dales, y disuelve en perífrasis y frases ambiguas la
más enérgica explosión de los más reprimidos afec-
tos, nada podían con Pepita que tenía poco trato de
gentes, y que no conocía término medio; que no
había sabido sino obedecer á ciegas á su madre y á
su primer marido y mandar después despóticamente
á todos los demás seres humanos. Asi es que Pepita
habló en aquella ocasión y se mostró tal como era.
206 ANTOLOGÍA ESCOLAR
Su alma, con cuanto había en ella de apasionado,
tomó forma sensible, y sus palabras no sirvieron
para envolver su pensar, y su sentir, sino para dar-
le cuerpo. No habló como hubiera hablado una dama
de nuestros salones, con ciertas plegarias y atenua-
ciones en la expresión, sino con la despechez idílica
con que Cloe hablaba á Dáfnis y la humildad y el
abandono completo con que ofreció á Booz la nuera
de Noemi.
ARMANDO PALACIO VALDÉS (1853
Sobresaliente novelista, de variadas
tendencias, es un profundo conoce-
dor del corazón Iiuniano; un verda-
dero lilósofo de estilo encantador v
ameno.
( De los Papeles del Doctor Atujélieo )
UN TESTIGO DE CARGO
HAY personas que no pasean jamas sino por
calles céntricas. Hay otras que gustan de las
excéntricas y solitarias en los barrios extremos
de Madrid, lindantes con la campiña. Las hay, por fin,
que no pasean ni por unas ni por otras, y sólo
encuentran alegría midiendo el pasillo de su casa á
trancos, y acercándose de vez en cuando d la estufa
para calentarse las manos.
Pues bien ; declaro que yo pertenezco á la segunda
categoría, aunque también me agrada recorrer una
y otra vez mi pasillo con las manos en los bolsillos,
particularmente cuando llueve, y dar unas cuantas
HISPANO-AROENTINA 207
vueltas por las calles de Alcalá y Sevilla á las horas
de más tránsito. Cuando esto último acaece, procuro
que mi rostro vaya fruncido y aborrascado para
adaptarse al medio ambiente; pero es contra mi
gusto, bien lo sabe Dios, porqué mi fisonomía, ])or
naturaleza, es placida y sentimental.
Así, que experimento más placer en pasearme por
las afueras, donde encuentro rostros alegres que me
miran sin hostilidad. Sólo allí me desarrugo y soy
exteriormente lo que Dios quiso hacerme. Y he
pensado algunas veces que si trasladásemos las caras
de las afueras al centro, y las del centro las enviáse-
mos á paseo, Madrid ofrecería á los ojos de los
extranjeros un aspecto más hospitalario, más risueño,
y, sobre todo, más humano que el que ahora tiene.
No sucede lo mismo con los perros. Encuentro,
generalmente, los del centro apacibles y corteses, los
de los barrios extremos, agresivos, quimeristas y
mucho más descuidados en el aseo de su individuo.
Sin duda, la cultura, que ejerce una influencia tan
triste en la raza humana, suaviza y mejora la canina.
Ignoro si el perro con quien tropecé cierto dia en
una de las calles más extraviadas del barrio de
Chamberí era quimerista y agresivo como sus conve-
cinos; pero sí puedo dar fe de su escandalosa suciedad.
Flaco, lanudo, como esos bohemios que no se
recortan jamás la barba y la dejan crecer por donde
salga, cubierto de polvo y con un pegote de barro
en cada pelo, se acercó á mí este repugnante animal
moviendo el rabo y mirándome con ojos humildes.
Yo di un salto atrás, porque la experiencia me ha
enseñado que se puede mover el rabo humildemente
y ser en el fondo malísimo sujeto. Pronto me convencí
de que no había nada que temer. Aquel pobre perro
habia venido tan á menos, se hallaba tan desampara-
do y abatido, que los últimos rescoldos de su carácter
agrio, si alguna vez lo habia tenido, se habían apagada
por completo.
208 ANTOLOGÍA KSCOLAR
Hice sonar con los dedos una leve castañeta,
correspondiendo al meneo vertiginoso de su rabo,
y me dispuse á proseguir mi camino. Pero él agradeció
aquella fria castañeta como nadie me agradeció en
la vida el saludo más cordial y cariñoso. Comenzó
á brincar delante de mí, y á retorcerse y á lanzar
suaves é insinuantes aullidos, expresando tanto gozo
como gratitud.
No se agradecen así los saludos en este bajo mun-
do— ^ me dijo nuevamente la experiencia — si no se
teme ó espera algo. Este perro no tiene amo, ó ha
sido arrojado por él de su casa. ¡ Pobre animal ! Me
interesó su desgracia, y de nuevo hice sonar la cas-
tañeta con alguna mayor efusión, y él con esto renovó
las señales de gratitud hasta querer descoyuntarse.
Inmediatamente tomó la resolución de seguirme
hasta el fin del mundo.
Yo le veía detrás varias veces, dándome escolta;
otras, delante, sirviéndome de heraldo. Por momentos
se detenía, levantaba hacia mí su hocico peludo, y
me miraba con afectuosa sumisión, cual si me qui-
siera decir que estaba dispuesto á obedecerme como
amo y señor. La desgracia de aquel animal me con-
movió. Era tan feo, que no habia motivo para admi-
rarse de que su dueño le hubiese abandonado.
Y, sin embargo, yo he visto algunas señoras ricas
que acariciaban y mimaban con apasionados transpor-
tes de amor á otros perros más feos que éste, y he
visto también á algunos jóvenes elegantes acariciar
y mimar á estas mismas señoras, más feas aun que
sus perros.
Me representaba á aquel pobre animal, arrojado
ignominiosamente de su casa, volviendo á ella á
demandar gracia, aullando tristemente á la puerta;
le veía marchar errante y hambriento por aquellas
calles solitarias, introducirse en alguna tienda en
busca de una piltrafa, salir de ella molido á palos,
seguir á los transeúntes hasta que éstos le despedían
•á puntapiés ó pedradas.
iiisi»ano-aiu;i:ntixa 209
La compasión se filtraba en mi pecho, y cuando
el animal se paraba á mirarme, le hacía una señal
de afectuosa consideración. Entonces se acercaba á
mí rebosando de agradecimiento, y yo, sin temor á
mancharme las manos, como los santos caritativos
de la leyenda, le acariciaba la cabeza.
Pero á medida que trascurría el tiempo, se apo-
deraba de mí un vago malestar. ¿ Qué iba á hacer
de aquel desdichado ? A un perro no se le puede dar
una limosna, ni recomendarle á un concejal amigo
para que le coloque de peón en los trabajos de la
villa. Necesitaba llevármelo á casa. Esto era grave.
.¿Qué diría el portero, que dirían los vecinos, qué
diría, sobre todo, mi familia al ver entrar aquel bicho
feo y asqueroso ? ¡ Vaya unas protestas, vaya una
zambra, vaya una risa que se armaría en mi casa !
Se me puso la sangre de gallina.
Comprendí inmediatamente todo lo falso de mi
situación.
Entonces hice con el perro lo que conmigo hacen
los amigos cuando mi presencia les molesta, me hice
■el distraído. Cuando me miraba con sus ojos afec-
tuosos, volvía la cara hacia otro sitio; si se acercaba
á mí, fruncía el entrecejo como si no le viese, y
seguía mi camino. En fin, adopté un continente tan
glacial como significativo. Pero él no vio la signifi-
cación, ó no quiso verla. Sin darse por enterado,
persistía en sus muestras de adhesión incondicional,
teniéndose siempre por mi protegido.
Una de las veces que mi mirada se cruzó con la
suya, vi en sus ojos una expresión de sorpresa y de
súplica tal, que el corazón se me apretó. Sin embargo,
lo que pedía no era posible.
Mi inquietud iba en aumento, y ya pensaba en la
barbarie de arrojarlo de mi lado violentamente, cuan-
do observo que viene hacia nosotros un tranvía.
Pintonees, cautelosamente, me agarro á él y monto.
Desde la plataforma veo á mi perro que camina
210 ANTOLOGÍA ESCOLAlí
tranquilo y confiado, vuelve de pronto la cabeza,,
queda sorprendido, olfatea el aire con desesperación,
y, por fin, baja de nuevo su cabeza hacia la tierra^
resignado, como los seres que han conocido todo el
dolor de este mundo y saben lo que se puede espe-
rar de la existencia. ^
Jamás pude olvidarlo. Y al acordarme de él, no
puedo menos de pensar que cuando algún dia me
vea ante el tribunal de Dios, y se juzguen todos los
actos de mi vida, y se cuenten mis faltas y desacier-
tos, he de verle aparecer, con su hocico peludo y su
aspecto dolorido á dar fe de mi cruel egoísmo.
BENITO PÉREZ GALDÓS (1845-1920)
Novelista y dramaturgo, piás lo-
primero que lo segundo, trazó hondo
surco en la literatura castelliuia. á
pesar de rendir excesivo culto á de-
terminadas ideas.
RETRATO DE CHURRUCA
AL dia siguiente de nuestra llegada recibió mi
amo la visita de un brigadier de marina, amiga
antiguo, cuya fisonomía no olvidaré jamás á pesar
de no haberle visto más que en aquella ocasión.
Era un hombre como de cuarenta y cinco años, de
semblante hermoso y afable, con tal expresión de
tristeza, que era imposible verle sin sentir irresistible
inclinación á amarle. No usaba peluca y sus abun-
dantes cabellos rubios, no martirizados por las tena-
zas del peluquero para tomar la forma de alas de
pichón, se recogían con cierto abandono en una
gran coleta, y estaban inundados de polvos con me-
HISPANO-ARÜENTINA 211
nos arte del que la presunción propia de la época
exigía. Eran grandes y azules sus ojos; su nariz
muy fina, de perfecta forma y un poco larga, sin
"que esto le afeara, antes bien parecía ennoblecer su
expresivo semblante. Su barba, afeitada con esmero,
era algo puntiaguda, aumentando así el conjunto
melancólico de su rostro oval, que indicaba más
bien delicadeza que energía. Este noble continente
era realzado por una urbanidad en los modales, por
una grave cortesanía de que ustedes no pueden for-
mar idea por la estirada fatuidad de los señores del
dia, ni por la movible elegancia de nuestra dorada
juventud. Tenía el cuerpo pequeño, delgado y como
enfermizo. Más que guerrero, aparentaba ser hombre
de estudio, y su frente, que sin duda encerraba altos
y delicados pensamientos, no parecía las más propia
para arrostrar los horrores de una batalla. Su ende-
ble constitución, que sin duda contenía un espíritu
privilegiado, parecía destinada á sucumbir al primer
choque. Y, sin embargo, según después supe, aquel
hombre tenía tanto corazón como inteligencia. Era
Churruca.
El uniforme del héroe demostraba, sin ser viejo
ni raído, algunos años de honroso servicio. Después,
cuando le oí decir, por cierto sin tono de queja, que
el Gobierno le debía nueve pagas, me expliqué
aquel deterioro. Mi amo le preguntó por su mujer,
y de su contestación deduje que se había casado
poco antes, por cuya razón le compadecí, parecién-
dome muy atroz que se le mandara al combate en
tan felices días. Habló luego de su barco, el San
Juan Neponmceno, al que mostró igual cariño que á
su joven esposa, pues según dijo, él lo había com-
puesto y arreglado á su gusto, por privilegio espe-
cial, haciendo de él uno de los primeros barcos de
la armada española.
De Trafalgar.
212 ANTOLOGÍA ESCOLAR
MANUEL TAMAYO Y BAUS (1829-1898)
Sin rival en el dominio del arte
dramático, enjoyó la literatura espa-
ñola con ot)ras teatrales de imi)ere-
cedera fama.
UN DRAMA NUEVO
Yorick y Edmundo
K. — ¿ Qué ?
Y. — Que en esta obra que estás viendo, tengo un
excelente papel.
E. — Con el alma lo celebro, señor.
Y. — Tiempo ha que en vez de padre me llamas
señor, y en vano ha sido reprendértelo.
¿Acaso te di impensadamente motivo para
que tan dulce nombre me niegues?
E. — Yo soy el indigno de pronunciarlo
Y. — ¿A qué viene ahora eso? ¡Ay! Edmundo;
me vas perdiendo el cariño.
E. — ¿Qué os induce á creerlo?
Y. — Fueras menos reservado conmigo, si cual an-
tes me amaras.
E. — Y ¿en qué soy yo reservado con vos?
Y. — En no decirme la causa de tu tristeza.
E. — ¿Yo triste?
Y. — Triste y lleno de inquietud ¿Qué vá á que
estás enamorado?
E. — ¿Enamorado? ¡Yo!... ¿Supones?
Y. — Dijérase que te he imputado un crimen (son-
riendo) ¡Ah! { co>i repentina seriedad) Cri-
men puede ser el amor ¿Amas á una mujer
casada? (asiéndole de una mano ).
IIISPANO-AHC.KNTINA 213
E. — ¡ Oh ! ( iniiuitdndosr ).
Y. — Te has puesto pálido... Tu mano tiembla.,.
E. — Sí, con efecto.,. Y es que me estáis mirando
de un modo...
Y. — Enfermilla debe de andar nuestra concien-
cia, cuando una mirada nos asusta. Piénsalo
bien: no causa á un hombre tanto daño
quien le roba la hacienda como quien le
roba el honor: quien le hiere en el cuerpo
como quien le hiere en el alma. Edmundo,
no hagas eso... ¡Ay, hijo mío, no lo hagas
por Dios!
E. — Vuestro recelo no tiene fundamento ninguno.
Os lo afirmo.
Y. — Te creo: no puedes tú engañarme. En esta
comedia, sin ir más lejoá, píntanse los gran-
des infortunios á que da origen la falta
de una esposa. Y mira : ni aun siendo de
mentirijillas me gusta que Alicia tenga que
hacer de esposa culpada, y tú de aleve se-
ductor.
E. — ¿Si? ( procnraiich disiiniilar ).
Y. — Yo seré el esposo ultrajado (con énfasis ciUnico ).
E. — ¡Vos! (dejándose llevar de sn emoción).
Y. — Yo, sí... ¿Qué te sorprende? ¿Eres también tú
de los qiie me juzgan incapaz de repre-
sentar papeles serios?
E. — No, señor, no... sino que...
Y. — Cierto que habré de pelear con no pequeñas
dificultades. Y ahora que en ello caigo,
ningún otro papel menos que el de marido
celoso me cuadraría; porque á estas fechas
aun no sé yo que especie de animalitos son
los celos. Obligado á trabajar continua-
mente desde la infancia y enamorado des-
pués de la gloria, tan sólo en ella tuvo
señora mi albedrio, hasta que por caso pe-
regrino y feliz, cuando blanqueaba ya mi
214 ANTOLOGÍA ESCOLAR
cabeza, mostró que aun era joven mf pecho,
rindiendo á la mujer culto de abrasadoras
llamas. Y Alicia — bien lo sabes tú — ni me
causó celos hasta ahora, ni me los ha de
causar en toda la vida. No es posible des-
confiar de tan hidalga criatura. ¿Verdad
que no?
K. — No señor; no es posible.
Y. — Friamente lo has dicho. Oye, Eduardo. Ha-
ces mal en callarte lo que ha tiempo noté
E. — ¿Algo habéis notado! ¿Qué ha sido?
Y. — Que Alicia no te debe el menor afecto : que
tal vez la miras con aversión.
E. — Eso habéis notado... ¡ Qué idea !... ( JMuy turbado).
Y. — Y el motivo no se oculta á mis ojos. Reina-
bas solo en mi corazón antes de que Alicia
fuera mi esposa, y te enoja ahora hallarte
en él acompañado ¡ Egoista ! Prométeme
hacer hoy mismo las paces con ella. Y de
aquí en adelante, Alicia á secas la has de
llamar. Y aun sería mejor que la llamases
madre; y si madre no, porque su edad no
lo consiente, llámala hermana, porque her-
manos debéis ser, teniendo los dos un mis-
mo padre. (Abrazándole )
E. — (¡Qué suplicio!).
Y. — ¿Lloras? Ea, ea, no llores... no llores, si no
quieres que también yo... ( Liinpidndose las
Idgriuias con las ¡natíos) ¿Y sabes lo que
pienso? Que si los celos de hijo son tan
vivos en tí, los de amante deben ser cosa
muy terrible. Diz que no hay pasión más
poderosa que ésta de los celos; que jior
entero domina el alma; que hace olvidarlo
todo.
E. — ¡Todo! Sí, señor, todo!
Y. — ¿Con que tú has estado celoso de una mujer?
¡ Qué gusto ! Así podrás estudiarme el pa-
ANTOLOGÍA ESCOLAR 215
peí de marido celoso, explicándome como
en el pecho nace y se desarrolla ese afecto
desconocido para mí, qué linaje de tormen-
tos produce, por qué signos exteriores se
deja ver, todo aquello, en fin, que le co-
rresponde y atañe. Empieza ahora por
leerme esta escena (Dándole el maiiiLscrito
abierto ). Desde aquí. (Señalándole un higar
en el manuscrito). Anda.
E. — ¿Coilque eres tú el villano...
Y. — Eso te lo digo yo á tí, (Eduardo se inmuta,
y sigue leyendo torpe y desmayadai/ientej.
E. — Tú el pérfido y aleve?...
Y. — Chico, chico, mira que no se puede hacer
peor ¡ Más brío ! ¡ Más vehemencia !
E. — ¿Tú el seductor infame que se atreve...
Y. — ¡ Alma ! ¡ Alma !
K. — A desgarrar el pecho de un anciano?
Y, — No estás hoy para ello. Dame, (quitándale
el vianuscrito). Escucha.
¿ Con (¡lie eres tii el villano,
tú el péríiido y aleve,
til el seductor infame... •
Acto J— E^c. III.
216 ANTOLOGÍA ESCOLAR
ABELARDO LÓPEZ DE A YA LA (1829-1879)
Uno de los primeros dramaUírgos
(le su siglo, por su gran dominio del
teatro, su tendencia moralizadora, y
su estilo siempre correcto y pulido.
EL TANTO POR CIENTO
Condesa. ¡Dios niio!
¿Por qué rne matan, por qué?
Tú de esta inicua sentencia
el mismo agravio rec¡i)es...
¡ Y él aqui (Por Pablo) ¿Por qué no escribes
en el rostro la inocencia? (Pansa)
Y ¿Pensáis que estos agravios
me envilecen? ¡Qué sandez!
I Qué!... La virtud, la honradez
¿dependen de infames labios?
¡Soy honrada, y aunque vea
el orbe lo que sucede,
el orbe entero no puede
hacer que yo no lo sea!
Si yo me debo quejar
á mí misma, á mí, que vengo
á pedirles lo que tengo,
lo que ellos no pueden dar.
¡.Mi honra! ¿Quién os la pide,
si siempre me ha acompañado?
¡La debo á Dios, que me ha dado
el alma donde reside!
¡Callad! Destrozadmc así...
¡Ya todo me importa nada;
IIISI'AN'O-AlUiKNTINA 217
que me l)asta ser honrada
para Dios y para mi !
i Y lo soy ! V ese desdén
no me aflije... no me altera...
¡.\y i^ihlo! ¡Si yo pudiera...
s(>rlo para ti también !!...
Pal. lo. (;(:alliin!...)
Condesa. Míralos atento
¿Ves qué aspecto tan sombrío?
¿Por qué, si el delito es mió,
es vuestro el remordimiento?
Pablo. (¿Y callan!)
Condesa. ¿ Por (|ué tembláis ?
¿Lo ves? Temblando se hallan.
¡Todos tiemblan!... ¡Pero callan!.
Pablo. ¡Infames! ¡ Por ípié calláis!
¡ Yo solo tengo derecho
á juzgar sus extravíos!
Pero á vosotros ¡impíos!
esta infeliz ¿(jue os ha hecho...
¿Por (|ué no sale una voz
de esas entrañas de roble?
cualíjuier mentira es más noble
(|ue ese silencio feroz
¡Si, ya juzgo (¡ue la mengua
es vuestra y ella inocente!...
¡y si alguno me desmiente
le voy á arrancar la lengua!
Acto II— Esc. XXL
218 ANTOLOGÍA ESCOLAR
JOSÉ ECHEGARAY (1832-1916)
Matemático, fisico, orador, poeta,
prosista, todo lo fué este autor, haslu
jiolilico. Gozó de bien ciinentadu
faina como hombre de ciencia.
PORQUE EL DIABLO ES ZURDO
QUE el diablo es zurdo, es cosa averiguada.
Su mano ó su zarpa derecha, es mucho más
f^^^^ torpe para el mal que su mano ó su zarpa
izquierda.
Por cada maldad que realiza con la derecha, rea-
liza diez con la izquierda; que en esto consiste el
ser zurdo el dueño y señor de las tinieblas.
Pero la razón del hecho, pocos sabios la conocen.
Y la explicación es la siguiente, y es todo una
historia ó, si se quiere, todo un cuento. ¡ Qué cuen-
tos é historias, allá se van !
Hubo un invierno muy frío, que hasta en el antro
de las penas eternas se hizo sentir. Así es que el
invierno, que en las entrañas del diablo mora eter-
namente, se recrudeció. Y llenóse el corazón de ca-
rámbanos, los pulmones de escarcha, y por dentro
del cráneo llevaba toda una nevera.
Por las salas infernales se paseaba apresurada-
mente, acercándose á todos los focos inflamados,
zambulléndose en todas las calderas de aceite hir-
viendo, acurrucándose en todos los hornos, arropán-
dose con las llamas de todos los condenados.
Y todo iniitil ; no entraba en calor.
Y es que los fuegos del infierno abrasan, queman,
tuestan, torturan, pero no calientan.
HISPANO-ARGENTINA 219
Al fin y al cabo, aburrióse el diablo del sistema
de calefacción infernal, y salióse por los mundos en
busca de calor.
¡ Empeño inútil ! Cada vez se le helaban más las
entrañas.
Se bañó en los volcanes y salió chamuscado, pero
yerto.
Se echó boca abajo á las 12 del día en las arenas
del desierto, y sudó pez y alquitrán, pero las neveras
interiores de su ser no recibieron ni un vaho de
calor.
Se metió entre los humanos y refregó su cuerpo
velloso contra todas las pasiones, y tampoco consi-
guió nada; escozores dolorosos en el epidermis, pero
en las entrañas frío.
Bajó á un abismo, y contra Ids picachos inmensos
de las motañas, que le servían á modo de frontones,
estuvo jugando á la pelota con los siete pecados
capitales. Y se agitó, se fatigó mucho, pero no entró
en calor tampoco.
Con lo cual, el eterno vencido se dio por vencido
otra vez más, y empezó á dar vueltas por todas
partes: por sierras y por valles, por ciudades y por
aldeas.
Por una llanura helada iba, á punto de anochecer,
soplándose los dedos y azotándose el espinazo con la
cola, cuando vio, medio enterrado en la nieve, á una
mujer con un niño contra su pecho.
La mujer agonizaba de frío, y el diablo, por hacer
algo y por ver si podía llevarse un alma más á sus
cavernas, se acercó á la mujer que moría, y sobre
ella se inclinó como la fiera sobre su presa.
¡Qué cosa tan extraña! ¡En aquella soledad, de
entre aquella capa de nieve salía un vaho dulce,
tibio, consolador: del pecho de la mujer salía la tibia
bocanada! Mejor dicho de su propio corazón.
Por vez primera sintió el diablo en sus entrañas
altjo así como un cálido efluvio.
220 ANTOLOGÍA ESCOLAR
Y aunque su cerebro estaba helado, pudo com-
prender que el corazón de una madre siempre tiene
calor que dar al hijo de sus entrañas, aun en la hora
de la muerte.
De modo que el diablo, que había tendido las
zarpas para coger una alma, siguió con ellas contra
el pecho de la mujer, como el que las tiende para
recoger el calor de una hoguera.
El diablo entró en calor.
Pero en esto llegó la Muerte; le miró con des-
precio; le echó á un lado, como se echa el gato de
la chimenea en que se calienta; cogió á la mujer
y se la llevó sobre la llanura nevada.
El diablo se quedó con el niño. Y como el niño con-
servaba todavía el calor de su madre, el diablo lo cogió
en sus brazos y también se lo llevó á la llanura.
— ¿Qué hago yo con esto? pensaba.
Puedo darle muerte, pero sería una torpeza; sería
enviar un alma al cielo, faltando indignamente á
mis deberes infernales.
Pudiera llevármelo al infierno, pero es todavía un
ser puro, con él no podría entrar.
Puedo abandonarlo sobre la nieve, y que sea de
él lo que Dios quiera; pero Dios querría lo mejor^
esto no entra en mis cálculos.
Además, el niño todavía estaba tibio por aquel
último rescoldo del amor materno. Y el diablo ex-
perimentaba cierta sensación dulce apretándolo con-
tra sus negruzcas costillas.
En suma: que decidió quedarse con el niño, criarlo
hasta que fuese mayorcito, torcer sus inclinaciones,
ennegrecer su alma, educarlo para el mal, y en su
día llevárselo al infierno.
El resultado fué que el diablo se disfrazó de viejo,
construyó una cabana, y en ella vivió con el niño
algunos años.
El pequeñuelo le fué tomando cariño, porque con
el mal nos encariñamos pronto.
HISPAXO-AUOEXTINA 221
El papá diabólico lo cuidaba paternalmente, por-
que si el niño se moría antes de estar maduro para
la eterna condenación, lo había perdido para siempre.
Mas sucedió que un día tuvo que ausentarse el
diablo para fomentar no sé que tentaciones de un
viejo avariento, y en el entretanto el chicuelo, que
era de la piel del diablo, se escapó ; saltó por los
riscos, despeñóse por ellos y al volver el diablo se
encontró al niño muerto, y á su alma, pequeñita y
blanca y con forma infantil todavía, que lo cogió
por la mano y se lo llevó tras sí, diciéndole : «¡Ven
papá! »
El diablo, sin saber cómo, ni por qué, se dejó llevar.
Y camniaron, caminaron; el niño delante, con dos
alas blancas que de pronto le ' habían brotado ; el
diablo detrás, con dos alas negras; las de siempre.
Y los dedos ganchudos del ángel malo, en la ma-
nita blanca del pequeño ángel.
Y de él tiraba, caminando sin esfuerzo el de las
alas blancas; caminando á tropezones, torpemente,
desesperadamente, el de las alas negras.
Así llegaron á las puertas del cielo.
La puerta se entreabrió.
Entró el niño, siempre tirando de la mano del
diablo y diciéndole : « Entra papá. »
Pero cuanto entró el niño, la puerta del cielo se
cerro de golpe y le cogió los dedos al diablo, estro-
peándoselos para siempre.
El diablo lanzó un aullido y clavó la zarpa iz-
quierda en la puerta.
Desde entonces quedó el diablo zurdo, y será
zurdo por los siglos de los siglos.
222 ANTOLOGÍA ESCOLAR
RAMÓN DE CAMPOAMOR (1817-1901)
Uno de los pocos poetas cumbres
del siglo XIX. Satírico, mordaz, mués-
trase ora creyente ora escéptico, pero
siempre humano: deleita y obliga á
pensar por sus pespuntes de amarga
filosofía.
PROXIMIDAD DEL BIEN
En el tiempo en que el mundo informe estaba,
Creó el Señor, cuando por dicha estrema
El paraíso terrenal formaba.
Un fruto que del mal era el emblema,
Y otro fruto que el bien simbolizaba.
Del miserable Adán al mismo lado
El Señor colocó del bien el fruto ;
Pero Adán nunca el bien halló ofuscado,
Porque es del hombre mísero atributo
Huir del bien, del mal siempre arrastrado.
El fruto que del mal símbolo era
Puso Dios escondido y muy lejano;
Pero Adán lo encontraba donde quiera
Abandonando, en su falaz (|uimera.
Por el lejano mal, el bien cercano.
¡Ah! siempre el hombre en su ilusión maldita
Su misma dicha en despreciar se empeña,
Y al seguirla tenaz, tenaz la evita,
Y aunque en su mismo corazón palpita,
¡Lejos, muy lejos, con afán la sueña!...
HISPANO-AHEGNTINA 22S
CATÓN DE UTICA
Rasga su pedio el último romano
Y esclama, deshonrando su memoria :
<( Sueño es la libertad, humo la gloria,
Y la austera virtud un nombre vano. »
Deten, Catón, la temeraria mano.
Que en huir del dolor nunca hay victoria ;
Fiel á ese pueblo, mártir de la historia,
Muere, si hay que morir cara al tirano.
Torna á ganar la libertad perdida;
Vuelve hacia Homa, y cuando hieran, hiere;
Si cae la virtud, caiga vencida.
¿Quién su deshonra á su dolor prefiere?
En las batallas de la humana vida
Solo se mata ei vil ; el noble muere.
GASPAR NUÑEZ DE ARCE (1834-1903)
Drainatiirf<o y poeta; y si, como-
poeta es vibrante, y casi siempre
perfecto, como dramaturgo enrique-
ció el género con el mejor drama
histórico escrito en Kspaña durante-
el siíílo XIX.
SURSUM CORDA?
Fragmento
.' Sursuní corda ! ¡ F.levad los corazones,
hijos nacidos de mujer ! La senda
es escabrosa, pero no iníinita.
224 ANTOLOGÍA KSCOLAR
Cuando os deslumbre el sol, cuando os ofenda
el furor de los recios a(|uilones,
cuando sintáis la voluntad niarchila,
alzad el alma á Dios. Su seno abierto
para todos está como la tienda^
que el árabe levanta en el desierto.
¡ Alzad el alma á Dios tres veces santo,
que sin lijarse en condición ni en raza,
con su cerúleo y estrellado manto
á todos nos cobija y nos abraza.
El los humanos derroteros traza.
y cuando con la vida transitoria
nuestra angustiosa incertidumbre cesa,
para ascendernos á mejor estado
y ceñirnos el lauro de su gloria,
en su justa balanza sólo pesa
lo que hemos padecido y trabajado.
¡ Nadie en estéril ocio se consuma !
Para que fructili(|uc la simiente,
abramos con la reja y con la pluma
Jos surcos de la tierra y de la mente,
pues cuando á la labor que nos señala
hora por hora el cielo, damos cima,
subimos un peldaño de la escala
que á la ciudad de Dios nos aproxima.
Y si del pedernal que es infecundo
saca el golpe la luz, ¿no alcanzaremos
con esfuerzos constantes y supremos
la prometida redención del mundo ?
Todo trabajo es oración. Oremos.
EL HAZ DE LENA
Catalina — Pero / qué os pasa ? .Agitado
estáis...
•Carlos— No, desesperado.
lUSPANO-AKOENTlNA
225
Tú no sabes, Catalina
el odio reconcentrado
que en mi corazón germina.
Por mis venas se derrama ;
como el fuego comprimido
ocultamente me inflama.
¡ Ay, cuando rompa esa llama
y surja !...
<"alalina — ¡Estaréis perdido!
Carlos — ¿No es verdad (|ue te amedrenta?
¡ Oh ! yo quisiera callar,
pero no puedo. Revienta
mi furor ,". Quién puede ahogar
las iras de la tormenta ?
Explayóse el alma mia
lejos de esa turba impia'
que me sigue y acompaña,
(|ue me adula y que me espia,
que se postra y (|ue me engaña
Kn este oculto rincón
salgan la voz de mi pecho,
la hiél de mi corazón,
los ayes de mi despocho,
las ansias de mi ambición
Aqui sólo puedo ser
dueño de mi mismo. Aqui
no necesito esconder
este ardiente frenesí...
<2atalina — Principe, ¿qué vais á hacer?
Templad ese vivo encono.
Ved quien sois...
Carlos — ¡ Ay, Catalina !
Nada soy en mi abandono
Catalina — Sois heredero de un trono
que sobre el mundo domina
Carlos — Más esto me desespera.
Catalina — ¿ Por qué, señor ?
Carlos — Si yo hubiera
226 ANTOl.OGÍA KSCOLAU
en pobre cuna nacido,
con resignación sufriera
la oscuridad y el olvido
Pero cuando altiva toca
en la elevación mi frente
y la ambición me provoca,
i vivir atado á la roca
de una grandeza impotente !
i Solo, triste, sin empleo,
en mi lastimoso estado,
sentir, nuevo Prometeo,
mi pecho despedazado
por las garras del deseo !
¡ Ser tan grande y ser tan poco !
Morir de sed á la orilla
del agua que miro y toco!...
¡Esto me mata, me humilla,
y temo volverme loco!
Catnlina— Pero mirad...
Carlos — En la oscura
soledad de mi recinto,
á veces se me figura
que ante mis ojos fulgura
la imagen de Carlos Quinto.
A su vista me confundo
temeroso, y quiero en vano,
en mi respeto profundo,
besar la potente mano
que llegó á abarcar el mundo.
Mi espíritu desfallece,
y, como á través de un sueño
la imagen se eleva y crece,
y á medida que engrandece
me siento yo más pequeño.
Y la bélica armonía
de la militar porfía
en mi corazón resuena,
y mi cerebro se llena
HISPANO-ARÜENTINA 227
con las glorias de Pavía.
Y mudo, asombrado, yerto
al mirar su rostro altivo,
juzgo, de rubor cubierto,
que viene á quejarse muerto
del ocio infame en que vivo.
Estos recuerdos se imprimen
tenazmente en mi memoria,
y me conturban y oprimen...
Catalina — Cuidad que ese afán de gloria
no os precipito en el crimen, etc.
Acto JI. Esc. V.
EMILIO CASTELAR (1832-1899)
Orador galano y abundoso, excesi-
vamente abundoso, fué el verdadero
artista de la palabra. Sus discur.sos
trasladados á la página escrita pier-
den la mitad de su encanto.
Fragmento
YO quiero ser español y solo español ; yo quiero
hablar el idioma de Cervantes; quiero recitar
los versos de Calderón ; quiero teñir mi fantasía
en los matices que llevaban disueltos en sus paletas
Muriilo y Velazquez; quiero considerar como mis
pergaminos de nobleza nacional la historia de Viriato
y el Cid ; quiero llevar en el escudo de mi í'atria
las naves de los catalanes que conquistaron á Oriente,
y las naves de los andaluces que descubrieron el
Occidente; quiero ser de toda esta tierra tendida
entre los riscos de los montes Pirineos y las olas
228 ANTOLOGÍA ESCOLA U
del gaditano mar; de toda esta tierra redimida, res-
catada del extranjero y de sus codicias por el heroísmo
y el martirio de nuestros inmortales abuelos. Y
tenedlo entendido de ahora para siempre; yo amo
con exaltación á mi Patria, y antes que la libertad,
antes que la República, antes que á la federación,
antes que á la democracia, pertenezco á mi idolatrada
España.
Y me opondré siempre con todas mis fuerzas á la
tnás pequeña, á la más mínima desmembración de
este suelo, que íntegro recibimos de las generaciones
pasadas, que íntegro debemos legar á las generaciones
venideras, y que íntegro debemos organizar dentro
de una verdadera federación.
Y el movimiento cantonal es una amenaza insen-
sata á la integridad de la Patria, al porvenir de la
libertad.
Mientras unos de esos cantones toman las naves;
mientras otros piratean ; mientras aquellos dividen y
fraccionan la unidad nacional ; mientras los de más
allá indisciplinan el ejército; mientras todos cometen
tropelías sin número, los carlistas avanzan hacia
Bilbao, el baluarte de la libertad; avanzan hacia
Logroño, el asilo del héroe de toda nuestra epopeya
de la guerra civil; perturban á Cataluña, tierra de
la República; y nosotros, generación infortunada, que
hemos tenido nuestra cuna mecida en el oleaje san-
griento de una guerra civil, vamos á tener por otra
guerra civil deshonrado nuestro sepulcro.
¡ Ah ! yo no veo el patriota en el Diputado que se
va de aquí á sublevar las provincias, que rompe la
Patria, que pone una bandera odiosa y odiada sobre
€l tope de las naves de D. Juan de Austria y del
Marqués de Santa Cruz; yo no veo ahí á España.
Yo la veo en el voluntario de Estella que con su
mujer al lado, sobre cien quintales de pólvora, con
la mecha encendida aguarda á que llegue el facineroso
carlista, para morir como bueno. Sí ; allí está la Patria
IIISPANO-ARGKXTINA 22&
de Viriato, allí está la Patria de Pelayo, allí está la
patria del Cid, allí está la Patria de Daoiz y Velarde^
allí está la patria de la mártir Gerona y de la santa
Zaragoza.
Discurso — 30 de julio de 187!}.
MARCELINO MENENDEZ Y PELAYO (1856-1912)
Polígrafo eniineiile, sin rival en su
siglo, fué el iniciador de uiin nueva
era critifa. Por su vasta erudición,
es, en su época, el más alto exponen-
te de la mentalidad española.
DE LA POESÍA MÍSTICA
Frag.mento
ENSALCEN otros la Edad Media: cada cuál tiene
sus devociones. Para Kíspaña, la edad dichosa y
el siglo feliz fué aquel en que el entusiasmo
religioso y la inspiración casi divina de los cantores
se aunó con la exquisita pureza de la forma, traída
en sus alas por los vientos de Italia y de Grecia.
Siglo en que la mística castellana, silenciosa ó bal-
buciente hasta aquella hora, rotas las prisiones en
que la encerraba la asidua lectura de los Tauleros
y Ruysbroeck de Alemania, y ahogando con poderosos
brazos la mal nacida planta de los alumbrados, dio
írallarda muestra de sí, libre é innmne de todo resabio
de qnictini y de panteísmo, y corrió como generosa
vena por los campos de la lengua y del arte, fecun-
dando la abrasadora elocuencia del Apóstol de la
Andalucía, el severo y ascético decir de San Pedro
230 ANTOLOGÍA ESCOLAR
de Alcántara, la regalada filosofía de amor de Fr. Juan
de los Angeles, la robusta elocuencia del venerable
Granada, toda calor y afectos que arrancan lumbre
del alma más dura y empedernida, el pródigo y mal
represado lujo de estilo de Malón de Chaide, la serena
luz platónica que se difunde por los Noinbres de Cristo
de Fr. Luis de León, y la alta doctrina del conoci-
miento propio y de la unión de Dios con el centro
del alma, expuesta en las Moradas teresianas como
en plática familiar de vieja castellana junto al fuego.
,¿ Quién ha declarado la unión extática con tan gracio-
sas comparaciones como Santa Teresa : ya de las dos
velas que juntan su luz, ya del agua del cielo que
viene á henchir el cauce de un arroyo? ¿Y qué diremos
de aquella portentosa representación suya de la
esencia divina, « como un claro diamante muy mejor
que todo el mundo, » ó como un espejo en que por
subida manera, y « con espantosa claridad, » se ven
juntas todas las cosas, sin que haya ninguna que
salga fuera de su grandeza? Ni Malebranche ni Leib-
nitz imaginaron nunca más soberana ontología. No
hubo abstracción tan sutil ni concepto tan encum-
brado que se resistiese al romance de nuestro vulgo :
sépanlo los que hoy, á título de filosofía, le destrozan
y maltratan. Esa lengua bastó para contener y difun-
dir el pensamiento de Platón y del Areopagita, en
cauce no menos amplio que el de la lengua griega,
y ciertamente que no halló pobre ni estrecha la nuestra
(y valga un ejemplo por todos) el fraile que supo
decir ( en el libro I de los Nombres) que < las cosas,
demás del ser real que tienen en sí, tienen otro aun
más delicado, y que en cierta manera nace de él,
consistiendo la perfección en que cada uno de nosotros
sea un mundo perfecto, para que de esta manera,
estando todos en mí y yo en todos los otros, y
teniendo yo su ser de todos ellos, y todos y cada
uno dellos teniendo el ser mió, se abrace y eslabone
toda aquesta máquina del universo, y se reduzca á
HISPA NO- AlU'iENTINA 231
unidad la muchedumbre de sus diferencias, y que-
dando no mezcladas se mezclen, y permaneciendo
muchas no lo sean, y extendiéndose, y como desple-
gándose delante los ojos la variedad y diversidad,
venza y reine y ponga su silla la unidad sobre todo. »
El filósofo que en nuestros dias tuviera que explicar
esta gallarda concepción armónica, diría probablemen-
te que lo objetivo y lo subjetivo se daban congrua,
y homogéneamente, dentro y debajo de la unidad, y
en virtud de ella, en íntima unión de Todeidad ; ^ y
se quedaría tan satisfecho con esta bárbara algarabía,
só pretexto de que los viejos moldes de la lengua no
bastaban para su altivo y alemanisco pensamiento.
IIISPANO-AKGENTINA 233
MANUEL JOSÉ DE LABARDÉN (1754-1813)
El mejor poeta ait(entino de la
época colonial, más trágico que lírico
á ju/gar por lo poco que de él se
conoce.
ESCENA XIV
Siríjjo — ( furioso ).
¿ El vil engai-iador dónde se esconde?
¿ Esta es la fe de los cristianos ?
Y tii, si eres mujer, que mas bien creo
Que serás un espíritu que vago
Viniste á atormentarme, ol merecido
Galardón hallarás de tus engaños.
Lamharé
El español huyó. Tus centinelas
que saliesen del campo le dejaron,
Finjiendo que con nuevas de las |)aces
Volvia presuroso á sus paisanos.
Siripo
Pues, Lambaré, tu criminal descuido
Ha sido causa de trastorno tanto,
Quedarás con la nota de cobarde
Si tu mesmo no atiendes al reparo.
Hedlmc, (|ue aun es tiempo tu delito,
O teme mi furor. Me has engañado.
Elije los timbues mas corredores.
Alcanza al fugitivo.
Lamharé
Vov volando.
234 ANTOLOGÍA ESCOLAU
ESCENA XV
Siripa — Lucia — Miranda.
Lucía
Tirano, si pretendes encontrarle
No sufran tus rencores más atraso
Yo te enseño el camino. En este peciio
Hallarás á mi esposo aposentado.
Traspásale inhumano. No presumas
Que su lugar ocupes entre tanto
Que su imájen la tuya hace horrorosa.
Es más breve la senda que te allano.
Ve (jue es llegado un día menos triste
En que me sean tus obsequios gratos,
Y me harás el mayor si me libertas
Del enojo de haberle á ti nurado. (Vase)
Miranda
¡ Yo no cnjendré tal hija! Vos la hicisteis,
Pues cuidad también de ella, cielo santo!
Siripo
Ensálzate arrogante. En breve tiempo
Ese orgullo feroz verás postrado.
Yo sabré hacer de modo que la imájen
Que dá á tu corazón valor tamaño.
Con horrible semblante se te objete
Y sea sombra vaga y aire vano
Que ande con tristes ayes y jemidos
Tu sueño y tu memoria perturl)ando.
INVOCANDO AL PARANÁ
Augusto Paraná, sagrado rio,
Primojénito ilustre del Océano.
HISPANO AKÜKNTINA 235
Que en el carro do nácar refuljente
Tirado de caimanes recamados
De verde y oro, vas de clima en clima,
De rejion en rejion, vertiendo franco
Suave frescor y pródiija abundancia,
Tan grato al Portugués, como al Hispano.
Si el aspecto sañudo de Mavorte,
Si de Albion los insultos temerarios
Asombrando tu candido carácter.
Retroceder te hicieron asustado
A la gruta distante (|ue decoran
Perlas nevadas, Ígneos topacios,
Donde tienes volcada la urna de oro
De ondas de plata siempre rebosando :
Si las sencillas ninfas arjen|,inas
Contigo temerosas profligaron,
Y el peine de carey alli escondieron,
Con que pulsan y sacan sones blandos
De liras de cristal, las cuerdas de oro.
Que envidiaran las Deas del Parnaso;
Desciende ya dejando la corona
De juncos retorcidos, y dejando
La banda de silvestre camalote,
Poríjue ya el ardimiento provocado
Del heroico Español, cand)iando el oro
Por el bronce marcial te allana el paso,
Y para la ardua intrépida campaña
Carlos presta el valor, .lóve los rayos.
Cerquen tu augusta frente alegres lirios,
Y coronen la popa de tu carro:
Las ninfas te acompañen adornadas
De guirnaldas floridas, entonando
Altos, alegres cánticos, que avisen
Tu venida á los Dioses tributarios.
El Paraguay, el Uruguay lo sepan,
Y se apresuren próvidos y urbanos
A sallrte al camino y á porfia
Te a|)resten á distancia los caballos
236 ANTOLOGÍA ESCOLAR
Que del mar patagónico trajeron;
Los (jue, ya zambullendo, ya nadando
Ostenten su vigor, que mientras vienes
Lindos céfiros tengan enfrenados.
VICENTE LÓPEZ Y PLANES (1784-1856)
Si como poeta no se distingue por
sii inspiración, jjor su patriotismo
ocupa el primer lufar entre los poe-
tas que cantan la independencia ar-
"entina.
EN LA VICTORIA DE MAYO
l'^HAGMKNTO
De Euridice el esposo
La deliciosa voz demandaría,
1^1 mismo Apolo su eco victorioso
Me daría con gusto,
Que siempre ha sido con los iiéroes justo.
Después al rutilanle
Carro del sol en majestad subiendo.
De la cordura y rectitud amante, —
Cual Faetón no fuera, —
Principiaría la inmortal carrera.
Por delante la Aurora,
Más graciosa^ más candida, más bella
Que en el cielo jamás se vio hasta ahora,
Las puertas me abriría
Y el camino de rosas sembraría.
niSPANO-ARüENTIXA 237
Los pueblos del Oriente,
Admirados quedando al presentarse
Fenómeno tan raro y es|)lendente,
Corriendo á las alturas,
Dejarían talleres y culturas.
Y entre tanto ocupando
Del grande Tauro el liiperhóreo alcázar,
Y el humilde horizonte atrás dejando,
Con ráfagas de lumhre
-Más vistosas brillara que es costumbre.
iMi manto al desplegarse
Deliciosos poemas sembrarla,
<^)ue al leerse por el mundo y meditarse,
De Maipo la Victoria
Perpetuasen del umudo en la memoria.
Al cénit más cercano,
Y ya á la vista general del orbe,
Kntonara mi canto sobrehumano:
Melodiosos torrentes
Moverían las piedras y las gentes.
¡ Oh Patria ! tú serias
De mis loores el sublime objeto :
Tu pasmosa constancia en tantos dias
De apremio y de fatiga
Con que incansable el Kspañol te hostiga.
238 ANTOLOGÍA ESCOLAR
JUAN CRUZ VÁRELA (1794-1839)
Lírico y trágico á la vez, es uno de
los poetas más clásicos de su época,
distinguiéndose por su noble inspi-
ración V la corrección de la forma.
A LA VICTORIA DE ITUZAINQÓ
Fragmento
Como cuando retiembla el pavimento,
Del fuego subleri-áneo conmovido,
Y el río, en encontrado movimiento,
Ó retorna al lugar donde ha nacido,
Ó, en su curso desusado,
Baila los campos que no había bai'iado ;
Asi retiembla la campaña en torno
Bajo el pie del alípedo caballo,
Y asi en varias y opuestas direcciones,
Corren los formidables escuadrones,
Y ya la falda de la sierra tocan,
Que inexpuíjnable al enemigo abriga,
Y ya vuelven al llano y le provocan
Sin perdonar trabajo ni fatiga.
¡ Campos do Ituzaingó! ¡ Los que valientes
(>s cubrirán de gloria,
Y harán que se conserve entre las gentes
Con respeto y honor vuestra memoria,
Hoy se ven precisados
A simular pavor y retirarse,
Por probar si se atreven á lanzarse
De la .<ierra esos tímidos soldados:
HISPANÜ-AHUENTINA 239
Mas del castigo lieinblen espantoso.
Con que habrán de pai;ar en al¡snin día
La torpe villanía
De oblijíar ai ardid á un valeroso.
Asi dijo Alvear, y á las legiones
Que ansiaban el momento de venganza,
Ordenó que siguieran sus pendones
Hasta el campo de |)ró\¡ma matanza.
El enemigo entonces, que cobarde
Ocultó en las montañas su pavura,
Üe tardío valor liaciendo alarde,
Inunda con sus haces la llanura.
Pero el bronce tronó; la Muerte liera
Subió en su carro á la señal de Marte,
Y se lanzó en el campo carnicera.
El belicoso bruto al punto parte,
Que ya el audaz jinete
Alzó el acero y le soltó la brida,
y al ímpetu feroz con que arremete
Heticmbla la caujpaña combatida.
De temor (¡ue el estrago á la distancia
iNo tan sangriento sea,
Y de que silbe el plomo en la pelea
Sin herir, sin matar ; los escuadrones
Acometen, se encuentran, se rechazan,
Y se estrellan legiones con legiones
Y con mutuo furor se despedazan ;
Queda encerrado en el fusil entonces
El plomo matador, callan los bronces ;
Y el puñal lioro y el recorvo sable.
La bayoneta y la tremenda lanza,
Siiven más al furor de la venganza,
Y en silencio horroroso y espantable
Se ejecuta la bárbara matanza.
Sin elección la Muerte
Ciega revuelve su fatal guadaña.
240 ANTOI-OGÍA-ESCOLAR
Y ciegamente hiere ; rinde al fuerte,
Ceba en el débil su sangrienta saña,
Y ningún bando es suyo. En la campaña
La sangre amiga y la enemiga sangre,
Con furia igual vertidas,
En un mismo raudal corren unidas ;
Brazo á brazo pelea el combatiente,
No hay punta aguda ni tajante acero
Que no penetre el pecho de un valiente,
Que no corte la vida de un guerrero.
ESTEBAN ECHEVERRÍA (1805-1851)
Poeta (le indiscutible mérito, pero
desigual, tal vez por que, según un
sesudo crítico argentino, «pensando
en francés, escribió en castellano. »
LA AUSENCIA
Fuese el hecliizo De mi destino
Del alma mía, En su camino
Y mi alegría Se obscureció.
Se fué también : —
En un instante Perdió su hechizo
Todo he perdido : La melodía
¿ Dónde te has ido, Que apetecía
Mi amado bien ? Mi corazón,
— Fiinebre canto
Cubrióse todo Sólo serena
Oe obscuro velo La esquiva vena
El bello cielo De mi pasión.
•Que uie ahunbró, —
Y el astro hermoso Do quiera llevo
HISPANO-AUGENTINA 241
Mis tristes ojos, Vuelve á mis brazos,
Hallo despojos Querido dueño ;
Del dulee amor ; Sol lialayüeno
Doquier vestigios Me alumbrará :
De fugaz gloria, Vuelve tu vista,
Cuya memoria Que todo alegra ;
iMe da dolor. Mi noche negra
— Disipará.
LA CAUTIVA
FUAGMENTO
¡ Oid ! Va se acerca el bando
De salvajes, atronando '
Todo el campo convecino.
¡ Mirad ! Como torbellino
Hiende el espacio veloz.
El tiero Ímpetu no enfrena
Del bruto que arroja espuma :
Vaga al viento su melena,
Y con ligereza suma
Pasa en ademán atroz.
¿ Dónde va ? ¿ De dónde viene ?
¿ De (|ué su gozo proviene ?
¿ Por qué grita, corre, vuela,
Clavando al bruto la espuela,
Sin mirar al rededor ?
¡ Ved ! Que las puntas ufanas
De sus lanzas, por despojos
Llevan cabezas humanas.
Cuyos inílamados ojos
Respiran ai'in furor.
Asi el bárbaro hace ultraje
Al indomable coraje
242 ANTOLOGÍA ESCÜLAH
Que abatió su alevosía ;
Y su rencor todavía
Mira con torpe i)lacer
Las cabezas que cortaron
Sus inhumanos cucliillos,
Exclamando : — Ya pajearon
Del cristiano los caudillos
Kl feudo á nuestro poder.
Ya los ranchos do vivieron
Presa de las llamas fueron,
Y muerde el polvo abatida
Su pujanza tan erguida.
¿ Dónde sus bravos están ?
Vengan hoy del vituperio,
Sus mujeres, sus infantes,
Que gimen en cautiverio,
A libertar, y como antes
Nuestras lanzas probarán. —
Tal decía; y bajo el callo
Del indómito caballo,
Crujiendo el suelo temblaba ;
Hueco y sordo retumbaba
Su grito en la soledad.
Mientras la noche, cubierto
VA rostro en manto nubloso,
Kchó en el vasto desierto
Su silencio pavoroso.
Su sombría majestad.
IFISPANO-AHCiENTINA 243
JOSÉ MÁRMOL (1818-1881)
Poeta, novelista y draiiiaturgo á la
vez. Uoiiiáiitico, eniinenteiiiente des-
criptivo y exaltado patriota, en él el
poeta es superior al novelista y dra-
maturgo.
LOS TRÓPICOS
i Qué bello es al que sabe sentir con la natura
Pasar al iMediodia del circo tropicaT,
Y comparar el cielo de la caliente zona
(Ion el (|ue tibio pinta la lii/, meridional !
¡ Los trópicos! ¡ Radiante palacio del crucero
Foco de luz que vierte torrentes por doquier !
Kntre vosotros toda la creación rebosa
De gracia y opulencia, vigor y robustez.
Cuando miró imperfecta la creación tercera
Y le arrojó el diluvio la mano de Dios,
Naturaleza llena de timidez y frío
Huyendo de los polos al trópico subió.
, Y cuando dijo : « ¡ Basta ! » volviéndola sus ojos,
Y decretando al mundo su nuevo porvenir,
VA aire de su boca los trópicos sintieron.
Y reflejarse el rayo de su mirada allí.
Knlonces como premio del hospedaje santo
Naturaleza en ellos su trono levantó.
Dorado con las luces de la primer mirada,
Hai'iado con el ámbar del hálito de Dios.
244 ANTOLOGÍA ESCOLAU
Y derramó las rosas ; las cristalinas fuentes,
Los bosques de azucenas, de mirtos y arrayán ;
Las aves que la arrullan en melodía eterna,
Y por su linde ríos más anchos que la mav.
Las sierras y los montes en colosales formas
Se visten, con las nubes, de la cintura al pié :
Las tempestades ruedan, y cuando al sol ocultan
Se mira de los montes la esmeraltada sien.
Su seno engalanado de primavera eterna
No habita ese bandido del Andes morador,
■Que de las duras placas de sempiterna nieve
Se escapa entre las nubes á desafiar el sol.
Habitan confundidos la tigre y el jilguero.
Tócanos, guacamayos, el león y la torcaz,
Y todos, cuando tiende su obscuridad la noche,
Se duermen bajo el dátil en lechos de azahar.
La tierra de sus poros vegetación exhala
Formando pabellones para burlar el sol,
Ya que su luz desdeña, pues tiene del diamante,
Del oro y del topacio magnifico esplendor.
¡ Ah Rosas ! No se puede reverenciar á Mayo
Sin arrojarte eterna, terrible maldición ;
Sin demandar de hinojos un justiciero rayo
Qué súbito y ardiente te parta el corazón.
Levanta tu cabeza del lodazal sangriento
Que has hecho de la patria que te guardaba en si
Contempla lo que viene cruzando el firmamento,
Y dinos de sus glorias lo que te debe á ti.
HISPA NO-A küi:nti NA 245
La mancha que en el suelo no borrarán los años,
Porcjue la tierra en sangre la convertiste ya,
Contempla, y un instante responde sin engaños :
i j Quién la arrojó, y gozando de contemplarla está ! ! !
¡ Ah ! Nada te debemos los argenlinos, nada ;
Sino miseria, sangre, desolación sin lin ;
Jamás en las batallas se divisó tu espada ;
Pero mostrasle pronto la daga de Caín.
Cuando á tu patria viste debilitado el brazo.
Dejaste satisfecho la sombra del ombi'i,
Y al viento la n)elena, jugando con tu la/.o
Las hordas sublevaste, salvajes como tii.
Y tu primer proeza, tu primitivo fallo,
Fué abrir con tu cuchillo su virgen corazón,
Y atar ante tus hordas al pie de tu caballo
Sus códigos, sus palmas y el rico pabellón.
OLEGARIO V. ANDRADE (1841-1882)
Poeta (le fustiiosu iin:)<>¡iiuci()ii, sus
incorrecciones de forma no son par-
te ¡1 anien^nar las altas dotes de su
talento poético.
F l\ A G M K .N T O
Desde entonces, jinete del vacío.
Cabalgando en nublados y huracanes,
Kn la cutnbre, en el páramo sombrío.
Tras hielos y volcanes,
Fue siguiendo los vividos fulgores
De la bandera azul de sus amores.
246 ANTOI.OdÍA KSCOLA»
La vio al borde del mar, que se empinaba
Para verla pasar, y que en la lira
De bronce de sus olas entonaba.
Como un grito de ira.
El himno con que rompe las cadenas
De su cárcel de rocas y de arenas.
La vio en Maipii, en Junín y basta en aquella
Noche de maldición, noche de duelo,
En que despareció como una estrella
Tras las nubes del cielo ;
Y al compás de sus lúgubres graznidos
Fué sembrando el espanto en los dormidos.
¡ Siempre tras ella, siempre ! Hasta que un día
La luz de un nuevo sol alumbró al mundo ;
El sol de liberlad que aparecía
Tras nublado profundo,
Y envuelto en su magnílica vislumbre
Tornó soberbio á la nativa cumbre.
¡ Cuántos recuerdos despertó el viajero.
En el calvo señor de la montaña !
Por eso se agitaba entre su nido
Con inquietud extraña ;
Y al beso de la luz del sol naciente
Volvió otra vez á sacudir las alas
Y á perderse en las nubes del Oiieiile.
¿ Adonde va ".' ¿ (^)ué vértigo lo lleva ?
¿Qué engañosa ilusión nubla sus ojos?
Va á esperar del Atlántico en la orilla
Los sagrados despojos.
De aquel gran vencedor de vencedores,
A cuyo solo nombre se postraban
Tiranos y opresores.
Va á posarse en la cresta de una roca
Batida por las ondas y los vientos,
mSPANO-AHGKNTINA 247
Allá, donde se queja In rU>era
Con amargo lamento,
Porque sintió pasar planta extranjera
Y no sintió tronar el escartniento.
¡ V allá estará ! Cuando la nave asome
Portadora del héroe y de la gloria ;
Cuando el mar patagón alce á su paso
Los himnos de victoria.
Volverá á saludarlo como un día
Kn la cumbre del Ande,
l'ara decir al mundo : ¡ Kste es (sl grande
El nido de Cóndores.
EL ARPA PERDIDA
En medio del estrago.
Taciturno y sombrío,
Yace el bardo gentil del arpa de oro.
El bardo (¡ue cantó del |)atrio río
La cólera y la calma,
Y que al tin va á conliarle
Los liltimos delirios de su alma !
Desciende de la nave
Con paso lirme y ánimo sereno :
¿A dónde va? ¡Quién sabe!
En el roto mástil posa la planta,
Y con la fé del bueno
Y el arpa de oro al lado,
Se lan/.a á la ventura
A las ondas del piélago irritado !
Los náufragos oyeron
Largo ralo en la sombra que crecía,
Sobre la voz del huracán v el trueno.
248 IIISFANÜ-AIIOEXTINA
Murmullos de celesto melodía,
Notas truncas de música divina,
Como si alguien cantara en lontananza
Kl himno de las santas alegrías,
Kl poema inmortal de la esperanza !
Desde entonces, el viajero
Oye en la noche plácida y serena,
O entre el rumor de la tormenta brava,
Como el eco de dulce cantilena
Que de lejos lo llama ;
Es el arpa perdida,
\í\ arpa del poeta peregrino
Casi olvidado de la patria ingrata.
Que duerme entre los juncos de la orilla
Del turbulento v caudaloso Plata!
RICARDO GUTIÉRREZ (1836-1896)
lis el más genuino representante
(le los i)oelas liemos y delicados. Su
hondo sentimiento y su apacible do-
lor, entristecen y consuelan á la par.
TROVAS
(( El hondo pesar que siento
y ya el alma me desgarra,
solloza en esta guitarra
y está llorando en mi acento :
como es mi propio tormento
fuente de mi inspiración,
cada pie de la canción
lleva del alma un pedazo,
IIISPANO-AIUIKNTIXA 249
y en cada nota <|iio enlazo
se tne arranca o I corazón.
« Té vi, y aiin(|iio no senlislo,
en mi soledad te amé
con esa profunda fe
(jiie hay solo en un alma triste :
lii en un palacio naciste,
yo en un desierto uaci.
y aunque en el alma senti
fuerzas para alzarme al cielo,
el hombre cortó mi vuelo
y hasta el infierno cai.
« La estrella de mi destino
— no importa - un rayo lanzaba
que a disipar alranzai)a
las brumas de mi camino :
ya ese rayo mortecino
para siempre se ap-'íjó
y sólo a alumbrar sirvió
esta eterna noche im|)ia
cuando, en tu alma, la mía
también el despreció halh).
« Como fiera |)ersegu¡da
piso una senda de abrojos,
sin sueño para mis ojos
ni venda para mi herida,
sin descanso ni í>uaridH
ni esperanza ni piedad,
y en fúnebre soledad
a mi dolor amarrado
voy a la muerte arrastrado
por mi propia tempestad.
« lil cielo me ha maldecido,
el mundo me ha despreciado ;
¿ dónde, sin verme acosado,
250 ANTOLOGÍA ESCOLAH
sentaré el pie dolorido?...
no hay recuerdo, no hay olviilo
para engañar mi a dicción,
sólo hay desesperación
para mi en el mundo ajeno...
yo mismo huyo de horror lleno,
de mi propio corazón ».
LA ORACIÓN
Oye la voz con (|uc a los cielos llama
el universo que en la tarde gime,
y alza al Creador sublimo
la oración ([ue en tu labio se derrama :
Siente la estrofa (|uc en la mar murmura,
contempla el sol que su corona liumilla,
¡ oh, mortal criatura.
y dobla sobre el polvo la rodilla !
Madre Naturaleza,
¡ cómo se templa enternecida el alma
en tu hora de calma
al eco universal de fu frisleza !
¡Cómo en el hondo anhelo
que el inmortal espirilu remueve
en tu misterio la esperanza bebe
la majestad que le sublima al cielo!
Todo en la tarde a la oración levanta,
todo en el alma universal se anida,
y la creación en éxtasis caída
como arpa cólica su pl(>garia canta.
Rueda la mar sus gigantescas "olas
con manso y perezoso movimiento
hasta el desierto de las playas solas
donde dormita el viento:
HISI'ANO-AlUiENTlNA 251
el último crepúsculo que baña
con el color de fúnebre desmayo
la inmensidad del iulinito ambiente,
apaga el tornasol de la montaña
que levanta la frente
para mirar el rayo, último rayo
del sol que se derrumba al occidente.
¡ Oh, mortal criatura !
¿ \o siente a Dios la esencia de tu vida?
Ks que en el alma universal fundida
aspira a Kl tu alma con tristeza ;
es que la majestad de la grandeza
el corazón inunda de ternura.
¡Oh, tarde, tarde bella,
(|ue vuelcas sobre el munífo el firmamento
en el fulgor de tu primer estrella,
tú me templas el alma solitaria :
siento en tu seno una armonía, siento
como un ángel que llora...
¡ Oh, Dios, es la plegaria
con que en la tarde la Creación te adora !
252 ANTOLOGÍA ESCOLAR
ESTANISLAO DEL CAMPO (1834-1880)
(Ailtivó especialmente la poesía
gauchesca, un tanto ciudadana, lo-
grando imperecedera fama con sn
poema Hl Fuiíslo. modelo de natu-
ralidad y sencillez y rico en des-
cripciones.
FAUSTO
— Vea los pingos...
- ¡ Ali, liijitos!
Son dos fletes soberanos.
— ¡ Como si jueran hermanos
IJebiendo la agua jiintilos !
— ¿ Sabe que es linda la mar?
La viera de mañanita
Cuando atraías la puntita
Del sol comienza a asoniar !
Usté ve venir a esa hora
Roncando la marejada,
Y ve en la espuma encrespada
Los colores de la aurora.
A veces, con viento en la anca
Y con la vela al solsito,
Se ve cruzar un barquito
Como una palojna blanca.
Otras, usté ve, patente,
Venir boyando un islote,
Y es que trae un cauíalote
Cabestriando la corriente.
HISPANO-Al'.GENTINA 253
Y con un campo quebrao,
Bien se puede comparar,
Cuando el lomo empieza* a hinchar
Kl rio medio alterao
Las olas chicas, cansadas,
A la playa ágatas vienen,
Y alli en lamber se entretienen
Las arenitas labradas.
Es lindo ver en los ratos
En que la mar ha bajao,
Cair volando al desplayao
Gabiofas, garzas y patos.
Y en las toscas, es divino.
Mirar las olas (¡uebrarse.
Como al íin viene a estrellarse
El hombre con su destino.
Y no sé qué da el mirar
Cuando barrosa y bramando
Sierras de agua viene al/audo
Embravecida la mar.
Parece que el Dios del cielo
Se mostrase rebotao,
Al mirar tanto pecao
Como se ve en este suelo.
Y es cosa de bendecir
Cuando el Señor la serena,
Sobre ancha cama de arena
Obligándola a dormir.
Y es muy lindo ver nadando
A llor de agua algim pescao :
Van como plata, cuñao,
Las escamas relumbrando.
254 ANTOLOGÍA KSCOLAR
JOSÉ HERNÁNDEZ (1834-1886)
Poeta !i quien abrió el tem|ilo de
la inmortalidad Martin ¡•ierro, el
poema más argentino qué se ha es-
escrito.
MARTIN FIERRO
A otros les brotan las coplas
Como agua de manantial ;
Pues a mí me pasa igual
Aunque las mías nada valen.
De la boca se me salen
Como ovejas del corral.
Que en puertiando la primera
Ya la siguen las demás,
Y en montones las de atrás,
Contra los palos se estrellan,
Y saltan y se atropellan
Sin que se corlen jamás.
\' aun(|ue yo por mi inorancia
Con gran trabajo me esplico,
Cuando llego a abrir el pico,
Téngalo por cosa cierta,
Sale un verso y en la puerta
Va asoma el otro el hocico.
Y emprésteme su atención
Me oirá relatar las penas,
Üe que traigo el alma llena.
IIISI'ANO-AIUIKNTIXA 255
Porque en toda circuiistaucia
Faga el gaucho su inorancia
Con la sangre de sus venas.
Dios forillo lindas las (loros.
Delicadas como son,
Les dio toda perfección
V cuanto él era capaz,
Pero al hombre le dio más
Cuando le dio el corazón.
Le dio claridá a la luz.
.Tuerza en su carrera al viento,
Le dio vida y movimiento
Dende el águila al gusano,
Pero más le dio al cristiano
Al darle el eiitendiiniento.
V aunque a las aves les dio
Con otras cosas que inoro,
lisos piquitos como oro
Y un plumaje como labia,
Le dio al hombre más tesoro
Al darle una lengua que habla.
Y dende (|ue dio a las lleras
Ksta juria tan inmensa.
Que uo hay poder que las venza
Ni nada que las asombre,
¿Qué menos le daria al hombre
Que el valor pa su defensa ?
Pero tantos bienes juntos
Al darle, malicio yo,
Que en sus adentros pensó
Que el hombre los precisaba :
Que los bienes igualaba
Con las penas que le dio.
256 ANTOLOGÍA liSCOLAK
Y yo eiiipujao por las mías
Quiero salir de este iriíieruo :
Ya no soy piclión muy tierno
Y sé manejar la lanza,
Y hasta los indios no alcanza
La faculta del gobierno.
Yo sé que allá los caciques
Amparan a los cristianos,
Y que los tratan de « Hermanos »
Cuando se van por su gusto,
¡ A qué andar pasando sustos !. .
Alcemos el poncho, y vamos.
En la cruzada hay peligros,
Fero ni aun esto me aterra,
Yo ruedo sobre la tierra
Arrastrao por mi destino,
Y si erramos el camino...
No es el primero (|ue lo erra.
JUAN MARÍA GUTIÉRREZ (1809-1878
Aun cuando rindió culto á las
musas, su fama descansa en sus obras
en prosa. .Su extensa cultura litera-
ria se |)one de maniliesto en ios tra-
bajos de critica.
CONVIENEN los mejores críticos en que los poemas
sobresalientes del Parnaso de nuestros padres
son tres: la AraiLcaiia, el Bernardo y La Cris-
Hada. Pues bien, los tres fueron escritos en América.
El primero, por el noble batallador Ercilla, el segundo
por un obispo, maestro tanto ó más que Ovidio y
Petrarca en achaques de corazón, apellidado Balbuena;
lIlSPANO-AlUiKNTIXA 257
el tercero, por un santo varón que parece embriagado
en el amor del Crucificado, cual si hubiera bebido
del vino hecho sangre de la última cena. En estas
tres producciones resalta sin esfuerzo el sello impreso
por el lugar en que fueron concebidas. Las octavas
de Ercilla resuenan como clarines de guerra, y pintan
•caracteres inquebrantables y hechos de bravura y de
patriotismo dignos de los hijos jamás domados de
las selvas y breñas de Arauco. La impetuosa fantasía
de Balbuena corre con extremada libertad en sus
cantos y complicados episodios, á remedo del magnífi-
co desorden con que la naturaleza sembró los bosques
■de ceibos y desató los tortuosos torrentes sobre el
suelo de las Antillas. Y bajo la apacible atmósfera
de la ciudad de los Reyes, ¿qué otras inspiraciones
que las del amor y de la caridad pudieran despertarse
■en las sensibles entrañas del Padre Ojeda?
Antes que la civilización cristiana penetrase en
América, era ya muy estimado en ella el talento
poético.
Algunos príncipes mejicanos difundieron las máxi-
mas de la moral, lloraron su esplendor decaído y
celebraron los primores de la naturaleza, bajo las
formas de la poesía. Kl nombre Jiarabicns con que
se distinguían los vates durante el reinado de los
Incas peruanos, significaba en la lengua de los mis-
mos, invefifor, probando así que exigían de sus canto-
res el ejercicio de la más alta facultad del espíritu
humano. La voz de los Jiarabicus, según el testimonio
de Garcilaso, se alzaba en los triunfos, en las grandes
solemnidades del imperio, y sus poesías, como la
•historia, estaban destinadas á perpetuar el recuerdo
de las hazañas y de los acontecimientos nacionales.
Mas no por esto estaba encerrada exclusivamente
la poesía en aquellos emporios de civilización antigua.
Las tribus indómitas que inspiraron los cantos de
Ercilla, tenían sus JcmpC)i, nombre expresivo que
significa « dueño del decir » y que conviene perfec-
258 ANTOLOGÍA KSCOLAR
tamente á los poetas de Arauco, estando á la opinión
de uno de sus más afamados cronistas.
Quienes adoraron al astro del dia como una de sus
primeras divinidades, debieron experimentar el entu-
siasmo que distingue al poeta, ayudándose para
expresarlo de las imágenes pintorescas propias de
los idiomas primitivos. Por esta razón, según los
viajeros en América y sus numerosos historiadores^
casi no hay una tribu, ya more en las llanuras ó en
las montañas, que no posea sus varones inspirados
y su poesía más ó menos rústica.
DOMINGO F. SARMIENTO (1811-1888)
Fué un profundo ¡lensador y e^
escritor más original de su época, si
bien su estilo no jjuede retóricamen-
te recomendarse por su corrección.
EL HOQAR PATERNO
FltAGME.NTO
LA casa de mi madre, la obra de su industria,,
cuyos adobes y tapias pudieran computarse en
varas de lienzo tejidos por sus manos para pagar
su construcción, ha recibido en el transcurso de estos
últimos años, algunas adiciones que- la confunden
hoy con las demás casas de cierta medianía. Su
forma original, empero, es aquella a que se apega la
poesía del corazón, la imagen indeleble que se pre-
senta porfiadamente a mi espíritu, cuando recuerdo
los placeres y pasatiempos infantiles, las horas de
recreo después de vuelto de la escuela, los lugares
apartados donde he pasado horas enteras y semanas.
HISPANO-AROKNTINA 259
sucesivas en inefable beatitud, haciendo santos de
barro para rendirles culto en seguida, o ejércitos de
soldados de la misma pasta para engreírme de ejercer
tanto poder.
Hacia la parte del sur del sitio de treinta varas
de frente por cuarenta de fondo, estaba la habitación
única de la casa, dividida en dos departamentos;
uno sirviendo de dormitorio a nuestros padres, y el
mayor, de sala de recibo con su estrado alto y cojines,
resto de las tradiciones del diván árabe que han
conservado los pueblos españoles. Dos mesas de
algarrobo indestructibles, que vienen pasando de
mano en mano desde los tiempos en que no había
otra madera en San Juan que los algarrobos de los
campos, y algunas sillas de estructura desigual,
flanqueaban la sala, adornando las lisas murallas dos
grandes cuadros al óleo de Santo Domingo y San
Vicente Ferrer, de malísimo pincel, pero devotísimos,
y heredados a causa del hábito dominico. A poca
distancia de la puerta de entrada, elevaba su copa
verdinegra la patriarcal higuera que sombreaba aun
en mi infancia aquel telar de mi madre, cuyos golpes
y traqueteo de husos, pedales y lanzadera, nos des-
pertaba antes de salir el sol para anunciarnos que
un nuevo día llegaba, y con él la necesidad de hacer
por el trabajo frente a sus necesidades. Algunas
ramas de la higuera iban a frotarse contra las murallas
de la casa, y calentadas allí por la reverberación del
sol, sus frutos se anticipaban a la estación, ofreciendo
para el 23 de noviembre, cumpleaños de mi padre,
su contribución de sazonadas brevas para aumentar
el regocijo de la familia.
260 ANTOI>ÜGÍA íiSCOLAK
JUAN BAUTISTA ALBERDI (1810-1884
Escritor político, sus obras consti-
tuyen un verdadero inoniiniento le-
vantado en pro de la paz interior de
los pueblos americanos, recomen-
dándose su estilo por su elegancia y
corrección.
SITUACIÓN CONSTITUCIONAL
LA victoria del Monte de Caceros, no coloca por
sí sola á la República xA.rgentina, en posesión
de cuanto necesita. Ella viene a colocarla en el
camino de su organización y progreso, bajo cuyo
aspecto considerada, es un evento tan grande como
la revolución de mayo, que destruyó el gobierno
colonial español.
Sin que se pueda decir que hemos vuelto al punto
de partida ( pues los estados no andan sin provecho
aun el camino de los padecimientos ), nos hallamos
como en 1810 en la necesidad de crear un gobierno
jeneral arjentino y una constitución que sirva de
regla de conducta a ese gobierno. ^Toda la gravedad
de la situación reside en esta exijencia. Un cambio
obrado en el personal del gobierno presenta menos
inconvenientes cuando existe una constitución que
deba rejir la conducta del gobierno creado por la
revolución. Pero la Repiiblica Arjentina carece hoi
de gobierno, de constitución y de leyes jenerales que
hagan sus veces. Este es el punto de diferencia de
las revoluciones recientes de Montevideo y Buenos
Aires: existiendo allí una constitución, todo el mal
ha desaparecido desde que se ha nombrado el nuevo
gobierno.
HISPA NO-AlUiKNTINA 261
La República Arjeiitina, simple asociación tácita
e implícita por lioi, tiene que empezar por crear un
gobierno nacional y una constitución jeneral, que le
sirva de regla.
Pero ¿cuales serán las tendencias, propósitos o
miras, en vista de los cuales deba concebirse la
venidera constitución ? ¿ Cuales las bases y puntos de
partida del nuevo orden constitucional y del nueva
gobierno, próximos a instalarse? — Hé aquí la materia
de este libro, fruto del pensamiento de muchos años,,
aunque redactado con la urjencia de la situación
arjentina.
En él me propongo ayudar a los diputados, y a
la prensa constituyentes a fijar las bases de criterio-
para marchar en la cuestión constitucional.
Ocupándome de la cuestión arjentina, tengo necesi-
dad de tocar la cuestión de la América del Sud, para
esplicar con más claridad de dónde viene, dónde está
y a dónde va la República Arjentina, en cuanto a
sus destinos políticos y sociales.
EOUCAOON DE LA VOLUNTAD
Formad el hombre de paz, si queréis ver reinar la
paz entre los hombres.
La paz, como la libertad, como la autoridad, como
la ley y toda. institución humana, vive en el hombre
y no en los textos escritos.
Los textos son a la ley viva, lo que los retratos
a las personas: a menudo la imagen de lo que ha
muerto.
La ley escrita es el retrato, la fotografía de la ley
verdadera, que no vive en parte alguna cuando no
vive en el hombre, es decir, en las costumbres y
hábitos cuotidianos del hombre; pero no vive en las
262 ANTOLOGÍA IvSCOLAJl
costumbres del hombre lo que no vive en su voluntad,
•que es la fuerza impulsiva de los actos humanos.
Es preciso educar las voluntades si se quiere
arraigar la paz de las naciones.
La voluntad, doble fenómeno moral y físico, se
educa por la moral religiosa o racional, y por afectos
físicos que obran sobre la moral. Y como no hay
moral que haya subordinado la paz a la buena volun-
tad tanto como la moral cristiana, se puede decir
que la voluntad del hombre de paz es la voluntad
<3el cristiano, es decir, la buena voluntad. La prueba
de esta verdad nos rodea. Llamamos bueno, no al
hombre meramente justo, sino al hombre honesto, es
decir, más que justo. Todo el cristianismo consiste,
como moral, en la sustitución de la honestidad a la
justicia.
La justicia está armada de una espada; el derecho
es duro, como el acero ; la honestidad está desarmada,
y con eso solo, su poder no reconoce resistencia : es
suave y dócil como el vapor, y por eso es omnipotente
como el vapor mismo, que debe todo su poder a su
aptitud de contraerse. No sabe ser fuerte lo que no
es capaz de compresión : ley de los dos mundos físico
y moral.
La bíiena volu}itad, que es la única predestinada
a la paz, es la voluntad que cede, que perdona, que
abdica su derecho, cuando su derecho lastima el
bienestar de su prójimo. En moral como en economía,
hacer el bien del prójimo, es hacer el propio bien.
HISPANü-AlUiliNTINA 2<)3
NICOLÁS AVELLANEDA (1837-1885)
Tuvo todas las oiialidadcs del ora-
dor: elocuente correcrióii, voz dulce
é insinuante y ademanes sobrios y
elegantes. (>omo escritor sus páginas
demuestran cuanto pulia su estilo.
CUANDO oigo decir que un hombre tiene el hábito
de la lectura, estoy predipuesto a pensar bien
de él. Leer es mantener siempre vivas y des-
piertas las nobles facultades del espíritu dándoles
por alimento nuevas emociones, lluevas ideas y nuevos
conocimiento.s. Leer es multiplicar y enriquecer la
vida interior.
Leer es sobre todo asociarse a la existencia de sus
semejantes, hacer acto de unión y de fraternidad con
los hombres. El que lee, aunque se halle confinado
€11 una aldea, vive del movimiento universal y puede
decir como el hombre de Terencio: que nada humano
le es indiferente.
La lectura fecunda el corazón, dando intensidad,
calor y expansión a los sentimientos.
Los egoístas no practican por lo general la lectura,
porque pasan absortos en la árida contemplación
de sus intereses personales. No sienten la necesidad
de salir de sí mismos y estrecharse con los demás.
Las personas indolentes no leen ; pero ¿ qué son
el ocio y la indolencia sino las formas plásticas del
egoísmo ?
La naturaleza es pródiga en sorprendentes escenas,
en maravillosos espectáculos, que el hombre sedentario
apenas conoce, y que los viajeros contemplan con
extática admiración. Los placeres sociales encantan
264 ANTOLOGÍA ESCOLAR
al hombre; pero no siempre vienen a su encuentro'
ni dependen de su voluntad. Entretanto, los placeres
que proporciona la lectura son de todo tiempo y de
cualquier lugar, y son los únicos que puede renovar
a su albedrío.
El libro es enseñanza y ejemplo. Es luz y revela-
ción. Fortalece las esperanzas que ya se disipaban;,
sostiene y dirige las vocaciones nacientes que buscan
su camino al través de las sombras del espíritu o de
las dificultades de la vida. El joven obscuro puede
ascender hasta el renombre imperecedero, conducido-
como Franklin por la lectura solitaria.
El libro da a cada uno testimonio de su vida
íntima. Es el confidente de las emociones inefables^
de aquellas que el hombre ha acariciado en la sole-
dad del pensamiento y más cerca de su corazón. Así
la lectura del libro que nos ayudó a pensar, a querer,,
a soñar en los días felices, es el conjuro de sus bellas
visiones desvanecidas por siempre en el pasado.
Cuando puedo sustraerme a lo que me rodea, y
releo mis antiguos libros, parece que se renueva mi
ser. Vuelvo a ser joven. Lo que pasó está presente;
y creo por un momento que puedo envolverme de
nuevo en la suave corriente de los sueños desvane-
cidos, cuando repitiendo con acento enternecido el
verso de Lamartine o de Virgilio, los llamo y los
nombro con las voces de mi antiguo cariño.
Enseñemos a leer y leamos. El alfabeto que deletrea
el niño es el vínculo viviente en la tradición del
espíritu humano, puesto que le da la clave del libro
que le asocia a la vida universal. Leamos para ser
mejores, cultivando los nobles sentimientos, ilustrando
la ignorancia y corrigiendo nuestros errores, antes
que vayan con perjuicio nuestro y de los otros, a
convertirse en nuevos actos.
IllSHANO-AHC.RNTIXA 265
Fr. mamerto ESQUIÜ a826-1877)
\'A más elocuente orador sagrad»
con ((lie se envanece la tribuna re-
ligiosa argentina. Sus sermones, y
aun sus Cartas Pastorales, se pueden
ofrecer como modelo en su gónero.
LA vida, ese hecho múltiple y variadísimo que
nos rodea por todas partes y que se siente en
cada uno de nosotros como si cada uno fuera
el centro á que converge todo, lo que vive sobre la
tierra; ese hecho se ve, se .toca, se siente, y, sin em-
bargo, es inaccesible a la inteligencia y a las fuerzas
humanas. La vida es un misterio que nos lleva como
por la mano al reconocimiento y adoración del gran
misterio, del Ser por excelencia, de Aquél que dijo
en sus inefables comunicaciones con el hombre : ) '<?
soy qnicti soy; de Aquél que es la misma eternidad
y toda perfección infinita, y causa, y razón de todo
cuanto existe fuera de Él. vSegún el Apóstol, la tierra
ha sido dada en habitación á los hombres para que
busquen á Dios y puedan llegar como á tocarlo ; y
en efecto, Linneo, aplicándose á la consideración de
una hoja de hierba, exclama atónito: «He quedado
mudo, herido de espanto : he visto á Dios, como otro
Moisés, por las espaldas. »
Sí, el misterio de la vida desafía á todo el orgullo
humano. En nuestro siglo se ha dicho que « por la
ciencia llegará el hombre á la omnipotencia, y que
así vendrá á ser Dios » ; exactamente como en el prin-
cipio de la historia humana había dicho el padre de
la mentira critis sicíif Diis, scioitcs bouiiin el maliivi.
Yo no conozco, señores, los dominios de, ese imperio
260 ANTOLOGÍA KSCOLAU
de sabiduría que se dice haber conquistado nuestro
siglo; no sabré deciros lo que hay de positivamente
ganado en el terreno de verdades filosóficas y sociales;
pero sí quiero tributar el homenaje de mi asombro
á la poderosísima actividad que despliega su ingenio,
suscribo la valiente frase de que « el hombre del
siglo XIX ha arrebatado de las manos de Júpiter
sus temibles rayos » ; reconozco lleno de admiración,
qvie ante él desaparecen las distancias ; que su palabra
recorre la tierra con la prontitud que se recibe una
orden del amo de la casa ; que él dispone y se sirve
de mares, de fluidos impalpables é invisibles con la
precisión que yo muevo mi mano; que ha hallado
ser el globo de la tierra un libro de inefables carac-
teres; que va ya deletreando, que, en fin, se ha
aproximado á los planetas, los ha medido y pesado,
y descubre que no sólo el planeta que habitamos
tiene condiciones para la vida ; y aun más que todo
eso, ha llegado a sorprender la formación de estrellas
todavía en embrión. ¡ Ah ! el hombre sabe y puede
mucho, y con todo que nos olvidábamos de esos
pinceles de pura luz que manejan sus diestras manos,
y de tantas obras maravillosas cuya fama llena la
tierra. Esta gloria no puede ser materia de envidia
para nosotros, sencillos hombres de la fe antigua, sino
de viva y sincera felicitación al hallar en el hombre
del siglo XIX el perpetuo cumplimiento de aquella
palabra del Señor en el principio de los tiempos :
Jlagamos al hombre á miestra imagen y semejanza ;
y tenga dominio sobre los peces del mar y sobre las
aves del cielo y sobre las bestias y sobre toda la tierra.
\ Oh hombre ! Aunque te hayas declarado enemigo
de aquel Dios que adora mi fe, aun te saludo, imagen
de la eterna sabiduría, rey del mundo, y el más noble
y digno adelantado de toda la creación en presencia
de su Autor.
IIISI'ANO-AHC.KNTIXA 267
JOSÉ MANUEL ESTRADA (1842-1892
Elocueiile orador, fogoso á veces,
en otras suave y delicado, y escrUor
infatigal>le, su fama se eiigraiulece
al correr de los años. Fué el tipo del
tiiaestro, en el más noble sentido de
la palabra.
DESPEDIDA Á SUS DISCÍPULOS
Khac.mknto
RiíCiHÍ misión de enseñaros esa justicia vilipen-
diada, y la libertad que nace de la justicia;
justicia y libertad, nociones y fuerzas que pro-
ceden del Soberano Autor de toda vida y de todas
las leyes, para nutrir las sociedades con su savia
vigorosa, han de estar encarnadas en cada ciudadano,
y, sobre todo, en cada Maestro guía de la juventud
en las sendas del deber... Yo he amado, señores, la
justicia y la libertad... Cuando, dejando muy lejos
entre los vagos recuerdos de esta fugitiva edad de
ilusiones y esperanzas, nuestros truncados trabajos
y nuestro cordial adiós, hayáis olvidado todo, hasta
mi nombre, os quedará una conciencia limpia de los
vicios que hoy pervierten las costumbres políticas
de la Repúl)lica. Ni una palabra mía, ni un acto
mío habrán arrojado en ella un germen de corrup-
ción. Esa es mi cororia, señores. No la cambiaré por
ninguna. Ni cambiéis vo.sotros la aureola de la vir-
tud por ningún brillo ni seducción si queréis ser lo
que en el lenguaje cristiano se llama hombres libres.
Si observáis lo que en la República pasa en los
268 ANTOLOGÍA ESCOLA lí
vergonzosos dias que nos alcanzan, veréis el desen-
volvimiento de un despotismo que amenaza destruir
la libertad de la conciencia con la libertad del epis-
cado, la libertad de enseñanza con la dignidad de
las Universidades, la libertad de palabra y acción
de los ciudadanos persiguiendo á sus adversarios, y
la libertad provincial y todas las libertades, porque
todas son abominables para quien detesta la justicia
y la verdad. No os maravilléis ver pulular advene-
dizos y ambiciosos, mientras entran en la sombra
los caracteres más puros. Y recordad un episodio.
Refieren los libros Santos que la paloma enviada
del arca volvió sin hallar donde poner su pie, mien-
tras que el cuervo no regresó al refugio de donde
partiera. El cuervo se acomoda á vivir entre el lodo
y la podredumbre. La paloma necesita yerbas puras,
aguas trasparentes y ambiente luminoso. Escoged
vuestro símbolo. Yo sé cual es. La vida que co-
mienza en el escepticismo acaba en la ignominia.
Vosotros creéis en la justicia. No esterilicéis esa fe,
sagrada y noble de la primera edad. Servidla, mis
jóvenes amigos, con abnegación, con sacrificio, con
virilidad.
Sea este mi último consejo y mi última lección.
Os la doy con mi palabra, os la doy con mi persona.
Y contad conmigo en todos los terrenos, y en todos
los teatros de donde no hay fuerza humana capaz
de arrojarme, porque tengo una voluntad de hombre
libre y una bandera sacrosanta ! De las astillas de
las cátedras destrozadas por el despotismo, haremos
tribunas para enseñar la justicia y predicar la liber-
tad. Dejad que aplaudan los que en otro dia canta-
ban himnos lisonjeros entre tiranos sangrientos. De-
jad que se confabulen los que cuatro años atrás, en
el mismo dia en que nos despedimos, se depedaza-
ban furiosos, y que ultrajen las víctimas inmoladas,
compartiendo las sensualidades del poder con sus
enemigos de entonces. Todo pasa, menos Dios que
ANTOLOGÍA ESCOLAR 269
salva los pueblos, y la justicia que los regenera. Kl
amor de la verdad me llevó á vosotros. El amor de
la verdad nos separa. El nos reunirá, donde los ciu-
dadanos de un pueblo libre luchan y triunfan contra
los traficantes y los ambiciosos. Entre tanto, señores,
os deseo Maestros que os amen como os he amado,
y os sirvan con la misma sinceridad.
PEDRO GOYENA (1843-1892)
Aiuique sesudo critico, su lofíitinia
fama (tescansa en la oratoria. Su en-
tendimiento claro, su verl)a fácil, la
pastosidad de su voz, todo contribuyó
á que se le llamara el piro de oro de
la tribuna aríjenlina.
DE LA VIDA jurídica
FttAGMENTO
VOSOTROS habéis cultivado el derecho; ¿daría de
él una definición? Sería pedantesco y en cierta
manera injurioso. Todos los presentes tienen
una noción del derecho que la ciencia determina y
fija, pero no crea: el hombre, señores, es im ser ju-
rídico. Vivir en sociedad es vivir en la atmósfera y
en el campo del derecho. Cada uno de nosotros es,
por modesta que sea su condición, un centro de re-
laciones jurídicas. Vivimos sometidos en los prime-
ros años á la patria potestad ó a la tutela; subsis-
timos mediante los contratos; nos casamos religiosa-
mente, á Dios gracias, pero el código determina los
efectos civiles del matrimonio; llega la muerte, esa
terrible cazadora que no pierde jamás el ave per-
270 ANTOLOGÍA ESCOI>AR
seguida, y la sucesión continúa en la familia el im-
perio del derecho.
Se ha dicho que el derecho es la vida; la frase
es exagerada, pero contiene, como acabamos de verlo,
un innegable fondo de verdad. Si ; no hay vida ci-
vilizada, aunque solo rudimentariamente lo sea, que
no tenga el carácter de vida jurídica; pero el dere-
cho no abarca y domina toda la existencia del hom-
bre. De los tres preceptos que veis escritos en la
techumbre de esta sala : atribuir á cada uno lo suyo,
lio dañar a otro y vivir Jionestamcntc, el último es
una máxima moral cuyas aplicaciones van más allá
del radio puramente jurídico. Los que pertenecen ca-
racterísticamente al derecho son los primeros. Ellos
suponen una situación pasiva : son más que la ley
del bien, la ley que impide el mal: no tomar lo
ajeno, no dañar á otro. Si cumpliendo estos dos pre-
ceptos, si permaneciendo en nuestra esfera de acción
sin invadir la de nuestros semejantes, consultamos
además las exigencias del decoro 3^ nuestra vida es
moderada y ejemplar, el derecho, nos lo tiene en
cuenta y confirma con sus sanciones las ventajas
que la sociedad y el sentimiento común nos han
reconocido ya. Pero no lo olvidemos, caeríamos en un
gran error si nos hiciéramos la ilusión de que los
estudios que cultivamos en esta casa nos han cons-
tituido poseedores de una panacea social y que en
el solo saber de las leyes se contiene el modo de
mantener la sociedad en el orden y de impulsarla
eficazmente en las vias del progreso. Lo esencial
son las costumbres: donde ellas son puras, las insti-
tuciones jurídicas y la magistratura se hacen casi
inútiles. Boullenois lo ha dicho, y he tenido ocasión
de repetirlo hace poco tiempo : dadme buenos ciu-
dadanos y las leyes serán innecesarias.
HISPAXO-AUGENTINA 271
BARTOLOMÉ MITRE (1821-1906
Militar y polilico fué á la vez emi-
nente y fecundo polígrafo, desco-
llando especialmente en el género
histórico. Es una de las glorias más
legitimas de la literatura argentina
E* L repaso del ejército de los Andes en 1819 es
un hecho complejo, que nunca ha sido bien
' explicado en sus causas y efectos, ligándolo a
los grandes movimientos de la historia en la cual
determinó nuevos rumbos. Lo poco que de él hemos
hecho conocer en nuestra, Historia de Belgraiio
(cap. XXXVI y XXXVII), teniendo a la vista docu-
mentos no explotados, sólo tuvo por objeto ilustrar
incidentalmente un punto oscuro trazando a grandes
rasgos su bosquejo.
Esta terrible invención que provocó una crisis,
cuyas acciones y reacciones quedaron envueltas en
la sombra, conociéndose únicamente sus movimientos
ostensibles, confundió a los contemporáneos y ha
engañado a los historiadores : los primeros no se
dieron cuenta exacta del papel que desempeñaban
en él, y los segundos han carecido de elementos,
sea para exponerlo con corrección, sea para expli-
carlo ampliamente en todas sus partes. Así, por ejem-
plo, el señor López lo atribuye equivocadamente a las
exigencias del director Pueyrredón, y el señor Barros
Arana a combinaciones con el director O'Higgins,
cuando en realidad la iniciativa fué exclusivamente
de San Martín, teniendo en vista ejercer presión
sobre el gobierno chileno sirviéndose al efecto del
gobierno argentino, que obedecía a su impulsión
como se ha visto ya, y se verá más claro después.
272 ANTOLOGÍA ESCOLAR
Considerado por su faz externa y en sus relacio-
nes íntimas con los hombres y las cosas de su tiempo,
este interesante episodio es un drama complicado
con accidentes de sublime comedia, que por momentos
reviste un carácter trágico. Isleño de peripecias y
alternativas, con coincidencias sorprendentes y situa-
ciones equívocas, rodeado de misterios pavorosos y
explicándose de distinto modo cada uno el papel
que desempeña en él, los actores son dos naciones,
-dos gobiernos, dos asociaciones secretas que gobiernan
a los gobiernos y a los ejércitos, y un ejército, tenien-
do por protagonista un hombre de acero — duro y
flexible, — que maneja con mano firme y segura
los resortes de bronce de su potente máquina, cuyos
secretos él solo conoce, variando sus combinaciones,
según las circunstancias. Tiene su unidad, se des-
envuelve obedeciendo a una idea, y su desenlace se
efectuará en medio de una catástrofe determinando
un nuevo rumbo en la historia, y una de las más
sorprendentes transformaciones de la lucha de la
emancipación sudamericana.
El general de los Andes, representando un doble
papel, tiene un pie en Chile y otro en las Provincias
Unidas: tiene dos caras, una para cada gobierno:
maniobra, obrando alternativa o simultáneamente
sobre la política de ambos países, persiguiendo un
propósito, obedeciendo unas veces a repulsiones
sistemáticas y cediendo otras a atracciones patrió-
ticas: envuelto por acaso en sus propias redes, las
desata sin romperlas, y cuando, por fin, tiene que
optar entre dos partidos extremos, las rompe y se
lanza conscientemente a cumplir su destino, y sigue
su trayectoria americana movido por su impulsión
inicial, como la bala de cañón que va derecho al
blanco.
La narración documentada de los hechos pondrá
más en evidencia el carácter de este complicado
•drama.
HISPANO-AR(iENTIXA 273
YICENTE FIDEL LÓPEZ (1815-1903
Novelista é historiador, rindió fer-
voroso culto á la belleza literaria,
siendo de lamentar que la parciali-
dad amengüe la importancia de su
labor histórica.
TRANSICIÓN DE LA LEYENDA A LA HISTORIA
A medida que las tribus de la raza griega se
civilizaban, entablaron relaciones marítimas y
comerciales con las costas asiáticas que tenían
a su frente; pues de ahí habían venido en la noche
de los tiempos las primeras colonias que poblaron
•esa maravillosa región predestinada a civilizar las
costas (Jel Mediterráneo. Allí comenzó aquel asom-
broso adelanto que debía modernizar el espíritu de
las primeras edades, inoculándoles el genio y el
carácter de una nueva civilización, que ha venido
•enlazando sus beneficios hasta nuestra historia nacio-
nal, por una serie de progresos sin solución de
■continuidad. Ese gran paso es el que se dio con la
Escritura Analítica en forma de letras silábicas que
reproducen los sonidos simples de la boca humana,
enteramente distinta del dibujo simbólico y conven-
cional de los objetos, que formaba la escritura sacer-
■dotal de los viejos imperios del Asia.
Una vez conquistado este poderoso instrumento de
difusión, los griegos se dieron a escribir en forma
moderna, diremos así, sus tradiciones, sus hechos
•contemporáneos, y las noticias que sus viajeros explo-
radores recogían j^or las tierras y naciones exóticas
que visitaban con ávida curiosidad. Constituyeron
274 ANTOLOGÍA ESCOLAR
así con el tiempo, una admirable literatura de carácter
épico al principio histórico, filosófico y social después.
De ese modo se transformó la historia primitiva en
historia positiva : mediante la cual se ven enlazados,
los sucesos con sus fechas relativas ( cronológicicas )
con los lugares en que ocurrieron ( geografía ) y con
las naciones o los personajes que tomaron parte en
ellos.
Bien se comprende que las tribus bárbaras no han
podido hacer de un salto el pasaje de la historia
legendaria a la historia expositiva. Hay entre una.
y otra un intervalo de siglos incalculable, que podría-
mos comparar con el claro-oscuro del crepúsculo
matinal al pasar de la noche al día, en que los.
conjuntos y los objetos se presentan como si fuesen
formas vagas y confusas que se movieran a la dis-
tancia mudas y misteriosas. Del mismo modo, en
la tribu bárbara todo se vé y se expresa al través,
de la imaginación inventiva, visionaria y exaltada
por las pasiones impetuosas, por los ensueños gran-
diosos, por el personalismo heroico y por las^ ráfagas,
de fuego que dan vida, acción y aliento a sus tradi-
ciones. Esos siglíís son, pues, el seno insondable en
que la oscuridad crepuscular de la Leyenda se ha
transformado a la claridad diáfana de la historia,,
representando los afectos de la niñez histórica trans-
formada en los afectos del hombre social por el
influjo de la lengua materna.
HISP ANO-A MEKICANA 275
CARLOS GUIDO Y SPANO (1826-1918
Poeta sin grandes arrebatos liricos,
seduce por su dulzura y sencillez;
distinguiéndose á la par por su sen-
timiento y el cuidado con que cin-
cela sus versos.
AL PASAR
Sola en el campo, en la arrimada ermita,
á la trémula sombra de un almez,
hermosa como Ruth la moabita,
recuerdo que la vi la i'illima ve/.
Vestía el trajo villanesco, saya
corta, listada, un delantal
festoneado con cintas, de anaíaya,
y una toca plegada, de percal.
¡ lín pocos años que mudan/a ! apenas
si pude conocerla ¡ cuan gentil !
más fresca (|ue las niveas azucenas
en las mañanas límpidas do abril.
Tenía la cintura como un mimbre
flexible y fina, el rostro angelical ;
su voz, su dulce voz era de un timbre
más suave que el canto del turpial.
¡ Y sus ojos turquíes! le brillaban
con tan profundo y blanco resplandor,
que al parecer serenos reflejaban
del cielo azul el nítido color.
276 ANTOLOGÍA KSCOI.AK
¡ Cuántas veces, de niña, las ramillas
para el fuego juntando la encontró,
y cuántas en las míeses amarillas
sus cabellos de oro acaricié !
Al volverme hacia atrás y dar conmigo
no atinó á recordarme, se turbó ;
mas luego que la hablé, mi acento amigo
sus recuerdos de infancia despertó.
« — ¡ Cómo ! Sois vos ? — me dijo conmovida,
<( ¡ Vos aquí en la comarca !... ¿ la salud
« sentís de nuevo acaso enflaquecida,
« y en procura volvéis de aire y quietud ?
« — No, Blanca, á otro país voy de camino,
« no cual en otro tiempo vuelvo aquí,
(( enfermo y fatigado peregrino
« en busca de la calma que perdí.
« Y bien lo siento á fe... ¡ ah, quien me diera
« habitar otra vez el romeral,
« perderme entre la viña en la pradera,
« beber el agua virgen del raudal ! *
No era ese el deseo caprichoso
del que aspira á una efímera merced ;
de olvido, de silencio, de reposo,
sentía el alma la profunda sed.
Pregunté luego á la aldeana bella
por su i)adre, que un dia me acogió
bajo su techo hospitalario, y ella
contestó suspirando — « ¡ Ya murió ! »
(c — ¡ Murió ! ¿ Cuando murió ? » — « Cumplirá un año
lo que em|)iecen las uvas á pintar ;
Dios alejó al pastor de su rebaño,
¡ Ah ! si vierais, desierto está el hogar ¡ »
IIISPANO-AlUiKNTlNA It í
Vo estiinal)a ¡i aquel hombre franco, honrado,
do cora/.ón iniíénuo. sin dobU^z,
allá en su juventud bravo soldado,
vaquero y labrador en su vejo//
« ¿, De qué murió ? » la dije — » listaba fuerte
« como ol tronco que veis de ese abenuz ;
« un día entre la niiez le halló la muerte
(( alli donde se alza aquella cruz ! »
« — ¿Y os dejó alguna hacienda ? — « Lo bastante
« para vivir, la casa, y más aíjuel
« molino que se vé blanquear distante,
« los bueyes, el sembrado y ol vergel. »
« — i Pobre ! ¿ y tu madre ? » — « Llora ol dia entero,.
« si (¡uercis verla os llevaré, venid.
« está allá abajo al canto del otero
« á la sond)ra tegieiulo de fa vid. »
« — Ks larde ya » la contesté, « y aun ()ucda
H lejos la aldea á donde voy, á más
« temo alligirla ; el cielo la conceda
« el consuelo á sus penas, la dirás. »
« — Mas al menos « re|)uso. los colores
« animándola el rostro, » aceptareis
« del jardin de mi padre algunas llores
« plantadas por su mano ¿os negareis?
¡ V cómo resistir su voz tan pura,
aquel dulce mirar, tanto candor,
seguila. pues, dejando mi montura
atada al tronco de un almendro on flor, etc.
278 ANTOI>OGÍA liSCOLAH
RAFAEL OBLIGADO (1851-1920)
(-orno poeta es eminenleniente des-
criptivo, siendo quizás el mas origi-
nal y el más argentino de nuestro
modesto parnaso.
SANTOS VEGA
P'lí A OMENTO
Mudos ante él se volvieron,
y, ya la rienda sujeta,
en derredor del poeta,
un vasto círculo hicieron.
Todos el alma pusieron
en los atentos oidos,
porque los labios queridos
de Santos Vega cantal>an
y en su guitarra /und)aban,
esos vibrantes sonidos :
« Los (|ue tengan corazón,
los que el alma libre tengan,
los valientes, esos vengan
á escuchar esta canción :
nuestro dueño es la nación
que en el mar vence la ola,
que en los montes reina sola,
que en los campos nos domina,
y que en la tierra argentina
clavó la enseña española.
« Hoy mi guitarra, en los llanos,
cuerda por cuerda, asi vibre :
IIISPANO-AHGKNTIXA 279
i Hasta el cluinango es más libre
en nuestra tierra, paisanos !
Mujeres, niños, ancianos,
el ranciio a(|uel (|uc primero
llenó con solo un ¡ te quiero!
la dulce prenda querida,
i Todo !... ¡ el amor y la vida
es de un monarca extranjero!
« Ya Buenos-Aires ((ue encierra
como las nubes el rayo,
el veinte y cinco de Mayo
clamó de súbito : ¡Guerra!
¡ Hijos del llano y la sierra
pueblo argentino ! ¿qué haremos?
¿ Menos valientes seremos
que los que libres se aclaman ?
¡ De Buenos- A i res nos llaman,
A Buenos-Aires volemos!
¡Ab! Si es mi voz impotente
[lara arrojar, con vosotros,
nuestra lanza y nuestros potros
por el vasto continente ;
si jamás independiente
veo el suelo en (|ue be cantado,
no me entierren en sagrado
donde una cruz me recuerde :
entiérrenme en campo verde
donde me pise el ganado! »
Cuando cesó esta armonía
que los conmueve y asombra,
era ya Vega una sombra
que allá en la noche se hundía...
j Patria ! á sus almas decía
el cielo, de astros cubierto,
¡ Patria! el sonoro concierto
280 ANTOLOGÍA ESCOLA K
de las lagunas de plata
¡ Patria ! la trémula mata
del pajonal del desierto.
Y á Buenos-Aires volaron,
y el himno audaz repitieron^
cuando á Belgrano siguieron,
cuando con Güemes luciiaroii,
cuando, por lin, se lanzaron
tras el Andes colosal,
hasta aquel dia inmortal
en que un grande americano
batió al sol ecuatoriano
nuestra enseña nacional.
Advertencia
Por estar intiecisa la paternidad de la novela El lazarillo
de Tormes, no íigura el fragmento (jue de ella se transcribe
después de las páginas 64 y ().'), sino en la pág. 77 encabe-
zando las novelas picarescas.
IISriDIOE
Página
Alaucón, Juan Rliz de 98
Alarcóx, Pedko Antonio de 198
Alberdi, Juan Bautista 260
Alemán Mateo 80
Alfonso el Sabio 8
Alvarez de Villasandino, Alfonso 17
Aniaüis de Ganla o4
Andkade, Olegario V 245
Arcipreste de Talayera 32
Argensola, Bartolomé Leonardo de 75
Argensola, Luferck) Leonardo de 75
Avellaneda, Nicolás 203
Balbuena, Bernardo de 53
Bécquer. Gustavo Adolfo 193
Berceo, Gonzalo de 7
BoscÁN, Juan 39
Bretón de los Herreros, Manuel 179
Caballero Cifar (El) 1<>
Calderón de la Barca, Pedro 105
Calderón, Kstéranez 151
Campo, Estanislao del 252
Campoamor, Ramón de 222
Cantar de Gesla de D. Sancho II 3
Caro, Hodrkío 69
Castelar, Emilio 227
Castillejo, Cristóbal de 41
284 ÍNDICE
Página
Cervantes 107
C.RUZ, Ramón de la 140
Duque de Rivas 16H
ECHEGARAY, JoSÉ 218
Echeverría, Esteban 240
Enzina, Juan del ;}3
Ercilla., Alonso de 49
Espinel, Vicente 82
EspROXCEDA, José 182
EsQUiú, Vn. Mamerto 265
Estrada, José Manuel 267
Feijóo, Fr, Benito Jerónimo 122
Fernández de Añorada 71
(üarcía (iutierrez, antonio 171
(íarcilaso de la Vega 40
(iiL Polo, Gaspar 84
(lÓNGORA Y ARGOTE, LUIS 118
(ioYENA, Pedro 269
(IrRACiÁN, Baltasar 120
Granada, Fr. Luis de 57
(JUEVARA, Antonio de 56
Guido y Spano, Garlos 275
(Gutiérrez, Juan M.« 256
Gutiérrez, Ricardo 248
IIartzenbusch, Juan Eugenio 175
Hernández, José 254
Herrera, Fernando de 48
Ho.iEDA, Diego de 51
Hurtado de Mendoza, Diego 64
Imi'ERIAl, Francisco 18
Isla, P. José Franc" de 144
Juana Inés de la Cruz, Sor 6H
Juan de la Cruz, (San) 62
Juan Manuel, Infante 9
JOVELLANOS, GaSI'AR MeLCHOR DE 129
Labardén, Manuel José de 2lVi
ÍNDICE 28Ó
Página
f^ARRA, JosK Mariano de 107
Iaizüi'ÍUo de Tormc.s 77
León, Fr. Luis de 42
Libro de los Reyes de Oriente O
Lope de Rueda 38
Lope de Vega 87
López de Avala, Adkuardo 210
López df Avala, Pero 14
López, Vicente Fidel 273
López y Planes, Vicente 236
LuzÁN, Ignacio de 124
Manrique, Jorge 26
Mariana, Juan de 66
MÁRMOL, José 243
Martínez de la Hosa, P'ranc." 160
Melemdez Valdés, Juan 133
Mena, Juan de 24
Menendez V Pelayo 229
Mesonero Romanos, Ramón de 155
Mío Cid 1
Mitre, Bartolomé 271
MoRATÍN, Leandro F. de 136
MoRATÍN, Nicolás F, de 126
MoRETO, Agustín 102
íserrija, Antonio de 29
NuÑEZ DE Arce, Gaspar 223
Obligado, Rafael 278
Palacio Valdés, Armando 206
Pereda, José M." de 201
Pérez de (íuzmán, Fernán 23
Pérez de Hita, (íinés 72
Pérez Cíaldós, Benito 21o
Poema de Ále.vandre 4
Pulgar, Fernando dei 30
QuEVEDO, Franc.° Gómez de 113
Quintana, Manuel José 146
286 ÍNDICE
Página
Reyes Magos (Los) 5
h lüJA, FUANCISCO DE 67
Rojas, Fernando de 35
Rojas Zokrilla Fraxc." 100
Romances 27
Ruiz, Juan, Arcipreste de Hita 11
Ruy Paez de Ribera 19
Sanches Talayera, Ferkant 20
Santillaxa, Marqués de 21
Sarmiento, Domingo F 258
Sem Tob, Rabí don 13
Tamayo y Baus, Manuel 212
Teresa de Jesús (Santa j 59
Tirso de Molina 92
Torres Naharro, Bartolomé de 34
Trueba, Antonio 195
Valera, Juan 204
Várela, Juan Cruz 238
Vega, Ventura de la 187
Vida de Santa María Egipciaca 5
Zorrilla, José 189
JUICIOS CRÍTICOS
Notas al Castellano en la Argentina
con un prólogo del
Dr. Estanislao 5, Zeballos (C, de la R, A, Española).
« El Sr. Monner Sans es autoridad en asuntos lexicográficos, auto-
ridad que reposa en el dato positivo de varias publicaciones importantes
como las tituladas Desvesíirse, Minucias lexicográficas, La Religiófi en
el idioma, ctc.¡:
La España Moderna. — Madrid, i.° de noviembre de 1903.
«Su nuevo libro Xotas al Castellano en la Argentina, enriquece sus
estudios de la lengua moderna hablada por las Repúblicas hispanoame-
ricanas, ilustrada con un prólogo que estima con justicia su valioso-
trabajo.»
B. Mitre. — Buenos Aires, 2 de julio de 1903.
«Recibo y recorro con la curiosidad que ese genero de trabajos me
inspira, y el placer con que leo lo que usted publica referente a cues-
tiones de idioma, su nuevo libro Notas al Castellano en la Argentina
Es un nuevo aporte a la ya importante bibliografía del punto, y por
cierto de los más considerables. Al fin tendrá que vencer la buena
doctrina c[ue todos defendemos o creemos defender ; porque no sé si
usted ha notado que cuantos escriben o escribimos sobre la materia,,
creemos combatir por la buena causa, esto es, por la conservación de
nuestra lengua hermosa, tan respetada en la historia, tan respetable ante
la estética misma, etc."
Miguel Cañé. — Buenos Aires, 3 de julio de 1903.
«Es un libro interesantísimo... Su trabajo es sugerente, porque más.
de una de sus observaciones provoca otra y otras...»
Ernesto Qtcesada. — Buenos Aires, 17 de julio de 1903.
II
«He recorrido su libro por primera vez, y mucho de él lie aprendido.»
Satmiel A. Lafone Qiicvedo. — líuenos Aires, i6 de septiemlire de 1903.
«He leído la obra de pe a pa, y me encanta por la gracia, erudición
y claridad con que se halla escrita, y no me dejarán mentir los artículos
Adjunta, A los pies de usted, Bajo, Fúnebic, Misión, Ridículo, Siem-
pre, etc., que a mi juicio son notabilísimos.
«Iva introducción de usted, como el prólogo de Zeliallos, son dignos
del libro, \ior el cual le envía la enhoraljuena...»
J)r. 'J'liebussein. — JVledina-Sidonia, 9 de agosto de 1903.
«Su interesante obra le acredita una vez más de profundo conocedor
•de la bellísima lengua castellana.
«Honor a usted, que ama igualmente a la lengua de Cervantes y a
la de los Verdaguer y Balaguer y de Ausias March.»
JJr. Juan Fastcnratli. — ("olonia, 10 de agusto de 1903.
«El nombre de usted me era antes de ahora muy conocido y simpá-
tico, como que tengo varios trabajos de usted muy doctos e instructivos.
«Su nueva obra me será muy útil para la edición completamente
refundida, (pie hace años estoy trabajando, de mi libro sobre el lenguaíe
bogotano, y tendré el gusto que el nombre de usted autorice mis
borrones.»
Rufino y. Cucn'o. — París, septiembre de 1903.
«He recibido su precioso volumen \otas al Castellano en la Argen-
tina, que no poseía y que estoy leyendo con grandísimo interés. La
obra es importantísima, no solo por el léxico, sino por los amenos,
eruditos y discretísimos comentarios con (juc \'. ha sabido adornar la
•ngrata materia filológica» etc.
A. Bonilla y San A/arí/n. — 23 de mayo de 1919.
El distinguido escritor y filólogo señor Monner Sans ha publicado
un volumen interesante y útil. Por su título puede colegirse (jue comen-
ta, estudia y aclara una porción de voces que se usan en la Argentina
y que en la mayoría de los casos no están en el diccionario de la Aca-
demia. El señor Monner Sans procede con el criterio más prudente,
pues no cae en excesos de purismo ni adoraciones a la Academia, pues
siguiendo la ley de renovación del lenguaje, pide la incorporación al
•diccionario oficial de muchas tie estas ¡)alal)ras. Señala sus orígenes y
III
algunos sorprenden; vemos también palabras argentinas llenas de vigor
gráfico que no suelen ser desdeñadas.
No es tarea ñoña esta de fijar el exacto sentido de las palabras ;
contribuye notablemente a que las ideas sean también claras, serenas,
con su límite propio y sin confusiones.
La obra del señor Monner Sans es útil para todos, destruye errores,
educa y por su tono sencillo y amable está al alcance de todos.
1.EI Diarioa. — I." de mayo de 191S.
El ilustre profesor don Ricardo Monner Sans, se ha visto obligado
por el éxito que ha coronado su inteligente estudio a hacer nueva edición
de su interesantísima obra, analizando los modismos, corrupciones, erro-
res de interpretación, construcción y sentido y todo género de desvia.
ciones del culto y vigoroso casticismo que sufre el idioma castellano en
el uso corriente en América.
Es un trabajo de precisión, saber y perspicacia que hace honor a
su autor y que se lee con extraordinario gusto por la perfección con que
instruye en la forma más sincera y amena, auncjue no exenta de severidad
tan doctrinaria como justa.
Todos nuestros compatriotas deben leer esta obra para perseverar
en la pureza del idioma. 1
El Diario Español. — 2 de mayo.
Es un libro de lectura muy instructiva y amena. Participa el señor
Monner Sans de esa indignación que sólo se concibe en los filólogos
cuando leen o escuchan una palabra que ofenda a la pureza del buen
lenguaje. En ocasiones, ante la fuerza de la costumbre o la lógica for-
mación del término, el señor Monner Sans se muestra más indulgente.
Por ejemplo, al estudiar la palabra «pichón» (pág. 273), dice: «La
incorrección es manifiesta y líbreme el Cielo de apadrinarla, pero no es
tan bárliara como a los puristas pueda parecerles«.
Digamos, para elogio de la obra, que si es títil para desbrozar el
lenguaje argentino de los muchos malos términos que lo empañan, toda-
vía lo es más para aprender, en buen castellano, el significado exacto
■de las voces estudiadas. Por lo demás, el libro confirma bien la autoridad
de que goza el señor Monner Sans en ese linaje de labores, tan dificul-
tosas y tan poco apreciadas, de ordinario, jior el público grueso.
La Época.— ¿^ de mayo de 1918.
La segunda edición de esta obra prueba el éxito alcanzado por el
autor con la primera ; y no es ello en verdad de pasar por alto, si es
cierto que entre nosotros los vicios del lenguaje prosperan más rápida-
IV
mente y se fijan más que en comarca alguna de América. A desarraigarlos
contribuye eficazmente el señor Monner Sans, con una ilustración, pers-
picacia y tenacidad dignas del mayor encomio. Sus opiniones, vertidas
en numerosos trabajos, le señalan como uno de los más esforzados cam-
peones del patrio idioma en América, y su voz ha sido no pocas veces
atendida por la Real Academia, como lo demuestra el hecho de que la
última edición del Diccionario oficial, pulqueada en 1914, incluye en sus
columnas no pocas de las voces que el señor Monner Sans consideró,
en la i.a edición de sus Notas (1903) — de consuno con otros autoriza-
dos hablistas — dignas de figurar en aquél por derecho propio. Tales
las expresadas a continuación ; altrta'smo, azucarera, boliche, caudillaje'
clavar (-arse), chafalonía, chancho, frangollón, hispanoamericano, manicu
ro, oz'ejero (en su acepción de «perro que cuida de las ovejas» ),/rt7'í7««/
pasas (de uva, o uvas «^ns&s»), pedicuro, pitar (ínmar), pitillera, reben-
cazo, silueta (voz que figuraba en la 11. a edición del Diccionario de la.
Academia; suprimida en las ediciones 12. :> y 13.51, fué incorporada en
la 14.a), tomar (beber), velorio.
Revista Argentina de Ciencias Políticas.— xi de julio de 1918.
Alcánzase, pues, por lo expresado, con qué criterio ecuánime encara
y resuelve el autor, en cada caso, esta difícil cuestión del lenguaje. Con
placer lo repetimos: entre las escasas personas que a esta materia se
dedican en nuestro país, el Sr. Monner Sans es de los que merecen más
franco elogio ; su obra refleja gran estudio e intenso amor ; a no otra
cosa alude el verso eterno.
Revista Argentina de Ciencias Políticas. — A. C.
La utilidad y transcendencia del tema, como la autoridad del autor
acreditan la importancia de esta obra, que ha sido editada por la casa.
Sucesores de Hernando, Madrid.
El Hogar. — 17 de mayo de 1918.
Impresa en Madrid, ha aparecido la segunda edición de esta obra,.
destinada como ya el nombre de su autor lo hace suponer, a corregir
defectos del habla vulgar entre nosotros. Conocida la preparación gra
matical del autor, ocioso parece decir que sus enseñanzas han de ser
de mucho provecho para quienes, aquí y en España, «padecen en dema
sía apreturas de hiedra exótica que amenazan interrumpir la circulación
de aquella fecundante savia que vida diera al tronco, no por secular
amortecido, del habla hispana».
La Xación. — 23 de mayo de 1918.
Se ha pul)lica(lo la segunda edición, corregida y aumentada, de la
oh)ra del señor R. Monner Sans, que lleva el título anterior. Precedido
de un prólogo importante del doctor Estanislao S. Zeballos, que da una
idea clara y luminosa de la materia tratada por el autor, el libro reinipre.
so sirve a la juventud estudiosa y al que desea profundizar el idioma
castellano, de guía segura, sin peligro de equivocarse. Prueba esta
aserción el interés (pie ha despertado la primera edición ya agotada.
Todos los errores de lenguaje, muy comunes y corrientes, han sido
corregidos con maestría y con un análisis poco o nada común, poniendo
en guardia a los cultores del idioma castellano contra los deslices gra-
maticales y lógicos. La obra del señor Monner Sans merece ser leída
y estudiada con cuidado y perseverancia.
La Prensa. — 2 de junio de 1918.
Recordemos, (jue se trata de una obra caracterizada por méritos de
excepción. Es corriente en los trabajos sobre lenguaje que la erudición
y aún el afán de la propiedad, desdeñen la galanura en el decir. He
aquí que el señor Monner Sans es dueño de ima prosa límpida y amena
que enseña al par con el saber y con el ejemplo... Lejos del maestro
de viejo tipo, pesado con todo el peso del arduo saber, el señor Monner
Sans aborda temas tan monótonos de suyo como éstos, en un estilo
jugoso y ameno, que lleva al lector al campo de los estudios ingratos
en el encanto de un vehículo amable, tras de cuyos cristales tórnase en
paisaje grato la áspera llanura...
El libro del señor Monner Sans — que ama su idioma, en cuyos
secretos más íntimos penetra — enaltece la lengua natal y enseña la
buena doctrina literaria. A él han de recurrir el maestro y el alumno.
Y por ello este libro, que armoniza la erudición y el donaire, amabili-
zando la ciencia, ha adquirido tan merecida difusión. La segunda edición
que hoy anunciamos está, sin duda, destinada a obtener el mismo éxito,
que redundará por igual en beneficio del idioma a cuya depuración
colabora y en el mayor prestigio del sabio profesor que lo compuso.
La l'nión. — 31 de mayo de 1918.
El señor Monner Sans es un casticista riguroso. No admite los ele-
mentos que el pueblo acumula en la práctica de la lengua y ajusta su
empleo a lo estrictamente fijado por los estatutos gramaticales y por
el léxico oficial de la Academia. Extrema su pureza hasta el punto de
reprochar a la docta y nada revolucionaria corporación el hecho de
haber incluido en la edición última vocablos franceses con equivalencia
castiza. De acuerdo con esta tendencia, hace un extenso registro de
VI
palabras y giros que acusan la influencia del medio propio y que cons-
tituyen, en el fondo, la única ley evolutiva de los idiomas.
La Razón. — 4 de junio de 1918.
El profesor Ricardo Monner Sans conocido en nuestro mundo
intelectual como filólogo sabio y literato de fibra, ha publicado bajo
«1 título que encabeza este ligero comentario, una obra interesante al
par que útil. Indispensable, fuera más justo decir, por cuanto la prolija
lectura del libro nos ha convencido de su alto valor educativo, no sólo
por aquellos que se preocupan del «buen hablar», sino también para
los escritores todos — especialmente los nuestros, despreocupados e irre-
verentes con lo que alguna relación tenga con el uso correcto del
idioma.
El señor Monner Sans, que es un guardián celoso de la pureza
idiomática, ha realizado su labor depurante con criterio de verdadero
maestro, es decir, con método y claridad. De suerte que la eficacia
rectificadora de « Notas al castellano en la Argentina » no puede ser
mayor, siempre que quien la lea ponga atención y deseos de aprender.
Sigúele a cada frase o palabra incorrecta un comentario crítico, a
veces con cierta pizca de burla que acentúa su carácter movido y
atrayente.
Con bien fundado entusiasmo recomendamos la obra del profesor
Monner Sans, cuya persistente y seria labor en beneficio del espléndido
idioma materno — maltratado más de lo tolerable en estas tierras de
América y aún en la misma península — es digna de todo aplauso
así como de todo respeto intelectual. — Tikónidos.
Ideas. — 1). A. N . 17 — mayo de 1918.
Más que discutir la legitimidad de cada una de las «Notas», del
•distinguido profesor, don Ricardo Monner Sans, úrgeme hoy expresar
mi franco deseo de que los literatos argentinos, — los que lo hayan
menester, — lean el libro, cuya segunda edición acaba de ser lanzada a
la publicidad.
Entre tanto léanse las «Notas al castellano en la Argentina», donde
hay mucho qne aprender, aunque de tarde en tarde los temperamentos
excitables tengan que prescindir, de un cierto tono, entre suficiente e
irónico, que hace más antipática la corrección del dómine. No importa.
Arrojemos la cascara y cómamenos el sabroso fruto, que, después de
todo, es para nuestro bien. — J. Torrendell.
At!ántida.— 2^ de julio de 1918.
De gramática y de lenguaje
Extracto de algunos juicios
« Por su contenido y por el acierto de sus críticas, el libro ha de
resultar interesante para todos los que se preocupan de la conservación
y depuración del idioma patrio.
«Los artículos El lenguaje nativo, El Idioma y la Patria y Lengua
y Literatura argentina merecen una detenida lectura en nuestros
COLEGIOS Y ESCUELAS. Otros de carácter más técnico podrán ser con-
sultados provechosamente por los maestros que enseñan castellano.»
La Prensa. — Buenos Aires, 3 de agosto de 1915.
« El señor Monner Sans escribe con elegante amenidad, buscando-
siempre hermanar el gracejo con la doctrina; de ahí que esos trabajos
resulten, a la vez (jue instructivos, de muy agradable lectura.
« El profesor Monner Sans es un maestro culto y benévolo que sabe
enseñar al lector una excelente doctrina gramatical sin fruncir el ceño,
antes al contrario, sonriendo simpáticamente. »
Revista Nosotros (de Roberto F. Giusti). — Buenos Aires, agosto de 191 5.
« El señor Monner Sans nos tiene acostumbrados a encontrar siempre
juntos en sus escritos «el gracejo y la doctrina aj, arte especial que hace
que en éste, como en todos, halle el lector, a la vez, ciencia, erudición
solaz y pasatiempo, aunque otra cosa diga el autor en la advertencia
(jue prologa la obra. »
Revista Ideas, del Ateneo de Estudiantes Universitarios (de Carlos M.
Scotti). — Septiembre de 191 5,
El solo nombre del autor, c|ue en la mente de (juien maneja libros
de Literatura va estrechamente asociado a la severa y correcta doctrina
literaria, es la mejor presentación que puede hacerse de una obra cuyo
TIII
principal propósito es encarecer la gallardía y el donaire del habla cas-
tellana, mostrándonos varios modelos de sus gracias y bellezas más
.sobresalientes; pero lo que a nadie se le ocurre por la sola enunciación
<lel título de este libro, es que sea posible hallar en ¿I tnateria amena y
primoroso estilo, dos cualidades que a primera vista parecen reñir con la
austera monotonía propia de los trabajos gramaticales.
« El Sr. Monner Sans es un enamorado del idioma castellano : lo
quiere y lo admira como, si realmente fuese una novia, y lo alaba y re-
quiebra con tanto entusiasmo, que nos hace parecer pálidas y anémicas
las bellezas de los otros idiomas romances.
« En resumen : esta obra, que viene a aumentar la ya crecida colección
<ie libros y folletos del Sr. Monner Sans, es útil para quien aspire al
conocimiento de las escondidas y olvidadas bellezas de nuestro idioma. »
Revista Verbun, del Centro de Estudiantes de Filosofía y letras (de
Luis Matharán). — Septiembre de 1915.
« Su firma está demasiado cimentada para que vaya a ganar ni un
ápice con que esta Revista pueda encarecer sus méritos, y por más que
el autor, en su modestia, no pretenda otra plaza, entre los (jue se dedi-
can a estudios de lenguaje, que la de soldado de última fila, no logrará
desprenderse de los galones de jefe preclaro que con toda justicia, desde
hace ya mucho tiempo, Je tiene discernido la sana critica. »
Revista Estudios, de la Academia Literaria del Plata.
Ensayo de
ANTOLOGÍA CERVANTINA
Fragmentos de Juicios de la Prensa
No podía venir este libro en mejor oiiortunidad. Es sin duda el
liomenaje que el docto cervantista Monner Sans ha querido rendir al
glorioso autor en la señalada ocasión de cumplirse el tercer centenario
de su muerte. Así el libro es una recopilación de 1 ¡ellas poesías en loa
a Cervantes. El prólogo es un concienzudo estudio (jue revela, con la
gran erudición del señor Monner Sans, su entusiasmo por la obra cervan-
tina. Es, pues, una obra que a la rebusca del erudito, une los entusiasmos
•del artista. \' digamos de paso que la mayoría de las poesías que com-
prende son de autores americanos, con lo cual se asocia nuestro continente
íil homenaje universal.
El Diarto. — 13 de abril de 1916.
El infatigable escritor español, que tan alto mantiene acjuí la pureza
•del habla castellana y (jue ha k)grado, merced a su e.xtraordinaria ilus-
tración y a su innegable competencia en la materia, ser autoridad
indiscutible en punto a cuanto a nuestro hermosísimo idioma se relaciona,
no podía permanecer indiferente en los momentos en que se celebra el
centenario del inmortal autor del Quijote.
Ayer hemos recibido el trabajo con (]ue contril>uye a la empeñosa
■empresa de glorificar al gran Cervantes. \' por cierto que ese tral)ajo
significa por su misma índole, contribución ilesinteresada (jue no todos
podrían aportar. Es, como modestamente lo titula, el «Ensayo de Anto-
logía Cervantina-, la ol)ra no sólo de un entusiasta admirador del genio
«spañol que más ha hecho por la difusión de nuestra lengua y portjue
nos conozcan en Europa, si no la de un pacientísimo y hábil compilador
de cuanto se ha escrito sobre Cervantes. Rinde con ella servicio meri-
torio a los que en su admiración por el ingenioso hidalgo y por su
autor, han de desear conocer quiénes y cuándo se ocuparon del inmortal
libro, y después de una prolija relación de autores de poesías, a él
dedicadas, inserta muchas que andan por ahí desperdigadas en libros
revistas y diarios y que no merecen, por cierto, yacer en el sepulcro del
olvido.
El Diario Español.— IT^ de al)i-il de 1916.
El conocido escritor R. Monner Sans acaba de publicar con este
título un curioso e interesante volumen, en el cual colecciona muchas
de las poesías que se han escrito en honor de la memoria de Cervantes,
y de su obra inmortal. En un «proemio galeato* explica el señor Monner
Sans los nobles fines de su compilación poética, que acusa vasta cultura
y buen gusto para elegir las apologías que del Quijote y de su autor
han hecho los poetas. La compilación, como el prólogo que la precede,,
constituyen un libro de amena lectura.
La Prensa. — 14 de' abril de 1916.
El _catedrático de literatura castellana, don R. Monner Sans, acaba.
de dar a publicidad este volumen, que contiene, además de un intere_
sante prólogo, una colección de bellas poesías dedicadas a la memoria,
del inmortal Cervantes, honra de la literatura castellana.
Las innumerables dificultades con que se ha tenido que tropezar
para reunir en un tomo como el que nos ocupa tanto material escogido^
comporta un plausible y laudable esfuerzo, que merecerá la atención de
parte de los hombres de letras.
La Kazón. — 14 de abril de 1916.
El reputado educador y publicista español, señor Monner Sans, cuya
meritísima y laboriosa actuación literaria en la Argentina es bien noto-
ria, ha querido contribuir a la glorificación del inmortal Manco de
Lepanto con la ofrenda de una obra, modestamente titulada «Ensaycv
de antología cervantina», con la que se ha acreditado una vez más su.
indiscutible fama de escritor purista y cervantófilo bien documentado.
En dicho «Ensayo» se destaca una nutrida relación de autores de
poesías cervantinas, muchas de ellas diseminadas en publicaciones, lo-
que hace admirar en el autor una paciente y prolija rebusca digna de
todo encomio.
Entre las múltiples producciones salidas a la luz pública con motivo-
de la próxima rememoración cervantina, la del señor Monner Sans ocu-
pará un señalado lugar.
Zrt Gaceta de Jíspaíia.— li) de abril de 1916.
XI
Así, modestamente «ensayo», llama el autor R. Monner Sans, a su
reciente trabajo de paladín de la buena y castiza habla castellana, en
estas tierras, que por suerte no pequeña, la tienen como suya, si bien
más o menos maltrecha por la babilónica confusión de lenguas que aquí
sufrimos, en este gran hervidero donde poco a poco vase formando el
definitivo tipo del argentino, amalgamado con cuanto lleno de «buena
voluntad» aquí acude proveniente de todos los continentes,
El laborioso compilador, reúne en un volumen lo mejor de lo mucho
que en su rica bibliotecas y en otras no menos bien provistas, ha hallado,
referente a Cervantes, contado por quienes tuvieron la dicha de pene-
trarlo por completo, si bien en esa recopilación no entran todas ks
composiciones que por su belleza tienen derecho a figurar en la maravillo-
sa colección ; ¡ para ello fuera necesaria una vida entera !
Y ahi está el mérito del señor Monner Sans: el tacto, el tino, y
más que lo uno y lo otro, el sano criterio con que ha sabido elegir de
entre tanto y tanto bueno, lo mejor.
Bellas las páginas del libro, llenas de interés; cada una, joya de
nuestro idioma parecería que el proemio con que el esclarecido cervan.
tista abre el libro, algo podría sufrir con la comparación. Y no obstante,
no es así. Monner Sans nos tiene acostumbrados ya a gallardías de su
ingenio y a la pureza suma de su estild, que bien podrían ser tenidas
como difíciles de superar. Ello no resulta así : en ese proemio resulta
superado en la más honrosa de las formas : por sí mismo.
La l'nióit. — 17 de abril de 1916.
El distinguido escritor español señor Ricardo Monner Sans, que
goza de bien ganados prestigios en nuestros círculos intelectuales, ha
querido asociar su nombre a los homenajes que se han tributado a la
memoria del autor del «Quijote», publicando este «ensayo de antología
cervantina», en cuyas páginas hallarán los lectores las más hermosas
composiciones poéticas que se hayan dedicado al ilustre manco.
Trabajo hecho con gran conocimiento de la materia, el del señor
Monner Sans, ha de ser acogido con la simpatía que se merece, tanto
por el propósito que lo inspira como por la utilidad que su lectura
reporta a los estudiosos.
La Época. — 24 de aljril de igi6.
El conocido escritor I). Ricardo Monner Sans, que desde las colum-
nas de «La Nación» ha evidenciado en más de una oportunidad su dominio
acerca de diversos problemas cervantinos y su seria y sólida preparación
en las disciplinas literarias, acaba de publicar un volumen que titula
vil
-«Ensayo de antología cervantina». En él cabe admirar la vastísima
erudición de autor y el certero tino para elegir las numerosas composi-
ciones que encierra el libro. Las precede un prólogo, de castizo estilo,
como todo lo de su pluma, en que el autor expone las normas a que
se sujetó al seleccionar el variado material poético.
El laborioso profesor ha compilado hábilmente, a pesar de las difi-
cultades bibliográficas que ofrece esta tarea en nuestro país. El tomo
adquiere así, y por razón de su mismo destino, una utilidad innegable.
En esta ocasión el homenaje (jue tributa el señor Monner Sans al
autor de «l'ersiles y Sigismunda* , con la publicación de la presente
obra, será apreciado, sin duda, en su legítimo valor por los estudiosos,
a quienes presta un insubstituible servicio, y da, en su proemio, de
inconfundible lenguaje, una guía segura y una útilísima enumeración de
poesías.
La A'ación. — 29 de abril de 1916.
Don Ricardo Monner Sans, distinguido profesor y hombre de letras
reputado, es un erudito de la literatura del siglo de oro. Sus artículos
y conferencias lo han demostrado de sobra. V hubiera sido de extrañar
en el, cervantista apasionado si los hay, que en este tercer centenario
del glorioso manco se hubiese concretado a los artículos que a propósito
de la celebración de esa fecha escribiera. Como era lógico esperarlo,
hizo más ; dio a luz una idea con su correspondiente primera semilla :
la idea de una antología cervantina.
El tomo de trabajos que el señor Monner Sans ha compilado es
selectísimo y digno de ser el primer manojo de producciones para la
ideada antología, sobre todo si no se echan de menos los acertados
pareceres y los útiles indicios que su autor ofrece en el prólogo de
la obra.
J.íi Xota. — 6 de mayo de 1916.
Las anteriores obras se hallan en venta en las librerías del Colegio,
de Roldan, Peuser, Martín (rarcía, etc., etc.
OBRAS DEL AUTOR
V E l{ S o
Fe y Amor. Colección de poesías, con un prólogo de don José Selgas
(agotada).
Las Justicias del Rey Santo. Tradición toledana (agotada).
£1 yuratnento de Theolongo. Romance (agotada).
La Huérfana. Comedia infantil (2.n edición).
Oraciones, rimas y cantares (agotada).
A/ás rimas. Colección de poesias.
A histórico pasado, risueilo porvenir. Poema argentino.
Dos Madres. Ajiropósito lírico-dramático.
Desde la Falda. Colección de poesías.
j\lis dos banderas. Poema.
PROSA
Cuentos incoloros (agotada).
Cuatro palabras sobre la cuesfiíin naTiera (agotada).
El reino de Uawaii. Estudio histórico y geográfico (agotada).
lAberia. Estudio histórico y geográfico (agotada).
La República de Orange. Estudio histórico y geográfico (agotada).
Discurso sobre la importancia de la Geografía (agotada).
Crespo. Apuntes biográficos (agotada).
La Baronesa de IVilson. Estudio biográfico y literario (agotada).
Breves noticias sobre la no7-ela española (agotada).
Almanaque histórico argentino. Años 1891 y 1892 (agotada).
Ciencia española. Notas (agotada).
Doctor Andrés Lamas. Estudio crítico-literario (agotada).
El lector argentino. Primero y segundo libro de lectura para las escuelas:
dos tomos (agotada).
Pinceladas históricas. Misiones guaraníticas, 16071800 (agotada.)
Los Dominicos y Colón. Estudio histórico (agotada).
Gramática de la Lengua Castellana (11." edición).
Los catalanes en la defensa y reconquista de Buenos Aires, 1806-1807. Fo-
lleto histórico (agotada).
Efemérides argentinas. Notas históricas, 1810-92.
La España de hoy. Recuerdos y estadísticas (agotada).
De algunos catalanes ilustres en el Río de la Plata (agotada).
Desvestirse. Pasatiempo lexicográfico.
Lecciones de Geografía física y política de la Repdblica Argentina.
Minucias lexicográficas. Tata, Tambo, Poncho, Chiripá, etc. (agotada).
El Neologismo. — Estudio gramatical,
Cánoz'as juzgado por los argentinos.
Gramática ele/nenta I para, uso délas escuelas comunes; tres tomos (agotada)
Apuntes e ideas sobre educación. Un tomo.
Cuentos. Un tomo.
España y Norte América. Antecedentes y consideraciones. — Un tomo).
Zí7 Religión en el idionm. Ensayo paremiológico. — Un tomo.
La dama en el siglo XXVLL. Discurso (agotado).
La Argentina y Cataluña. Discurso.
Cristóbal Colón. Rectificaciones e hipótesis (agotada).
Notas al Castellano en la Argentina (2." edición).
Ruidos, gritos y voces especiales de algunos animales (agotada).
Hilemos. Disquisición paremiológica.
Teatro Infantil. Monólogos, diálogos y comedias (2." edición).
Cómo deben escribirse las cartas. — Estudio gramatical.
De sastres. Entretenimiento paremiológico.
Amor. Monólogos y diálogos para jóvenes. — Un tomo.
(Petrarca plagiario) — Estudio crítico.
Ensayos dramáticos. — Un tomo.
Conversaciones sobre Literatura Perceptiva (3.11 edición).
Importancia y necesidad de los estudios literarios.
Cn novelista español: Pío Baraja.
Un crítico español en Aleiiuinia : Doctor Pedro de Mugica.
Enseñanza del Castellano.
El amor de los extranjeros a la patria argentina.
Don Guillen de Castro: el hombre, el poeta, el dramaturgo. — Un tomo.
Labor de Confraternidad. — l^iscurso.
N^ieves. Novelita y cuento. — Un tomo.
Impresiones de viaje. — Discurso.
De Gramática y de Lenguaje. — Un tomo.
Don yuan Ruiz de Alar con. Estudio crítico. ^ Un tomo.
El siglo XVIII. Estudio crítico.
Las muja-es de Alarcón.
Antología Cervantina. — Un tomo.
Valor docente del « Quijote » .
Don José Selgas. — Estudio crítico.
Consejos. — Discurso.
Hometiaje de intelectuales españoles.
El Castellano en la Argentina. — Discurso.
Doña Blanca de los J^fos de Lampérez. — Estudio crítico.
La Vita é un sogno. Crítica.
La jiesta hispatto americana. — Discurso.
El Doctor Thebussen. — Estudio crítico.
Un poeta poco conocido: Evaristo Silio.
El movimiento de Mayo : Recuerdos históricos.
Ñervo : poeta místico.
ACAIJOSE
DE IMPRIMIU ESTA AnUAüijíü
Iliapano - An/eiitiiui
KN LOS TALLERES DE LOS
SEÑORES Ángel Estrada y Cía.
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